06/04/2016

Pequeña guía a uno de los acontecimientos del siglo, este año en el Primavera Sound 2016.

El mero hecho de mencionar a los Beach Boys en cualquier conversación nos transportará a una soleada playa californiana llena de cuerpos bronceados, con una tabla de surf bajo el brazo y un verano eterno por delante. Es una estampa icónica. Pero la realidad es otra: pocos conocen la historia detrás del atormentado Pet Sounds —según Rolling Stone, el segundo mejor álbum de la historia—, pocos saben que Brian Wilson —fundador y líder del grupo— nunca hizo surf en su vida, y pocos saben que hay un mundo maravilloso y enormemente original más allá de las clásicas canciones del grupo californiano, que ha inspirado decenas y decenas de grupos que escuchamos hoy en día.

Algunos lo saben, algunos no; para los segundos, dejen que me explique.

Pet Sounds

Brian Wilson empezó a pensar en Pet Sounds cuando tenía 23 años, después de haber alcanzado el éxito mundial gracias a temas que componía con una facilidad innata —y que eran fruto de una constante presión por parte del sello Capitol—. Pero estaba harto de hacer lo que le pedían los demás, y al ver que el grupo de su amiguito Paul McCartney estaba triunfando en Inglaterra con un álbum llamado Rubber Soul, pensó que había llegado el momento de hacer algo más. Así que cuenta la historia que, en ese momento, se apresuró a decirle a su mujer: “¡Marilyn, voy a hacer el álbum más grande! ¡El álbum de rock más grande jamás hecho!”.

Y así fue.

A finales de los años 50 y principios de los 60, el surf representaba la más alta expresión de libertad, la misma libertad incontenible que unos años antes había dado vida al rock and roll y al nacimiento de la cultura juvenil. Sin embargo, esa imagen de libertad californiana que tanto fascinaba a otras culturas y que fue determinante para el éxito de los Beach Boys, empezó inevitablemente a teñirse de colores más oscuros a partir de finales de la década de los 60. La percepción del “paraíso americano” de hecho cambió para siempre: dramas como la guerra de Vietnam o el asesinato de Kennedy eran el presagio de unos tiempos de inquietud, y Brian Wilson lo estaba viviendo de lleno. El problema era que no podía expresarlo a través de la música; el mundo no estaba preparado. El mundo quería otra ‘Surfin Safari’.

Pet Sounds cuenta una historia a través de otras historias, y como si de una matrioska se tratara permite varias lecturas: la más obvia y más fácil de percibir es la atormentada experiencia personal de un tío cualquiera que crece y gana mientras pierde y olvida. Brian lo cuenta a través de una serie de situaciones comunes a toda la humanidad, en las que la relación con el otro sexo sigue manteniendo una posición central como unidad de medida, y lo hace con un idioma universal que todo el mundo puede entender, gracias en parte a las palabras del joven poeta y publicista Tony Asher, que le ayudó a dar voz a todos sus sueños… y también a sus pesadillas.

Primera parte

La obra maestra empieza con tonos mayores: Wouldn’t It Be Nice’ representa el inicio de lo que para algunos ha sido el primer disco conceptual de la historia, y como en muchos de los inicios de las historias más clásicas todo parece empezar con un notorio aire de esperanza, describiendo un mundo donde el tiempo todavía tiene connotaciones positivas. La canción, de hecho, pertenece a unas sesiones de grabación previas a Pet Sounds, por lo que en un inicio no estaba pensada para ser incluida en el disco. Por eso de buenas a primeras no parece que estemos escuchando nada nuevo (en comparación con la obra anterior de Wilson).

En ‘You Still Believe Me’, Brian experimenta por primera vez el sentimiento de culpa por no poder contener sus propios dramas, y se pregunta “¿cómo puedes seguir enamorada de mí después de todo esto?”. Es en la última parte, donde canta “I wanna cry”, cuando se libra de todo lo que le está atormentando. Enseguida, en la estupenda ‘That’s Not Me’, encontrarán las palabras perfectas de quien quiere ser mejor persona pero todavía no tiene los medios para lograrlo. Es un himno al amor en el que Brian, a través de la suave voz de su primo Mike Love, no quiere mostrarse como lo que no es, y su amor hacia una chica —que de nuevo representa la excusa para contar algo más universal— es tan fuerte que representa el único espejo en el que quiere mirarse para sentirse un hombre mejor —concepto y tema que Animal Collective recogerían y plasmarían muchos años después en su célebre ‘My Girls’—.

Uno de los momentos más inspiradores de todo el álbum probablemente sea ‘Don’t Talk (Put Your Head On My Shoulder)’, en la que se hace un uso revolucionario del bajo al imitar éste los latidos del corazón —el mismo Paul McCartney admitió haberse sentido muy influenciado por el uso del bajo en Pet Sounds—. La canción expresa el deseo infantil de recibir un abrazo que sirva de cobijo para una relación en la que ya no queda nada sano más allá de un ligero cariño que hace mucho más daño que un amor intenso. Por algo es una de las dos únicas canciones del disco que no tienen segundas voces.

En ‘I’m Waiting For The Day’, el amor vuelve a ser algo curativo —él, que parecía capaz de crear solo sufrimiento—, y el tiempo vuelve a convertirse en algo positivo, mientras en la siguiente ‘Let’s Go Away For A While’ —la primera de las dos canciones instrumentales—, a pesar de no escuchar ninguna palabra, es posible reconocer –a través de un caleidoscopio de sonidos– la California más brillante y soleada que nuestro cerebro occidental sea capaz de imaginar.

Segunda Parte

La primera canción de la segunda parte del álbum es ‘Sloop John B’, un tema tradicional que Brian Wilson supo convertir en una canción al más puro estilo Beach Boys, y que en realidad no fue concebida para Pet Sounds, pero que acaba encajando perfectamente en el recorrido que traza el álbum desde la infancia hasta la madurez. El tema transmite un mensaje completamente positivo hasta su recta final, en la que la frase “Let me go home, I wanna go home” le dan la vuelta a todo su significado y pasan a anticipar ese miedo a la pérdida que dominará esta segunda parte del disco. De nuevo la tristeza se deja ver entre los recovecos de una frágil felicidad.

La dulce voz en la maravillosa ‘God Only Knows’ es de Carl, el hermano pequeño de Brian Wilson, y es seguramente el momento álgido de su carrera y uno de los puntos más celestiales de todo el álbum. Ya en aquel entonces, Paul McCartney se pronunció sobre el tema describiéndolo como “la mejor canción de amor jamás escrita”.

Acercándonos ya al final, en ‘I Know There’s An Answer’, Brian llega a la triste y obvia conclusión de que si hay una respuesta a la inutilidad de la existencia, tendrá que buscarla solo y no en el corazón de otro ser humano. ‘Here Today’ es el ejemplo definitivo de su decepción ante las relaciones, consecuencia de haber entendido que al fin y al cabo todo lo que empieza se acaba, y que el amor es un “estribillo” que se repite, siempre igual y siempre diferente, como decía Sebastien Tellier en su maravillosa ‘La Ritournelle’.

En ‘I Just Wasn’t Made For These Times’ se expresa la frustrante sensación de creer que “no estoy hecho para estos tiempos”, como consecuencia de la imposibilidad de expresarse con libertad y de no haber entendido todavía qué es lo que estamos buscando y quién queremos ser cuando seamos adultos —si es que no lo somos ya—. Que, a lo mejor, el problema lo tienen ellos y no nosotros.

En ‘Pet Sounds’ –la canción instrumental que da nombre al disco–, unas percusiones extrañas con instrumentos de cuerda que nunca más volveremos a escuchar en un disco “pop” nos llevan a darnos de bruces con el fin del verano y la despedida de unas olas que nunca hemos surfeado. El fade-out de su final refleja esa última y perfecta ola que estábamos esperando pero que probablemente no llegue nunca ya.

Se dice que ‘Caroline, No’, la última canción del álbum, ha sido siempre la preferida de Brian —de hecho en esos años fue publicada bajo su nombre, porque era demasiado personal para llevar el de los Beach Boys—. Igual que se dice que Carol era el nombre de la primera chica de la que Brian se enamoró en el instituto. En esta obra maestra se relata el fin de ese hipotético amor que empezó en ‘Wouldn’t It Be Nice’, con el protagonista acusando a su pareja de haber cambiado. Brian habla de pequeños detalles como un corte de pelo, pero en realidad solo está intentando esconder el verdadero motivo de su dolor y el de la chica en cuestión: el paso del tiempo.

En los últimos segundos un tren se va rápido, se acaba un verano que representa una vida entera, y por fin se escuchan unos perros —esos famosos “pet sounds”— que quieren recordarnos a la casa perfecta de nuestros veranos, en la que no nos falta el coraje. En la que, como superhéroes, vivíamos experiencias sin fin, sin saber que nunca más se repetirían.

Pet Sounds es un álbum que te deja un sabor de boca difícil de describir, porque a pesar de que parezca darnos un mensaje fundamentalmente triste y aterrador sobre la vida y las relaciones interpersonales, el mero hecho de contar estos sentimientos de la mano de sonidos tan preciosos y notas tan inolvidables – Brian utilizó por primera vez en un disco “pop” instrumentos muy poco habituales como violines, instrumentos de viento, pianos, clavecines, armónicas, acordeones, saxofones, flautas, y clarinetes– acaba consiguiendo que lo que produzca el disco sea una mágica sensación de felicidad nostálgica. Esa lucha constante entre el caer y el levantarse, de hecho, es el que lleva a que algunas canciones se tuerzan de repente y cambien completamente su enfoque en una frase.

Y es que Pet Sounds destruyó la vida de Brian Wilson durante casi 40 años: no fue bien recibido por la crítica y no vendió muchas copias en comparación con sus éxitos anteriores, provocando que el artista cayera en una fuerte depresión artística y personal. Una depresión que llegó a su punto álgido con Smile, ese disco que Brian vislumbraba como su verdadera obra maestra y que acabó siendo el álbum incompleto más atormentado de la historia, que incluso le llevó a retirarse de los escenarios.

La historia cambió cuando Pet Sounds empezó a ser distribuido de forma masiva en CD, y por fin el público le devolvió a Brian todo lo que le debía. Como poseído por una nueva vida, volvió a tocar en 2006 para celebrar los 40 años del álbum.

Brian-Wilson-2016

Este año se celebran los 50 años de esa obra maestra que fue Pet Sounds, y en el Primavera Sound 2016 lo que vamos a ver no es un viejo en búsqueda de dinero fácil, sino un enorme pedazo de la historia de la música que por fin —después de medio siglo— podrá disfrutar del merecido amor que todos le debemos de alguna manera. Así que si veis lagrimas en la cara de Brian al gritar las estupendas ‘God Only Knows’ o ‘That’s Not Me’ será porque en realidad nunca ha cambiado: sigue siendo aquel chico que nunca quiso crecer.

¿Quién escuchará esta mierda?”, le preguntó Mike Love a Brian mientras estaba trabajando en ‘God Only Knows’.

Solo Dios sabe quiénes seríamos ahora sin Brian Wilson.

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