17/05/2015

Crónica del concierto de retorno del grupo granadino en Madrid.

Siempre resulta complicado escribir cualquier cosa de Los Planetas. No importa que seas su fan número uno, que lleves una veintena de conciertos a sus espaldas (o hayas ido sólo a uno que tenga el valor de veinte), que tengas comprados todos sus discos o incluso que seas una de esas personas que tiene todos los singles que sacaban con una sola canción antes de que la burbuja discográfica explotara. Todas esas cosas dan igual porque seguir a una banda como Los Planetas es exactamente igual que pertenecer a una religión monoteísta. Siempre habrá dudas antes de escuchar sus nuevos trabajos y en las horas previas a sus conciertos. Muchos perdieron la fe en ellos y los negaron tres veces antes de que cantara el gallo. Otros tantos los blasfeman cada día a pesar de haber comulgado con ellos al menos una vez en la vida, pero en cualquier caso, todas esas personas tarde o temprano, aunque sea de manera eventual y con fecha caduca, se acaban redimiendo y se purifican en los sonidos planetarios. Quizá ser fan de Los Planetas sea exactamente igual que pertenecer a una secta pero de las buenas, aunque quizá la palabra secta no puede ir unida a nada bueno. No importa. En el caso de Los Planetas sería la única secta buena a la que sólo unos pocos se atreven a pertenecer y ser fiel a ella con todas sus consecuencias.

Cinco años han tenido que pasar para que Los Planetas publiquen material nuevo. Eso sí, esta vez todo ha sido por sorpresa y con un futuro que aún se desconoce qué rumbo y qué dirección va a tomar. Siempre ha sido costumbre que publiquen un EP como forma de aperitivo antes de que salga su LP con la fecha de salida ya fijada. Esta vez no. Sólo tenemos cuatro nuevas canciones y, además de su vuelta al escenario del FIB 2015, una serie de conciertos en salas de conciertos medianas de algunas ciudades del país para los más fanáticos. Sí, esos que compran las entradas de los conciertos en cuanto salen a la venta aunque queden meses para la fecha, porque la espera de saber que vamos a ir a un concierto único nos debe hacer sentir más vivos. Yo compré dos entradas la misma mañana que las pusieron a la venta. Compré dos sin saber quién me acompañaría pero teniendo muy claro cuál era la persona con la que quería ir con todas mis fuerzas. Supongo que la música buena es aquella que deja de ser música para convertirse en una persona irremplazable en tu vida. Justo lo que me pasa a mí con la banda granaína. A las 24 horas colgaron el cartel de sold out.

15 de mayo. San Isidro, patrón de los madrileños. En Ochoymedio (sala But) era la cita para castizos y forasteros; da igual eso porque cuando uno va a escuchar a Los Planetas es capaz de transportarse a Granada y se siente incluso de allí, de esa ciudad tan única de Andalucía. Durante todo el día hizo sol pero también es verdad que el viento no dio tregua ni un solo segundo haciendo temblar a todos los árboles de la ciudad; quizá la razón más lógica de ello era que nos habían traído ese Segundo Huracán del que habla Pájaro Jack en una de las canciones de su nuevo disco. Porque ellos fueron los que abrieron el concierto y lo hicieron de una manera brutal y precisa. Sus canciones sencillas y directas noquearon al público desde el primer momento. La sala no estaba vacía. La gente tampoco quería perderse a Pájaro Jack presentando su Vuelve el bien. Un disco que nada tiene que ver con los Pájaro Jack que empezaron a experimentar con canciones más folk que ahora aún conservan ese espíritu pero son mucho más enérgicas. Tocaron con sinceridad y supieron meterse al público en el bolsillo siendo plenamente conscientes de que no tocaban para cualquier público, sino que lo hacían ante el más exigente.

La expectación era absoluta. Los Planetas volvían con nuevas canciones bajo el brazo y con sus directos explosivos que el verano pasado retomaron en algunos lugares y festivales. En Madrid no actuaban desde 2012, cuando tocaron con motivo de la alineación planetaria de los Mayas en la nave 16 del Matadero, el mismo lugar que ahora es prostituido por un famoso programa de cocina que actualmente se emite en televisión y que inexplicablemente a la gente le gusta. Es probable que incluso en el concierto de Los Planetas hubiera fans de ese programa, cosa que tampoco voy a entender, pero bueno, tampoco voy a crear una polémica absurda que se me acaba de ocurrir. Lo importante es que esa noche todos estábamos en el mismo bando y todos sabíamos qué canciones iban a tocar porque en Twitter alguien subió el setlist que hicieron en Granada, la primera ciudad donde han presentado Dobles Fatigas. Si ese setlist se iba a repetir, todos éramos conscientes de que iba a ser apocalíptico y que sería uno de esos conciertos en los que durante el resto de la vida se le recordará a esa persona que no fue y que le dijiste que fuera, que no estuvo allí cuando tenía que haber estado. Pero una vez más Los Planetas sorprendieron e hicieron un concierto totalmente distinto a lo que todo el mundo esperaba.

Las luces se apagaron e igual que todas las bandas salen con una intro musical al escenario, Los Planetas también lo hacen pero a su manera, de una forma totalmente distinta: una voz árabe suena por los altavoces. No es una voz. En realidad es una oración islámica de las que sólo puede escucharse desde las torres de las mezquitas y que tienen el fin de llamar a rezar a los fieles. Los Planetas hacen lo mismo y preparan así a sus fieles. Jota hace unos meses en una entrevista dijo que para ellos la música es algo sagrado y que por eso hacen tantas referencias a la religión. No hay duda que son capaces de transmitirlo en el momento que escuchas eso, saltan al escenario y empiezan el concierto con ‘Los Poetas‘, una de esas canciones que desgraciadamente pocos admiran y que es un verdadero diamante de Una Ópera Egipcia, en la que todo el mundo permanece en silencio y escucha hasta estallar en gritos con las guitarras psicodélicas de Florent y los efectos del forastero de la banda, el jienense Banin. Es curioso ver a Jota a un lado del escenario. No se ha colocado en el centro como lo viene haciendo desde siempre. Está justo en un lado, casi en una esquina donde se suele colocar Julián, el bajista y donde ahora está Jota, pasando casi desapercibido como en realidad le gusta hacer y así alejarse del típico concepto de líder de banda sin perder ni un atisbo del mesianismo que es capaz de transmitir como ningún otro artista nacional. No parece estar a gusto con lo que se escucha a través de su micrófono y se pasa toda la canción, en los momentos que no canta, dándose la vuelta y dirigiéndose al backliner (componente de Lori Meyers) para darle indicaciones; luego se pasaría así gran parte del concierto. Al acabar el tema y casi encadenado, continúan con ‘Virgen de la Soledad‘ en la que todo el mundo sigue en silencio escuchando aquella oración en la que Jota, como en otras muchas canciones populares que han adaptado y recreado, no se sabe si realmente está cantando a la Virgen o a una chica a la que ama sin condición alguna, como pasa con el tercer tema que sacan a las tablas, ‘Señora de las Alturas‘, en el que todo el mundo ya se une a corear una canción en la que es imposible no verse reflejado y sentirse el protagonista de esa letra que Jota ya empieza a atreverse a hacer juegos flamencos con su garganta para consolidarlos con ‘Ya no me asomo a la reja‘, tema que me impacta siempre en directo al escuchar cómo el público canta el estribillo a una sola voz con el mismo dolor con el que lo canta el líder la banda. Quizá todos sabemos de lo que habla y lo hemos llegado a vivir en nuestras propias carnes. En ese momento la batería de Eric ya es una bomba de relojería que explota a cada golpe de baqueta con golpes que dan fuerte en el alma y te das cuenta de que Eric Jiménez Linares es una pieza imprescindible en Los Planetas y que ningún otro podría sustituirlo.

J Los Planetas

Cambio de tercio en el concierto con la llegada de ‘Santos que yo te pinte‘, con la que el Ochoymedio se vuelca y todo el mundo se entrega por completo a ella. No llevan un setlist regular, o al menos esa es la sensación que me da cuando de pronto cambian a ‘Corrientes circulares en el tiempo‘ y vuelve la tregua con ‘Nunca me entero de nada‘, ‘Toxicosmos‘ y la legendaria ‘Rey sombra‘. A partir de ahí el concierto vuelve a tomar otro rumbo con ‘Si me diste la espalda‘, ‘Devuélveme la pasta‘, el nuevo hit ‘El duendecillo verde‘, ‘Reunión en la cumbre‘ y ‘Pesadilla en el parque de atracciones‘. En ese momento te das cuenta de que Los Planetas han conseguido lo que ninguna banda; saltan de generación en generación y ahora han captado a aquella que nació en los noventa; un montón de jóvenes durante esas cinco canciones organizan un pogo sin descanso alguno en medio de la pista de baile, pogo que continúa casi hasta el final del concierto. Lo nunca visto en un concierto de Los Planetas en el que lo normal es ver, oír y callar, como se dice.

Salen del escenario, las luces se apagan y de nuevo el muecín árabe se vuelve a escuchar por los altavoces, provocando una calma inexplicable durante el bis que se rompe por completo con la batería de Eric anunciando ‘Segundo premio‘, enlazada con ‘Un buen día‘ y ‘Alegrías del Incendio‘. Vuelven a salir del escenario. En estas tres canciones Jota ha seguido corrigiendo sus problemas técnicos con el backliner. En treinta segundos aparecen de nuevo en el escenario y tocan ‘Espíritu Olímpico‘, un nuevo tema con un color más indie pop que el flamenco al que ya nos tienen acostumbrados pero con esas letras con raíces y referencias andaluzas que cada vez gustan más a su público. Suena fresca y directa con frases contundentes: “Es la sombra de tu cariño que me viene persiguiendo / Si me quisieras te compraría en Granada la mejor cueva“. Si ese es el camino de lo que podría ser su próximo disco, queremos escucharlo ya. Siguen con ‘David y Claudia‘ del mítico Pop y se largan del escenario sin previo aviso. La gente reclama que vuelven a salir pero a los diez segundos suben la música de la sala a tope para callar las voces y los backliners echan el telón de forma literal mientras reparten el setlist a las chicas de las primeras filas. Una de ellas se fotografía con esa “recompensa” y yo me fijo que es el mismo setlist de Granada, que sin embargo no han seguido prácticamente en ningún momento. Horas más tarde, en la fiesta postconcierto en la propia sala, alguien que viaja con la banda en esta pequeña gira, me dice que no estaban a gusto porque los monitores eran una mierda y Jota no veía nada claro, por lo que decidieron reducir el concierto a una hora y media cuando se estimaban dos horas largas. Así son Los Planetas, consecuentes con la música.

Quiero corregir lo que he dicho al principio. Los Planetas no son ni una religión, ni una secta; son como uno de esos amores que uno siente de verdad. De los que a veces puedes llegar a odiar –en muy contadas ocasiones–, frente al trillón de veces que los amas y te das cuenta de que no puedes vivir sin ese amor. De los que sabes que son únicos y que otro jamás podrá remplazarlo. Los Planetas han vuelto y lo han hecho como nunca.

Todo el mundo sale del concierto sabiendo que en cuanto pisemos la calle Barceló volveremos a la tierra, a ese único planeta en el que no queremos estar mientras escuchamos a Los Planetas. Yo al final no fui al concierto con la persona que quería, pero la sentí a mi lado en cada canción que canté a gritos.

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