21/10/2014

Crónica del descomunal concierto del grupo del año.

Future Islands, ahora mismo, lo tienen todo. Tienen un disco como Singles plagado de hits instantáneos y al mismo tiempo creíbles y duraderos, apoyado por un sello relevante como es 4AD. Tienen una trayectoria sólida forjada en el underground de Baltimore, con un pie en la escena post-punk y otro en el hardcore –siempre, eso sí, sazonado con su pasión por los sintetizadores–, que les hace plenamente merecedores del boom que están viviendo (aunque el desencadenante fuera la ya histórica actuación en el programa de Letterman). No son unos recién llegados abrumados por las circunstancias, vaya. Y, por encima de todo, tienen al mejor frontman del mundo. Samuel T. Herring es una bestia. Un tipo que vive cada canción como si fuera la última de su vida, que se mueve como un predicador puesto de speed en ataques intermitentes de locura, pero que controla exactamente cada movimiento que hace, cada golpe en el pecho, cada patada al aire, cada arrebato a un lado. En el Primavera Sound 2014, este mismo año, empezó el ascenso, y ayer en una sala Razzmatazz que aunque no se llenó sí lució como en las grandes ocasiones, se confirmó: Future Islands son el grupo del año.

De la sala Sidecar a la grande de Razzmatazz. En la pequeña cueva subterránea de la ciudad condal es donde actuaron los de Baltimore hace solo dos años. Anoche multiplicaron el público por diez… y nada les vino grande. Y eso que empezaron poco a poco, con tres canciones iniciales a modo de crescendo para ir calentando motores, arrancando con ‘Give Us The Wind’ de su disco On The Water y rápidamente pasando a reivindicar su celebradísimo Singles con ‘Back In The Tall Grass’ y ‘A Dream Of You And Me’ –trabajo del que a la postre sonarían todas las canciones menos una–. La velocidad de las canciones no es un impedimento para la intensidad de Herring, sin embargo: aunque menos histriónico, en las piezas reposadas el líder indiscutible de la banda sigue desbordando esa pasión que a algunos les parecerá impostada pero que cualquiera que conozca al grupo mínimamente sabrá que es totalmente real. No hay más que verle salir al escenario, yendo de un lado a otro incluso antes de que empiece a sonar la primera nota de la noche, como intentando contener la energía a punto de desbordarle. A su lado, sus compañeros de banda (bajista, teclista y batería; aquí no hay guitarras) quedan absolutamente descargados de toda atención, hasta el punto de que apenas se mueven.

Future Islands Barcelona

Fue con ‘Sun In the Morning’, la cuarta canción de la noche, cuando la comunión colectiva se afianzó definitivamente, con ese estribillo maravilloso que la sala cantó a pleno pulmón. En directo, Future Islands suenan menos amables que en disco: hay más sonidos guturales de Herring, más contundencia rítmica, y la bola de sonido distorsionado que a veces produce la grande de Razzmatazz hasta jugó a favor esta vez. Todo era una bola gigante de euforia, sudor y pasión colectiva. El carisma del frontman se contagia y hace que canciones tanto nuevas como antiguas (‘Walking Through That Door’, ‘Light House’, ‘Balance’) suenen llenas de vida, y que incluso la parte más sosegada del repertorio (con las descomunales ‘Doves’ o ‘Song For Our Grandfathers’) llene de emoción los rincones del recinto por el que pasen. Parecerá exagerado, pero es así.

#FutureIslands tocando la canción del año ayer en @razzmatazzclubs #barcelona

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Para cuando sonaron las primeras notas de ‘Seasons (Waiting On You)’, colocada hábilmente en la recta final, ya no había vuelta atrás. Es indudablemente una de las canciones del año, y la que les ha llevado a la situación en la que están, pero también alegra comprobar que, aunque la celebración fue algo mayor, las más de mil personas que estaban viendo al grupo no estaban allí únicamente por este tema. Porque en Future Islands hay donde rascar, y parece que la inmensa mayoría del público lo ha hecho. Incluso la interpretación del tema por parte del grupo pareció quedar un peldaño por debajo del resto en cuanto a intensidad, quizá de forma inconsciente por todo el revuelo generado por unos movimientos que Herring lleva años haciendo. Da igual: la parte final con uno de sus clásicos, ‘Tin Man’, y el bis con la monumental ‘Spirit’, que acabó de ponerlo todo patas arriba, saciaron la sed de los que todavía querían más. Ovación abrumadora, sonrisa sincera de Herring (por momentos también pareció algo abrumado), y canción de despedida (‘Like The Moon’) que no aparecía en el setlist inicial. La ocasión lo merecía.

Por mucho que lo intentemos, no obstante, nada puede compararse a plantarse delante de este grupo en auténtico estado de gracia. Un concierto de Future Islands hay que vivirlo, y perdonen el tópico. Porque ahora mismo lo tienen todo, y esta alineación de factores es tan poco frecuente que no se puede desaprovechar. Gentes de Madrid, Gijón y San Sebastián, todavía estáis a tiempo.

Future Islands Barcelona

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Foto. Christian Bertrand   Conciertos
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