07/06/2016

Crónicas de LCD Soundsystem, Tame Impala, Daughter, John Carpenter, Suede, Vince Staples, Destroyer, Julien Baker...

SUEDE

Suede (28)Rp

Miércoles 

La jornada del miércoles en el Fórum tenía como plato fuerte la primera de las dos actuaciones de Suede en el festival. En esta primera encarnación, tanto la elección de canciones como el desempeño de Brett Anderson –auténtico corazón de la banda en directo– se ajustaron a grandes rasgos a lo que cabe esperar ante un público masivo en un concierto gratuito: colección de hits de juventud en lo musical, y teatralidad e interacción en lo físico.

Tras la obviedad de ‘Introducing the Band’, fue una agradable sorpresa escuchar ‘Outsiders’, single del reciente Night Thoughts que, pensábamos a priori, reservarían para el día siguiente en el Auditori. En estos primeros compases, en los que además la suma de instrumentos nos pareció sonar demasiado compacta, Brett optaba por mostrarse únicamente de perfil, lo que nos dejaba un poco fríos. Fue a partir de ‘Trash’ cuando el felino frontman empezó a disparar su batería de saltos, genuflexiones, carreras y sing-alongs, y se metió al público en el bolsillo a ritmo de Filmstar’, ‘Animal Nitrate’ y ‘We Are the Pigs’. El espectáculo era Anderson, que hacía olvidar cualquier otro aspecto del concierto, y en su hora y cuarto de duración, la voz no se resintió del esfuerzo. Hubo también espacio para el intimismo en ‘Sometimes I Feel I’ll Float Away’, ‘Still Life’ y una versión acústica de ‘She’s in Fashion’ ya en los bises, donde la única percusión fueron las palmas del público. Para satisfacer los paladares ávidos de glam noventero no faltaron en el menú The Drowners’, ‘Metal Mickey’, ‘The Beautiful Ones’ ni So Young’, pese al solo de piano un tanto dubitativo en esta última.

En definitiva, sin grandes sorpresas, pero empujados por la energía y el sudor de su incombustible maestro de ceremonias –cuya camisa quedó destrozada por el cariño de las primeras filas–, Suede cumplieron con nota su papel como concierto de presentación del festival. Para la tarde del jueves quedaba la cara B.

Jueves

Estábamos expectantes ante el anuncio de la ejecución de Night Thoughts, el último trabajo de los ingleses, acompañada de un conjunto de imágenes “creado para la ocasión” por Roger Sargent. Ante este apercibimiento, la referencia de los seguidores de la banda no podría ser otra que las proyecciones ideadas por Derek Jarman en 1993 para el directo de aquellos Suede en su plenitud creativa. Pero mejor era no hacerse muchas ilusiones.

La película proyectada en el escenario del Auditori sobre la pantalla tras la que se situaba el quinteto no hacía justicia a un álbum notable y dejaba a los músicos o bien en un segundo plano, o directamente ocultos en las tinieblas. Pese a estar rodada sin grandes medios y bajo una estética en general naturalista, no es esto lo que hace cojear a la cinta, sino, sobre todo, los saltos temporales que sumergen en aguas demasiado turbias el relato de la relación de una pareja sin gancho, de la que pronto perdimos el interés. De la actitud de la banda tampoco podemos hablar maravillas, ya que la puesta en escena condenaba al estatismo incluso al drámatico Brett Anderson. Por todo ello, sentimos un cierto alivio cuando el ostinato de cuerdas de When You Were Young’ augura que el círculo se cierra.

Tras el épico final, llegó el respiro a una presentación lineal de este Night Thoughts del que, después de la proyección, no creemos haber profundizado en su posible concepto. La propuesta visual, interesante pero nada más, no hizo justicia a un disco tan digno que, quizá, podría sostenerse por sí solo en vivo. (Jesús Boyero)

ALGIERS

Algiers (31)Rp

Venían precedidos por la fama de un directo feroz, pero el mensaje de Algiers quedó embadurnado por un ambicioso y finalmente vacuo efectismo. El patrón fue obvio desde que despegaron con la introducción de ‘Black Eunuch’, que irrumpió dispersa, sin contundencia y con un Franklin James Fisher que descubría sus indiscutibles virtudes vocales pero que necesito tiempo para acomodarse sobre el escenario y experiencia para trastear con los sonidos sintéticos.  La letra de ‘And When You Fall’ fue premonitoria, porque la eficaz soflama política del trío transatlántico acompañado del batería de Bloc Party Matt Tong se manifestó etérea y blanqueada, dejando una primera parte de concierto dispersa, con material desconocido y con un riesgo excesivo para una banda que mostró formas pero aún demasiado terreno por recorrer sobre las tablas. Tuvo que llegar ‘Old Girl’ y ‘But She was Not Flying’ para remontar el vuelo y reivindicar su debut esperanzador. El  lamento dolido del góspel y el azote del rock industrial fueron inocuos en esta ocasión y la despedida de ‘Remains’, que pudo haber sido un comienzo esperanzador, confirmó que la pretenciosidad venció en esta ocasión a la vehemente y loable indignación. (Carlos Marlasca)

JULIEN BAKER

Julien Baker (41)Rp

La primera sensación al ver Julien Baker sobre el escenario Adidas es que había algo de displicente en su figura. Tal vez fue el hecho de que miraba continuamente el reloj, como si la cita le incomodase, o que dejase colgados los primeros acordes de algunas canciones para ajustar la afinación de la guitarra (que a oído del público tampoco sonaba tan fuera de tono). Pero, a medida que el concierto avanzó, esos gestos se integraron en su aura de cantautora con tintes emo. No era displicencia, era timidez y algo de nerviosismo. El concierto fue breve, apena 40 minutos, pero lo suficiente para repasar la intensidad de su álbum Sprained Ankle (2015). Las interpretaciones de ‘Everybody Does’, ‘Rejoice’ o ‘Something’ deberían ser pruebas más que suficientes para convencer incluso al jurado más escéptico. Por el silencio que se respiraba, fue una victoria inapelable. Baker es especial. El género cantautor-sufridor es el que es, pero siempre es una alegría a estas alturas encontrar nuevas voces que aún son capaces de entusiasmar con sus matices. (Gabriel Trindade)

CAR SEAT HEADREST

Car Seat Headrest (11)Rp

Pese a ser nuevo en esto de los festivales, la incógnita que representaba el primer directo de Will Toledo en nuestro país tuvo final feliz. El héroe venidero congregó en el escenario Pitchfork a más curiosos que algunas propuestas de holgada trayectoria que ocuparon horarios parecidos, ya sea por la atención mediática recibida durante los últimos meses o por la publicación de un disco salpicado de guitarras resplandecientes y un infalible aroma noventero, capaz de captar abultada atracción intergeneracional. No le atemorizó arrancar completamente solo con la sosegada y casi monótona ‘Way Down’, elección doblemente valiente al tratarse de una canción posterior incluso al recién estrenado Teens of Denial. Y aunque por razones obvias él y sus tres compañeros no van sobrados de rodaje y la puesta en escena no fue del todo deslumbrante –quizá habría cuajado más en sala–, el concierto fue progresando poco a poco en soltura y fruición generalizada, sobre todo gracias a unas composiciones con gancho que se aguantan casi solas. Aunque más que presentar el álbum, tiró de singles, el estribillo de ‘Cosmic Hero’ insufló adrenalina (I will go to heaven / you won’t go to heaven!), ‘Fill in the Blank’ y ‘Drunk Drivers/Killer Whales’ arrancaron saltos y el híbrido entre ‘Vincent’ y ‘Paranoid Android’ –que parecía casi inevitable tras las múltiples alusiones autorreferenciales y en clave de humor de Toledo a sus admirados Radiohead– sirvió de colofón para este primer encuentro con la eminencia nacida en Bandcamp. Aunque no basta con un efectivo storytelling para asaltar el cielo del indie rock, y más con la ejecución insultantemente buena de otras propuestas de esta edición, seguro que más pronto que tarde Car Seat Headrest nos sorprende con algo más de destreza escénica y tablas. El público, por su parte, ya ha entregado el corazón a sus hits. (Max Martí)

DAUGHTER

Daughter (40)Rp

Mucho más encomiable que lo que se pudo ver en el escenario es lo que generó Daughter en las entrañas de los que tuvieron la suerte o el acierto de estar presentes en uno de los conciertos que quedarán para el recuerdo del Primavera Sound.  El papel que en otras ediciones corrió a cargo de Damien Rice o Slowdive correspondió en esta ocasión a Elena Tonra y los suyos. La cuestión era capturar la atención con el impulso de ‘How’ y después, una vez generado el hechizo, mecer las conciencias con  ‘Tomorrow’ e impulsar la primera de las muchas catarsis que debían sucederse con ‘Numbers’. La timidez de la reina Tonra embelesaba mientras Igor Haefeli y Remi Aguilella extendían el embrujo, el primero magistral manejando con sus baquetas la dinámica de temas como ‘Smother’, el segundo impecable expandiendo las seis cuerdas en otros como ‘New Days, y a su lado una desconocida Lucy que supo lucir en el papel de secundaria que le correspondía.  Los británicos repasaron los mejor de sus dos brillantes trabajos, combinando las ensoñaciones de sus temas más pausados con otros que, como ‘No Care’, rebajan su inherente transcendentalismo. Esta vez ni siquiera hubo un molesto vocerío. Sonó arrebatadora ‘Youth’ y Daughter sugirió un suave descenso de los cielos con ‘Fossa’. Fue mucho más que un mundano concierto, fue una solemne obra de arte. (Carlos Marlasca)

DESTROYER

Dan Bejar parece haber encontrado, en años recientes, la serenidad en un estilo que es un híbrido entre –por favor, léase bajito– el Lou Reed de Transformer y el Bryan Ferry de Avalon, sobre todo en instrumentación y cadencia, pero también en la pose bohemia de ambos personajes. En la quietud del atardecer, el cantautor canadiense aparentaba esa misma serenidad sobre el escenario, sin perder de vista la bebida, mientras ofrecía, junto a su banda, temas casi exclusivamente de sus dos últimos elepés.

Ofrecía pero no desgranaba: por momentos la sofisticada calma que hemos mencionado se podía tornar en languidez durante el primer tramo de concierto (‘Chinatown’, ‘The River’). Más aún cuando ni Bejar ni su banda entregaban apenas estímulo visual. Para más inri, el sonido no era tan fino como quisiéramos, tal vez porque la reverberación queda mejor en estudio. Se nos hubiera antojado que tocaran la preciosa Girl in the Sling’, porque la sensación percibida era que el conjunto brillaba más cuando había pocos instrumentos en juego. El gallinero formado en pleno ritual tampoco ayudaba, y ni siquiera ‘Kaputt’ logró dominar la situación, lo que sí consiguió la agitada ‘Dream Lover’.

De ahí  –sexta pieza de un total de diez– en adelante se notó un crescendo en la respuesta del público, instigado principalmente por los arreones funk de ‘Midnight Meet the Rain’ y por el suspense que crea el largo desarrollo de ‘Bay of Pigs’. Gracias a ello, si seguimos la máxima de que no importa cómo se empieza sino cómo se acaba, se salvó una actuación a la que se le puede pedir más. (Jesús Boyero)

VINCE STAPLES

Pese a los imprescindibles arrebatos de impostura y descaro, Staples destiló sobriedad, elegancia y un control absoluto de su –ya antes del inicio– desenfrenada audiencia, aunque me consta que algunos habrían preferido un espectáculo incluso más arrollador y salvaje. Respaldado solo por un DJ y audiovisuales de poca complejidad, el de Long Beach se valió de los mínimos artilugios para meterse al público en el bolsillo desde el primer segundo en el que empezó a desplegar sus rimas de lírica sórdida, tenacidad verbal precisa y beat crudo, manteniendo nuestros brazos en alto a su placer. En un alarde de clase, arrancó fuerte con ‘Lift Me Up’, que rápidamente infundió una infecciosa energía tanto a fans como a profanos del hip-hop, para más tarde arrear al personal con ‘Señorita’ y ‘Norf Norf’, otros dos petardazos de Summertime ‘06. Especialmente revitalizante fue el momento ‘Smoke & Retribution’, su colaboración con Flume –que personalmente no había previsto–, y como suele ser habitual en los sets del californiano, no se estuvo de blasfemar contra la policía y animar al público a ello. Se agradece que el festival no rebaje la cuota de negritud y, un año más, nos traiga a raperos asociados a la factoría Odd Future. Por cierto… ¿podemos volver a pedir a Kendrick para 2017? (Max Martí)

FLOATING POINTS

Nadie puede decir que no lo sabía. Floating Points avisó que iba a ir al Primavera Sound cargado y, en ese sentido, no se le puede reprochar nada. Sam Shepherd apareció en el Ray-Ban con una banda de acompañamiento –lleva ya unos meses con ella– para dar una nueva vida a su techno reposado. El invento pudo tener su gracia. Era sorprendente escuchar aquella sonoridad (algo jazzera, algo post-rock) y compararlo con sus sonoridades más relajadas (su disco Elaenia, 2015, por decir lo que tenemos más a mano). También los largos periodos de improvisación, que según ha comentado en alguna entrevista, es lo más divertido porque suponen un reto para los músicos. Pero claro, también todo esto tiene su contrapartida. Una sacudida así a tu repertorio obliga al espectador a bucear por la densidad. Siempre es interesante seguir a músicos que buscan nuevos límites en el escenario, pero no todo el mundo está dispuesto a seguir por ese camino. (Gabriel Trindade)

TAME IMPALA

Tame Impala (28)Rp

Para un servidor era el debut en 2016 en Mordor Norte, zona que siempre intento evitar con todos los pesares que supone perderse según qué grupo (no puedo con las grandes distancias, la gravilla, la imposibilidad de ir a por una cerveza a medio concierto y todo lo que suponen estos macroescenarios). Dicho esto, y asumiendo que veríamos a Tame Impala a través de una pantalla, el concierto fue lo que se esperaba de ellos a la 1 de la mañana del jueves. Con el cuerpo ya pidiendo movimiento, la psicodelia de los de Kevin Parker puede jugar ese papel de warming para la fiesta. Como en toda la gira, salen a cañón con ‘Let It Happen’, que por momentos en directo roza el remix de Soulwax, seguida de ‘Mind Mischief’ y en lo que hubiese sido perfecto para tirar otro disco más atrás con ‘Desire Be, Desire Go’, se quedaron en el segundo con ‘Why Won’t You Make Up Your Mind’. Los solos se alargaban, los estribillos se coreaban y lejos de parecer un concierto de guitarras, el baile estaba más presente que los cabezazos. Ni siquiera el coitus interruptus en ‘Eventually’ –uno de los highlights en directo del tour de 2016–, que recuperaron en el punto exacto de la canción en el que falló todo tanto que tuvieron que abandonar el escenario, pudo frenar la sensación global de un gran concierto de una banda generacional. (Jordi Isern)

JOHN CARPENTER

John Carpenter (25)Rp

Lemmy Kilmister hizo sus pinitos cinematográficos en películas como Terror Firmer o una de las secuelas de El Vengador Tóxico. Los cameos del difunto líder de Motörhead en el género de terror son solo una de las evidencias de la estrecha ligazón entre ambos universos. Y si es así, ¿por qué no invertir el sentido? Algo así debió pensar uno de los indiscutibles emperadores de la serie B como John Carpenter cuando se embaucó, ya septuagenario, en una gira para interpretar la música con la que sonorizó sus cintas. Rock de músculo al que solo eliminaron el epíteto de cavernario las tenebrosas melodías que salían del teclado del maestro del generó, excelente en temas como ‘Vortex’. Como mandan los cánones, Carpenter adoptó el papel de macho alfa acompañado por una banda en la que estaba su hijo Cody y que proporcionó la contundencia necesaria en las canciones que contienen sus dos trabajos de estudio. El resto, composiciones sobradamente conocidas y un halo de nostalgia para los que veían las imágenes proyectadas de títulos que marcaron una juventud como Golpe en la Pequeña ChinaHalloween o el cierre de Kristine. Un concierto que recuperó las lúgubres atmósferas de Carpenter y del que Gabi Ruiz, uno de los directores del certamen barcelonés, había afirmado que era el imprescindible de esta edición. Los que siguieron sus indicaciones no erraron y descubrieron el secreto mejor guardado del hombre que inventó muchas de nuestras mejores pesadillas. (Carlos Marlasca)

LCD SOUNDSYSTEM

LCD Soundsystem (67)Rp

James Murphy tiene un duro verano por delante. Tras el cabreo de algunos fans que se sintieron traicionados por su regreso, el líder de LCD Soundsystem realizó toda una declaración de principios en un memorable post sobre la resurrección del grupo. Entre otras promesas, estaba esta: “Cada concierto tiene que ser mejor que el mejor concierto que hayamos hecho hasta el momento, para que nadie pueda decir: bueno, ha estado bien. No tanto como antes pero, ya sabes, ha estado bien. Todos lo sabemos. Y es sano, porque significa que volvemos a la guerra, como en el principio“. ¿Fue el concierto del jueves el mejor que ha dado LCD Soundsystem hasta ese momento? ¿Dio la guerra que prometía? ¿Fue como al principio? No dejaremos que Murphy incumpla otra vez su palabra. Los neoyorquinos asestaron un golpe directo a la mandíbula. Nada de florituras, sólo la batería de hits imprescindibles: ‘Yeah’, ‘Losing My Edge’, ‘Tribulations’, ‘Dance Yrself Clean’ o ‘All My Friends’ (aunque, bueno, echamos de menos ‘North American Scum‘). Hubo algún pero, como la falta de potencia del sonido, aunque eso no es reprochable al grupo. El escenario Heineken se puso a prueba por primera vez en el festival con un lleno total y nosotros comprobamos que para ver de cerca a los cabezas de cartel de la presente edición, la única estrategia posible era la de sangre, sudor y polvo. El esfuerzo valió la pena y sirvió para quitarnos la espina por no haber apretado suficientemente rápido el F5 para asistir al concierto de la sala Barts dos días antes. Siempre nos quedará pensar que nuestro concierto, el del retorno de LCD Soundsystem al Primavera 13 años después, fue mucho mejor. Recuerden la palabra de Murphy. Ahora que nosotros hemos hecho nuestra parte, esperemos que ellos hagan la suya con el nuevo disco. (Gabriel Trindade)

NEON INDIAN

Neon Indian (61)Rp

Según tengo entendido, el espectáculo de Neon Indian encandiló y decepcionó a partes iguales. Quizá quienes hace cinco años cayeron rendidos al chillwave hipnótico y veraniego de Psychic Chasms o al neblinoso y ensoñador pop electrónico de Era Extraña –entre los cuales me hallo– echaron en falta algo más de reverberación rudimentaria en su espectáculo en el Pitchfork, pero por otro lado alguien debería haberles advertido de que Alan Palomo se ha convertido en el campeón del club de baile ochentero en el que se imitan y entremezclan géneros muy diversos (funk, disco, electro, r&b, reggae…). El mexicano sudó e hizo sudar dando especial centralidad en el repertorio a VEGA INTL. Night School, del que exprimió todo el groove posible, y desenmascaró con orgullo su escencia latina con claros dotes de showman, bailando y comentando la velada sin dejar que los ánimos decayesen en ningún momento. No le resultó difícil ganarse a un público ya medio etílico y narcotizado al actuar tan cerca del cierre, y repartidas a lo largo del set cayeron apuestas certeras como ‘Annie’, ‘The Glitzy Hive’, ’61 Cygni Ave’ o una apoteósica ‘Slumlord’. Por si quedaba algún escéptico/nostálgico entre la multitud, también recuperó los hits del pasado ‘Deadbeat Summer’ y ‘Polish Girl’ hacia el final. Por último, homenajeó a Prince con su reciente versión de ‘Pop Life’ y se despidió deseando vernos “en otro concierto chingón“, celebrando el hedonismo como pocos lo han hecho en esta edición y proporcionándonos el subidón necesario para afrontar el resto de propuestas de la clausura del jueves, más oscuras y underground. (Max Martí)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos. Festivales
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