11/06/2016

Crónicas de la jornada del sábado, con PJ Harvey, Sigur Rós, Brian Wilson, Chairlift, Manel, Deerhunter, Los Chichos...

JOANA SERRAT

No podía imaginar Lucinda Williams cuando dispuso las ruedas de su coche sobre una carretera de grava hace casi una veintena de años que los ecos de ese trabajo resonarían en  las orillas del Mediterráneo. Convengamos que Joana Serrat no puede alcanzar la esencia americana de la autora de Car Wheels on a Gravel Road, pero hay que admitir que esa pequeña carencia la suple salpicando su música con los matices de un folk contemporáneo que nunca resulta empalagoso. La catalana tuvo que llenar un escenario grande a una hora temprana y logró cautivar a adeptos y eventuales con un repertorio protagonizado por las canciones de su reciente Cross The Verge editado por el sello que el propio festival inauguró en 2013. Si no tuvo el aire de grandiosidad, canciones como la melosa ‘Green Grass’ o la meláncolica ‘Lonely Heart Reverb’ pudieron conformar un concierto que dibujó sonrisas complacientes y ciertos sentimientos conmovedores ante la dulce pero aún excesivamente inocente voz de Serrat y la solidez de su banda. Son, a fin de cuentas, los primeros pasos de una siquiera veinteañera con un presente notable y un futuro más que prometedor. (Carlos Marlasca)

ALDO THE BAND

El Nightpro es uno de escenarios escogidos para el asueto, más aun cuando arrecia el tercer día del Primavera Sound. Los muchos que acudieron a ver a Aldo The Band probablemente sospechaban que no iba a ser el momento para un merecido descanso que los brasileños estropearon a los que fueron a sentarse en las gradas y ver qué pasaba por allí. Su segundo trabajo deja pocas dudas de que están llamados a saborear mayores glorias, pero su salvaje directo sirvió para incrementar aún más las certezas. Discípulos aventajados del rock bailable de los Happy Mondays, The Rapture o Franz Ferdinand y devotos de LCD Soundsystem, su único anhelo fue desbocar el entorno que les rodeaba a base de las líneas funk de sus bajos y los incisivos sintetizadores que pausan con medios tiempos como ‘2nd Hand Chest’, Faltó tiempo para que los dos componentes originales de descamisaran y, pecho al viento, materializaran el potencial de hits como ‘Sunday Dust’ o ‘Liquid Metal’. Algún día esa fiesta exclusiva solo apta para minorías se convertirá en una orgía comunal similar a la presidida por James Murphy y los suyos. (Carlos Marlasca)

BOREDOMS

Boredoms (42)Rp

Diez años después de su primer paso por el festival, Boredoms volvían al Fórum, aunque enmarcados en un horario muy distinto. Si entonces fueron programados a las 3 de la mañana, este año la cosa se adelantaba hasta la hora del bollicao. Fue un cambio apropiado, porque lo que entregaban en esta ocasión los japoneses era una presentación con carácter algo más introvertido, muy distinta también del círculo de 10 baterías formando un verdadero tornado sónico, configuración que –según nos consta– el Primavera intentó traer hace varias temporadas.

Más de uno soñábamos esta vez con una estructura similar y, ¿por qué no?, también con escuchar algo de aquellos Super æ o Vision Creation Newsun por los que conocimos y nos enamoramos de Boredoms. Sin embargo, no corrimos esa suerte porque el trío –o quinteto, si incluimos a sus dos aliados– venía sin guitarras. En cambio, contaban con algunos instrumentos insólitos –cómo no, de percusión–, incluyendo dos varas metálicas colocadas a semejanza de listones deportivos. También eran dignas de verse las histriónicas técnicas corporales de Yamantaka Eye para aproximarse al micrófono, que transmitía su voz y gritos para ser modulados de mil formas en la mesa tras la que se parapetaba. Durante una hora escasa, el resto de elementos sonoros en juego fueron sobre todo armonías droneras, ruidos electrónicos, redobles tribales que marcaban compases inusuales y platos de batería que inducían al trance. Para los menos familiarizados con lo experimental, la vivencia tal vez fue más digerible a la vista que al oído, más aún tratándose de uno de los primeros conciertos de la tarde. Pero Boredoms consiguieron gestar un caos –planificado y ejecutado con precisión japonesa– que sin duda hizo las delicias de los amantes de lo extremo. (Jesús Boyero)

MANEL

Manel (36)Rp

El Primavera Sound tiene algo de ITV para Manel. La primera la pasaron en la edición del Club en 2008, cuando el grupo llevaba algo más de un año con su disco Els millors professors europeus (2007) y se subió al escenario del auditorio del Fórum. El concierto fue una especia de consagración entre el público indie, que por aquellas fechas aún andaba limando asperezas con los grupos que cantan en catalán. La segunda revisión fue la presentación de Atletes Baixin de l’Escenari (2013), en el Primavera Sound 2013, cuando actuaron en el actual Ray-Ban a una hora bastante noble para ser un grupo local. Presentaron su disco más pop y la comunión con el público fue total. El concierto del sábado en el escenario H&M fue la tercera ITV. Manel llevaba más de un año y medio fuera de los escenarios -en mayo hizo una especie de ensayo abierto al público, pero no lo tendremos en cuenta- y acudieron a la cita con su trabajo más atrevido Jo Competeixo (2016) como hilo conductor del show. Abrieron con ‘Les cosines, el primer adelanto del álbum, una canción que tiene algo de rock estadio. De hecho, Guillem Gispert, cantante del grupo, dijo que tenían previsto una entrada escalonada de los miembros de la banda, a lo grande, pero que algo de un sintetizador había fallado. Tal vez sí, tal vez sólo fue el comentario cercano que recuerda que una vez Manel fue una banda de sonoridades íntimas. Del nuevo trabajo sonaron hasta seis temas, entre ellos la inmensa ‘Jo Competeixo‘, que con tiempo será canción de culto, y el infalible primer single ‘Sabotatge‘. También hubo tiempo para éxitos como ‘Boomerang, ‘Teresa Rampell‘ y ‘Benvolgut‘ además de una revisión de ‘Ai, Dolors‘. Tras el show, ovación cerrada y sostenida del público con los cuatro componentes en primera fila saludando. (Gabriel Trindade)

BRIAN WILSON PERFORMING PET SOUNDS

Brian Wilson (34)Rp

El nombre del líder de los Beach Boys aparecía entre los nombres estelares del cartel de esta edición, en el papel de cita destacada para nostálgicos. Acompañado por Al Jardine, Blondie Chaplin y hasta una docena de músicos, la presencia de Brian Wilson reviviendo uno de los mejores discos de la historia del pop prometía sonrisas y lágrimas. Lo más comentado durante y después del concierto era el deterioro físico de Wilson, quien, parapetado tras un teclado que apenas utilizó, cedía las lineas vocales agudas al falsete de Matt Jardine (hijo de Al). No obstante, queremos romper una lanza por el genio californiano: antes de las canciones, Brian las presentaba con cierta energía y parecía estar disfrutando con traernos un pedacito de la historia de la música. A su edad y tras lo pasado, tal vez lo mejor sería quedarse en casa, pero recibir el cariño de la gente le hizo esbozar sonrisas, y su música hizo brotar las lágrimas en nosotros.

La interpretación de Pet Sounds se ciñó firmemente al guión establecido en la grabación que acaba de cumplir 50 años. La mayor alteración quizá tuvo lugar en el tema homónimo, donde los solos de saxo y percusión levantaron muy arriba la brisa exótica. Como el álbum se queda corto para abarcar una actuación entera, esperábamos algunos bises. Pero no tantos como los once temas de surf, doo wop y rock and roll que conformaron un concierto totalmente distinto. Tras ‘Good Vibrations‘, Wilson cedió el protagonismo, y lo asió con fuerza Blondie Chaplin con su actitud de Rolling Stone, llevando la intensidad a un punto muy lejano a ‘God Only Knows‘ o ‘Caroline, No‘. Clásicos como ‘Surfin’ USA‘ y ‘I Get Around‘ hicieron bailar incluso al sector parlanchín que, una vez más, no había respetado la experiencia de los demás, pero la atmósfera de este segundo acto de la función se nos hizo rara al compararlo con el primero. Por esta razón y por el archimencionado estado de la estrella, el regusto final fue un tanto agridulce. (Jesús Boyero)

DEERHUNTER

Deerhunter, otro de esos grupos que robustecen la letra mediana del festival, tuvo que competir en horario con otra de las exquisiteces del festival: Los Chichos. La elección, pues, quedaba atrapada en dos posibilidades: militancia o parranda. Si se escogió el deber por delante del beber, lo que se pudo ver en el H&M fue a un grupo con las intenciones muy claras y sobrado de tablas. El concierto fue menos contundente que los de su anterior visita (cuando tocaron hasta ¡tres! veces en el festival), aunque eso se puede explicar porque Fading Frontier (2015), su trabajo más reciente, es un disco muy tranquilo en comparación con el rockero Monomania (2013). Del primero, sonaron ‘Breaker’, ‘Duplex Planet’, ‘Living My Life’ y ‘Snakeskin’, que cerró el concierto en lugar de la desaparecida ‘Nothing Ever Happened‘ (dicen que al día siguiente la interpretaron en uno de los escenarios repartidos por la ciudad). Fue un palo prescindir de ese tema, pero los de Atlanta compensaron con tres zanahorias: ‘Cover Me (Slowly)‘, ‘Agoraphobia‘ y ‘Helicopter‘. Cox, convertido en aventurero con su sombrero de safari, tuvo palabras amables con la ciudad y el festival, y nosotros le invitamos que se acerque a repetir su concierto en la sala Apolo en 2011. (Gabriel Trindade)

LOS CHICHOS

El nombre más chocante del cartel congregó a una multitud muy heterogénea entre los que había curiosos –los más–, gente con un pasado ajeno a lo indie y fans que coreaban las canciones de cabo a rabo, incluyendo trabajadores de los servicios de limpieza. No faltaban tampoco unos pocos guiris que habían decidido seguir la llamada de la rumba. En medio de una mezcolanza así, muchos coincidimos en que la cosa iba de desatarse de las poses y dar rienda suelta al gitaneo. Otros, por contra, abandonaron pronto sus puestos en las primeras filas, de lo que se deduce que el acontecimiento era casi más social que musical y quizá algunos habían ido hasta allí sólo para contarlo. Pero para Los Chichos, todos, sin distinción, éramos chicheros. Vacío de complejos, el trío –en el que Junior sustituye a “el del medio”, el recordado Jero– salió a hacer lo propio de cualquier otra actuación. Hubo tiempo para quejíos, disertaciones sobre amor, delincuencia o libertad, intentos de sing-alongs en los que Emilio se quedaba un tanto solo, y cánticos verbeneros. Aunque estén en su supuesta gira de despedida, el que tuvo retuvo, y con sus voces y una competente banda sostuvieron himnos como ‘Son ilusiones‘, ‘Amor de compra y venta‘, ‘El Vaquilla, ‘Quiero ser libre‘ y ‘Ni más ni menos‘. Tonadas que no brillan tanto como en aquellos discos de los setenta, cargadas de vistosos arreglos, pero que forman parte de la historia de una sociedad.

Los Chichos se saben mitos y presumieron de tener cientos de canciones, pidiendo perdón por no poder tocar todas las que el público desearía. Pero la que quizá se echó en falta con más razón fue ‘Campo de la Bota‘, por la mística que habría generado la referencia al barrio de barracas que hubo a escasos metros del escenario donde, la noche del sábado, los reyes de la rumba trascendieron su hábitat natural para agrandar un poco más su leyenda. (Jesús Boyero)

PJ HARVEY

PJ Harvey (275)Rp

Todo se resume en un concepto: la importancia de saberse la reina. Da igual que se utilicen una miríada de epítetos, lo más conveniente es venerar la excelencia alcanzada por Polly Jean Harvey. Si a Radiohead lo único que se le puede achacar es la falta de decibelios enfatizada por el murmullo del vulgo, el embeleso que causa la británica desencadena un silencio sepulcral. Es insustancial la magnitud de su profuso séquito, su sola presencia puede enmudecer a un ejército entero cuadrándose ante la marcha castrense con la que introdujo ‘Chain Of Keys’. Ni siquiera le hace falta a la emperatriz repasar su brillante legado y en su cautivadora autarquía escogió sacar lustre a su último y sobresaliente The Hope Six Demolition Project y disparar el primer cañonazo con un arrebatador ‘Ministry Of Sound’. En 2011 PJ Harvey optó por el blanco nupcial y la fantasía de un arpa y en esta ocasión se revistió de un sugestivo negro acompañado por la sensualidad de un saxo. Una cuestión de conceptos de los que quizá sea el más predominante el de su condición de azote sistémico que reivindicó con lo más destacado de su anterior Let’s England Shake y unos otra vez memorables ‘The Words That Make It Murder’ y ‘The Glorious Land’. La categoría de la banda acompañante, encabezada por el ex Bad Seed Mick Harvey, confiere sentido a un directo austero y sobrio en las formas pero extremadamente vehemente en el fondo y que solo muta con la recuperación de los clásicos de la etapa punk como ’50 Fifth Queenie’ y el recuerdo de la mejor Patti Smith en ‘To Bring You My Love’. Un nuevo golpe sobre la mesa de una divinidad que guarda en su persistente inocencia la mejor garantía de su perpetuidad. (Carlos Marlasca)

CHAIRLIFT

Ataviada de blanco, esbelta, casi angelical. Todos los ojos estaban puestos en ella. Caroline Polachek emergió en el escenario a sabiendas de que su propuesta es hoy mucho más sólida, refinada y explosiva que en ocasiones anteriores. Arrancó con ‘Look Up’, pero tras esa breve intro en plan diva el público pedía –dando palmas, que aquí se nos da muy bien– que rápidamente cruzara dicha canción con ‘Polymorphing’ y arrancara el baile. Por suerte, lo tenía todo preparado para contentarnos. En una demostración de consistencia a medio camino entre la estrella del pop y la banda indie, Patrick Wimberly, un batería y un saxofonista arroparon a quien ha sido la frontwoman del festival por excelencia a lo largo de un repertorio sobre todo extraído de Moth, con pequeñas concesiones a Something y a su debut, que fue desgranándose con placentera fluidez. Polachek fue incisiva en ‘Romeo’, nos hizo contonearnos en ‘Amanaemonesia’ y no dejó en el tintero sus hits ‘I Belong to Your Arms’ y ‘Bruises’. Tras el buenrollismo que supuso este último, con amabilidad y entusiasmo se adueñó de nuestros brazos en alto en la reposada ‘Crying in Public’, pero la inquietud seguía en el aire, como una losa imposible de atravesar. ‘Moth to the Flame’ y ‘Ch-Ching’ son dos temazos como la copa de un pino y la neoyorquina, consciente de ello y con cierta malicia, se reservó esas dos bazas para el final. El impulso físico, tanto suyo como nuestro, hizo el resto. (Max Martí)

SIGUR RÓS

Que a estas alturas Sigur Rós se presentaran en formato trío para el arranque de su gira mundial en el Primavera Sound 2016 dice mucho del grupo islandés comandado por Jónsi. Dice que aún después de 7 discos y de conseguir la aclamación casi unánime de medio mundo, Sigur Rós todavía necesitan reivindicarse como banda. Para si mismos, básicamente, tras la marcha en 2013 de un miembro histórico como Kjarri (teclados y sintetizadores). En su última visita a Barcelona en 2013, cuando aún no habían publicado el industrial Kveikur (uno de los mejores discos de 2013) ya dejaron claro que el color de Með suð í eyrum við spilum endalaust había quedado relegado al cajón del pasado, pero como mínimo todavía se hicieron acompañar de sección de vientos y cuerdas para elevar su impacto. Esta vez no, tres únicos miembros para sostener ese buque enorme que es Sigur Rós, en un principio escudados detrás de una estructura de rejas y en completa oscuridad. Y, para abrir fuego, ‘Óve∂ur’, un tema nuevo, nada menos, más conectado con la parte densa de Kveikur y los discos pre-Takk que con la sonoridad más onírica de los trabajos intermedios. Porque sí, el de Sigur Rós fue un concierto especialmente denso, incluso tratándose de ellos, con apenas un par de concesiones a la luz gracias a ‘Glósóli’ y la inconmensurable ‘Festival’ pero en general dominado por la oscuridad y la intensidad por encima de los matices. Es encomiable ver cómo tres únicos miembros (guitarra, bajo y batería) pueden sostener en directo canciones tan monumentales como ’Ny Batterí’, ‘Kveikur’ o ’Saeglópur’, como también es innegable que demasiadas capas se quedaron por el camino, fueran los vientos para recrear las atmósferas de ’Ny Batterí’, los sintetizadores de ‘Kveikur’ o el piano de ‘Saeglópur’, que sí apareció aunque tocado por Orri, que pareció un poco abrumado por su multitarea y llegó a cometer algunos errores de bulto durante la primera parte del show. Se percibía un cierto nerviosismo entre el trío, seguramente por la combinación de primer concierto de la gira y por el hecho de estrenar un formato tan reducido, pero ni siquiera con estos defectos Sigur Rós bajaron del notable en cuanto a derroche, emoción, y capacidad de transportarnos a un lugar mejor. (Aleix Ibars)

Un vídeo publicado por Indiespot (@indiespots) el

PARQUET COURTS

Parquet Courts (80)Rp

Parquet Courts irrumpieron en el Pitchfork con la munición cargada, pero los allí presentes sabíamos a qué nos exponíamos; eran el azote de la última jornada del festival. El hooliganismo que suele atraer cualquier propuesta cercana al punk, como era previsible, se hizo notar desde el principio, cuando los de Brooklyn empezaron a disparar algunos de los temas de Light Up Gold. Mareas humanas volaron por los aires al ritmo desestructurado, abrupto y emocionalmente caótico de títulos como ‘Master of My Craft’, ’Borrowed Time’ y ‘Stoned and Starving’, pero por suerte los riffs más sosegados de ‘Dear Ramona’ nos dejaron algo de tiempo para respirar y sudarlo todo. Al poco nos absorvieron por completo las canciones de su desafecto pero estimulante último trabajo, Human Performance, que ocupó el grueso del setlist. Es interesante el doble liderazgo vocal que en algunas ocasiones Andrew Savage (‘Paraphrased’, ‘Human Performance’), más desgarrado, cede a Austin Brown (‘One Man No City’), cuyas disertaciones son más bien conversacionales. Cuando no se alternan, se entremezclan y escupen juntos sus alegatos, como en ‘Dust’, en la que el público les acompañó al grito ametrallador de Sweep!. Y tras barrer todo el polvo, siguieron purgando nuestras almas vacías con himnos compactos como el spaghettiwesterniano ‘Berlin Got Blurry’ y el existencialista ‘Outisde’. El excelente Sunbathing Animal hizo mella hacia el final, con los coros musculosos de ‘Bodies Made Of ‘, la enérgica pero introspectiva canción homónima y ‘Black and White’, un último descenso adrenalínico. “Nothing makes my heart so wild as being in possession of a potent night”. Y así lo sentimos. Hicimos nuestra su rabia. Su desorientación e imperfección. Solo nos quedó limpiar los restos de sangre del suelo ennegrecido, aún con el recuerdo de una experiencia que, de principio a fin, fue pura dinamita. (Max Martí)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos. Festivales
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