01/02/2016

Crónica del concierto del grupo británico en la sala Razzmatazz.

Parece que Foals han cambiado. El arranque en la sala Razzmatazz, pese a ser con una ‘Snake Oil’ que cae en la parte contundente de su último disco What Went Down, suena comedido, preciso en ejecución, sin arrollar en exceso. Sereno. Incluso la inmediata regresión posterior a su frenético primer disco con ‘Balloons’ y ‘Olympic Airways’, esta última enlazada con una muy celebrada ‘My Number’, emociona sin abrumar. Pero cierras los ojos y los vuelves a abrir en mitad de ‘What Went Down’, la canción que inaugura el bis casi una hora después, con Yannis Philippakis berreando como un loco lo de “when I see a man, I see a lion” a dos centímetros del público para acto seguido lanzarse y solo unos minutos después encaramarse al primer piso de la sala durante ‘Two Steps, Twice’ para volver a tirarse al público desde una distancia poco prudente, y todo vuelve a la normalidad: son los Foals de siempre, aunque depurados.

Los conciertos del grupo de Oxford han llegado ya a un grado de perfección tal que se los puede equiparar a sus propias canciones más célebres. Como en ‘What Went Down’, ‘Spanish Sahara’ o ‘Mountain At My Gates’, el quinteto británico ha aprendido a dosificar sus fuerzas, a arrancar a ritmo trotón, sólido y constante, para amagar con alguna explosión a medio camino (el final de ’Mountain At My Gates’ es ya un nuevo hito de su repertorio), pero no tirar la casa por la ventana realmente hasta los tres últimos temas de la noche. Cuando lo hacen, sin embargo, cuando se sueltan por fin… bueno, sencillamente no dejan nada en pie.

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Se nota que son ya cuatro discos y 10 años de trayectoria. Que no hay que quemar todas las naves en las primeras tres canciones, como hacían antes. Que mañana hay que dar otro concierto, y al día siguiente otro. Pero Foals siguen siendo Foals, y son muy conscientes que un concierto sin Yannis jugándose el pellejo sería decepcionante, y que cuentan ya con suficiente cantidad de himnos, tanto nuevos –‘Mountain At My Gates’– como clásicos –’Spanish Sahara’ sigue siendo el momento catártico de su set, especialmente enlazada con ‘Red Socks Pugie’– para convertir cualquier noche en memorable sin (casi) morir en el intento.

Y funciona, por supuesto. Lo único que se les puede achacar a Foals es que en su infinita solvencia y entrega tengamos cierta sensación de déjà vu con respecto a su anterior visita, hace poco más de dos años en la misma sala. ¿Pero como quejarse de algo que se repite de lo bueno que es? Entonces, si bien su energía le ganó la partida a los matices como explicamos en la consiguiente crónica, ya se consagraron como una de las grandes bandas de su generación. Y Yannis ya se tiró del primer piso, solo que fue en el otro lado de la sala.

Esta vez, aprovechando que había que añadir las nuevas canciones de un disco que supone su contraste más definido y visceral entre ruido y calma, entre furia y serenidad, lograron lo que les pedíamos en aquella última visita: dotar de matices sus temas más reposados sin por ello renunciar a arrollar cuando la situación lo requería. Aunque por desgracia solo estuviera representado con una canción –la ya mentada ‘Spanish Sahara’–, la sonoridad de Total Life Forever, aquel infravalorado segundo disco del grupo que marcó un antes y un después en su trayectoria, planeó sobre la práctica totalidad del concierto, ni que fuera solo por mentalidad: incluso las estridentes ‘Providence’ y ‘Snake Oil’ sonaron precisas, milimetradas, con un sonido impoluto. Dignos de un grupo, como ellos, curtidos en mil batallas y conciertazos.

Por eso, después de la cierta pausa final que supusieron ‘Late Night’ y ese nuevo clásico que es ‘A Knife In the Ocean’, donde se acercan al post-rock con tintes épicos, Foals dieron el acelerón final con ‘Inhaler’, ‘What Went Down’ y ‘Two Steps, Twice’, probablemente sus tres canciones más salvajes. La explosión de la parte final de sus canciones. Y, como se habían guardado muchas fuerzas, cada una fue un más difícil todavía: ‘Inhaler’ con ese estribillo demoledor y su puente extendido que parece no querer acabarse nunca, ‘What Went Down’ con la primera incursión de Yannis entre el público bajo el perfecto caos de su estallido, y ‘Two Steps, Twice’ son sus “babada babada” tribales y el ya habitual salto al (casi) vacío.

Parece que han cambiado, pero vuelves a abrir los ojos y compruebas, con una cierta sensación de haberlo vivido, que Foals sencillamente han lograron pulir las pocas aristas que les restaban para dar un concierto perfecto.

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Foto. Pablo Luna Chao | Vídeo: Anna Pérez Martí   Conciertos
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