06/06/2015

Crónicas de The Strokes, Caribou, Swans, Patti Smith, Dan Deacon...

PATTI SMITH ACOUSTIC/SPOKEN

Patti Smith (Acoustic) 04 Dani Canto

Esta edición del Primavera Sound será recordada por Patti Smith. Es algo indiscutible. Una vez más, el festival ha demostrado estar en lo más alto de su especie, con actuaciones sobresalientes como las de Les Ambassadeurs, Dan Deacon o Damien Rice, pero cuando un mito combina intensidad musical y desbordamiento emocional solo queda aplaudir. A rabiar, por supuesto. Tras lo acontecido con la interpretación completa de Horses, que la poetisa del punk actuara a las cuatro de la tarde no iba a impedir que el Auditori se llenase con los que aún seguían frotándose los ojos y aquellos a los que les había abrumado el boca a boca. El lugar es lo de menos si la protagonista es Patti Smith. Fueron solo seis canciones, en las que combinó su propio repertorio, con temas como ‘Dancing Barefoot’ o ‘This Is The Girl’, con algún gran himno de amigos desaparecidos junto a unos músicos que volvieron a demostrar que saben acompañar a la indiscutible reina. Pero antes de que sufriera una amnesia repentina con el ‘Perfect Day’ de Lou Reed, que fue igualmente aplaudida, la madrina del festival ya había levantado al público de sus asientos al interpretar el clásico ‘Because The Night’, y había permitido que un afortunado se subiera al escenario para acompañarla durante su actuación. Quizá fue la proximidad con ella o sus aullidos para cambiar este  retorcido mundo, pero un halo de eternidad volvió a desprenderse como el que pudo presenciarse menos de veinticuatro horas antes con la misma protagonista. ‘Power for the People’ fue el colofón, el mismo que hace unos años cerró su actuación en un recinto similar durante el SOS de Murcia. Los que vimos aquel lejano y mítico cierre comprobamos que el gran icono, de 68 años, mantiene su magia intacta. (Carlos)

SWANS

Swans

Ver la columna vertical que Swans tenían adjudicada en los horarios del festival para su actuación en el Auditori daba hasta vértigo. Sobre el papel, Michael Gira y los suyos disponían de tres horas, 180 minutos de impunidad sonora para convertir ese espacio, a menudo templo de lo delicado y lo sutil, en una caja de resonancia del infierno. Comenzó el show haciéndose querer el protagonista. Con tal cantidad de metraje por delante, prisa ninguna. Salió primero Thor Harris (en Twitter, @thorharris66, por si da alguna pista) y empezó a curtir el gong a mazazos cada vez más intensos. Acto seguido subió uno de los bateristas más impresionantes de todo el fin de semana, Phil Puleo, que aportó matices agudos a esa ola de metal pesado. Con los minutos el escenario se fue llenando de lobos hasta que entró el macho alfa, el aclamado cerebro de tanto trance, y se puso a los mandos de esta máquina intratable. Se colgó la guitarra, se giró hacia sus músicos y empezó a mirarles a los ojos, casi uno por uno, balanceándose de pierna a pierna, como el que controla con la mirada a una manada de perros hambrientos. Sonó ‘Frankie M’ primero, ‘Just a Little Boy’ después y ya cerca de la hora de concierto la tenebrosa ‘The Apostate’; pero en un concierto de Swans las canciones no son el fin, sino el medio. ¿Qué es esa última sino una narración sonora de la angustia, un dibujo en vibraciones de una pesadilla espesa como la sangre? Sentados allí, pegados a la butaca en la penumbra incompleta del Auditorio, la verdad, nos costó conectar. No podía uno despegarse del asiento, esperando siempre que el siguiente compás se abriese el suelo, pero no terminó de ocurrir y, al menos yo, no viví el éxtasis prometido. Si hace no mucho, en Madrid, me arrasó su volumen y su fuerza, esta vez disfruté más del virtuosismo y las texturas que de las sensaciones. Era una apuesta arriesgadísima y si no se ha visto antes, ponerse delante de esa máquina de guerra mientras te pasan por encima las bombas de ‘Bring the Sun / Toussaint L’Ouverture’ es una experiencia apabullante. A mí, por esta vez, se me quedaron en notable. (Daniel)

MAC DEMARCO

Mac DeMarco

Es difícil que un tipo como Mac DeMarco no funcione en un festival a la orilla del mar. Su música es lánguida y templada, una especie de indie surfero anestesiado que lo mismo te vale para conducir por el litoral con la mano por fuera del coche, que para desayunar un domingo por la mañana recargado de buen rollo. La propuesta, falta de himnos verdaderamente obvios, podría parecer minoritaria pero, extrañamente diríamos, Mac DeMarco se ha ganado una legión de fans importantísima. Reflejo de ello es el escenario donde tocabaron: el Heineken, donde antes se habían subido Anthony and the Johnsons, James Blake, Patti Smith o Alt-J. Los canadienses salieron con las pintas desaliñadas que les son propias: el bajista con esa gorra con sotana como de ruso borderline de vacaciones en Miami; su guitarrista descamisado y despeinado, luciendo bigotazo de actor porno retro; y el propio Mac con camiseta verde de batalla y peto militar de pintar el garaje blandiendo esa sonrisa buenrollera que encandila a tantas. Lo suyo es eso, buena onda. Un concierto delicioso recién salidos tras la ira de Swans, pero del que tampoco contaremos nada a nuestros nietos. Allí sonaron impecables ‘Salad Days’, ‘Stars Are Calling My Name’, ’Cooking Up Something Good’ o la deliciosa ‘Let Her Go’, mezclando funk suavecito, folk electrizado y demás ingredientes perfectos para un atardecer junto al Mediterráneo. Trufado todo, claro, de las payasaditas de rigor, una buena ristra de bromas internas y toda la parafernalia de banda de tíos majetes. De hecho, en directo fue difícil saber si la trollcover de ‘Yellow estaba programada o fue una broma más que se fue de las manos. Ya en la recta final sonaron la oscurita ‘Chamber of Refleciton’, con DeMarco a los teclados y cantando en serio, y una versión selvática de ’Still Toghether‘ tras la que Mac cerró la comuna de la felicidad con un crowdsurfing del escenario a la torre de sonido y vuelta a la carrera que hizo las delicias del personal. Entretenido. (Daniel)

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN

Frialdad germana para justificar la merecida pleitesía que se le rinde a una banda que continúa al frente de la vanguardia. No era la primera vez que Einstürzende Neubauten pasaban por el Primavera Sound para materializar su condición de precursores indispensables del sonido industrial. Cuando Nick Cave formó sus Bad Seeds, contó con Blixa Bargeld, líder de los berlineses, para iniciar su periplo. No es extraño, por tanto, el parecido formal entre ambos, aunque el primero emerge de la oscuridad como un magnético provocador y el segundo se sumerge en ella manifestando el característico reposo germano. Dos conceptos diferentes que convergen en el mismo punto de genialidad. Fue un recital gélido e hipnótico. La oposición de la banda a cualquier lógica está fundamentada en la utilización de todo tipo de elementos distintivos, ya sea el rasgado un papel regalo en la iniciática ‘Ein leichtes leises Säiseln‘ o la caída desde las alturas de una miríada de tubos de metal en ‘Unvollständigkeit‘, para interpretar su música. Un despliegue en el que cada pieza forma parte del diseño de una atmósfera lúgubre, de la que en ocasiones es posible escapar con la tétrica belleza de canciones como ‘Youme & Meyou‘. Einstürzende Neubauten conoce a la perfección los ingredientes con los que ha labrado su extendida fama y exponen con minuciosidad su idiosincrasia ante sus enmudecidos devotos. Decía Nabokov que nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad. A veces es mejor olvidar nuestro efímero paso por este mundo y perpetuar esa absorbente negrura. (Carlos)

FOXYGEN

Foxygen

Sospecho a que a Sam France la jodería bastante saber que acabo de tener que cerciorarme de la ortografía de su nombre en la Wikipedia de su banda. El tipo tiene sin duda cierta ansia por hacerse notar, alguno incluso sostiene que boicoteó su propio concierto precisamente por ser el inevitable centro de atención. Antes de su salida, por los altavoces del Primavera sonaba tenue una música de circo: perfecta para lo que iba a venir. Foxygen dejaron claro en apenas tres minutos un par de cosas importantes: pueden sonar inmensos y hacerlo todo académicamente bien… pero tampoco estaban dispuestos a que aquello fuese sólo música. Arrancaron con el riff poderoso de ‘We Are the 21t Century Ambassadors of Peace & Magic’ mientras France, famélico y pálido como un fantasma, caminaba por el foso entre los fotógrafos, haciendo gestos a la banda. Subió al escenario como una estrella, nos dio las gracias, nos soltó un rollo incomprensible, bailó con sus tres coristas -puro nervio y elemento imprescindible de todo el show- y, tocándose los huevos cada 15 segundos, pero en plan estrujarse el pene, se puso al mando de una panda de locos que nos dejó ojipláticos. Si uno iba a ver los Foxygen más tiraditos de su versión grabada, poco que ver. Los americanos vieron a jugar, a ofrecer espectáculo a costa incluso de sus canciones, y lo consiguieron. Tras el poderosísimo arranque enlazaron sin pausa la descomunal  ‘On Blue Mountain’. Ahí France duró cuerdo lo que tarda la canción en meter segunda: volvió al foso, se encaró con el público y regresó a las tablas a la carrera para terminar de rubricar un arranque efectista que, con nosotros, funcionó sin quejas. En realidad, aceptadas esas reglas del juego (el espectáculo por encima de las canciones, la música como banda sonora de una suerte de psicocabaret gamberrista), uno podía disfrutar mucho. Foxygen podían darte cinco minutos de corrección (‘Coulda Been My Love’), sonando inmensos en ese escenario casi perfecto, y acto seguido plantarte un blues desangrado con un France de nuevo enloquecido, bailando ya sólo en el foso y pegando patadas al aire (‘Can’t Contextualize My Mind’). Un desmadre, un desquicie, un ejercicio de bipolaridad no apto para estómagos sensibles que a nosotros, ya lo dijimos, nos pareció espectacular. Ese cierre con ‘No Destruction’ y ’Everyone Needs Love’ (creíamos que France iba a petar como un camión de fuegos artificiales) no lo hace cualquiera. (Daniel)

UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA

umoparaps

Es posible que Unknown Mortal Orchestra sean ahora mismo una de nuestras bandas favoritas. Lleva notándosenos a medida que se han ido adelantando las canciones de su tercer trabajo, Multi-Love, que podemos asegurar ya que andará por la parte alta de las listas de lo mejor de este 2015. A los kiwis les pusieron a tocar allá en el Adidas, ese modesto escenario en el que todos los años hay al menos un concierto mágico. Nos acordamos de Daughter o de Japandroids, por ejemplo. Este año les tocó a ellos, una banda que hasta antes de ayer era el colmo de lo indie y que a la que el pasado sábado aquel escenario se les quedó diminuto. Los UMO del directo tocan las canciones de UMO, pero olvídense de ese lo-fi sin apenas bombos, de esa brisilla apacible como de dormir la siesta. UMO en directo son una banda de bailar. En serio. Declaración de intenciones fue arrancar con la superfunk ‘Like Acid Rain’, pausar con ‘From The Sun’ y plantarnos a la tercera una versión de ‘How Can You Luv Me’ que en otro tiempo hubiese reventado las listas de éxitos de medio mundo. Viéndolos sobre el escenario, tocando como tocan los cabrones, que probablemente son una de las bandas más sólidas que se subió a esas tablas, viendo solear al bueno de Rubin, que ya nos dejó pasmados con la velocidad de esos dedos cuando le vimos en Madrid, uno no podía comprender cómo alguna vez se les ha puesto la etiqueta de banda difícil de escuchar. Aquello era hedonismo puro. Y cuando no lo era del todo (’Swim and Sleep (Like a Shark)’), lo que sonaba era tan incontestablemente bueno que no había pega posible. Por sus caras, creo no esperaban ni por asomo ese llenazo, esa acogida eufórica, pero el momento mágico no llegó hasta la mitad del bolo, cuando empezó a sonar esa obra maestra que es ‘So Good at Being in Trouble’ y el público cantó tan fuerte el estribillo que a Ruban Nielson le dio la risa y nos dejó corearla sin su ayuda. Tiraron como es menester de sus mejores temas, pero no hay nada mejor para demostrar que son una banda en pleno crecimiento que los temas que escogieron para cerrar, las dos de su último trabajo: ‘Multi-Love’ y ‘Can’t Keep Cheking My Phone’, las dos tan potentes y ya con el público tan caliente que fueron uno de los momentos del festival. Sin ir más lejos, la segunda presentó candidatura esa misma noche a mejor canción del año. Temazo incontestable para una banda que debería comerse el mundo. (Daniel)

TUNE-YARDS

Fue uno de los sacrificios más duros de todo el festival para este que escribe: no ir al caballo ganador de Dan Deacon. Cualquiera que haya estado en un bolo del gafotas de Baltimore sabe que ahí no se hacen prisioneros. Muy bien tenían que hacerlo tUnE-yArDs para que no estuviese arrepintiéndome hasta Caribou y la verdad es que lo consiguieron. La banda, formada por la comandante Merrill Garbus, dos coristas, un bajista (Nate Brenner) y esa bestia que tiene a su izquierda que ejercer de percusionista y segunda voz (Dani Markham), monta un show que es puro derroche de energía: ritmo, ritmo, bajo… y melodías vocales. Aparentemente primitivo, peromuy difícil de ejecutar tan bien, con esa precisión tan de parada militar norcoreana. Flipamos sobre todo con ‘Real Thing’, que parecía interpretada por una banda de 12 músicos, con las chicas desgañitándose a cuatro voces y cerrando impecables en ese final deslavazado. Aunque cuando petó el Pitchfork fue al final, con enlace de ’Waterfountain’ y ‘Bizness’, probablemente su hit más reconocible. No defraudaron en absoluto y encima nos quedó tiempo para ver el cierre de Dan Deacon, pero esa crónica ya lleva otra firma. (Daniel)

THE STROKES

Pues sí, Julian Casablancas está para el arrastre y viste de manera atroz. Y sí, también es verdad que la interacción entre ellos es de matrimonio resignado y conformista. Pero no sé si era con The Strokes que debíamos esperar a un frontman entregado con ganas de caer bien y una banda con ambición de conquistar el mundo. Esto ya lo tienen hecho, aunque siempre se tiene que ir a más y luchar todos los conciertos como si fueran el último y ya tal.  Tiene que ser harto complicado (a excepción de Messi) tener una corona perpetua y mantenerse con empuje de novato. Lo sabíamos antes de que bajaran del autobús. Lo que no esperábamos, y nos gustó mucho, fue oír ‘Juicebox‘, el gran clásico de su etapa post-los dos primeros discos, y que no tocaban desde 2011 (muchas gracias set-list.fm por este dato) y que encadenar ‘Reptilia‘, ‘Last Nite‘ y ‘Take It Or Leave It‘ sonaría de manera tan contundente, fresca y, sobre todo, digna como sucedió en ese escenario gigante que ocupaban de cabeza de cartel indiscutible. The Strokes no tienen que demostrar nada, solo mantener su listón en directo, defender por qué son la (pen)última gran banda que la generación de los tardíos 80 hemos visto crecer, y esto fue lo hicieron. Con el mínimo esfuerzo, pero sin desmerecer su repertorio. Y en el caso de ponernos a hablar de actitudes, nos quedamos con el recital de Albert Hammond Jr, que además de demostrar que sigue con el cerebro entrenado para sacar grandes melodías, da la sensación que en The Strokes es el hombre que lo aguanta todo. Un total de 19 canciones, con un total de 19 hits atemporales, para una banda que tiene su página más que asegurada en esto de la música indie y los festivales. (Jordi)

The Strokes (22)Rp

DAN DEACON

Dan Deacon (16)Rp

Un juguete de niños a lomos de una locomotora del averno. Es la mejor forma de entender lo que ocurrió cuando se produjo la eclosión de Dan Deacon. O también podríamos decir la de Jeremy Hyman, una suerte de salvaje que martillea, aporrea y destroza sin pausa su batería. Hablamos de uno de los conciertos más divertidos que se pudieron ver en el festival. El estadounidense sacó lo mejor de su repertorio y lo acompaño de su habitual desparpajo que ya se pudo ver hace un par de años en el mismo festival. Deacon parece que no ha salido de su adolescencia o bien que ha preferido eternizarla mediante su música. Su actuación incluyó invitaciones a flashmobs, pero sobre todo fue el origen de un incontenible deseo de bailar. Lo logró a través de las canciones más desbocadas de su último disco, como ‘Sheated Wings’, y de otras mucho más calmadas como ‘Feel The Lightning’ que alcanzaban la dimensión que deseaba el animador oficial. Frente a un Caribou que actuaba después en el mismo escenario y que siempre entrega unas dosis de intimismo, Deacon opto por la locura colectiva como hilo conductor, rescatando también alguno de sus temas pasados como ‘The Crystal Cat’. Fue un paroxismo hedonista de esos que dejan huella, imprescindible para que la cita catalana alcance toda su plenitud. (Carlos)

CARIBOU

Los cabezas de cartel podían ser The Strokes, Alt-J y The Black Keys; las propuestas selectas eran las de Patti Smith y Antony; las reuniones más esperadas las de Ride y The Replacements… pero hubo un concierto del Primavera Sound 2015 que nadie se quiso perder: el de Caribou a las 3 de la mañana en el escenario Ray-Ban. Se reunían todos los factores: su consagración en 2014 con Our Love, segundo mejor disco del año para esta casa y contenedor de la mejor canción del pasado curso, con ese slot privilegiado y siempre mimado que supone la recta final de despegue hacia el cierre del festival con DJ Coco. Conscientes de ello, los de Dan Snaith salieron con el modo electrónico activado, aunque sin olvidarse en el camerino las partes más lisérgicas y evocadoras de su repertorio (ese arranque ‘Our Love‘ dejó claro que la tónica pasaba por combinar ambas). La estampa desde el escenario debía de ser abrumadora: lleno hasta la bandera, y un despegue colectivo de euforia con ese tridente final formado por ‘Odessa‘, ‘Can’t Do Without You‘ y ‘Sun‘ que nos elevó al séptimo cielo. Infalibles. (Aleix)

DJ COCO

Sí pero no, nos ha vuelto a pasar como el año pasado y ya nos preocupa un poco. Dj Coco, la tradición, la verbena, los abrazos, las despedidas y los re-encuentros del Primavera Sound. ¿Dónde quedan los temazos impepinables? Nos gusta que ponga ‘There Is No Other Time‘ de los Klaxons, y el ‘I Feel Love‘ de Donna Summer, pero esto iba de cantar Arcade Fire, Japandroids, Kelly Clarkson (primer año que no suena) o The Offspring (también ya fuera). Nos preguntamos cómo es posible que no haya sonado ‘Seasons (Waiting On You)‘ de Future Islands o que no cayera ninguna de The Strokes ¡justo este año! A su favor –y como carta ganadora para volver a acudir a la cita en 2016, y en general siempre–, el ‘Shake It Off‘ de Taylor Swift y ‘Born To Run‘ de Bruce Springsteen. Y los fuegos artificiales y los confetis que lanzan desde el escenario los mismos organizadores del festival, que siempre es como muy simpático de ver. Quizá nos puede la nostalgia, pero nos quedamos con ‘Don’t Stop Believing‘ de que otra sesión que nos lleve a los tiempos del ATP es posible. (Jordi)

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Foto. Pablo Luna Chao (menos la de portada y Patti Smith, de Dani Cantó)   Festivales
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