24/05/2015

Más que un concierto.

Lo de Los Planetas en la sala Apolo no fue un concierto, fue una deuda saldada. No es que nadie nos debiera nada, no éramos los protagonistas de ‘Devuélveme la pasta’ ni de ninguna de esas canciones de despecho que solo J sabe firmar, es solo que Los Planetas se han convertido, a base de años y de conciertos en cuentagotas, en un grupo que convierte cada una de sus apariciones en algo especial. Y lo de ver a Los Planetas en la sala Apolo en 2015 fue realmente único: cinco años hacía de su último concierto en sala en Barcelona, y ni siquiera sabemos cuándo fue la última vez que lo hicieron en una de mediano aforo como la que pisaron el viernes. Por eso no fue solo un concierto, fue una comunión colectiva, una reivindicación de un grupo que, seamos sinceros, no ha conectado con las nuevas generaciones con la intensidad con la que lo hizo con las de antaño, pero que para estas sigue siendo el grupo de una vida. Pasan los años, crecemos, y Los Planetas siguen ahí, recordándonos a personas, veranos, momentos cruciales, épocas pasadas, y renovando esas conexiones con nuevas canciones capaces de volver a conseguir eso que parecía imposible de replicar. Los nuevos temas llegan en cuentagotas, igual que su inclusión en los repertorios y en el imaginario colectivo, pero es innegable que lo acaban consiguiendo: ‘Señora de las alturas’ ya es un nuevo clásico, y ponemos la mano en el fuego a que ‘El duendecillo verde’ (demasiado acelerada en directo por el momento, pero y qué) también lo acabará siendo.

Precisamente con ‘Señora de las alturas’ arrancó el karaoke emocional colectivo de un concierto que empezó a modos de reto iniciático con la densidad de ‘Los Poetas’ y ‘Virgen de la soledad’, y que certificó con ‘Heroína (Bulería de El Torta)’ que su flamante nuevo EP Dobles Fatigas nos ha devuelto a un grupo que sigue siendo capaz de firmar grandes canciones reivindicando su legado sonoro sin caer en la autocomplacencia. Para cuando J entonó ese “Y si te quieres venir…” que marca el ascenso a los cielos, nunca mejor dicho, de ‘Señora de las alturas’, quedó claro que no había partido: el grupo mostraba una solidez instrumental aplastante, el espectáculo de luces era apabullante, y el repertorio escogido parecía hecho a medida de los fans que han crecido con ellos sin desengancharse en el tramo final (esa épica ‘Romance de Juan de Osuna’ y esas colosales ’Ya no me asomo a la reja’ –¡qué explosión!– y ‘Reunión en la cumbre’). Podías estar en la última fila que tendrías al lado alguien cantando hasta la última frase de cada canción.

Y es que la lluvia de himnos fue incesante: esa parte central de la noche con ‘Corrientes circulares en el tiempo’, ‘Nunca me entero de nada’, ‘Toxicosmos’ (citándoles a ellos mismos: ¡Madre mía, madre mía, madre mía!), ‘Santos que yo te pinte’, ‘Rey sombra’ y ‘Devuélveme la pasta’ sacia a cualquiera, sobrevuela prácticamente toda la trayectoria de la banda, y, qué cojones, salda deudas. Con nosotros mismos, con aquel tópico que decía que Los Planetas no daban buenos conciertos, con los que sostienen que Los Planetas de ahora ya no molan. En medio, espacio para una canción nueva llamada ‘Espíritu Olímpico’ que, curiosamente, recoge el espíritu urgente de los primeros Los Planetas (los de los noventa, los del espíritu olímpico de Barcelona), para alguna perla como ‘Montañas de basura’, y para cerrar momentáneamente con una ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ que ya es una de aquellas canciones que no escucharías jamás en casa pero cantas en concierto como si te fuera la vida en ello.

Eso consiguen Los Planetas: que te vaya la vida en cada canción, que todo se resuma en sus letras, en sus melodías, en sus ascensos y descensos. La batería de Éric arranca el “tu-tu-pa-tu-tu-pa” solemne de ‘Segundo Premio’, J suelta su habitual “1, 2, 3 y…”, y todos a una le cantamos la canción a Florent mientras pensamos en todas aquellas personas a las que se la hemos cantado alguna vez. La nostalgia colectiva aflora segundos después con ‘Un buen día’ y su reivindicación de aquel pasado siempre mejor, y con ‘De viaje’ se cierra con euforia y abrazos una noche mágica. No, lo de Los Planetas en la sala Apolo no fue un concierto, fue una deuda saldada.

Publicidad
Publicidad