28/08/2015

Un repaso a la edición más exitosa del festival portugués, con Tame Impala, The War On Drugs, Lykke Li...

La pequeña y remota localidad portuguesa de Paredes de Coura (nueve mil y poco habitantes dice wikipedia) lleva observando desde 1993 cómo su pueblo se revoluciona un fin de semana de agosto para recibir a los visitantes del festival que alberga con su mismo nombre. Pero es probable que ni el más audaz hubiese imaginado, hace veinte años, un desembarco como el de la última edición: 25.000 almas, según la organización, llenaron cada día el recinto e invadieron los valles de la playa fluvial de Taboao, punto neurálgico e icónico del festival luso. Récord absoluto de asistencia, claro, en consonancia con la apuesta que había hecho el festival llenando el cartel de nombres de élite (Tame Impala, Lykke Li y The War On Drugs) y una media tabla cuidadísima (Pond, Temples, Father John Misty…) a precio de risa (85€ y con opción de acampar hasta dos semanas si te place).

La masiva afluencia trajo consigo algún incordio extra, sobre todo en forma de colas para las necesidades campistas, pero en ningún caso llegó a ser incómodo, salvo porque el “SUUUU” de Cristiano no dejó de resonar, aquí y allá, durante los cuatro días de festival como grito de guerra oficial. Seguro que sería por los de Madrid. Más allá de eso, sí, se hubiesen agradecido 5.000 personas menos para ver algunos conciertos tirados desde lo alto, aparcar más cerca o no tener que esperar media hora para ducharse bajo techo. Pero es que quizá antes era demasiado cómodo. El resto de atractivos seguían ahí intactos: el río, el anfiteatro del escenario principal, las bifanas do frango a 2.5€ (!!!! y haciéndote in your face el pan artesanalmente), una organización bastante eficiente (premio para los voluntarios que tenían que escarpar la montaña, obrigado), la ausencia de solapes, esa especie de sidra portuguesa llamada sommersby, el fresquito de la noche y el sonidazo de ambos escenarios, que es a lo que veníamos.

MIÉRCOLES 19 DE AGOSTO

Lo que antes era la jornada inaugural y gratuita (en los últimos años pasaron UMO, Alabama Shakes o Cage the Elephant) se ha convertido ahora en un día más de festival, pero con un solo escenario abierto y una programación más light. Llegamos cuando Slowdive ya empezaban a sonar lánguidos en la lejanía. No mejoró mucho la cosa en el palco. “Concierto para fans”, suponemos, porque no hay otra manera de aguantar a los ingleses si no. Escasos en matices, poco potentes y bastante aburridos. Como dijo un colega: “no fingimos que nos gustaban antes, no lo vamos a hacer ahora”. Pues toda la razón. A los que sí le teníamos más esperanzas es a TV On The Radio, aunque es verdad que, singles aparte, nos habíamos quedado en el atrevido debut Desperate Youth, Blood Thirsty Babes que data de 2004 (?). Culpa nuestra: en estos once años, los americanos han debido ir perdiendo toda imaginería  y voluntad de innovación y ahora son un grupo de rock de estadio de lo más plano. Muy regulares.

JUEVES 20 DE AGOSTO

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El jueves daba el pistoletazo de salida oficial y lo hacía a lo grande, quizá con la programación más nutrida e interesante de todas las jornadas. Y para abrir teníamos nada más y nada menos que a nuestras Hinds, las cuatro madrileñas que lo han estado petando en todo el mundo sin ni siquiera anunciar su primer disco. Con cientos de conciertos a sus espaldas en su año de vida, las ciervas atacan en directo con la misma juventud, diversión y carisma que desprenden sus canciones (muy ricos los punteos), pero también con la ejecución deslavazada y algo caótica que les achacan sus detractores. Poco más pudimos concluir en los escasos quince minutos que las vimos, donde acabaron visiblemente emocionadas con su ya clásica versión de ‘Davy Crockett y nos citaron en el puesto de merchandise improvisado que habían montado en la carpa. No acudimos, claro, porque lo que venía después allí mismo era serio: Pond. Y los australianos, banda pariente de Tame Impala, no defraudaron y nos hicieron olvidar el gatillazo que sufrimos con ellos hace dos Primavera Sound. Con su flamante Man, It Feels Like Space Again, el set de Nick Allbrook y los suyos gana en profundidad para que aquello sea un frenético vendaval de efectos volados, fills imposibles de batería y sintes celestiales. Gorilas de la psicodelia, Pond aplastaron tanto con los ritmos machacones de su nuevo trabajo (‘Elvis’ Flaming Star‘, ‘Zond), como volviendo a los clásicos (la siempre coreada ‘You Broke My Cool‘) o echando mano del rock áspero y flashy del Hobo Rocket (‘Giant Tortoise en directo quita unos cuantos años de vida), perfectamente orquestado por el hiperactivo y menudo Allbrook, todo un must see como frontman contemporáneo. Sonidazo, set casi perfecto (se dejaron ‘Outside Is The Right Side‘) y actitud que coronaron en una versión larguísima de ‘Man, It Feels…‘, canción que cierra el nuevo disco y que resume, a través de sus partes, todos los recovecos del sonido de los aussies. Imperiales.

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Hasta llegar a Tame Impala, la tarde noche se enfrió un poco. Primero con White Fence, a los que habíamos tenido la suerte de ver en New York hace unos cuantos meses. Allí no justificaron en su totalidad el discazo que es For The Recently Found Innocent, pero el ambiente de sala y un buen volumen ayudaron a salvar la papeleta. En Paredes de Coura no. Concierto flojo y decepcionante, con toda la banda con pinta de estar aburrida incluso cuando sus guitarras se ponían espídicas (estáis tocando garaje, no Slowdive, ¡movéos!) salvo por el batería, entregadísimo a su rollo. Encima no tocaron Like That. De vuelta al escenario grande, nos acercamos un rato a Father John Misty, al que tenemos bastante desubicado, y salimos rápido por patas ante el excesivo fuego lento con el que se cocinaba allí. Eso sí, nos consta que los fans se lo gozaron y hemos preguntado a un colega (¡gracias Juan!) para que diese fe de ello: “irónico, provocador y animal escénico; mucho espectáculo”.

Bifana de frango mediante llegó la recta final de la noche, con turno para los portugueses The Legendary Tigerman, que se habían llevado la lotería: un hueco en el escenario principal justo antes de Tame Impala y sin otra programación en la carpa. Y, bueno, nos encontramos a un grupo de rock machote que acabó con su excesivamente hipervitaminado frontman gritando “rock and roll!” entre el público durante cinco minutos ante el estupor general.
Para cuando salieron Tame Impala al escenario, en el anfiteatro ya no cabía un alma ni se movía una pestaña, con la vista puesta en las formas, colores y siluetas que se dibujaban en las pantallas junto a un zumbido y que rompieron en la primera jam de la noche para rápidamente enlazar con ‘Music To Walk Home By y soltar los primeros fuegos artificiales con ‘Let It Happen‘, enorme en directo. Los australianos llegaban al Paredes de Coura con Currents recién lanzado y un debate bastante fronterizo entre el sí y el no a su nuevo giro estilístico. Pero es en directo donde su último trabajo termina por cobrar sentido, añadiendo un matiz más, de sintes, pads rítmicos y voces en falsete, como complemento a su ya bastante extenso libro de estilo. Aún con todo, es el Lonerism el que sigue llevándose el protagonismo en directo y donde Tame Impala sacan el sobresaliente, probablemente en automático, con la banda sonando a gloria y Barbagallo descomunal a la batería, guiando cada parón, cada juego rítmico, cada cambio de compás eterno aporreando los timbales. Así, entre pasaje instrumental y fogonazo de luz, Kevin Parker y cía fueron desgranando sus dos últimos trabajos (‘Mind Mischief, ‘Why Won’t They Talk To Me, ‘Elephant, ‘I’m A Man, ‘Eventually), volvieron a su debut (‘It Is Not Meant To Be, ‘Alter Ego‘) y aún tuvieron tiempo para montar un karaoke masivo en ‘Feels Like We Only Go Backwards‘ y, con todos ya entregados, poner el colofón con ‘Apocalypse Dreams y ‘Nothing That Has Happened So Far‘. Irreprochable colección de hits, irreprochable directo.

VIERNES 21 DE AGOSTO

Tras un jueves completo y con el sábado en mente, la jornada del viernes parecía la transición idónea para frenar el ritmo. La tarde comenzó estupenda con Allah-Las en el escenario grande. Maestros del surf pop añejo, podría caber la duda de si sus preciosos discos se hundirían en formato festival. Nada más lejos de la realidad, al menos si la estampa es tan adecuada como la que nos brindó el Paredes, con el sol empezando a bajar y una ligera brisita, la primera birra en la mano y bien de espacio para colocarse y bailar por ahí cerca. Perfecto para que los punteos de ‘Catalina‘, ‘Sandy o ‘Catamaran‘ brillasen en lo alto y nos teletransportasen durante cuarenta y cinco minutos al atardecer de una costa californiana.

Más desubicados estaban The War On Drugs cuando se dispusieron a cenar la noche. Cuando vimos a Adam Granduciel y los suyos hace un par de Primaveras, comentamos que “ya son también la hostia en directo”. No fue el caso esta vez. Colocados a deshora, algo desganados y con su Lost In The Dream más que trillado (llevan girando con él dos años), los americanos sonaron dispersos, planos y aburridos. Canturreamos ‘Disappearing‘, ‘Red Eyes‘ o ‘Burning porque son temazos, pero esa sensación de estar en la misma canción durante una hora seguida nos terminó de matar. Mejor en otro contexto.

SÁBADO 22 DE AGOSTO

La última jornada del Paredes de Coura amaneció lloviendo pero se fue templando y para cuando Woods empezaron, a las 8 de la tarde, ya no caía ni una gota. Gracias a dios, porque los conciertos de Woods son de los que le dan la vida a uno. Infalibles como siempre, van soltando una de cal y una de arena, aunque aquí ambas nos gustan. Te golpean con un tema de psicodelia enrevesada y oscura para después aúparte con un himno de folk grácil y vitaminado. Con el set centrado en sus dos últimos trabajos, Woods fueron soltando canciones de salón con Jeremy Earl cantando perfecto (‘Cali In a Cup‘, ‘Shepherd‘, ‘Is It Honest?‘) y hostiones de fuzz y guitarras punzantes (‘Bend Beyond‘, la siempre enorme ‘Size Meets The Sound‘, ‘Moving To The Left). Acabaron con ‘With Light And With Love‘, nueve minutos de guitarras locas, una jam larguísima y una vuelta al estribillo, a la luz, gigante. Salieron por todo lo alto, grupazo.

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Entre el final de Woods y el comienzo de Temples, nos dio tiempo a pasarnos un rato por la carpa donde estaba Sylvan Esso, que se presentaba en escena sólo acompañada por un hombre que iba lanzando todo desde su portátil y su mesa. Buena voz y buena presencia escénica, al show le faltaban, sin embargo, visuales por todos lados y un punto más real. Aún así, nos lo pasamos bien y cantamos ‘Coffeecanción bandera de la americana. De vuelta al escenario principal, el concierto de Temples fue demasiado perfecto. Ataviados con abrigos de purpurina y luciendo melenas y rizos, estos cuatro imberbes ingleses parecen tener controlado hasta el último detalle de lo que pasa arriba. Es por eso que la sensación de imposta es mayor (ves a Woods o Allah-Las y podrían ser tus colegas que se han subido a tocar), aunque no suficiente para emborronar un puñado de buenas canciones y un directo bastante soberbio. Compactos y potentes tanto en sus apariciones más rockeras y draculianas (‘The Golden Throne‘, ‘Ankh‘, ‘Sand Dance‘) como cuando se dedican al pop colorista y psicodélico (‘Colours To Life‘, ‘Keep In The Dark, ‘Shelter Song). Mientras sigan en la línea de la canción nueva que presentaron (Beatles meets heavier sounds), todo irá bien.

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Pillamos a Fuzz con la guardia baja, demasiado agarrotados para la marabunta que allí se disponía a poguear hasta la extenuación y con la cabeza lo suficientemente saturada como para aguantar el volumen que Ty Segall, aporreando la batería como un poseso mientras canta, le imprime al directo de uno de sus miles proyectos. Our fault. Eso sí, a juzgar por cómo sonaron ‘Pipe o ‘What’s In My Head‘, no es difícil saber que los que estaban a tope se lo disfrutarían cantidad. Claudicada con él la programación de la carpa, para el escenario principal quedaban Lykke LiRatatat. Primero, la sueca se dio un baño de masas que presenciamos a kilómetros del escenario. Menuda y bailonga, o eso nos llegaba por las pantallas, Lykke Li canta como los ángeles, va acompañada de una banda del carajo y clavan hasta el arreglo más imperceptible. Eso sí, su valor en directo no deja de ser testimonial hasta que sueltan ‘I Follow Rivers‘, coreadísima hasta por el más despistado del festival. Mejor en casa o en un recinto más personal. Todo lo contrario son Ratatat, que viven del directo y han creado un mastodóntico show a su alrededor. Aunque tocar, poquito. Con las visuales más geniales y originales que hayamos visto en mucho tiempo, el dúo sale a montarla sin ningún tipo de pudor ni ánimo de ocultarlo, llevando la atención a las pantallas y a los sampleos que lanzan y no al propio escenario, donde lo único real es la guitarra de Mike Strout. Bien para un ratito y por el riffaco de ‘Loud Pipes‘, probablemente la melodía que nos acompañó durante el resto de la noche. Hasta la próxima, Paredes de Coura.

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Foto. Hugo Lima   Festivales
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