06/02/2016

Impetuoso concierto de los británicos, que se dejaron en el limbo la mejor parte de 'Mark To Prove It'.

Aunque Mark To Prove It es seguramente el disco más completo de The Maccabees, o al menos el más opulento, no se ha registrado excesivo ruido en relación a su presentación en nuestro país, marcada como doble cita en Barcelona y Madrid este fin de semana. Eclipsados tal vez por la visita de Foals, no hace ni siete días, los de Brighton venían con argumentos de peso para llenar una sala como Apolo, pero ayer se quedaron en unos tres cuartos bastante largos y muy alborotados. Porque eso sí: los que acudieron estuvieron en cuerpo y alma, vibrando frente a un inclemente muro de sonido dispuesto en formación 4-4-2 sobre el escenario durante la hora y media que duró el recital. La banda, en realidad, solventó con cierta premura el espectáculo, llegando a interpretar casi 20 canciones en un tiempo record; pero es que, en general, la sensación que transmitieron fue la de una aceleración un tanto desmedida, materializada es una música que por momentos llegó a resultar atropellada.

The Maccabes 1

El extra de contundencia fue completamente comprensible durante los primeros compases del concierto, en ese comienzo arrollador protagonizado por ‘Mark To Prove It’ y extendido a ‘Feel To Follow’ y a ‘Wall of Arms’. Incluso podía camuflarse bien con la intensidad emocional de ‘Kamakura’. Pero en seguida, ya con ‘Ribbon Road’, quedó patente que la versión que tocaba anoche era la de unos The Maccabees directos y poco sutiles. Se echaron en falta los matices al estilo Grizzly Bear, tanto en ésta como en ‘Something Like Happiness’, tema con el que cerraron antes de los bises, básicamente por lo poco dispuestos que parecían a rebajar el voltaje de las ya de por sí muchas cuerdas. Y fue una pena, porque son el tipo de detalles sobre los que se ha cimentado el atractivo de Mark To Prove It: una prueba irrefutable de la creciente capacidad que tienen para alternar dureza y sutileza. En cambio, sonaron casi en todo momento con mucha fibra y mucho nervio, sacrificando los matices a cambio de una fórmula cañera, positiva e infalible.

El corpus del concierto quedó así definido hacia la mitad del mismo con la sucesión ‘Love You Better’ – ‘Young Lion’ – ‘Precious Time’ – ‘Can You Give It’, todos temas de sus primeros discos. Un planteamiento frontal, al más puro estilo punk-rock revival –cosecha: primeros ’00– con el que contagiaron al público de su rabiosa energía. De hecho, cuando quisieron ralentizar el ritmo con ‘Spit It Out’ y ‘Silence’ casi no pudieron porque la sobreexcitación y el extra de ímpetu general del ambiente, ya bastante irreversible, se habría impuesto sobre cualquier desaceleración. Sacaron partido a las explosiones y cambios de ritmo en cada canción, recurriendo al escorzo y a los efectos que funcionaban ya hace diez años, y que siguen funcionando ahora. En ese sentido, no ofrecieron nada nuevo, dejando por el contrario en el limbo la parte mágica de la ambientación de Mark To Prove It. En absoluto dieron un mal concierto, y menos desde el punto de vista de un fan de toda la vida; pero para los amantes de su último paso adelante, tal vez resultara un tanto decepcionante.

the maccabees 2

Ahora bien, tal y como evolucionaron las cosas hay que reconocer que encajaron especialmente bien las últimas canciones del repertorio. Tras un espectáculo comprimido y un poco asalvajado, la distención llegó al final con ‘Grew Up At Midnight’, un tema de rock espacial al estilo ‘Spanish Sahara’ de Foals, precisamente; y más tarde, ya en los bises, con una ‘WW1 Portraits’ muy bien cocinada y con ‘Toothpaste Kisses’, una canción perfecta para los domingos al sol. Cerraron con ‘Pelican’, sellando el escenario con la firma clara y contundente del punk-rock revival, pero dejando el interrogante de si su música mira más hacia el pasado o hacia el futuro. Por la riqueza de detalles que han vertido en Mark To Prove It se diría que avanza, pero aunque en ningún caso se pueda calificar su concierto de anoche como retroceso artístico de ningún tipo, sí que descolocó un poco el hecho de que sonaran como deberían haber sonado hace seis o siete años. En definitiva: The Maccabees arrasaron con todo, incluso con sus propios matices.

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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