01/07/2015

Los discos que resumen el segundo trimestre del año.

Los mejores discos de enero a marzo de 2015 (primer trimestre del año).

Alabama Shakes – Sound & Colour

 

Alabama

La imagen de Brittany Howard sigue siendo la de una tipa afable con ganas de pasarlo bien. El glamour parece algo ajeno, pero sus Alabama Shakes continúan asciendo a lugares donde es difícil escapar a las luces de neón. La banda explica que para dar continuidad a su inmenso debut de 2012 entraron en el estudio sin saber muy bien qué iba a salir de esas cuatro paredes. Este Sound & Colour, que confirma su solidez como una de las grandes realidades, es un disco cocinado con menos vísceras y más cerebro. Es probable que sea fruto de haber dejado la producción en manos de Blake Mills, quien ya conoce bien el tránsito entre clasicismo y vanguardia con sus trabajos con Diane Krall o Conor Oberst. El fruto de esa colaboración es un disco que anuncia desde su inicio con la canción que da nombre al álbum, una fusión entre la ya sabida idiosincrasia de rock sureño y soul y una ambición por actualizar su sonido vintage, un tema que se presenta con la atmósfera generada por un vibráfono y que va incrementando su densidad sonora. Los estadounidenses no pierden la garra de canciones como ‘I Found You’, a la que da continuidad la desmelenada ‘I Don’t Wanna Fight’ y siguen presumiendo del magnetismo conseguido a través del diálogo entre las guitarras de Howard y Heath Fogg en temas con claras reminiscencias a Otis Redding como ‘Miss You’. Pero, a diferencia de su anterior Boys & Girls, otorgan el mismo ímpetu a las incursiones punk de ‘The Greatest’ que a los temas más sosegados como ‘Gimme All Your Love’, ‘Future People’ o ‘This Feeling’. Conservar las raíces sin renunciar al progreso. El nuevo patrón de Alabama Shakes vuelve a funcionar. (Carlos)

A$AP Rocky – At. Long. Last. ASAP

 

ASAP

Parece que fuera ayer cuando el colega Rakim Mayers era un nombrecillo más de esa entelequia denominada ‘cloud rap’, cuando rimaba sobre los beats triposos del gran Clams Casino. Su tercer largo oficial (montones de mixtapes aparte) es una oda absoluta al exceso y a la falta de prejuicios. En ‘Everydayfeaturea nada más y nada menos que a Miguel, Rod Stewart y Mark Ronson y cita a 2Pac porque sabe que ha llegado al punto en el que “solo Dios puede juzgarle“. Se sabe grande, drogado hasta más allá de los límites humanos y ha hecho un disco que provoca algo muy curioso: es imprescindible sin ser siquiera fácil de escuchar del tirón. Recuerda (permítanme este doble tirabuzón comparativo) a aquel Be Here Now de los puñeteros Oasis, dado que es el disco creado en un entorno de demenciales excesos con la droga, con una cantidad de capas de sonido en cada canción que roza lo obsceno y que, sin embargo, engancha por su fluidez al micro, por unos invitados que son el jodido all star del universo y por unos beats hipnóticos y que son capaces de aunar hipnosis psicodélica con invitaciones al baile. (Santi)

Braids – Deep In The Iris

Braids

Tengo la sensación de que, desde su debut, Braids han ido buscando un sonido concreto que no encontraban nunca. Un hall en un lugar pulcro, marmóreo y futurista, que intentaron dibujar sin demasiados medios en Native Speaker y que no acabaron de lograr tampoco en el interesante Flourish //Perish, un disco que me cautivó más por sus atmósferas que por sus canciones (con ‘Amends‘ como más claro exponente). En Deep Inside The Iris los canadienses parecen haber encontrado ese sonido que buscaban sin que el cómo, los sonidos, se interponga al qué, a las composiciones. ‘Letting Go‘ abre el álbum apabullando con esa atmósfera impoluta, con esa percusión de electrónica minimalista y esas escaladas vocales como de escuela de canto. Pero la forma no hace sombra al fondo: una sobresaliente canción de ruptura donde Raphaelle Standell-Preston te eriza el bello cuando echa a volar su voz de cristal de Swarovski. Dentro de los márgenes de la banda, aquí hay mucho a donde agarrarse. ‘Taste‘ vuelve a funcionar al expandirse, presumiendo con esos grandes y fríos espacios, y el alegato feminista de ‘Miniskirt‘ es un single que podría haber firmado, con matices, cualquier televisiva diva pop, de Rihanna a Beyoncé. Con todo, algo falta. El disco marchita relativamente rápido y para tener sólo nueve temas no aguanta el nivel de sobresaliente, aunque sí da para notable meritorio. (Daniel)

Der Panther – Lux

 

Der Panther

No es de extrañar que tres discos como Our Love de Caribou, In Colour de Jamie xx y Lux de Der Panther tengan portadas conceptualmente tan parecidas. Los tres hacen de la electrónica el terreno más abonado y fértil para el jugueteo y uso de la luz –de donde nacen los colores– desde la invención de la fotografía, o desde el advenimiento de los pintores impresionistas. Sin que por ello sirvan de base comparativa, lo cierto es que Lux es un estimulante ejercicio de proyección de formas, estructuras y líneas melódicas sobre un fondo hipercromado y genialmente iluminado. Radical paso hacia adelante de los madrileños, que arriesgan con un sonido nítido y directo que, aunque da rodeos por varias vetas abiertas de la electrónica más sesuda, argumentan cada vez mejor. Las guitarras siguen muy en la base (‘Viscera’, ‘LeCab’ y ‘Mapo Tofu III’) o en el centro (‘Harpsun’ y ‘lUX’) de muchos temas, la sensación caleidoscópica-circular se mantiene, y llega a conformarse como un delicioso y adictivo leitmotiv coloreado (‘Gecko’, ‘Khan’), y posiblemente también acentúen el peso de unas voces que casan bien por puro eclecticismo. El discurso está claro desde el primer movimiento: una frecuencia intensa, cargada de saturación, es filtrada siempre con clase y de manera prismática en cada tema, resultando el juego de sombras, luces y colores un espectáculo digno de versionarse en unos fuegos artificiales de tamaño doméstico. Y ese es, precisamente, el efecto de su puesta en escena en directo, encerrados en ese cubo que guarda en secreto sus identidades. El fichaje de Der Panther por El Segell Del Primavera Sound, su apuesta total por ellos, y la participación de Alan Douches en el proceso de masterización del disco son hechos que nos hablan de un proyecto en ciernes que puede volar muy alto. El tiempo dirá si la comparación del principio puede ser viable; tal vez algún día. Pero de momento estos chicos van por muy buen camino. (Pablo)

Hot Chip – Why Make Sense?

 

Hot CHip

Quitémonos, de una santa vez, la careta: nadie se sumerge en la pista de un club, en esa espiral de sudor, decibelios y luces que van y vienen, para bailar. Uno hace semejante esfuerzo para enamorarse, aunque solo sea durante un par de canciones. El baile no es el fin, sino el medio. Teoría que Hot Chip llevan alimentando desde que en 2004 arrancaran una bendita sucesión de discos notables en la que, efectivamente, el baile solo parece ser el medio. Y es que el libreto de alguno de sus trabajos podría intercambiarse con el de cualquier cantautor de corte llorica y habría que esforzarse para encontrar la diferencia. Con el corazón en una mano y el Red Bull en la otra, los londinenses siempre le han cantado al amor (o la falta de él), aunque es posible que nunca lo hayan hecho con la franqueza que muestran en este Why Make Sense?, tan variado en lo musical (rap, disco, soul, garage) como en lo sentimental (flechazos, soledad, monogamia, desencantos). Quizás por eso, por ese marcado exhibicionismo emocional, Hot Chip han tratado de recubrir su discurso con una coraza lo más humana posible. Herramientas reales para sentimientos reales: el álbum más sensible de su carrera es también el más orgánico, el que menos le debe al software. No es, eso sí, el mejor. Pero ni falta que le hace para ser, desde ya, uno de los hitos en materia de pop electrónico del 2015. (Víctor)

Jamie xx – In Colour

Jamiexx

Los singles de avance, los videos previos, los teasers de canciones… a veces, de hecho casi siempre, juegan a la contra del lanzamiento de un disco. Al llegar al formato largo, encontrarse con temas ya sobados, familiarizados y descoloridos (he), hace del viaje algo menos excitante. Además, suelen coincidir con las mejores piezas, con lo que la palabra “relleno” sale sola de la boca. Ese Todd Terje del año pasado viene al caso de esto que contamos. Jamie Smith, el gran Jamie xx, en estado de gracia constante desde que se supo de su vida como productor con ‘Far Nearer‘, tenía todo preparado para autovolatizarse en el intento de sacar un disco largo. Un campo de minas lleno de singles de avance, videos previos, tesears de canciones… ¡e incluso un EP previo de presentación al disco! Pero inmune a todo, In Colour no solo sobrevive, sino que reafirma a su autor como el productor más inspirado a día de hoy. Contando como conocidas ‘Girl‘, ‘Sleep Sound‘, ‘Gosh‘, ‘Loud Places‘ y ‘I Know (There’s Gonna Be Good Times)’ (complicadísimo mantener el factor sorpresa y excitación), el resto del disco sirve para extender el gusto y la calidad de cada uno de los tracks, no en formato relleno, sino como segundas partes (‘Seesaw‘) o prólogos (‘Just Saying‘) de las protagonistas. Un álbum compacto y de consagración que recupera aquello de la importancia del orden de las canciones (‘The Rest Is Noise‘, asfixiante acción final y seguido la refrescante ‘Girl‘, a modo de música para que aparezcan los créditos) y que lo colocan en la curva pico de ese arco iris que se ha inventado. ¿AOTY 2015? (Jordi)

Mikal Cronin – MCIII

 

Mikal

Mikal Cronin no ha inventado nada nuevo en MCIII. Pero las carreras de los grandes artistas se construyen así: paso a paso, a veces sin hacer demasiado ruido. Y MCIII es, en ese sentido, no una zancada, pero sí un paso firme. Es un disco sólido, con poso, con sustancia, y con una buena conversación que, con toda certeza, aguantará bien los años. Todo lo que suena aquí lo ha compuesto y registrado él: es el jugo bien filtrado de toda su ideología musical. Un mapa sin capitales de su patria compositiva más abierta y sincera. No hay hits demasiado llamativos, efectismos acartonados, trampas ni excesivo maquillaje, pero el disco se sostiene solo, cimentado en un dominio de los tempos extraordinario y en una sensibilidad bien pulida, con la mezcla justa entre macarrismo y corazón abierto; entre la guitarra sucia y libre, y la que está ahí para el servicio melódico. ¿Qué sería, por ejemplo, de ‘i) Alone)’ sin ‘ii) Gold’, y viceversa? ¿O de ‘v) Different’ sin la previa ‘iv) Ready’? El disco se mueve entre el despertar entusiasta y ornamentado de ‘Turn Around’, abriendo la veda a un montón de arreglos –violín, en este caso– omnipresentes durante todo el disco, y el cierre mágico de ‘vi) Circle’, cuyo piano huele a despedida sana y a aceptación. Un recorrido por la normalidad del rock independiente, para nada alternativo, pero libre. Un disco para escuchar toda una vida, dejando, eso sí, que respire un poco cada vez. (Pablo)

Outfit – Slowness

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Un disco que se llama Slowness y empieza con una canción llamada ’New Air’ no necesita mayor declaración de intenciones. Pero sí tiene que cumplir con lo que anuncia, y el segundo disco del quinteto británico Outfit, tras haber debutado en 2013 con el interesantísimo Performance, no da ni un paso en falso. Es de hecho muy acertado que el álbum haya salido a las puertas del verano, ya que es un trabajo con grandes espacios vacíos, de desarrollo lento y estructuras poco convencionales que requieren de una cierta atención que la época estival puede favorecer. Por momentos, cuando se ponen más atmosféricos (‘Wind Or Vertigo’) recuerdan a los últimos These New Puritans, para acto seguido remitir a unos Wild Beasts más sosegados (‘Genderless’) e incluso a Radiohead en lo que a progresiones se refiere (maravillosa ‘Happy Birthday’). Salvando las distancias, que las hay y muchas, Slowness es para Outfit un segundo disco tan arriesgado y valiente como This Is All Yours lo fue para Alt-J. Arriesgado, valiente… y acertado. Un disco que empieza con un tema colosal como ‘New Air’ tiene mucho ganado y mucho por demostrar, y Outfit, a través de un álbum enormemente homogéneo y envolvente una vez hallamos acomodo dentro de él gracias a maravillas como ‘Smart Thing’, ‘Happy Birthday’ y ‘Slowness’, lo consiguen. (Aleix)

Pablo Und Destruktion – Vigorexia Emocional

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La gente tiene que vivir, tiene que disfrutar, tiene que follar, tiene que procrear, tiene que pelearse, tiene que tener historias que contar, tiene que vivir intensamente porque esa intensidad es la que determina la vida”. La reflexión nos la hizo el propio Pablo cuando hablamos con él hace ya varios meses, antes de la salida de este nuevo álbum, y ahora, con él sobre la mesa, habiéndolo escuchado de arriba a abajo varias decenas de veces, podemos decir que resume bien su espíritu. Es ese vivir intensamente, ese ejercitar temerariamente la vida, lo que dibuja este Vigorexia Emocional: un cancionero que pasa del amor profundo al sexo sangrante y de la reflexión política a la ira metafísica con una temeridad digna de aplauso. A Pablo se la pela lo que pienses tú de sus versos y sus gaitas. Por eso va y presenta este disco recio con un single casi surfero que ensalza el placer carnívoro de cascarle las patas a un cangrejo. Una tonadilla paternofilial que no es ni por asomo la tónica general de Vigorexia Emocional. El disco es más grave que ligero, más oscuro que luminoso, con más puñaladas traperas que fotografías ribereñas. La voz de Pablo, recia también como su escritura, es el eje de todo, la identidad. Sobresale en ‘No sientes el peso’, ‘Califato’ o ‘Ganas de Arder’, pero se convierte en oro en la dupla ‘Busero Español’, que no resiste descripción posible, y la temeraria ‘Bares Vacíos’. “Me he dado cuenta de que he sonado contigo hace 24 años / yo era un niño y tú eras un sol / que me hacía sudar y que alteraba mi estado / (…) Cuando era niño pasaba noches enteras intentando convertirte en carne, / en carne y oro, en luces y sirenas, / que protejan con fuerza lo más preciado. / Lo que ese sol blandía en cielo extraño, / lo que traspasa mi pecho y nuestras caderas. / Nunca se sabe con qué sorprende la vida, / nunca se sabe por qué los sueños aciertan. / Y después de todo ese tiempo he vuelto a cruzarme contigo, / quémame con rayos y luz, / todas las noches en bares vacíos”. Puf. (Daniel)

Slaves – Are You Satisfied?

 

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Cuando os presentamos a los de Tunbridge Wells parecían estar en esa cuerda floja entre el llamar levemente la atención a los medios británicos y el ser dramáticamente olvidados como otros tantos hypes de ayer y hoy. Gracias a Dios, su segundo larga duración, primero con el apoyo de Virgin, no ha hecho más que confirmar los mejores augurios. Tienden a practicar un punk rock bufo y hedonista, en las antípodas de la seriedad impostada que a veces lastra al género. Las canciones son chillonas y espídicas, incitaciones a hacer el subnormal que terminan estando más cerca del ‘punk pathetique’ de los Toy Dolls que de propuestas más artys. Se permiten los interludios acústicos (la maravillosa canción homónima), o mezclar a PIL y a Refused en el ambicioso último corte. Han dado el paso adelante que se les pedía, y parecen decididos a arriesgar aún más en próximos lanzamientos (han salido airosos al sacar adelante una versión del gran éxito grime de la temporada, el demoledor ‘Shutdown‘ de Skepta). Hay que quererlos, sea por su sentido del humor, su intensidad o su frescura, pero hay que quererlos. (Santi)

Sun Kil Moon – Universal Themes

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Puede resultar fácil encasillar Universal Themes como un disco menor dentro de la discografía de Sun Kil Moon. Hay muchos motivos: apenas separa un año entre este trabajo y su predecesor, esa obra maestra que es Benji, también por unas letras que podían resultar demasiado triviales en comparación con las anteriores (aquí, habla, por ejemplo de su estancia en un pueblo suizo mientras rueda una película italiana de Paolo Sorrentino o cómo ve en la HBO el aclamado documental The Jinx con su novia), incluso por una producción más sucia, sin el resplandor acústico del álbum del año pasado. Pero no, aquí hay mucha miga donde rascar. Vale, que hay alguna rima que sea hasta risible, pero Mark Kozelek da una vuelta de tuerca esta vez. En lugar de relatarnos acontecimientos del pasado que lleva guardados, escribe sobre cosas que le han ocurrido recientemente, tan reciente como hace un par o tres de meses. Es una manera de expulsar demonios sobre la marcha. Y eso es lo que más interesa de un LP, que aunque pueda parecer escurridizo, difícil de digerir por momentos (esos pasajes garage rock, por ejemplo, o el acercamiento casi definitivo a terrenos spoken word), ofrece una recompensa más que valiosa al paciente. (Álvaro García Montoliu)

Unknown Mortal Orchestra – Multi-Love

UMO

De banda rarita, a secreto a voces, a confirmación absoluta, para el que tuviese dudas. Unknown Mortal Orchestra han estado desde su debut en vueltos desde su debut en una especie de nebulosa de banda complicadita de la que creo que han ido emergiendo con brillo. Ya en II colaron dos temazos impepinables, ‘Swim And Sleep (Like A Shark)‘ y ‘So Good At Being In Trouble‘, que multiplicaron su número de oyentes de forma exponencial. Sí aquellos brillaron por su sensibilidad, por su melodías melosas, los pelotazos de su nueva entrega lo hacen a base de ritmo. ‘Can’t Keep Checking My Phone‘ es sin duda la cima de este Multi-Love promiscuo que besa la psicodelia mientras le mete mano al funk por las mañanas y a la electrónica por las noches. Pero no es la única. La propia ‘Multi-Love‘ o su hedonista sucesora, ‘Like Acid Rain‘, entran a la primera. Y las que no lo hacen, como la mayoría de la segunda mitad, calan con el tiempo. No se degusta uno a la primera la clase soulera de ‘The World Is Crowded‘, no se le mete a uno a la primera la el funk anestesiado de ‘Necessary Evil‘, con ese glorioso estribillo, su guitarra diminuta y su trompeta ornamental. Difícil tener más clase que estos muchachos. De verdad. (Daniel)

Waxahatchee – Ivy Tripp

 

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Pese a que Katie Crutchfield se jacte de que una de las canciones de su último trabajo sobrepase los cuatro minutos, el secreto de este Ivy Tripp reside en la corta duración de una colección de canciones elaborada a modo de ráfaga de hits. Aunque la inicial ‘Breathless’ tenga posos de EMA y la joven que anda tras el proyecto de Waxahatchee declare su admiración hacia Fiona Apple, la elaboración de su reciente disco es formalmente más elemental que los de sus contemporáneas pero también increíblemente digerible. Crutchfield tan solo cuenta con 26 primaveras pero es una veterana que lleva desde los catorce empeñada en dejar su impronta. El vértigo de la madurez es evidente es temas como ‘La Loose’ (“I’ll try to preserve the routine, and I don’t want to discuss what it means”) y su experiencia es palpable en la profundidad que se descubre bajo la aparente sencillez de ‘Air’. La efectividad del tercer álbum de estudio de la banda es igualmente patente en los temas más vehementes como ‘Poison’ y en los medios tiempos más meditativos que tienen en ‘Summer of Love’ uno de sus mejores ejemplos. El éxito de trabajos como Cerulean Salt pudo hacer pensar que, pese a las buenas maneras, Waxahatchee tenía algo de coyuntural y fugaz. Pero la paleta de Crutchfield, a veces impregnada de esos tintes indies que pueden dejan una sensación de deja vu, consigue seguir realizando lienzos que conservan una indiscutible frescura. Una buena prueba de ello es la gira que está compartiendo con Kurt Vile, un tipo reacio a los repertorios excesivamente bisoños. (Carlos)

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