15/12/2014

Empezamos a repasar el año con los discos que se han quedado fuera de la lista final (pero no deberían).

Y empezamos por nosotros. Por ese cajón de sastre llamado ‘Menciones de honor‘ en el que comenzamos por el final: por aquellos discos que por un motivo u otro se han quedado fuera de la lista final de 60 discos que resumirán nuestro años 2014, y que cada uno de los miembros de Indiespot se niega a que se queden sin representación. Leyenda como Leonard Cohen, nuevo valores como Mourn o Primary Colours, joyas de culto como Grouper o rarezas como Yung Beef se dan la mano en la recopilación de discos más extraña de cuantas publicamos. Damos por inaugurado, pues, ese fatídico periodo de año dominado por las listas, en el que nuestra vida social queda totalmente sepultada por discusiones en mails y grupos de Whatsapp, pactos secretos para aupar o desbancar un disco o grupo, enfados internos y mucha, muchísima música por compartir. Que al final es el motivo de todo ello.

Grouper – Ruins

Grouper

Tiene este Ruins, noveno álbum de la incontinente Grouper, mucho de artefacto deliciosamente anacrónico. No suena a 2014, casi podría pasar por una reedición. Lo cierto es que no procede de otra época, pero casi: sus ocho cortes, escuálidos y huidizos, llevaban grabados más de tres años cuando Liz Harris decidió airearlos en octubre. Meses y meses cogiendo polvo en un cajón mientras aquí, en el mundo real, histeria, impaciencia y otros males terminaban por adueñarse de todo en esto de la música. Hay que tener opinión de cada nuevo lanzamiento. Y si puede ser tras media escucha somera, mejor que mejor. Ante eso se rebela Ruins, un trabajo que exige paciencia y dedicación. No le pidan flechazos instantáneos a este puñado de canciones que, a ratos, parecen esbozos, ideas embrionarias aún por desarrollar. Menos es más, más que nunca. Adentrarse en ellas resulta complicado, aunque no precisamente por una cuestión de overbooking: piano (primitivo, tembloroso) y voz (más nítida de lo habitual en la discografía de Grouper) son los únicos pasajeros en este vagón del que muchos se bajarán antes de tiempo. Algunos no llegarán siquiera a subirse, espantados por esa fugaz intro ambiental que es ‘Made of Metal‘. Craso error: estarán perdiéndose uno de los viajes más emocionantes del año. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

King Gizzard & The Lizzard Wizard – I’m In Your Mind Fuzz

King Gizzard

A King Gizzard & The Lizard Wizard hay que amarlos con fuerza, aunque sólo sea por lo que tienen de románticos unos australianos que parecen inmunes a la rutina, los corsés y el aburrimiento implícito de la norma. O al menos eso parece en un proyecto en el que la canción estrella dura catorce minutos, cuenta con siete miembros en directo (dos baterías y un arsenal de instrumentos y efectos mediante) y factura cinco discos en sólo tres años. Ahí reside también, claro está, su mayor problema: hasta ahora, King Gizzard no habían facturado un trabajo redondo y su espesor era quizá no apto para todos los públicos. I’m In Your Mind Fuzz, lanzado en el último tercio del año, es lo que más se acerca a su perfección. Lo es en un inicio arrollador, con cuatro canciones enlazadas que apabullan. Ahí, los de Melbourne explotan toda la brillantez y genalidad de su chute psicodélico: entre ‘I’m In Your Mind‘ y ‘I’m In Your Mind Fuzz‘ median doce minutos divertidísimos en los que encierran al rival en su área y saltan al campo a asediar. Y meten gol. Las baterías en lo alto, traqueteando como un demonio junto a un bajo que repite el mismo patrón una y otra vez; las guitarras y las armónicas punteando fuego con el fuzz a tope; las voces, poniendo el contrapunto agudo y amable. Y, de repente, King Gizzard están en tu mente. Porque de eso va ‘I’m In Your Mind Fuzz‘, de conquistar mediante repetición y ritmo. Por ahí encuentran su vía canciones  como ‘Am I In Heaven‘, juguetona en tempos y espídica al final, o la brillante ‘Hot Water‘, de pegajosísima melodía con la armónica. Y cuando las fuerzas ya no dan para más y ya empieza a faltar el aliento, cuando el martillo se puede hacer pesado si dura un segundo más, ‘I’m In Your Mind Fuzz‘ se sale por la tangente en el tridente que lo cierra. En el momento perfecto, King Gizzard sacan a pasear tres canciones voladoras de psicodelia apacible y mansa horneadas a fuego lento. Casi como una reivindicación, como un “también sabemos hacer esto“, con los ocho minutos de ‘Her and I (Slow Jam II)’ como guinda a un pastel que se acerca más que nunca al sobresaliente. Y si no, da igual: el viaje ha sido reconfortante. Qué buenos son. (Sonida Collective) Escúchalo en Deezer.

La Roux – Trouble In Paradise

La Roux

He aquí el disco comodín del año. El disco fresco, accesible, fácil de escuchar y que puede levantar el ánimo a un muerto. Salvando las distancias, Trouble In Paradise de La Roux puede haber significado para mucha gente algo parecido a lo que el debut de CHVRCHES fue el año pasado: un disco de pop electrónico multicolor y listo para el disfrute sin cortapisas en cualquier momento. Hay diferencias, claro; ante todo, estilísticas: Elly Jackson se mueve en estas nueve canciones por la new wave, el pop de sintetizadores y un cierto aroma tropical que ya se desprende de su portada. Es, además, un trabajo de superación y de reinvención al mismo tiempo, después de que Jackson se quedara sin compañero de grupo (Ben Langmaid) en la mitad del proceso de composición, y de que sufriera problemas de pánico escénico (el miedo de moda) durante la gira de su primer disco. Algo imposible de detectar escuchando las cálidas, sensuales y seductoras canciones que transitan por este segundo disco, todo sea dicho. Trouble In Paradise es tremendamente más sugerente que el debut, mucho menos directo, y probablemente por eso acaba convenciendo más. Armas no le faltan: ‘Kiss And Not Tell’ es de una efectividad inmediata, ‘Silent Partner’ son siete minutos de puro gozo synthpop que podrían haber firmado Future Islands o unos LCD Soundsystem más calmaditos, mientras que ‘Tropical Chancer’ y ‘Sexotheque’ se ocupan de la parte más tropical de un nuevo sonido que ha destapado a una artista que parecía haber sido engullida por el hype de su primer disco, y que al final ha salido del apuro con un disco excelente. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

Leonard Cohen – Popular Problems

Leonard Cohen

Es difícil explicar cómo el Popular Problems de Leonard Cohen está en las menciones de honor, porque bien podría ocupar cualquiera de los puestos de la clasificación, desde al uno al sesenta, con motivos más que suficientes. Quizá sea porque el octogenario canadiense nos tiene acostumbrados a doctorarse en cada disco que compone, porque su clase emana a raudales y porque hoy en día ni siquiera el mítico Bob Dylan puede hacer sombra a todo aquello que ingenia el gran caballero. Citar cualquier de sus obras pretéritas es enfrentarse a una figura que hace tiempo que cumplió su cita con su historia mediante ‘Suzanne’, ‘First We Take Manhattan’ o la más reciente ‘Show Me The Place’. En el duodécimo trabajo de una carrera que se distingue más por su excelencia que por lo prolífica que pueda ser, Cohen da lustre al poeta canalla, al apuesto caballero y al eminente contador de historias. Su cavernosa voz está acompañada de unos arreglos instrumentales que subrayan la imperturbable elegancia de aquel que todo lo abarca. Memorables los vientos de ‘My Oh My’ o las teclas y coros de ‘Almost Like A Blues’, dejar de subrayar cualquiera de las nueve canciones que componen una nueva masterpiece sería una injusticia imperdonable. Pónganse sus mejores galas, sirvan un licor a ser posible on the rocks y degusten el aperitivo de ‘Slow’ para embargarse en un banquete de alta alcurnia del que acabaran saciados. Y verán que el nombre de Leonard Cohen es hoy sinónimo de hegemonía. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

Mourn – Mourn

Mourn

El decálogo de debut de este jovencísimo cuarteto de El Maresme apenas dura 20 minutos, pero es tiempo suficiente para percibir su enorme potencial. Son diez retratos cortos de una época casi pre-digital en la que el indie rock se construía a base de voces poco afinadas, distorsiones crudas y desmaquilladas, y guitarras afiladas y muy directas. Mourn recuperan gran parte de ese espíritu, aún habiendo nacido todos ya en el ocaso de aquella época: Carla Pérez y Jazz Rodríguez, cantantes, guitarristas y fundadoras de la banda, acaban de cumplir los 18, igual que el batería Antonio Postius; Leia Rodríguez –hermana de Jazz, ambas hijas de Ramón de The New Raemon–, la bajista, apenas tiene 15. Su primer álbum homónimo rebosa desparpajo y frescura, pese a tratarse de una fórmula bastante repetida en los últimos 20 años. Un boceto de barro todavía húmedo, pero que parece ya bastante bien formado y con las líneas maestras claras, antes incluso de hornearlo. Actitud desafiante, melodías con las que es imposible mirar hacia atrás, y ese fuerte arrebato propio de los que dicen no tener nada que perder, son solo algunas de las potenciales virtudes que despliegan los Mourn en su primera entrega. Suficientes para llamar la atención de la élite de la prensa musical, y para proyectarse rápidamente en el panorama europeo. (Pablo) Escúchalo en Deezer.

Primary Colours – Synonyms For Heartache

Primary Colours

Hay probablemente una decena de discos que podría escoger para esta mención de honor que me dejarían mejor que este caramelito. Yo qué sé, el de Wildbirds & Peacedrums, el último de Posse (¿no es ’Shut Up’ una de las canciones del año?)… pero me voy a quedar con este por pura congruencia. Es mi disco de la sonrisa tonta, mi paréntesis azucarado y tontorrón del año. Los 5 temas de este EP imprevisto no suman siquiera 10 minutos de reloj, la cosa se queda en 9:34, pero el ratito es un oasis. Y lo dice uno que no traga mucho a She & Him y que presume de no caer en moñadas casi nunca, pero qué quieren que les diga, suena ‘First Date’ y me dan ganas de ponerme un lazo. Carantoñas, cursiladas y todos los clichés que un dúo indie chico-chica pueda soportar, vale, pero a ver si lo resisten. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

Vetusta Morla – La Deriva

Vetusta Morla

Parece que la historia ha pasado con descaro por encima de ellos, pero Vetusta Morla aprovecharon este agonizante 2014 para publicar su tercera referencia. Sí, tienen todavía capítulos por escribir y ahi siguen, quemando etapas, firmando discos de indudable solvencia y, más importante, consolidando una carrera que cumple a la vez que promete, establecida con fuerza entre lo comercial y lo diferente. Cuando nadie vende un disco, ellos logran el de oro. La Deriva no es nada novedoso en términos de sonido -lo cual no es demasiado malo si se considera que su música es francamente personal y reconocible-, y eso se percibe en algunos tics automáticos que pueden aburrir, como ese riff de ‘La grieta‘, que a un servidor le parece como escuchado en mil otras canciones. Aparte de esto, lo cierto es que la norma del disco se basa en notables canciones, como ‘La deriva‘, ‘¡Alto!‘ o ‘Fuego‘, que siguen ahondando en el universo del grupo. Balancearse en la incesante melodía de la guitarra de ‘Una sonata fantasma‘, querer salir a construir una nueva realidad a puñetazos con ‘Golpe maestro‘ –indudable trallazo– o abrigarse con el misterio de ‘Las salas de espera‘ son algunas experiencias que percibe el expectante oyente.  Lo mejor de todo es que los discos no hacen justicia a sus conciertos. Este año han girado por una decena de países, llenando auditorios, salas y festivales. El año que viene se lanzarán a tocar en grandes recintos, como estadios olímpicos y palacios de deportes. Siguen siendo ellos. Será otro éxito, seguro. (ÁlvaroEscúchalo en Deezer.

Yung Beef – #Freemolly

Yung Beef

Hubo un tiempo en el que el rap español era una sucesión de ceños fruncidos, como sufriendo de un estreñimiento perpetuo. Una generación entera creció al ritmo de aquel “bombo clap”, de inspiración jazzy y narraciones de vomitonas juveniles. Visto el dramático estancamiento de las figuras de los noventa y dosmiles, el relevo generacional era tan necesario como inevitable. Yung Beef, y, por deferencia, todo el colectivo PXXR GVNG son la punta del iceberg de una nueva concepción del género. En un país en el que el hip hop está tan poco evolucionado como es España, lo que fuera sería simple heterodoxia (beben del reggaeton, del trap, de Lil B, de los Sad Boys, de Lana del Rey) suena como si fuera el descubrimiento de la penicilina o la Revolución Francesa. Y lo mejor es que los hallazgos no lo son sólo a nivel de influencias, lo son en cuanto a brillantez: ‘Amor a Quemarropa’ suena al mismo tiempo descarnada y jovial, en ‘La pasión de Beefie’ el productor, Steve Lean, despliega su virtuosismo con las voces, y así hasta en 10 temas, y si siguen con el ritmo de este último año, serán capaces de sacar 60 así o más al año. Escúchalo aquí(Santi)

Publicidad
Publicidad