11/12/2014

La autora de Are We There, uno de los discos del año, capeó con destreza las carencias de la elegante sala barcelonesa.

La velada estrella de la segunda edición del ciclo de conciertos Musiques Sensibles tuvo anoche como protagonista a la norteamericana Sharon Van Etten, que presentaba de nuevo en Barcelona su cuarto trabajo, Are We There (Jagjaguwar, 2014), –tras su paso por el Primavera Sound 2014– esta vez a cubierto en la sala Foyer del Gran Teatre del Liceu. Un emplazamiento que lo que tiene de elegante y vistoso, lo pierde en cuanto a calidad y profundidad de sonido: una pena teniendo en cuenta las posibilidades musicales de la cita. Nacida en Jersey hace 33 años, Van Etten ha publicado esta primavera su cuarto álbum: un trabajo en el que parece haber culminado un proceso de madurez artística, y con el que ha dado un gran salto de calidad y un paso adelante en lo que respecta a crítica y público. La tarea en esta gira, por tanto, es dura y exigente: estar cada noche a la altura de un disco sobresaliente; y el de ayer no fue precisamente un camino de rosas. Pero Sharon salió airosa de las carencias de la sala tirando de piezas clave de su material, y demostrando lo difícil que es que nos decepcione.

El principal problema de sonido –como ya pasó con Joana Serrat un mes atrás– radicaba en la dificultad de interconexión y de correcto acoplamiento de las diversas capas, teclados y voces, y en la consecuente imposibilidad de apreciar bien el dibujo completo del efecto instrumental. Contratiempo sobre todo acusado en las tempranas ‘Taking Chances‘ y ‘Save Yourself‘, pero que fue a menos a medida que el espectáculo avanzaba. Para cuando sonaron ‘Break Me‘ y ‘Tell Me‘, ya todos habíamos sucumbido a la espontaneidad y cercanía de Sharon, y a esa envoltura de guitarra que acentuaba sus virtudes y silenciaba las carencias. Virtudes como una voz a prueba de bombas, delicada y firme a la vez, o ese encanto natural impregnado en cada nota, a medio camino entre la tradición folkie y su condición humana más introspectiva y urbana. Siempre ha resultado una artista del todo creíble: una pieza de carne, hueso y música; y da gusto ver que, a pesar de la merecida repercusión que ha alcanzado su nombre, no necesita interpretar un papel para ser una estrella sobre el escenario.

Sharon Van Etten

Teloneada por la veterana Marisa Anderson, que ofreció un monólogo –el efecto fue como el de mirar el fuego o el mar– casi etnográfico y mudo sobre el folk, el blues y el country de la América más profunda, Van Etten extendió durante casi hora y media un repertorio en el que no prestó excesiva atención a su última entrega. Sonaron del Are We There, en los primeros compases, ‘Afraid of Nothing‘ y las mencionadas ‘Taking Chances‘ y ‘Break Me‘, además de ‘Tarifa‘ y, más adelante, ‘Your Love Is Killing Me‘; pero donde más sobresalió la de Clinton, New Jersey, fue hacia el final del recital, interpretando precisamente esta última a modo de falso cierre, con extra de carácter y elegancia, y justo antes la inolvidable ‘Don’t Do It‘, genialmente remarcada y con un aire más trascendental y carismático. Previamente se había quedado sola en el escenario, deleitando al público con una versión de ‘Perfect Day‘ de Lou Reed en la que varió ligeramente los tonos originales, y con ‘I Don’t Want To Let You Down‘, un tema inédito descartado para su último álbum pero que verá la luz próximamente como single en vinilo. Rockera de buena cepa.

Sharon-Van-Etten-3

Sharon van Etten, desde luego, ha dejado de ser una artista que se explica por su personal y precoz contacto con TV on the Radio, The Antlers o The National, antes incluso de que su carrera despegase; ni porque ellos mismos la animaran a volar. Nunca fue la justificación de su calidad musical ni de su éxito. Pero cerrando como lo hizo ayer en Barcelona, con dos cuadros tan bien pintados como son ‘Give Out‘ y ‘Serprents‘, uno entiende que lo suyo no es cuestión de himnos de masas ni pódiums en los que erigirse como reina electa: es más bien cosa de palabras bien dichas, de sentimientos fotografiados con la certeza de un maestro experto, y de pequeñas y modestas confidencias que, sin embargo, se quedan bien grabadas en la memoria de quien se molesta en oírlas. Sharon ha elegido y empedrado su propio camino, y aunque le queden muchas plazas por torear con la dificultad añadida de las altas expectativas, ha alcanzado uno de los objetivos más costosos en el mundo de la música: ser una artista que se explica por sí misma.

Sharon Van Etten

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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