22/12/2014

Los 30 mejores discos del año.

Pueden consultar la primera parte de la lista, con las posiciones 60 al 31, aquí. Y las menciones de honor, con algunos discos destacables que han quedado fuera, aquí.

30. I Am Dive – Wolves

I am Dive

Wolves es uno de los discos más bonitos que podrás escuchar este año. Uno de los más sentidos. Uno de los más emotivos. El segundo álbum de los sevillanos I Am Dive confirma todo aquello que nos maravilló de su debut Ghostwoods, pero además lo expande y lo consolida. Y lo hacen de forma bastante gráfica en Wolves, con una primera mitad en la que vuelven a ser capaces de dibujar canciones que son bandas sonoras perfectas para atardeceres de otoño (o de verano, según cómo se mire), y una segunda mitad en la que se adentran en sonoridades algo más contundentes (siempre con su sutil toque, por supuesto), caso de ‘Backwards‘ o ‘Black Times‘. Esteban Ruiz y Jose A. Pérez se confirman por tanto como auténticos artesanos de una electrónica sedosa, con alma, que casi puede tocarse, y que evoca como muy pocas consiguen. Canciones prácticamente perfectas como ‘Wolves‘, ‘The Lower You Fall‘ o ‘Transfixed‘ (¡ese crescendo final!) hablan en su nombre. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

29. How To Dress Well – “What Is This Heart?”

HOW TO DRESS WELL

Para variar, Tom Krell, pionero de este invento del r’n’b de nuevo cuño, no se guarda nada en el tercer álbum que firma como How To Dress Well, todo un romancero del aquí y del ahora. Ya en su portada, un primerísimo primer plano suyo, podemos verle casi hasta los poros. En sus letras, directamente nos asomamos a sus entrañas. Inevitable sentirse algo voyeur como espectador de semejante ejercicio de transparencia. Ya lo advierte el propio Krell en ‘Very Best Friend‘: “I know I can be extra sentimental”. Una franqueza abrumadora sobre la que se sujeta esta colección de doce canciones que ha resultado ser menos inmediata y directa de lo que hacían presagiar sus tres single de adelanto: ‘Words I Don’t Remember‘, ‘Repeat Pleasure‘ y ‘Face Again‘ fueron escogidas como avanzadilla porque, efectivamente, debían serlo. No hay nada más con tanto punch en este álbum impecablemente producido, pero ni falta que hace. Al fin y al cabo, es ley de vida: en este disco, como en toda historia de amor que pretenda llegar a buen puerto, son tan necesarios los picos como los valles. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

28. Todd Terje – It’s Album Time

TODD TERJE

No nos engañemos. Por mucha expresividad con la que se anuncie el título de su It’s Album Time, Todd Terje no se ha comido la cabeza para elaborar su primer largo. Cuatro de los doce temas que lo componen ya habían visto la luz y algunos con lógicos óptimos resultados como ‘Inspector Norse’. El noruego asegura que es algo perezoso y que también ha cuidado su labor como DJ para excusar un incremento de novedades. Pero yendo más allá, temas con profundos sintetizadores como ‘Preben Goes to Acapulco’ aparecen como justificaciones más que sólidas. La heterogénea revisión del llamado nu-disco que reivindica este It’s Album Time está compuesta de los ritmos caribeños de ‘Svensk Sås’ o la extraordinaria revisión del ‘Johnny & Mary’ de Robert Palmer, con la voz de Bryan Ferry. Cada vez que tiene la oportunidad, Terje se muestra como un tipo guasón que adolece de cierta falta de autoconfianza. Motivos en los que se puede encontrar la recargada edulcoración de sus composiciones que no entorpece la sensación de felicidad que brota de todos ellas. Ya sea en la búsqueda de las luces de neón de ‘Delorean Dynamite’ o en la actualización del legado de Giorgio Moroder en ‘Oh Joy’, Terje se confirma como una de las personalidades más a tener en cuenta de la electrónica de nuevo cuño. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

27. Temples – Sun Structures

TEMPLES

Casi estacionalmente surgen bandas en el Reino Unido que se encargan de rejuvenecer, recolocar o reconfigurar las bases de un brit-pop que, digamos, tiene continuidad desde los Beatles. Temples enlazan con esa tradición a su manera: controlando y dilatando los ritmos con un leve acento psicodélico y temeimpalesco, recubriendo sus melodías luminosas y amplias con un brillo pulido y detallista, y llenando los vacíos con un trasfondo colorista y cargado de lujos con los que juegan al despiste. Sun Structures describe un intrincado mapa musical en el que hay más luces que sombras, pero cuyos caminos son siempre algo enrevesados. Grandes bazas como ‘Shelter Song‘, que suena a inicio de algo grande y duradero, ‘Sun Structures‘, ‘Keep In The Dark‘ o ‘Mesmerise‘, no podían pasar desapercibidas en un álbum que a medida que avanza diluye sus virtudes superficiales y el magnetismo de sus estribillos en las grandes y profundas aguas de una ambientación fuertemente estética y de efecto más duradero. Más allá de hype, se esconden composiciones escritas en el mismo lenguaje estilístico, con personalidad e influencias bien filtradas, y evidentes inquietudes que no se conforman con la mera repetición. La banda de James Edward Bgshaw ha caído de pie en el panorama con un trabajo que, aún casi un año después, nos sigue sorprendiendo con pasajes, capas y texturas inagotables. (Pablo) Escúchalo en Deezer.

26. Cymbals Ear Guitars – LOSE

Cymbals Eat Guitars

Cymbals Eat Guitars tienen una predilección extraña por abrir con lo extenso, con lo portentoso. Lo hicieron en su debut con la magnífica ‘…And The Hazy Sea’ (6:15), repitieron estrategia hace tres años con ‘Rifle Eyesight’ (8:32) y vuelven a hacerlo esta vez con ‘Jackson‘ (6:14), que probablemente es la mejor opener que han firmado hasta la fecha. Y eso es mucho decir. Pero es que lo tiene todo: melodías de pop azucarado, inteligente arquitectura de pausas y explosiones y un final de absoluto escándalo con desgarro guitarril y épica lirico-vocal (“I don’t wanna die!!”). No les hago spoiler alguno si les anuncio que estará bien arriba en nuestra lista de canciones. Ahí podría haber cabido también ‘Warning‘, urgente y poderosa, otro ejemplo de la tremenda confianza con la que D’Agostino y compañía se han metido en el estudio. Más banda que nunca, entregados a la especie de furia pop en la que se manejan como pocos. Hay que tenerlo claro para arrancar ‘Xr’ con esa armónica hiperventilada, con esa urgencia punk. En las letras, a las que no habíamos prestado mucha atención hasta ahora, se cuelan imágenes de tiempo pasados, de amigos muertos cuyos Myspaces aun suenan. “Here I am again at Ben’s myspace grave /And then out of nowhere /The smell of his basement /Where we watched Faces Of Death /And we regretted it (…) Each frequency’s a memory of some show we attended / Fuck your learner’s permit / Drive down to Philly with me / To see the Wrens in a rec room”. Memorias de adolescencias de extrarradio (¿se acuerdan de The Suburbs?), escritas con mano, que tan bien resuenan en este que reseña. Define su sonido decir que su productor, John Agnello, viene de trabajar con Kurt Vile y Dinosaur Jr. Ahí está: canciones con alma vestidas con furia. Pop fogoso que pasa por accesible aunque sea bien técnico. El juego de Memonena, pero más digerible, más descarado, con un D’Agostino cantando como nunca (escuchen ‘Place Names’ o ‘Chambers’: in your face). Sorprende lo que convence en la distancia corta (‘Child Bride’) y reconforta saber que no ha perdido ni la ambición (‘Laramie’) ni el buen gusto: el cierre de ‘2 Hip Soul’, con ese solo central y ese final desbocado está a la altura de la apertura. Muy arriba. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

25. Foxygen – … And Star Power

Foxygen

La historia ya la conocen: Jonathan Rado y Sam France montan Foxygen, se convierten en ídolos underground del público más afín con su debut y, en cosa de un año, dan la campanada con un segundo trabajo que les abría a más oídos vía singles tan brillantes como ‘San Francisco‘ o ‘Shuggie‘. Hasta ahí todo bien. Los chavales empiezan a girar, el asunto se les empieza a ir de las manos, son acusados de tener problemas por una ex miembro de gira y aparece un trabajo en solitario de Rado (de escucha obligada, por cierto) que parecía avanzar el fin del dúo como tal. Nada más lejos de la realidad. Detrás de los dimes y diretes del Internet estaban Foxygen preparando su tercer trabajo. O a saber. Porque …And Star Power es un disco al que es complicado acercarse en primera instancia, de hora y media de duración y grabado analógicamente en un castillo y en un hotel de Los Ángeles. Bien lo avisan ellos mismos en su página web: “una cinemática aventura auditiva para speedy freaks, skull krunchers, abducidos e inadaptados” fabricada junto a Star Power, una “banda punk” ficticia. Básicamente, Rado y France han hecho lo que les ha dado la gana. Rebeldes ante la industria, Foxygen se deshacen del freno que pusieron en We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic y vuelven a ser Foxygen: dos niños con el talento y el desparpajo suficiente como para proponerle a su sello Jagjaguwar la edición de un disco doble y que cuele. Y fruto de ello, su tercer trabajo es un oasis de ideas inacabadas, descuidadas, sin rematar en muchas ocasiones. Pero ideas de muchísimos quilates. En lo que otros harían un pastiche infumable, el dúo destapa la caja de pandora y llena noventa minutos de recursos de todo tipo, sabores de distinta índole y experimentos varios que son brillantes cuando se sostienen por sí mismos como canciones. Lo consiguen en ‘The Hits‘, primera de las cuatro caras en las que está dividido el disco. El título no puede ser más esclarecedor: durante esos quince minutos respiran los Foxygen más abiertos al público y clásicos en estructuras pero sin perder de vista su filtro de pop colorista y lo-fi, lleno de sintes y guitarras marcianas, baterías cacharrosas y juegos de voces que, en este disco, vienen reforzadas por un coro femenino. Es ahí (‘How Can You Really?‘, ‘Coulda Been My Love‘) donde los angelinos dan más muestra de completitud y premeditación, de estar haciendo un disco y no una improvisación en el local. Una sensación que sólo se repiten ya al final con ‘Everyone Needs Love‘ y ‘Hang‘, otros dos antihimnos épicos de pop psicodélico y colocado. …And Star Power es, por tanto, un disco fantásticamente bien abierto y mejor cerrado. Lo demás es tierra conquistada y el resto para pasárselo bien. Así, durante la hora que dura la meseta, apisonan en los eufóricos momentos de ‘Star Power Suit‘, se desmelenan en ‘The Paranoid Side‘ donde prueban todo y concluyen poco o abrasan en ‘Journey Through Hell‘, la sección más arisca del disco por sí misma pero inteligentemente dispuesta para saborear mejor el final. Y mientras ellos se divierten, el talento se les va cayendo desperdigado. Cuando amarga, un caramelo. Es imposible resistirse a los coros de ‘What Are We Good For‘, la cálida sencillez de ‘Flowers‘ y ‘Cannibal House‘ o el bizarro mundo sintético de ‘Mattres Warehouse‘. Cuando asoma el bostezo, un gancho al estómago. El sabor a garaje nocturno y humo de ‘666‘, el final esquizofrénico de ‘Cant Contextualize My Mind‘, el petardazo de fuzz de ‘Brooklyn Police Station‘. Durante una hora y media, Foxygen van dando continuos motivos a los que agarrarse, una mano tendida a su universo colocado e inconcluso. Habrá quienes lo recojan con gusto y se lancen ciegamente a sus brazos y otros que no. Lo que no hay duda es que Foxygen reúnen en …And Star Power todas sus virtudes y las dejan para la posteridad, brillando por encima de los defectos, en un trabajo ambicioso y que requiere poso. Y si no, siempre quedarán un generoso puñado de muy buenas canciones. (Sónida Collective) Escúchalo en Deezer.

24. The Antlers – Familiars

THE ANTLERS

Convirtieron en epopeya los últimos días de un enfermo de cáncer en Hospice, rebasaron la doliente experiencia inyectándole una severa dosis de bits digitales a su música en Burst Appart, y confirman con este Familiars que el falsete de Peter Silberman es comparable al barítono de Matt Berninger a la hora de ahondar en el paroxismo emocional. Los vientos que acompañan el magnífico inicio de ‘Palace’, con el cantante derruyendo su falso imperio en forma de poesía decadente, son tan solo un pequeño indicio de su particular hermanamiento con The National. The Antlers siguen ubicados en el punto en el que convergen la melancolía depresiva de Low, el regio magisterio de Radiohead y la calidez anímica de los primeros y ya remotos Coldplay. Los de Brooklyn regresan en su cuarto trabajo a sus inicios y suprimen las loables licencias electrónicas que se permitieron en su último trabajo. Nueve canciones de generosa duración, que abarcan desde las resonancias fúnebres de ‘Doppelgänger’ hasta las vestiduras del pop más tradicional de ‘Refuge’, y todas con un cuidado diseño en todas las líneas de vientos. La plenitud de la banda de la que hace gala este Familiars está marcada por canciones tan notables como ‘Hotel’ pero también por el acierto para calibrar su exposición de afectos soterrados y mantener el interés durante todo el disco con ‘Intruders’ o ‘Revisited’. El camino a la madurez de The Antlers sigue siendo tan jugoso como la solidez que han mostrado para cimentar toda su carrera. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

23. Sylvan Esso – Sylvan Esso

SYLVAN ESSO

Años y años temiendo por un hipotético futuro en el que hombres y máquinas tendríamos que vivir enfrentados o no viviríamos y resulta que somos perfectamente compatibles. No lo dice Spike Jonze, lo dice el debut homónimo de Sylvan Esso a los noventa segundos de arrancar. Hasta ese momento, se escucha (por orden de aparición) la voz de Amelia Meath, unos coros y unas torpes palmadas, todo de carne y hueso. Todo bonito, aunque en ningún caso memorable. Es en torno al minuto y medio de la inicial ‘Hey Mami‘ cuando las cosas se ponen serias: la descarga electrónica pilla por sorpresa y el arqueamiento de ceja es inevitable. ”¿Qué ha sido eso?“. Hombre y máquina chocando por primera vez en un álbum fascinante que fue grabado en plan casero. El roce enseguida hace el cariño y ya no se separan hasta la solemne ‘Come Down‘, que echa el cierre tras cuarenta minutos sexys que podrían ser obra de unos Purity Ring con alergia al éxodo rural. No busquen guitarra o batería porque la tarea es ardua y poco agradecida, prácticamente inútil. Sólo están la voz de Meath, que lo mismo puede pasar como diva soul que como esclava sureña, y los primitivos colchones de sintetizadores de Nick Sanborn. Ambos provienen de círculos folk, aunque no es la tradición americana la que en un primer acercamiento llama la atención. Sí, en cambio, la africana, que se deja notar en los momentos más coloridos (‘Wolf‘, ‘Dress‘, ‘H.S.K.T.‘) de un tracklist casi mágico. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

22. Woods – With Light And With Love

WOODS

Los neoyorquinos llevan nueve años lanzando discos, en torno a la decena, a un ritmo envidiable y con unos estándares de calidad ampliamente por encima de la media. Muestra de ello es su conocimiento exquisito de la mejor y más genuina música estadounidense de los últimos sesenta años, amén de una altísima solvencia sobre el escenario pese a la cual, oh, misterio, permanecen anclados en la zona de grupo de culto, como presa de alguna contradictoria maldición. With Light And With Love se presenta como un recorrido multidimensional, de generosa amplitud cromática y hondo calado. Empieza con ‘Shepherd’, una bucólica y agradable canción hilada con puntadas de steel y remaches de boogie. Continúa con ‘Shining’, enésimo homenaje sonoro a la eterna música de The Byrds (oigan ese solo a mitad de canción si no me creen) y con ‘With Light And With Love’, canción de 9 minutos, cimentada sobre temblorosos punteos y con una extenuante y deliciosa parte instrumental de cuatro minutos y medio (que en sus impecables conciertos alargan hasta casi el doble). ‘Moving To The Left’ es también pegadiza (y radiable, si algún mandamás de las ondas hertzianas estuviese atento), así como ‘Leaves likes glass’, veraniega canción donde el compadreo entre teclados y guitarra es como un día en el parque. ‘Feather Man’, canción de cierre basada en acústica y unos cortantes arreglos de cuerdas, recuerda al espíritu de Nick Drake (¡presente!), pero reducido al paroxismo. En suma, un disco delicioso, que sabe a poco y que retumba en las pétreas raíces del mejor sonido americana y psicodélico. Una serpiente más en el polvoriento camino. Una nebulosa más en el cosmos. Puede que algún día logren quitarse el maldito sambenito de “banda revelación”. Puede que no. Lo que sí es seguro es que su calidad seguirá en insultante trayectoria ascendente. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

21. Wild Beasts – Present Tense

WILD BEASTS

Las virtudes camaleónicas no dejan de dar a Wild Beasts buenos resultados. Se han mostrado con diferentes pieles con el denominador común de su reconocible pop ensoñador. En sus momentos más previsibles –y no es por desmerecer–, como ‘Two Dancers‘, dan un grado mayor de profundidad a bandas como Dirty Projectors, también parte de la escudería de Domino Records. Pero, decíamos, hay en la banda británica una capacidad de transmutar la algarabía de ‘All The King’s Men’ en un hermanamiento con The Antlers en ‘Invisible’ o jugar con los recuerdos de la sintética década de los ochenta en ‘Bed of Nails’ que asombra. Independientemente de los matices, los de Hayden Thorpe siempre acaban dando en la diana. La incorporación en la producción de Leo Abrahams, colaborador de Brian Eno, Jon Hopkins o Badly Drawn Boy, ha servido para dar a la banda un halo más misterioso y vetar su versión más bisoña en Present Tense. La parte festiva queda para otros como Factory Floor o The Field que no han tardado mucho en remezclar la inicial ‘Wanderlust’. Los retazos de Joy Division en ‘Nature Boy’, el ambicioso perfeccionismo en ‘Mecca’ o el excelso final de ‘Palace’ son solo algunos de los argumentos para que las bestias sigan observando desde la atalaya todo lo que ocurre a su alrededor. Suena “we may be savage and raw, but at the core we’ve higher needs” y entonces, desaparecen. Como si nada hubiera ocurrido. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

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