28/10/2015

Una reflexión sobre hacia dónde vamos.

Cuando, el 28 de octubre de 2007, empecé Indiespot con un post sobre Standstill, no tenía ni idea de lo que hacía. En aquel momento estaba llevando a cabo mis prácticas de periodismo en una empresa que se dedicaba a crear y mantener blogs comerciales, y pronto vi que aquello lo podía hacer yo desde mi casa: hablar de los grupos que a mí me apasionaban con la libertad, periodicidad y extensión que a mí me diera la gana. Solo tenía que abrirme un perfil en esa cosa nueva llamada WordPress, buscar un nombre (Musicspot ya estaba registrado, gracias a Dios), y decidir una plantilla para darle forma. El mundo se abría ante mí. En ese momento los lectores eran cero y millones a la vez, la única red social implantada por aquí era Myspace (y no hablemos de Fotolog), y el campo por recorrer inmenso.

Ocho años y casi 6.000 posts después, Standstill ya no existen, los blogs –como idea– tampoco, y la sensación es que empezamos a estar un poco apretujados en este viaje por el ciberespacio.

Desde siempre, la prensa musical ha cumplido la función de acercar los artistas al público. Mejor o peor, con más intereses o menos, siempre con las particularidades que se le pueden achacar a este sector a caballo entre el arte puro y el mero entretenimiento. Durante los años de hegemonía del papel, los medios eran el vehículo principal para descubrir, conocer y adorar a los artistas. Los artistas eran los protagonistas, pero los medios eran imprescindibles.

Ahora un artista puede llegar hasta su fan más remoto antes de que el periodista del medio pueda siquiera abrir un nuevo documento de Bloc de Notas para empezar a escribir una noticia sobre ello. Puede fotografiar sitios a los que ningún periodista o medio tendrá acceso jamás. Puede subir un fragmento de canción sin terminar que todavía no ha escuchado ni su manager. Puede grabar, si quiere, un vídeo en primera persona desde el escenario para dejarnos entrar, por unos segundos, a su vida. Incluso los propios artistas se han convertido en prescriptores, recomendando a menudo nuevos artistas, sea porque son amigos, descubrimientos de su sello, o por compartir honestamente algo que les gusta. Los medios, de repente, ya no son imprescindibles.

Y con este panorama, han tenido que adaptar su rol, que durante un tiempo pasó por creerse prescriptores. Por filtrar, vaya, entre todo el ruido que se generaba a diario en el ciberespacio. Se trataba de una idea romántica que permitía seguir manteniendo el papel primordial al transmisor del mensaje, pero que no ha tardado demasiado en venirse abajo. Porque hasta eso está cambiando: cada vez se tiende a filtrar menos porque el volumen, las visitas, la cantidad, es lo que en general importa en la trastienda. La paciencia va a la baja y las cifras, siempre en aumento.

(7 AÑOS DE INDIESPOT: DISCOS Y CANCIONES QUE NOS HAN DEFINIDO).

Ahora son los algoritmos los que deciden qué noticias nos interesan para mostrárnoslas en nuestras redes sociales, los que nos recomiendan música nueva en función de nuestras predilecciones y escuchas previas, y cada vez quedan menos voces respetables en las que confiar. Las de los amigos siguen allí, pero ellos siempre han estado (solo que ahora pueden ser más pesaditos). Hasta Pitchfork, adalid de la prensa musical independiente de los últimos años, ha sido comprada por uno de los principales grupos editoriales del planeta.

¿Y ahora qué?

A nivel personal, no tengo ninguna duda de que ha sido la persistencia la que nos ha llevado hasta aquí. Ni planes de marketing, ni estrategias de ningún tipo, ni siquiera la más mínima inversión. Habernos adaptado (a lo que hemos podido) y no haber tirado la toalla, siempre tratando de hacerlo un poco mejor. Eso y la ayuda inestimable de un equipo que como es lógico ha ido cambiando a lo largo de los años, por el que han desfilado muchísimas personas aportando su ayuda, pero que sin el compromiso de un reducido núcleo de locos como yo hubiera sido imposible. Edu, Arnau, Daniel, Victor, Pablo, y Andreu: gracias.

Ahora tenemos más lectores que nunca, pero también nos preguntamos más a menudo hacia dónde vamos.

Ahora hay más ruido que nunca, pero nos comprometemos a intentar no contribuir a ello. Hablando siempre con pasión pero con rigor, con críticas constructivas cuando algo no nos gusta, y con elogios entusiastas cuando lo sintamos así. Solo cuando lo sintamos así.

Para explicar y tratar de entender, para entretener y descubrir. Para emocionarnos juntos, joder. Antes de que llegue el día en el que los algoritmos también escriban los motivos por los que tienes que escuchar a este o aquel grupo.

Es solo música, claro que es solo música. Pero para mí, para nosotros, la música importa. Gracias por seguir ahí.

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Foto. Luis Mazón   Opinión
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