04/06/2015

Crónicas de Patti Smith, Damien Rice, Alt-J, Jon Hopkins, Belle & Sebastian, Ride...

NÚRIA GRAHAM

A esa hora (18:00h), en ese escenario (Pitchfork) y en ese día (viernes) no debería haber estado Núria Graham. La muchacha tenía planeado otro slot pero, en un cambio suponemos que de última hora (posterior, en cualquier caso, a la impresión de los horarios), terminó por adjudicarse con que le correspondía a los esquivos DIIV, que tocaron finalmente el sábado. Nosotros bajábamos las interminables escaleras de la placa solar camino de Fumaça Preta cuando la catalana desenfundó la voz como quien desenfunda un arma. No habían empezado así que nos acercamos a verla. “Una canción, quizás un par”, pensé, pero allí me quedé, prendado todo el concierto, incapaz de despegarme de ese espectáculo tan inesperadamente grande, tan honesto. Graham tiene una voz portentosa y la utiliza con una madurez insultante para su edad. Empieza en ‘An Exception’ suavecito (“what did you expect from a girl who’s just 18”) y en tres minutos de una lección de control soberbia: de continuo afina y deleita, pero cuando decide pasarse de la ralla y meterle decibelios, te deja de una pieza. Es además una guitarrista bastante resuelta y se hace acompañar de un baterista y un muchacho que lo mismo que toca el bajo que los teclados con los que suena en conjunto como una roca (el final de ‘Bird Eyes‘). Con un repertorio que todavía tiene pocos recursos, el trío dio un concierto soberbio que no desentonó en absoluto entre la apabullante oferta del festival indie más importante de España; lo que no es decir cualquier cosa. Como le dé por suceder su notable Bird Eyes con algo realmente sobresaliente podemos estar ante una de las grandes. Al loro. (Daniel)

FUMAÇA PRETA

Si alguien escucha el disco de Fumaça Preta, es fácil resolver que se trata de una mezcla de funk y psicodelia de sonido añejo con pinceladas de Os Mutantes. Si ahora pasamos a la definición en directo, podríamos decir que se trata de cuatro tarados importantes cuyos rasgos son difíciles de dilucidar pero que suponen una experiencia sublime. Con aspecto de un grupo de superhéroes o de coetáneos de la Familia Basura, según cómo se mire, la banda salió al pequeño escenario de Adidas con ganas de marcar un punto de inflexión en el festival, y el tempranero horario tampoco fue suficiente para amilanarles. Con su líder y batería Alex Figueira como indiscutible maestro de ceremonias, Fumaça Preta supo combinar buen hacer con algarabía. Sonaron ‘Pupilas Dilatadas’ y ‘Eu Era Um Çao’, presentaron ritmos latinos como si fueran heavy metal sueco y optaron por esto último con una canción nueva, por lo menos desconocida, cuyo título se supone que era ‘Baldomero’ y cuyos efectos eran desternillantes. Con un percusionista impulsivo, un guitarrista de sonido sucio con mono azul superstar y un bajista robusto, la banda comandada por Figuerira se convirtió en una de las más frescas y grandes revelaciones del festival. Sin duda un nombre a tener muy en cuenta para ver hasta dónde puede llegar su ecléctico despliegue estilístico que acompañan con un directo que solo puede ser tildado como brutal. (Carlos)

SYLVAN ESSO

Muy bienvenidos en el cartel, a pesar de ser una confirmación de última hora, Sylvan Esso son de esos grupos que suelen hacer el músculo del Primavera Sound y que lo han llevado a ser el gran festival que es ahora. Grupos que destacan por la novedad y por la buena recepción de crítica, así como excitación del público, y de los que este año no han abundado (al menos en comparación con otras ediciones). Por eso, a pesar de ser las 18h de la tarde y un escenario de dimensiones bíblicas para un dúo con solo un disco publicado –pero muy escuchado y recomendado aquí– fuimos a Sylvan Esso. Poca gente, como era de esperar, pero realmente fans de la propuesta. Un directo logrado y, más de agradecer aún, con una presentación de lo más entregada por parte de Amelia, la mitad femenina del dúo y front-girl. No paró de bailar, de contonearse y de levantar los ánimos de un público que iba creciendo a medida que su actuación avanzaba. Adaptando los bajos de ‘Coffee‘, que golpeaban fuerte como las plataformas gigantes de la hada Amelia, o la preciosista y con deje melancólico ‘Uncatena‘ que bien se encargaron de girar hacia el júbilo. Un gran concierto de grupo medio, de los que hemos echado algo en falta este año. Especial y memorable. (Jordi)

TOBIAS JESSO JR

Tobias Jesso Jr (43)Rp

Pobre Tobías. A alguien tenía que tocarle la maldición del Pitchfork y le tocó a él, de lleno. Han sido años de Primavera Sound y de verdad que no recuerdo haber sufrido tanto por alguien. Llegó el canadiense con la sonrisa a cuestas y su cuerpo espigado cubierto con una sudadera grande como de componer por casa. Pelo alborotado y unas patas de gallo de sufridor ya casi en la treintena. Su debut, Goon (“Laguuuna”, acertó a traducir en un momento del concierto) es uno de los discos más bonitos del año. Una colección de canciones sencillas, cristalinas, puras como agua de manantial. Canciones que se propuso interpretar con un piano de cola con apenas volumen y una guitarrilla casi muda en un escenario sobre el que The New Pornographers vertían su ruido a borbotones como si fuese una fosa séptica. El Pitchfork inundado de ruido ajeno, el piano acoplándose hasta dos veces, Tobías pidiendo volumen, el público sufriendo el naufragio en carne propia y sonriendo luminoso sólo cuando arriba se hacía el silencio. Era entonces y por sólo unos segundos -30, 40, no más- cuando emergía del escenario la melancolía atemporal de ‘Hollywood’ o la inocente brisa de ‘The Wait’. Cuando terminaron los Pornographers pareció que por fin algo sonaba, pero acto seguido, a pocos metros, en el Adidas, comenzaron a meter tralla White Hills. Daban ganas de irse a casa. Era un sabotaje tan predecible sobre el papel que casi parecía un insulto al pobre Tobias, que se las apañó como pudo, sin perder jamás la sonrisa, encarando el drama con humor. Imposible ponerle un pero. Sólo esperar que la próxima vez que nos encontremos sea para disfrutar de su talento y no para empatizar con su mala suerte. (Daniel)

PATTI SMITH

Patti Smith

Aunque los Don’t Look Back no son una auténtica prioridad para el Primavera Sound como si lo podrían ser para los festivales que organiza ATP, lo cierto es que a lo largo de los años hemos podido escuchar algunos de los discos clave de la historia de la música popular de cabo a rabo. Esta edición contábamos con dos que, aunque muy distintos entre sí, tienen más parecidos de lo que aparenta. Se trata de Horses de Patti Smith y Dubnobasswithmyheadman de Underworld. Los dos son debuts, el primero con todas las de la ley y el segundo en cierto sentido, si tenemos en cuenta que inauguraba una nueva fase en el grupo. Pero lo que sobre todo comparten es que son trabajos que marcaron un antes y un después en sus respectivos campos. Si el de la neoyorquina era un ejercicio de proto-punk que anticipaba la revolución que estaba por venir, el de los ingleses marcó el punto de partida de la explosión de la electrónica en las Islas y allende, un largo que acercó la música de baile a las masas apropiándose de elementos pop.

Ahora toca hablar de Patti Smith. En mi caso no es que sea fan de ella, lo soy de ese disco. De pequeño mi madre me machacaba con él, con el Tango In The Night de Fleetwood Mac y con varios de Duran Duran. Por eso tengo marcadas a fuego esas canciones, pero por algún motivo u otro nunca me adentré en su figura, la olvidé con los años. Así que cuando se anunció que giraría para celebrar el 40 aniversario de su debut, supe al instante que iba a estar en Primavera Sound y así fue.

Fui hasta Mordor con todo el dolor de mi corazón por perderme más de la mitad de mis adorados The New Pornographers, pero esta cita era única e ineludible. Llegué justo cuando sonaba el primer verso de ‘Gloria’, ese “Jesus died for somebody’s sins but not mine” y, bueno, se me puso como la vena de un cantaor. No se me ocurre ningún verso mejor para empezar una carrera musical como la de Patti Smith. Ya bien cerca del escenario veo una mujer elegantemente vestida de negro, luciendo una bella cabellera gris, podría ser mi abuela, pero hay algo en su enérgica actitud, en su entrega, en su poder escénico que me hace dudar de su edad. Consulto Wikipedia y me quedo alucinado con que tenga 68 años. Pues llevados con mucha dignidad a pesar de los excesos de su juventud.

Este concierto se anunciaba como Patti Smith & Band y lo cierto es que sí, estaban Lenny Kaye y Jay Dee Daugherty, que le acompañan desde los inicios, pero en el fondo la actuación era ella. Sólo ella. Por encima de las canciones. Ya podía tocar hits legendarios como ‘Gloria’ o ‘Land’, que lo que importaba es lo que transmitía con sus movimientos, con sus rugidos, levantando los puños en ‘Free Money’, exhortando al público a hacer del futuro un sitio mejor. Los únicos deslices del recital fueron unos desarrollos instrumentales algo torpones al principio y poco más. Sí, tuvo que tirar de partitura para acordarse de la letra de ‘Birdland’, pero es que tiene 40 años la canción, que se dice pronto.

El momento más emotivo de la actuación fue sin duda ‘Elegie’. Ahí recordó a todos sus amigos fallecidos entre lágrimas. Lágrimas que eran reales y que se te contagiaban. No faltaron todos los Ramones, Lou Reed o su marido, Fred ‘Sonic’ Smith. Ahí, hasta en los momentos más reposados, Patti Smith dio un auténtico recital que dejó enmudecido al público, alucinado con su generosidad sobre el escenario. Al final de repasar todo el álbum, en orden, por cierto, cabía la duda de cómo remataría el set. Por el speech que concedió a continuación y porque es un bonus track, todo apuntaba a que iba a hacerlo con ‘My Generation’ de The Who. También podría haberlo hecho con ‘Because The Night’, como hizo a capella en la cocina de El Celler de Can Roca (que desde esta semana vuelve a ser el mejor restaurante del mundo, la neoyorquina trae suerte). Pero no, fueron ‘Babelogue’ y ‘Rock ‘N’ Roll Nigger’, que pusieron un magnífico broche a una tarde de primavera dorada. Ahí lo dio absolutamente todo, rompiendo la cuerda de una guitarra entre exabruptos. Tendrá 68 años, pero la actitud punk la mantiene. (Álvaro García Montoliu)

SLEATER-KINNEY

Tras lo de Patti Smith, por denominarlo de alguna manera, el Primavera Sound iba dejando claro que iba a prevalecer el protagonismo femenino. Sleater-Kinney compartieron el mismo escenario que la gran matriarca punk y desde luego no desmerecieron. Junto con Babes in Toyland, eran las representantes del movimiento riot grrrl y también sus máximas exponentes. Su último disco cuentan que lo han cocinado con mucha calma y sobre las tablas son una banda, como indica su currículum más que experimentada. No Cities to Love es la continuación de una discografía prácticamente inmaculada. Por eso, poco después de comenzar con la anticapitalista ‘Price Tag’ empezaron a derramar su brillante pasado en el que destacaron ‘Jumpers’ y el virtuosismo vocal de ‘Rollercoaster’ o ‘Dig Me Out’. No supieron aprovechar todas las oportunidades que ofrece la canción que da título a su reciente trabajo, pero ejecutaron con solidez y rabia cada uno de los temas que sonaron. Corin Tucker y Carrie Brownstein entrelazaron sus voces hasta el infinito mientras Janet Weiss aporreaba con furia su batería y Katie Harkin hacía ostentación del lujo que supone unirse a las estadounidenses sobre el escenario. Frente a la solidez con la que sonaron, solo faltó algo de actitud, la misma que tuvo el año pasado HAIM con un catálogo mucho más prescindible que el de Sleater-Kinney pero que resulta ineludible cuando lo interpretan en directo. (Carlos)

RIDE

Ride (30)Rp

Olvidados en su década de mayor gloria y recuperados cuando el abismo del olvido les abducía. Con todo merecimiento el Primavera Sound había anunciado a Ride como uno de los indiscutibles cabezas de cartel. Su sonido cabalgó en los noventa entre el shoegaze y las melodías que destilaba el brit pop. No obtuvieron la repercusión de My Bloody Valentine, pero para muchos que aun escuchaban los estertores de la sublime actuación de Slowdive el año anterior, suponía una oportunidad única de revivir la comunión con ese ruido distorsionado que desemboca en sueños y evocación. Un motivo para acudir a la cita con una banda que fue decayendo cualitativamente a lo largo de los noventa pero cuyo inicio había sido meteórico con un Nowhere sobresaliente y un destacable Going Blank Again. Con el ‘Leave Them All Behind‘ que abre este último disco iniciaron también su concierto en Barcelona. Una canción que iba a dar pistas sobre lo que iba a ser su actuación: un torbeluino de sonido, con capas cristalinas de guitarras y pausas sobrecogedoras. Mark Gardener supo adaptar sus cuerdas vocales a lo exigido en todo momento, predominando en los temas más rockeros como ‘Taste‘ y transformándose en un estrato sonoro más cuando el ruido cósmico de canciones como ‘Polar Bear‘ lo requerían. Ride fue in crescendo, especialmente cuando sonaron las melodias de su primer trabajo, como ‘Seagull‘, ‘Paralysed‘ o una excelente ‘Vapour Trail‘. Sumergidos en un sonido impoluto, no supieron dar la continuidad necesaria a su repertorio y acabaron en una marcada cuesta abajo con canciones, como ‘Mouse Trap‘, mucho más enmarcadas en el brit que reinó hace dos décadas  En cualquier caso, su actuación, pese a las cotas más altas de shoegaze vividas en otras ediciones, tuvo muchas más luces que sombras. (Carlos)

BELLE & SEBASTIAN

Todo encajó. Era la hora de la cena, así de francos somos, el sol ya no picaba, llegaba la noche y el escenario era grande y cómodo sin ser desangelado como los del fondo oeste. El temor de “¿Y si solo tocan de las nuevas?” quedó disuelto cuando el segundo tema fue ‘I’m a Cuckoo‘, y tras ese hit (de los nuevos) en clave eurodance que es ‘The Party Line‘, llegó ‘Another Sunny Day‘. Una celebración del pop clásico, algo verbenera y con poco espacio para los momentos íntimos y delicados, llegando a rozar la fiesta mayor de pueblo con un “happy birthday” para el hijo de Stuart Murdoch y una subida del público (incentivada por el propio lider de la banda), pero de lo más agradable y destensionante a esas horas, cuando aún se debía afrontar gran parte de la noche. Y bueno, ‘The Boy With The Arab Strap‘ y ‘Get Me Away From Here, I’m Dying‘ seguidas certifican la gran banda que son, y cómo de adaptables pueden ser, pero también justifica que siempre se les exija más. Pero siendo sinceros, a esa hora, con ese formato y ese setlist, nos sentó de maravilla. (Jordi)

DAMIEN RICE

Damien Rice (111)Rp

Esto de tener los conciertos en Youtube íntegros, a la carta, mucho antes de que podamos nosotros darle a la tecla, temo que va a cambiar necesariamente la forma en la que escribimos sobre ellos. ¿Qué sentido tiene que yo les cuente ahora que Damien Rice salió solito a un escenario inmenso, que el mar se olía de fondo y que caía el sol tras los hoteles de Mareseme? ¿Para qué contarles el silencio sepulcral que consiguió a los 10 segundos de ‘Delicate’, el poderío casi mágico de su presencia desgarbada, la estampa cinematográfica de las parejas abrazas por la cintura, sosteniendo entre los dedos tanto recuerdo adherido a estas canciones? Lo tienen a un click.

Les contaré que yo fui de los que creció con Damien Rice como referente del folk (lacrimógeno), que tardé años en sacarme ‘The Blowers Daughter’ de las tripas y que compré O en la Fnac de Callao y lo escuché hasta gastarlo. Luego, con el tiempo y la soberbia, con los Bon Iver y los Sufjan Stevens, con la ausencia del propio Rice, casi una década, terminé por infravalorarle, por olvidarle casi. Lo archivé en el cajón de los moñas de manual, abordé con pereza su trabajo del año pasado, My Favourite Faded Fantasy, y fui a su concierto del viernes desconociendo casi por completo esos nuevos temas, listo para ver a una vieja gloria de mi infancia vivir de sus viejas canciones, de esos temas que yo no había escuchado en años y que imaginaba como poco mal envejecidos.

Escéptico hasta la médula pero entre las primeras filas, tardé dos minutos en derretirme. Estupefacto, rendido a la evidencia de esta bestia musical. ‘Delicate’ abrió soberbia y ‘9 Crimes’ me pego la bofetada definitiva. Pocos, muy pocos artistas, pasados o presentes, pueden llenar de esa forma, con esa convicción en si mismos, de una forma tan absolutamente exuberante, un escenario tan inmenso. Damien Rice desgarró el final de ‘9 Crimes’ y se hizo gigante: avisó del poder de su voz todopoderosa y de sus manos velocísimas. De su absoluto y magistral control de la intensidad y de los tiempos. Embelesados, nos pegó al suelo con ‘I Don’t Wanna Change You’ y volvió a levantarnos con ‘I Remember’, otra vez enloquecida en un final distorsionado y furibundo que desembocó en la, por contraste, apacible ‘The Blower’s Daughter’. Todavía con el cielo azul oscuro, casi negro, Damien Rice tocó esa canción que nos hirió a tantos como si la hubiese compuesto antes de ayer, frunciendo el ceño, perdiendo la mirada en el infinito, transportándonos a esa figura de la que no podíamos nosotros tampoco quitar los ojos, arrancando al acabar casi un aplauso por recuerdo. Sólo tras aquello sonrió. Nos dijo que hablaba un poquito de español y que nos daba las gracias.

¿Vivir de las rentas? Bendito gilipollas estás hecho, Boluda. Cayeron clásicos, claro, los citados, una versión maravillosa de ‘Cannonball’, otra de ‘Elephant’, pero las nuevas no desentonaron para nada. No hacía falta haber escuchado jamás ‘The Greatest Bastard’ o ‘The Box’ para admirarlas; no había que conocer si quiera a Damien Rice para admitir que lo que hizo al cierre con ‘It Takes a Lot to Know a Man’, superponiendo voces y guitarras durante una decena de minutos mágicos hasta construir un castillo de arte sonoro casi de la nada, es el cierre de concierto más acojonante que se vio en todo el festival

Perdóname los pecados, Damien. Y gracias a ti. Por todo. (Daniel)

ALT-J

Alt-J (133)Rp

Los cabezas de cartel más jóvenes fueron al final los mejores. Así de sencillo. El repertorio de tintes sutiles de Alt-J se expandió y dejo mudos a aquellos que se mostraban escépticos por su elección como uno de los grandes nombres. Lograron, además, superar las dificultades que presentaba tocar a primera hora de la madrugada tras las exhibiciones de Patti Smith o Sleater-Kinney. Entre las mejores virtudes de los estudiantes de Bellas Artes de Leeds está que jamás fueron previsibles. Obviaron un inicio con alguna de las estupendas intros que abren sus dos discos y optaron por ‘Nara’ para comenzar. Sonaron nítidos e intensos desde el primer momento, especialmente a la hora de incorporar unos bajos que alcanzaban las entrañas. Es difícil definir a los británicos, una suerte de canto gregoriano acompañado por un sonido de vanguardia casi eclesiástico. Merodean por el intimismo de The XX pero obvian los coitus interruptus de Jamie y los suyos para que toda su vehemente intimidad se libere. Por esa razón, las mejores canciones fueron aquellas que favorecen ese desarrollo, tales como ‘Breezeblocks‘, ‘Tesellate‘, ‘ Firtzpleasure‘ (benditos bajos) o ‘Left Hand Free‘. Su repertorio se vio algo descompensado por la acumulación de sus temas más calmados en el último tramo que empezó con un ‘Matilda‘ aburrido y que también incluyó otros de la misma vertiente como ‘Taro‘. En cualquier caso, fueron los puntos más bajos de una banda que apunta a una estupenda continuidad y que tiene repertorio para levantar el vuelo con ‘Hunger Of The Pine‘ o ‘Dissolve Me‘. Por ahora solo son dos discos y unas actuaciones que contrastan mucho con lo que se puede esperar de unos prácticamente recién llegados. La creatividad es un elemento imprescindible para Alt-J, pero si la llama no se apaga les queda un largo camino por recorrer. (Carlos)

JON HOPKINS

Un viaje. Así lo queríamos y así fue. Un escenario, el ATP, de lo más cómodo para los que lo antepusimos al show de estadio de Alt-J, y una hora más que ideal para despegar hacia los agujeros negros desconocidos a los que que nos pilotó Jon Hopkins. Nombre remarcado en fosforito por muchos y un directo de los que se cotizan al alza en los festivales. Una gran pantalla nos situaba en qué punto del espacio nos encontrábamos, y unas bailarinas con hullahops iluminados por leds hicieron las veces de azafatas de vuelo. ‘Collider‘, ‘We Dissapear‘, ‘Open Eye Signal‘ (acompañada del loop del joven skater)… todas estallando tras acumular tensión, tanto en los brazos de Jon Hopkins, hiperactivo tras su mesa llena de máquinas, como del público que no dejaba de gritar “oooh’s” como si un castillo de fuegos artificiales se tratara. Celestial e inumune a los solapes. Uno de los conciertos del festival, y uno de los highlights en clave electrónica del Primavera Sound en general. (Jordi)

MOVEMENT

Reconozco que fui a a Movement sin conocerles de nada. Me muevo normalmente en otras coordenadas musicales, pero me fié en aquel momento de quien me tiraba del brazo y bajé de nuevo las escaleras de la placa. A las tres de la madrugada, envueltos en humo espeso, el trío ya metía a todo volumen su coctel de bajos sintéticos y agudos vocales, con eróticos resultados. La del trío es sin duda el epítome de la música para follar. Como para follar a cámara lenta; muy a oscuras y muy bien. A buen volumen, la cadencia de ‘Ivory’ es irresistible. Como una mezcla entre un The Weeknd salido interrumpido por un Gary Moore resucitado. Caí en la cuenta de haberles escuchado con los primeros compases de la enorme ‘Like Lust’, una en las que el vocalista se salió del carril y presumió de vozarrón. Sorpresa agradabilísima y uno de esos descubrimientos primaverales tardíos con los que siempre nutre este festival. (Daniel)

RATATAT

Ratatat (88)Rp

Elegantes, sensuales y triunfales. El paso de Ratatat por el Ray-Ban y el Primavera Sound bien justifica esta vuelta con tantos galones por un grupo que, en su día, no tuvo el status que tiene ahora en su regreso. Aquí unos que se suben al barco. Su propuesta, muy única, encarada a la electrónica, ejecutada con guitarras, batería y teclado, carente de voz, a medio camino del post-rock, siendo bailable pero no muy uptempo. Realmente muy único lo de Ratatat. Y supieron llevar el público de las 3 de la madrugada sin extasiar a subidones ni provocar una bajada de pulsaciones, casi mortal a esas alturas del partido. El funk de ‘Cream on Chrome‘, los arrebatos de ‘Wildcat‘, o ese punto casi de french touch discotequero de ‘Shempi‘ fueron coreados y seguidos, más con el alma que con el cuerpo por un público que llenaba las gradas del escenario. (Jordi)

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Foto. Pablo Luna Chao (menos la de portada y la de Patti Smith, obra de Èric Pàmies)   General
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