08/06/2016

Crónicas de Radiohead, The Last Shadow Puppets, The Avalanches, Beirut, Dinosaur Jr., Titus Andronicus, Animal Collective...

LUBOMYR MELNYK

No se fijen en la rapidez, si no en lo que se genera”. Es una propuesta paradójica para alguien que puede presumir de ser uno de los pianistas más virtuosos de la actualidad. Lubomyr Melnyk expuso en una hora sus composiciones basadas en lo que se ha denominado ‘música continua’ y que muchos sitúan entre el minimalismo de Steve Reich y la new age de George Winston, aunque la realidad es que el ucraniano es más complejo técnicamente que el primero y menos previsible que el segundo. Pero su propuesta no es la del tedioso exhibicionismo que, con algunas excepciones, padecieron muchos de los prebostes de la generación de los ‘guitar heroes’, sino la de alterar los estados anímicos. Las luces del Auditori simularon una isla sobre la que lo único que se divisaba era el piano de Melnyk que pronto causó una catarata de emociones que obviaban la categoría del ejecutor. ¿Para qué pensar en corcheas, semifusas y puntillos si era posible empaparse de sensaciones? Fueron tres piezas de más de diez minutos, una sucesión de sutiles arpegios, un leitmotiv de ida y vuelta y un juego a dos pianos, uno de ellos grabado, que conmovieron y confirmaron el acierto de las propuestas más eclécticas del Primavera Sound. (Carlos Marlasca)

LOS HERMANOS CUBERO

Estos dos tienen algo. Cual jinetes expertos tanto en doma como en salto ecuestre, los hermanos castellanos superaron con elegancia y holgura una triple barrera: tiempo, espacio, y perspectiva. Llevados por los ritmos ternarios con cadencia de trote o galope, su victorioso ejercicio tuvo lugar a) en una hora reservada para actuaciones que suscitan interés menor; b) en un escenario escondido e invadido, por momentos, de sonido exterior; y c) ante un público que –suponemos– se acercaba más por curiosidad que por conocimiento o devoción.

Lo hicieron como siempre han hecho. Enfundados en sus impecables trajes y armados de mandolina y guitarra, el dúo repasó principalmente las mejores tonadas del sólido trabajo que presentan esta temporada. Con temas cercanos a la canción protesta, como ‘Por ganarme la vida’ y ‘Trabajando en la MCA’, y trances más emocionales que nunca (‘Maldita urraca’, ‘El ebanista de Alcalá’), defendieron su mezcla de música de raíz castellana y estadounidense con Arte y Orgullo. Pero la herramienta secreta de los artesanos de La Alcarria para llevarse el corazón de los congregados fue otra: el humor. Con la llaneza de unas pocas bromas entre canción y canción, hicieron brotar el interés y la sonrisa de todos y mantener la función siempre en lo alto.

Las únicas pegas fueron dos. Por un lado, la preeminencia del canto sobre las cuerdas en la mezcla, que aunque inducía a deleitarse en la melismática voz de Enrique, no dejaba lugar para apreciar el virtuosismo de Roberto en la mandolina. A ello se sumaba, en el tramo final del concierto, la irrupción en la gruta del ruido procedente de otro escenario. Con humor –cómo no–  se lo tomaban ellos mientras seguían a lo suyo, ‘Fabricando buenos tiempos’. Así, con una inmejorable despedida quedamos muy agradecidos de la inclusión en la oferta del festival de una propuesta menos moderna pero tan atractiva como las mejores. (Jesús Boyero)

DUNGEN

Evocar a King Crimson, Jefferson Airplane o Pink Floyd en un concierto de los que para muchos eran unos desconocidos dice mucho de lo que fue la actuación de Dungen. En cuarenta minutos los suecos repasaron gran parte del catálogo de la mejor psicodelia y justificaron su condición de iniciadores del revival del género que han aprovechado bandas como Grizzly Bear o Tame Impala, estos últimos muchos más apagados en su actuación del Primavera Sound. Con la excusa de la presentación de su octavo álbum de estudio, (inmensas ‘Åkt dit’ y ‘Sova’) el cuarteto se confirmó como una de las formaciones más sólidas y compactas que se pudieron ver en esta edición. Las distorsiones sucias de la guitarra de Reyner Fisk, y las líneas rítmicas de Mattias Gustavsson planearon sobre las fantasías creadas por las baquetas de un descomunal Johan Holmegard mientras la voz de Gustav Ejstes actualizó los indelebles ecos lisérgicos. A plena luz del sol parecía que el sonido de Woodstock o del Isle of Wight había resucitado y entre las barbas más añejas se divisaba una sonrisa de satisfacción por el regreso de un tiempo que nunca perdió su brillo. (Carlos Marlasca)

NAO

Qué dulce’ fue quizá el comentario más repetido por las personas que se encontraban a mi alrededor durante la actuación de NAO en el escenario Pitchfork. Consciente quizá de que no debía alterar en exceso nuestros niveles de glucosa, la revelación británica del R&B alternó sus etéreas baladas con rompepistas electrónicos. Estaba claramente emocionada y agradecida por encontrarse por primera vez de gira y ante un público que conocía las canciones de sus EPs (‘Inhale Exhale’, ‘Adore You’, ‘So Good’) y, acompañada por una banda eficiente de batería, guitarra y bajo, fue generosa en cuanto a repertorio –no recuerdo ningún título que se quedase fuera–. Además de quitarse los zapatos para estar más cómoda, no se cansó de bailar con un peculiar movimiento de brazos que, con el juego de luces de ‘Apple Cherry’, evocó claramente a su coetánea FKA twigs. ‘Girlfriend’, el nuevo single, recibió ovaciones, y durante todo ‘Fool to Love’ nos hizo mover los brazos de izquierda a derecha. Solo paró quieta para ‘It’s You’, que sonó preciosa y atmosférica, pero pronto volvió a enderezar al personal con su colaboración con Mura Masa, ‘Firefly’, y entonces sí, los beats futuristas convirtieron aquello en una auténtica pista de baile que cerró con ‘Zillionaire’, en la que alentó a cantar algunas partes. NAO ha encontrado su lugar y ahora empieza a perfeccionar la fórmula para resultar tremendamente accesible en el directo. (Max Martí)

TITUS ANDRONICUS

Titus Andronicus (14)Rp

Cuando Titus Andronicus arrancó, quedó claro que les iba a tocar remontar. El escenario H&M les quedaba un tanto grande y la hora invitaba más a la merienda de la abuela que a la litrona de cerveza, pero eso no quita que el esfuerzo fuera encomiable. Los de Patrick Stickles volvían a Barcelona con The Most Lamentable Tragedy (2015), una ópera punk de 92 minutos repartidos en 29 cortes, como último trabajo en el disparadero, pero para el concierto se decantaron por una selección de temas bastante democrática entre sus cuatro discos. En línea general, el grupo dio caña y tuvo actitud sin sacrificar su música, algo que no siempre una banda punk puede garantizar. Stickles es un espectáculo en sí mismo: agita al público, se marca solos y hasta las clava todas cantando. Sí, en las primeras filas se organizó algún pogo, pero no se contagió en el mar de personas con los brazos cruzados. El momento de máxima euforia fue la versión de Blitzkrieg Bop, haciendo valer aquello de que los clásicos serán siempre modernos. Tras eso, They’re all reved up and ready to go. Dos martillazos de su mejor disco hasta la fecha, The Monitor (2010): ‘The Batlle of Hampton Roads’ y la indiscutible ‘A More Perfect Union’. (Gabriel Trindade)

CABARET VOLTAIRE

Aprovecharon la ruptura total provocada por el bofetón punk de Ramones en Estados Unidos y Sex Pistols en el Reino Unido. El rock límpido de ejecución impecable e impoluta producción de Yes o Genesis había tocado a su fin y en Sheffield surgió un movimiento del que Cabaret Voltaire era una de las cabezas más visibles. Utilizar lo existente para crear algo nuevo. Es el resumen de su eclosión y también de lo que Richard H. Kirk, miembro único que ha querido reivindicar el legado una banda considerada como la gran influencia británica, hizo en el Auditori con su dadaísta irrupción. Beats abrasivos acompañados de ecos industriales sobre reconocibles imágenes del siglo XX, desde Mao hasta Ronald Reagan, para una experiencia enteramente sensorial, el mundo y la historia como un juguete en manos de las máquinas. No se puede catalogar como una actuación memorable pero fue evidente el camino que abrieron. Desde Chemical Brothers o Prodigy hasta tótems de las pistas de baile como Jeff Mills o Sven Väth, todos quedaron en evidencia con la más obvia de sus influencias. Si Cabaret Voltaire pudo estremecer solo a sus acólitos, al resto, muchos de los cuales no quisieron esperar el final, presenciaron una imprescindible lección de historia. (Carlos Marlasca)

BEIRUT

Final de la tarde, el sol empieza a ponerse y arranca el concierto de Beirut. Ordenados, bien peinaditos y con sus instrumentos de viento relucientes, el grupo de Zach Condon empezó a tocar su pop folk templado y aterciopelado en el H&M. Qué contrapunto marcaron tras Savages y Titus Andronicus, que previamente habían machacado con su energía la llanura de los grandes escenarios. Beirut ofreció una actuación lineal, posiblemente porque todas sus canciones recuerdan en algún momento a otra de su colección, aunque los fans siguen siendo capaces de distinguir temas con un poco más de carisma como ‘Nantes’, del ya muy lejano The Flying Club Cup (2007), e incluso cantar y tararear su melodía. Ejemplo de ese sonido sin chicha ni limoná son ‘Perth’ y ‘Fener’ de su último título publicado, No No No (2015). Curiosamente, la canción que da nombre al álbum sí despertó algunos vítores. Si usted fue uno de los espectadores que se sentaron a tomar la fresca mientras miraban el concierto, amigo, usted acertó. (Gabriel Trindade)

RADIOHEAD

Radiohead (226)Rp

 

En un concierto con decenas de miles de personas hay tantas crónicas posibles como narices. Cada uno tiene su propia forma de celebrar la liturgia, su historia, sus canciones favoritas, sus debilidades y sus manías. Y a más gente, más visiones. Parece claro que en el histórico concierto de Radiohead en el Primavera Sound 2016 las hubo más que nunca, y determinaron la experiencia de cada uno: sí, el sonido estaba bastante más flojo de lo habitual, lo que impedía que se propagara a lo largo y ancho de lo que ya se conoce como Mordor. Sí, eso dio alas a todos aquellos que consideran que en una entrada viene incluido el derecho a joderle el concierto a los que están a su alrededor porque, qué coño, están en un festival y hablan si les da la gana. Y sí, a más gente, más pequeñito verás a Thom Yorke a no ser que sacrifiques gran parte de tu jornada.

Existe, sin embargo, el reverso de todo ello. Los que, sea porque estuvieran cerca del escenario o de una torre de sonido, pudieron apreciar el preciosismo sónico que Radiohead habían preparado para esta gira. Los que, en un conato de esperanza en la humanidad, coincidieron con personas que todavía respetan la música a su alrededor, lo cual sumado al volumen justo hacía que se te pusieran los pelos de punta con cada inflexión vocal de Yorke, cada arpegio de guitarra de Johny Greenwood o cada roce de platillos de Philip Selway. Los que sin haber tenido que pasar horas de pie lograron, por gracia divina, un lugar donde Thom no era un destello lejano.

Yo, por suerte, esta vez, fui uno de ellos. Y pude vivir el antológico concierto de Radiohead en el Primavera Sound con una mezcla de nudo en la garganta y de cierta sorpresa permanente ante lo maravilloso que estaba resultando.

Cada gira de Radiohead pasa por el filtro del último disco el espíritu general de la noche. Si en 2008 la calidez del flamante In Rainbows irrumpió en su set del Daydream Festival, en 2012 el grupo británico llegó al Bilbao BBK Live sumido en un magma electrónico que, como el The King of Limbs que presentaban, no acabó de cuajar. Pero esta vez, con A Moon Shaped Pool, la sutileza, el susurro y el onirismo fueron los protagonistas, con resultados exquisitos. Y una vez superado el arranque de rigor con las cinco primeras canciones del nuevo álbum en estricto orden (entre las que ya podemos contar como clásicos a ‘Burn The Witch’, la estratosférica ‘Daydreaming’ y la poderosa ‘Ful Stop’), lo que se escenificó fue un grupo abrazando canciones de toda su trayectoria bajo el influjo de una sonoridad contemplativa, tranquila y envolvente, en la que los matices eran los protagonistas y en la que las bases electrónicas podían convivir con los bajos flotantes y los juegos de voces sin que nada naufragara.

Y luego hay cosas, en fin, que no son subjetivas. Como el setlist, las canciones escogidas por el grupo ese día y en ese momento para esas personas. ¿Qué fan de Radiohead mínimamente conocedor de cómo de libres campan en directo podía imaginar siquiera poder escuchar en una misma noche, a estas alturas y además casi seguidas en la parte central del concierto, ‘No Surprises’, ‘Karma Police’, ’The National Anthem’, ‘Street Spirit (Fade Out)’, ‘Idioteque’, ‘Everything In Its Right Place’, ‘Paranoid Android’, ‘Nude’, ‘Bodysnatchers’, ‘Lotus Flower’ y ‘2+2=5’? Yo, desde luego, no. Y eso sin hablar de la-canción-que-todos-sabemos, claro.

Porque, al final, en el tercer bis, y sin que estuviera en el setlist, llegó. No por sorpresa absoluta, porque ya había asomado unos días antes (por primera vez en directo desde 2009), pero sabiendo de la historia de Radiohead con ‘Creep’, que decidieran cerrar su concierto –ya de por sí mágico– en el Primavera Sound 2016 con ella solo elevó todavía más la mística de la noche. ¿Hacía falta? No (ellos no son los únicos hasta el moño del tema). ¿Olvidaremos este momento algún día? Ni de coña.

Radiohead, esa noche, decidieron no contentar a todos pero dejar una huella imborrable en muchos. Más que un concierto, un pedacito de historia. (Aleix Ibars)

DINOSAUR JR.

El Primavera Sound es un festival tan familiar para Dinosaur Jr. que aquellos que evitaron la explanada de los escenarios gigantes seguramente se encontraron con Joe Mascis paseando con su hijo la tarde antes del concierto. El grupo de Armhest (Massachussets) forma parte de ese ecosistema de bandas (Shellac o Animal Collective, por decir algunos de los nombres que actuaban el mismo viernes) que han convertido la letra mediana del cartel en uno de los principales rasgos del evento. Si entras en su dinámica, puedes verlos una y otra vez y siempre agradecerás su presencia. En ese sentido, fue una alternativa de garantías para los que intentaron ver Radiohead a 10.000 kilómetros de distancia y se dieron cuenta que con decir que estuvieron no basta, que esto no es sólo un encuentro social y que hay que vivirlo (aunque sólo sea llevando el ritmo con la cabeza). El trío salió ante un reducido grupo de fieles que se habían acercado al escenario Ray-Ban y resucitó durante una hora justita el sonido grunge de principios de los 90. Hubo tiempo para clásicos como ‘The Lung’, ‘Start Choppin’’ o ‘Out There’; algún tema nuevo como ‘Tiny’ o ‘Goin Down’; y la famosísima versión de ‘Just Like Heaven’. Por los tres álbumes publicados desde su reunificación –Beyond (2007), Farm (2009), I Bet On Sky (2012)–, el grupo prefirió pasar de puntillas y apenas sonaron dos temas: ‘Pieces’ y ‘Back To Your Heart’. Dinosaur Jr., cuyos miembros están cruzando la frontera de los 50 años, mantienen la energía y el espíritu con que se consagraron en el rock alternativo. Es una pena que no crean que su último material es tan bueno como el que les ha llevado hasta aquí. (Gabriel Trindade)

THE LAST SHADOW PUPPETS

The Last Shadow Puppets (90)Rp

A lo largo de la historia, han surgido grandes amistades nacidas por el gran afecto y admiración que sentían el uno con el otro: Mark Twain y Nikola Tesla, Wolfgang Amadeus Mozart y Joseph Haydn, Abraham Lincoln y Joshua Speed, John Lennon y Paul McCartney… y así hasta 2007, cuando se conocían unos Alex Turner y Miles Kane que año tras año han estado ayudándose en lo personal y lo profesional, lo que ha desembocado en The Age of the UnderstatementEverything You’ve Come To Expect y en definitiva, en The Last Shadow Puppets. Actitud, talento, sugestión, diversión, entretenimiento, cachondeo, seducción, sensualidad… Ellos lo tienen todo y lo utilizan a su antojo.

Así como la lista de canciones escogida para su actuación (una de las más generosas en cuanto a duración que se podrán disfrutar en un festival este año), que empezaba con la viralizada ‘Miracle Aligner‘ después de que su propio cuarteto de cuerda les recibiera en el escenario con los acordes introductorios de ‘Black Plant‘ (¡que la toquen entera!), y que no dejaron esperar más que a la segunda canción (como llevan haciendo en gran parte de esta gira) para que sonara ‘Standing Next To Me‘, el mayor hit de su primer disco que ya no necesitan para crear expectación hasta que ésta suena como colofón final, ya que éste se sucede de principio a fin, casi sin descanso. Porque la urgencia y vertiginosidad de temas como ‘The Element of Surprise‘, ‘The Age of the Understatement‘, y ‘Only The Truth‘ no cesó hasta la llegada de ‘Everything You’ve Come To Expect‘, que dio inicio a la segunda parte del concierto con una esencia más introspectiva y baladesca, entrando en juego ‘My Mistakes Were Made for You‘, ‘Sweet Dreams, TN‘, las covers de ‘Is This What You Wanted‘ y ‘I Want You (She’s So Heavy)‘ de Leonard Cohen y The Beatles respectivamente, y terminando con la hechicera ‘Meeting Place‘ y el triunfo del hedonismo puro y duro que dejó huella entre los asistentes para siempre. Y no, no faltó el morboso almost-kissing moment para que se cumplieran todas las expectativas que se esperaban de ellos. Y vaya si las cumplieron. (Tomás Martínez)

The Last Shadow Puppets (55)Rp

ANIMAL COLLECTIVE

Quienes estén familiarizados con Animal Collective no debieron sorprenderse demasiado con su quinto directo ya en el festival. La cosa pintaba bien porque los de Baltimore presentaban Painting With, un álbum con mucho bombo y poca carga atmosférica, es decir, más propicio para el baile. Baile –eso sí– de mutantes, como la representación picassiana elegida para decorar el escenario, sobre el cual el trío se situaba en primer plano a lo Kraftwerk, quedando detrás un percusionista.

Con Panda Bear liberado de la batería, las fastuosas tareas vocales fueron bien cubiertas y los cabeceos de Geologist al son deGolden Gal’ o Natural Selection’ presagiaban que la cosa iba a ser disfrutable, a pesar de que el último trabajo sea el menos inspirado de la banda en mucho tiempo. Sin embargo, la ausencia de las canciones favoritas o más identificables por la mayoría, unida a la inmovilidad de los animales enfrascados en sus aparatos, no tardó en provocar la distracción de parte de la audiencia, que quizá seguía comentando “lo de Radiohead”.

Fue un largo interludio de experimentación sonora lo que confirmó que nos encontrábamos en una actuación con el sello genuino de Animal Collective. La inesperada –por lejana e introspectiva– ‘Loch Raven’ encogió al público para bien o para mal, y con ella se hacía de rogar un crescendo para cerrar con la aprobación de todos, de modo que optaron por rematar con la inevitable ‘FloriDada’, el momento más álgido y sudoroso de un concierto heterogéneo y rarito, como reivindican en todo lo que hacen. (Jesús Boyero)

KIASMOS

Kiasmos (56)Rp

Entre lo que pide el cuerpo y lo que el artista está dispuesto a dar, a veces nos encontramos con distancias insalvables (Floating Points), y en otras nos abruman por encima de lo que somos capaces de asimilar, y esto son un poco Kiasmos en la madrugada del viernes. Su electrónica, más bien, paisajística, aunque a ratos va bien servida de músculo, está llena de matices y pequeños arreglos. Tanto en su LP homónimo, como en sus EPs previos, de Thrown a Swept, pequeñas gemas de tangente techno, pero el terreno ambient siempre acaba ganando la partida. No así en directo, donde ya la actitud de Ólafur Arnalds y Janus Rasmussen es más cercana a la de DJs de EDM, levantando el brazo, puño en alto, saltos fuera de la cabina, incluso descompasados de sus propios temas. Y lo importante aquí, las canciones, también. Llevan un empuje extra que las despoja de esa cadencia ambient tan celebrada en las escuchas a través de auriculares. Da la sensación de que todo, ellos y las canciones, quieren correr más de lo que pueden, y nosotros, el público, nos limitamos a ir detrás de ellos. Intentado llegar a ese clímax que parecían vivir Kiasmos en la cabina, solo al final se consiguió respirar a la vez. (Jordi Isern)

THE AVALANCHES

El veredicto de la primera actuación mundial de The Avalanches en muchos años es cuestión de perspectiva: contrapicado o picado. “What does that mean?”. Euforia o decepción. Recordemos que eran dos los shows de los australianos anunciados en la programación del festival: viernes en el Fórum, domingo en la sala Apolo. Gracias a este díptico pudimos experimentar ambas sensaciones.

El largo y esperado proceso de regreso del colectivo había sido tan doloroso para los fanáticos que la respuesta a ese dolor se podía liberar bien en forma de exultación o bien de desencanto. Ya al comienzo, el atrincheramiento tras las mesas de las siluetas de Robbie Chatter y Tony DiBlasi, dibujadas sobre el nuevo imaginario de la banda, negó la posibilidad soñada de un concierto verdaderamente vivo.

Así que, en beneficio de nuestra propia salud, decidimos prepararnos para gozar de aquello que, era apuesta segura: el bailoteo. Y no falló. The Avalanches proyectaron festividad a raudales con una catarata de fragmentos de soul, funk, disco, hip-hop, post-punk, música latina y afrobeat, enlazados con momentos cumbre de aquel Since I Left You y del inminente Wildflower (Frankie Sinatra’, ‘Subways’). Esta suite reunía una amplia selección de temas tan populares que difícilmente aparecerán en el próximo álbum, por aquello de los derechos. De Joe Cocker a Gang of Four, de David Bowie a Will Smith, el nexo era el groove irresistible de todo lo que sonó esa noche.

Lo malo vino cuando, dos jornadas después, con Chatter en solitario a los mandos, volvió a sonar casi lo mismo. La sesión del domingo apenas difería de la del viernes en el orden de los fragmentos, y la visión percibida desde el segundo piso de un Apolo lleno tenía mucha menos gracia. El australiano toqueteaba sin demasiado arte la mesa de mezclas que presidía la sala y no había rastro de los vinilos, que tanto habían mostrado al público durante la sesión en el Fórum,  Así que no necesitaba los discos físicos ni la presencia de su compi y, sin embargo, lo que escuchábamos en el local era, salvo por el orden de los temas, prácticamente lo mismo que 48 horas antes. Dicho de otro modo, se nos reveló el truco del mago.

Entendemos que se ha hecho necesario un breve repaso al segundo día para comprender, bajo un análisis más frío y racional, que el viernes habíamos disfrutado de lo lindo sin hacer juicio, pero que, en realidad, lo que The Avalanches habían traído para sus primeras apariciones en mucho tiempo no era más que poner conocidos temas bailables desde detrás de unas mesas. Ya sabíamos de antemano que pueden hacer selecciones fabulosas para el repertorio de una sesión; la cuestión es que, para una jornada tan especial, cabía esperar una puesta en escena bastante más meritoria. Eso sí, nos quedamos con lo bailao, que fue mucho y muy bueno. (Jesús Boyero)

DJ KOZE

Más que la última etapa, lo de DJ Koze fue directamente la meta. El servicio de avituallamiento, el masaje relajante, el caer rendido al lado de la cama y la vuelta a casa tras purificar el cuerpo. Fino en la mezcla, acertado y con un gusto exquisito en la selección. Candente, suaves vaivenes en los beats, nunca muy altos, lo justo para dar los últimos golpes de timón, y seguir flotando. Casi en lo literal. Abrió con el ‘Digital Arpeggios’ de Percussions, ese tema de porcelana, y hacia la mitad, en el pico más alto, su remix para el ‘Energy Flow’ de Mano Le Tough –imaginen como de elegante era todo– se descarrió con el de ‘Bad Kingdom’ de Moderat, aunque aquí la besante emocional de saber que estaban en el cartel hizo el resto, y en la recta final el speech de ‘XTC’ nos llevó en volandas hacia ese ‘Nana’ de Acid Pauli incluido en su recopilatorio Pampa Vol. 1. Tropicalita de baile, no tanto como lo de Daphni o Floating Points, sino de corte actual, ambient festivo, sentido de comunión entre artista y público. Llegamos al final sin ganas de más, sin rabia contenida, todo estaba hecho, el paseo terminaba aquí, la carrera ya estaba ganada. Cuánta clase. (Jordi Isern)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos. Festivales
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