09/10/2014

15 discos para resumir el tercer trimestre de 2014.

Un trimestre más, llega la recopilación imprescindible para todos aquellos que hayan estado durmiendo durante los últimos tres meses, o no lo suficientemente al día de los nuevos lanzamientos discográficos. Un año, el 2014, que está resultando un tanto extraño, por no decir decepcionante, pero ya se sabe que siempre hay tesoros si uno escarba lo suficiente. En esta ecléctica selección de 15 discos que resumen estos últimos tres meses de año hay espacio para los retornos de leyendas (hola, Leonard Cohen) y de nuevos clásicos (hola, Alt-J), para favoritos de la casa (desde Ty Segall a Beach Beach, pasando por SpoonCymbals Eat Guitars) y para debutantes o casi como Alvvays, Royal Blood, Slow Magic o FKA Twigs. Una selección de las nuestras, en definitiva. Pasen, escuchen, disfruten, y si quieren más, tienen los 15 correspondientes a los trimestres anteriores aquí mismo.

Los mejores discos de enero a marzo de 2014.

Los mejores discos de abril a junio de 2014.

Alt-J – This Is All Yours

Alt-J This Is All Yours

(Infectious/PIAS)

Escúchalo en Deezer.

Con un patrón de lo más similar al que tantas alegrías les dio su debut, Alt-J han vuelto a facturar un álbum con una personalidad apabullante. Lo de la estructura a lo An Awesome Wave en este This Is All Yours se sustenta desde la forma del disco, que de nuevo empieza con una ‘Intro‘, que merece el estatus de tema al uso y no tan solo como preludio. De hecho en la versión de este año, es de lo más destacable y supone una bienvenida al disco que promete por encima de lo que después nos encontramos. Sigue la secuela repetitiva de formato con la función de los fascículos ‘Nara‘, antes como ‘Interludes’ 1, 2 y 3, ahora con ‘Arrival in Nara‘, la misma ‘Nara‘ y ‘Leaving Nara‘, o por supuesto la continuación de ‘Bloodfood‘, ahora con la entrega de la parte II. De nuevo aquí, con más peso argumental. Esto por lo que refiere al modelaje. En cuanto al fondo, puede que les haya servido para escarbar algo más en eso que tuvimos que llamar “avant-popfolk” o la tontería de turno que fuera para acercarnos a etiquetar con gracia lo que Alt-J prácticamente inventaron. Los coros de folk de montaña, los arreglos pop más sofisticados, la dicción a ratos de R’n’B y la facilidad de enganchar al público masivo con temas incontestables como ‘Hunger of the Pine‘ (Miley Cyrus mediante) o ‘The Gospel of the Hurt‘. No es tan excelso como ese debut, pero sí mantiene el frescor, lo directo, la profundidad y las tremendas posibilidades de crecer y madurar como disco a lo largo de las escuchas. Aún más afianzados, si cabe. (Jordi)

Alvvays – Alvvays

Alvvays

(Transgressive)

Escúchalo en Deezer.

Al hype de esta gente da gusto sumarse. Lo suyo es tan natural que ni siquiera casa con tan sobado anglicismo. Hasta el truquito ortográfico de su nombre (esa uve doble literal) parece desentonar con su propuesta, honesta, transparente y nada pretenciosa. Alvvays no exigen imposturas, esfuerzos o interpretaciones. Lo que se ve es lo que hay; lo que hay puede enamorar a cualquiera con la misma facilidad con la que el quinteto canadiense despliega los poco más de treinta minutos de su encantador debut, que discurre entre lo británico y lo norteamericano. Entre la infinita resaca C-86 y la tradición surf californiana. Se publicó a mitad de julio, como señal inequívoca de que hablamos de un disco para el verano. Para vivirlo (‘Adult Diversion‘, ‘Next of Skin‘) o añorarlo (‘Party Police‘, ‘Red Planet‘), según corresponda. Ahora toca lo segundo, pero el asunto se sobrelleva bastante mejor gracias a estas nueve canciones con pinta de maqueta. Dicho en el mejor de los sentidos: Alvvays, el LP, suena encantadoramente destartalado. Lo recubre un aura ingenuo y fresco que es, a la vez, su mayor virtud y su más traicionero lastre. Y es que no serán pocos los que, seducidos por coartadas más pomposas, tendrán la tentación de infravalorar un álbum que pasa volando. Harían mal en caer en ella: lo de Alvvays es algo muy serio, aunque no lo parezca. (Víctor)

Beach Beach – The Sea

Beach Beach The Sea

(La Castanya)

Escúchalo en Deezer.

El mar. Pocos títulos más sencillos, universales y acertados encontrarán para un disco como el segundo de Beach Beach. The Sea. Para un grupo llamado Playa Playa, procedente en parte de las Islas Baleares, nada podía encajar mejor. Y las 12 exhalaciones en forma de canciones que se incluyen en este nuevo álbum justifican plenamente el nombre. Aunque irónicamente se haya publicado dos días después del inicio del otoño, este es un disco de verano, de melodías despreocupadas en apariencia pero tan certeras que no podrás dejar de tararearlas. Siguen teniendo ese aroma a revival C-86 que desprendía su debut Tasteless Peace, pero el hecho de que el dúo formado por Pau Riutort y Tomeu Mulet haya pasado a ser un cuarteto (con la ayuda de Lluís Cabot a la guitarra y de Àngel Garau a la batería) se hace patente en la instrumentación, más rica y trabajada, más indie rock noventero por decirlo de alguna forma. De hecho, las melodías instrumentales cobran tanta fuerza que el disco se abre con una de ellas (‘Friendly‘), y destacan especialmente los ritmos sincopados de los hits ‘A Weak Song‘, ‘White Clothes‘ o ‘Narrow Fingers‘; tanto que si algo hay que achacarles a las nuevas canciones de Beach Beach es que a nivel vocal no hayan dado el mismo salto que a nivel instrumental. No es un inconveniente determinante, de todas formas: pedazos de felicidad gloriosos como ‘Just Like Before‘, ‘Fishbowl‘ o ‘No Joy, No Drama‘ son incontestables, y tienen el poder de trasladarnos como si de una máquina se tratara hasta tiempos mejores. (Aleix)

Cymbals Eat Guitars – LOSE

Cymbals Ear Guitars Lose

(Barsuk/Tough Love)

Escúchalo en Deezer.

Una de esas bandas claramente mimadas por el indiespoterismo y por este redactor en particular, al que le mata el cantar limítrofe de Joseph D’Agostino y esos inopinados empujones guitarreos que se marcan como sin venir a cuento. Tienen una predilección extraña los neoyorquinos por abrir con lo extenso. Lo hicieron en su debut con la magnífica ‘…And The Hazy Sea’ (6:15), repitieron estrategia hace tres años con ‘Rifle Eyesight’ (8:32) y vuelven a hacerlo esta vez con ‘Jackson‘ (6:14), que probablemente es la mejor opener que han firmado hasta la fecha. Y eso es mucho decir. Pero es que lo tiene todo: melodías de pop azucarado, inteligente arquitectura de pausas y explosiones, y un final de absoluto escándalo con desgarro guitarril y épica lirico-vocal (“I don’t wanna die!!”). Vamos, empiezan dejando el listón altísimo. Han sido tres años de espera para nueve canciones y aquí no hay apenas paja. ‘Warning‘, urgente y poderosa, repite la estrategia de pausas, furia y pop, ‘Xr’ descoloca en un arranque más propio de Erza Furman y deja dos minutos que podrían haber firmado (ojalá, diría) Titus Andronicus. ‘Child Bride’ se aferra el indie en un alarde de sentimentalismo casi sensiblero que, a pesar de todo, funciona; ‘Chambers’ arranca con un whoo! y una estética como de Roxete que en seguida remonta y acaba brillando; y el disco se cierra a la altura de la apertura con una brutal ‘2 Hip Soul’ que tiene uno de esos punteos que levantan del asiento cada vez. Entre medias, temas de cocción más lenta de los que hacen que el disco soporte las escuchas. (Daniel)

Dotore – Variaciones

Dotore Variaciones

(Sones)

Escúchalo en Deezer.

Me he acercado a Dotore con este disco. De entrada dejemos claro que no hay bagaje previo, y, en realidad, para contar lo que transmite este disco, no hace falta echar la vista atrás. Así lo considera él, y así lo consideramos al haber observado ese pasado más acústico y de cantautor nacional por definición. Este Variaciones se viene presentando desde hace más de un año, con el single ‘Balinesa‘ rodando desde noviembre de 2013, y es un auténtico zambullido a un paraje de confort y un balneario de bienestar. Puede que sus letras hablen de amores que se recomponen (‘Sol nuevo‘) o de los que se separan con largas distancias en ese lejano single ya mencionado. Pero fluye y se acomoda en el corazón con sintes, teclados y percusiones de seda, huyendo de la estridencia y cantando a la rutina con un acierto y una empatía que  –¡sí, joder!– hacen sonreír. ‘El filo de los días tranquilos‘, ‘Primavera‘ y la grandiosa ‘Deprisa‘. Un retrato de estos días de pisos de alquiler con pareja en los que, o te agarras a ser feliz con pocas cosas o te vas al traste con el ritmo ajetreado impuesto. “Hoy me despertado contento, y tú te has despertado contenta, y ya no voy a hablar del tiempo ni de las cosas que han pasado en medio”. Gracias, Dotore, todos curados o un poquio mejor ya de lo nuestro. (Jordi)

FKA Twigs – LP1

FKA Twigs LP!

(Young Turks)

Escúchalo en Deezer.

Lo de Tahliah Barnett se veía venir. Puede ser más o menos discutible que haya colmado las expectativas, pero de lo que no hay duda es de su capacidad para generarlas. Con dos EPs a sus espaldas y canciones tan hipnóticas como ‘Water Me’ o de la intensidad de ‘Ache’, la británica materializaba su deseo de dejar de bailotear alrededor de Kylie Minogue y cimentar su carrera en solitario. Su LP1 confirma la línea que venía marcando en sus anteriores trabajos, cargada de bajos trip-hop, acompañados de una descarada sensualidad que a veces, como en la estupenda ‘Two Weeks’, roza la sexualidad, y con su virtuosismo vocal como punta de lanza. Otra de los aciertos de FKA Twigs es la elección de los arquitectos para que su primer largo tenga una producción impoluta. Entre ellos está Dev Hynes, que trabajó en el celebérrimo Lungs de Florence + The Machine o en el Tapes de Foals, o Paul Epworth, que puede estar un día al lado de The Horrors y al siguiente al de Paul McCartney. El resultado es un disco de pulsaciones bajas, con los matices pop de ‘Video Girl’ o la preciosa ‘Give Up’, las atmósferas oníricas de ‘Closer’ y los ecos de The Weeknd o James Blake. No hay que buscar emociones fuertes en este trabajo, basta con mecerse en las confortables cuerdas vocales de Tahliah y perderse en sus seductoras demandas. (Carlos)

Karen O – Crush Songs

Karen O Crush Songs

(Cult)

Escúchalo en Deezer.

La buena de Karen O se ha tomado lo de ‘menos es más’ a rajatabla en el que supone su debut en solitario. Crush Songs no debe tomarse como un disco al uso, sino como una pequeña pieza de emoción desbordada, de canciones de (des)amor de menos de dos minutos que evocan otras épocas. Ella misma explica que la mayoría de ellas fueron escritas cuando estaba al final de la veintena y “no estaba segura” de si se volvería a enamorar de nuevo. Crush Songs conmueve por su sencillez, por su falta absoluta de pretensiones e incluso de rigor. Sí, suenan como si fueran demos. Sí, apenas están vestidas por una guitarra acústica rugosa, destartalada, y la voz susurrada de una Karen que se estrena de esta forma en las distancias más cortas. El disco pasa como un suspiro, casi sin darse cuenta, y básicamente viene a demostrar que a veces no hace falta nada más: joyas como ‘Day Go By‘, ‘Rapt‘, ‘Ooo‘ o ‘Comes The Night‘, que más que canciones son pequeños lamentos, diminutas puertas abiertas a recuerdos de (des)amor de una Karen Lee Orzolek que se despoja de todo lo innecesario: cuatro acordes, un susurro y (el recuerdo de) un corazón roto. ¿Para qué más? (Aleix)

Leonard Cohen – Popular Problems

Leonard Cohen Popular Problems

(Columbia)

Escúchalo en Deezer.

La edad provecta no es siempre sinónimo de decadencia. Leonard Cohen cuenta 80 primaveras recién cumplidas y eso no es óbice para que atraviese una de las mejores épocas de su carrera. Sin haber sido especialmente prolífico en su vertiente musical, que ha combinado con la literaria, su magisterio ha sentado cátedra. Casi 50 años después de su primera ‘Suzanne’ y tras haber pasado épocas sintéticas e igual de triunfales, entre las que está la excelente ‘First We Take Manhattan’, su trabajo sigue teniendo el mismo vigor. El decimotercer disco de estudio del canadiense es una continuación de su anterior Old Ideas. En Popular Problems el poeta canadiense habla de sus concepciones existenciales, del amor o de las proféticas divinidades. Son nueve canciones abrumadoras en las que todo está al servicio de Cohen. El piano de la descomunal ‘Almost Like a Blues’, los vestigios folk de ‘Did I Ever Love You’ o los coros góspel de ‘Born in Chains’ mantienen la prodigiosa elegancia alrededor de la cavernosa voz que se impone como indudable protagonista de un disco que ha vuelto a producir Patrick Leonard, responsable de trabajos de Madonna o Bryan Ferry. En la hemeroteca están las crónicas de sus últimas giras que describen la divina clase de alguien que se antoja irrepetible. Y para el que no lo crea, que atienda y disfrute de algo más de media hora de un genio que ha vuelto a corroborar su condición con una irrebatible obra maestra. (Carlos)

Perfume Genius – Too Bright

Perfume Genius Too Bright

(Matador)

Escúchalo en Deezer.

El flujo incesante de novedades discográficas al que (gracias a Dios por otra parte) tenemos acceso a día de hoy, entre carteles de neón que nos anuncian el “nuevo disco en streaming” de Menganito y la última versión que Arcade Fire han hecho de Deviot en algún festival del Canadá, lleva muchas veces a convertir el acto del descubrimiento musical en una especie de hilo musical donde cazar al vuelo alguna melodía, algún gancho aquí o allá, de puñetera casualidad. Mike Hadreas parece decidido a hacer una música tan poco arisca como extremadamente susceptible de pasar desapercibida. Pero Dios le ha dado la capacidad de hacer algo bello de sus propias neurosis. Sus canciones suenan a entradas de diario postadolescente, de blog secreto donde vomitar miedos y frustraciones. Partiendo de mínimos (armónicos, sonoros, e incluso líricos) consigue depurar su propia forma de componer. Es un disco intensito, difícil de tragar si sólo se busca un momento agradable (incluso tiene sus momentos desasosegantes, como la tensa ‘My Body’) pero al mismo tiempo suena extrañamente familiar. Al fin y al cabo es un disco que sale de un proceso de catarsis personal, de un sentarse frente al teclado y escupir versos tristes, que diría algún rapero cursi. Hadreas se muerde las uñas, pelea con si mismo (“The fact that I’m trapped / In this body“, nos dice en la tristísima ‘Don’t Let Them In‘) y su circunstancia, como en la que posiblemente sea la mejor canción del lote, ‘Queen‘. Para disfrutar del disco hace falta cogerlo de la mano y taparse la nariz ante los excesos del pop de dormitorio más sincero. Hace falta querer quererlo. Compensa. (Santi)

Royal Blood – Royal Blood

Royal Blood

(Warner)

Escúchalo en Deezer.

Todos vivimos aquella época como un sueño. ¿Se acuerdan de alrededor del 2006, año arriba año abajo? Cuando había gente que tomaba en serio la NME, cuando salía un grupo de guitarras salvador del rock cada 25 minutos. Los chicos de Royal Blood tienen un pie en Aquellos Locos Años y otro en el riff como objeto de devoción. Mezclan la búsqueda frenética del hit guitarrero (aunque estrictamente no tengan una, sino que tiran de combinación bajo-batería) con toques de stoner ligerito y sexuado (la inevitable influencia de los Arctic Monkeys, dueños y señores de las islas británicas a día de hoy). Y un ojo puesto en la épica del rock de estadio. Apreciarlos es casi un acto de fe, de quitarse los miedos y de aplaudir a unos chavales que son hijos bastardos del rock de provincias y del Origin of Symmetry de Muse. Y es que suenan voluntariamente anacrónicos, como si se hubieran quedado encerrados en un menú del FIFA de hace seis o siete años. Ya han sido apadrinados por medio star system rockero, que, necesitado de prolongar la agonía de los sonidos que ellos inventaron años ha (saludos desde aquí a Lars Ulrich) buscan herederos. Lo mejor que se puede decir es que Royal Blood son de lo más convincente que se puede encontrar a día de hoy en esas latitudes estilísticas. (Santi)

Slow Magic – How To Run Away

Slow Magic

(Downtown Records)

Slow Magic, tan conocido por algunos desde hace 2 años y tan inesperado por muchos en este 2014. Los que más familiarizados están con él son los seguidores de Gold Panda, Washed Out y todo lo que la chillwave reventó en forma de melodías vaporosas en 2011; los nuevos, los que han hecho una mixtape este verano y no han podido dejar fuera de ella ‘Girls‘, uno de los temas de la temporada. El productor que se describe como “la música que haría tu amigo imaginario” sigue sin revelar identidad, pero esta vez,la notoriedad de su producto ya no tiene en su estética, aún importante (tribal, de imaginario de purpurina, galaxias, fantasía onírica), su mayor baza, sino en un disco de baile de lo más luminoso. ‘Girls‘ no necesita de más descripción, pero por si ayuda, es una avalancha de de percusiones acertadas con una voz pitcheada adictiva y dulce. Pero también cuenta con ‘Let U Go‘, suave y ecos de R’n’B, la inicial ‘Still Life‘, donde se amaga a lo Sohn para terminar en cascada de colores. Así es también ‘Hold Still‘, que funciona como segunda parte de esa intro. Por el camino, sampling, beats cargados en los bajos, crescendos bien trabajados y un desparrame de energía. Tras un primer disco de ensayo, este debe de ser el pilar sobre el que Slow Magic crezca hasta acariciar el espacio y los astros que siempre dibuja en su artwork. (Jordi)

Spoon – They Want My Soul

Spoon They Want My Soul

(Loma Vista/PIAS)

Escúchalo en Deezer.

Aunque suene extraño, a Spoon, fieles esposos del notable y amantes ocasionales del sobresaliente, les convendría hacer un mal disco un día de estos. Sólo así, quizás, su inmaculada trayectoria sería calibrada justamente. Desde 1996 llevan malacostumbrándonos Britt Daniel y compañía, a los que ni siquiera un parón de cuatro años (el magnífico Transference data de 2010) les ha hecho perder el toque. Más bien, todo lo contrario. Es como si Spoon hubieran aprovechado el ciclo olímpico para doparse hasta las cejas y regresar más rápidos, más altos y más fuertes con They Want My Soul, un trabajo tan coherente como diverso (de lo cósmico de ‘Outlier‘ a lo arenoso de ‘I Just Don’t Understand‘). La versión 8.0 de los texanos incluye los mismos ganchos de siempre (sencillez en las formas, gusto por los sonidos negroides, producción disimulada, esa dicción como resacosa de Daniel), pero también alguna actualización que sólo suma: los elementos sintéticos nunca habían tenido tanto peso en sus anteriores entregas. Son estos, además, los Spoon más luminosos y directos. Siguen muy alejados de lo obvio, pero no se esconden si el cuerpo les pide dejarse de rodeos y ser instantáneos. ¿O acaso el súper single ‘Do You‘ no es un estribillo en sí mismo desde el primer segundo? Y lo mismo podría decirse de ‘New York Kiss‘, el glorioso cierre de un álbum que para muchos sería un milagro y para ellos es casi rutina. (Víctor)

The Drums – Encyclopedia

The Drums Encyclopedia

(Music As Usual)

Escúchalo en Deezer.

Es complicado mirar a los ojos de The Drums y saber qué hay de imposta, qué de verdad. A primera vista, el ahora otra vez dúo parece no dejar un detalle al azar: flequillito perfectamente colocado, pantalones estrechos, zapatos y bomber, todo combinado debidamente. La pareja ha dado siempre la impresión de ser perfecta y modélica, las popstars que cualquier chaval que monta un grupito querría ser. Pero nada más lejos de la realidad. Más allá de la apariencia, mirar a Jonny Pierce y Jacob Graham es mirar a dos chavales frustrados e inseguros, quizá aún desubicados por el tremendo éxito que supuso ‘Let’s Go Surfing‘ y su debut. A partir de ahí, como les pasara a MGMT, han ido endureciendo su propuesta y alejándola del público masivo, quién sabe si como mecanismo de autodefensa. Por ahí van los tiros de ‘Magic Mountain‘, primer, desconcertante y, a la postre, efectivo single de su tercer disco: “Inside my magic mountain, we don’t have to be with them“, canta Pierce en tono esquizofrénico, rodeado de sintes abrasivos, parones y arreones de enloquecimiento. Y aunque el patrón estilístico no se termina de repetir, el lírico sí que sienta precedente: desde su montaña, The Drums se muestran más frustrados (“I wanted to love you but in my heart there is nothing left” en ‘There’s Nothing Left‘), más enfadados (“I saw the face of God, he told me how to live, i threw it back at him” en ‘Face Of God‘), más aislados (“I don’t wanna die alone in the campfire” en ‘US National Park‘) y más desesperados que nunca (“I never thought I wanna die but I was looking for a gun” en ‘I Hope Time…‘). Todo este personalísimo mejunje de emociones y pensamientos respira en un Encyclopedia que, si bien no es brillantísimo, sí que es capaz de transmitir lo que se propone, mostrar al grupo como ellos siempre han deseado (dicen que es el disco de sus sueños) y reunir un buen conjunto de canciones. Más allá de todo esto, The Drums fabrican un disco variado estilísticamente en el que se sueltan, quitan prejuicios y vuelven a utilizar los sintes como elemento de cohesión, sea a través de los medios tiempos (‘I Can’t Pretend‘, ‘I Hope Time Doesn’t Change Him‘) o la balada (las preciosas ‘Wild Geese‘ o ‘US National Park‘, quizá el vestido que mejor lucen). Pero que tampoco se preocupen los fans de los primeros Drums: en ‘Kiss Me Again‘, ‘Deep In My Heart‘ o ‘There’s Nothing Left‘ mantienen las pulsaciones y las guitarras para completar un trabajo interesante, maduro sin caer en el aburrimiento y al que conviene dar unas cuantas vueltas. (Sónida Collective)

Ty Segall – Manipulator

Ty Segall Manipulator

(Drag City)

Joder, qué bien me lo paso cada vez que este muchacho saca disco. Ty Segall, la máquina de crear. Ty Segall, la máquina de grabar. Sólo, con banda, en dueto. Haciendo psicodelia, punk, folk. Lo mismo le da que le da lo mismo. Siempre ofrece, siempre da. Esta vez otro disco de los de comprar en plástico y dejar que el tiempo curta. Manipilator es la enésima demostración de soberanía del sanfranciscano: 17 canciones en 55 minutos en las que toca prácticamente todo lo que suena y desde luego firma todo lo que vibra. Abre la que bautiza con un homenaje poco disimulado al temón de los Stooges, retoma glamberra la genial ‘Tall Man Skinny Lady’, escampa en la bonita ‘The Singer’, revienta en la furiosa ‘It’s Over’ y desemboca en ‘Feel’, alegato rock con alma de hit y batucada central (¿?) . Cinco temas y todas las cartas de Ty sobre la mesa: melodía, gusto y toneladas de sabrosos guitarreos en todas sus formas posibles. Todos con ese bendito sabor a puchero de barro en horno de piedra que da la grabación en cinta. Un sonido graso como lechal de pueblo castellano (esa guitarra de ‘The Crawler‘, el punteo glorioso de ‘The Hand‘): proteína rica que se deshace en los oídos. Se nota aquí el mimo y la falta de prisas. El proceso de creación ha durado más de un año (algo excepcional en su discografía) y, sin perder el grano, todo suena más en su sitio. A partir del segundo tercio el álbum todo se abrevia y florecen píldoras de menos de tres minutos como ‘Green Belly‘, la calámbrica ‘The Connection Man‘ o la heterodoxa ‘Mister Main‘, una de esas en las que Ty hace un poco lo que le da la gana. Por eso mismo quizás este disco no es perfecto y ciertamente hay canciones descartables, pero no esperábamos de Ty el disco del año. Nos conformamos con verle construir, de notable en notable, una de esas discografías que probablemente adoremos el día de mañana. (Daniel)

White Fence – For The Recently Found Innocent

White Fence

(Drag City)

Desde 2010, el angelino Tim Presley lleva regalando al mundo un disco por año, si no son a veces dos (en 2012 lanzó dos volúmenes de Family Perfume en solitario y Hair junto a Ty Segall), bajo el sobrenombre de White Fence. El asunto, más que parecer una manía o responder a cierto perfil metódico, tiene que ver con los medios y las herramientas: Presley se encargaba de todo el proceso de grabación desde su casa, grabando con cintas caseras de cuatro pistas y bañando sus canciones de un ambiente lo-fi inconfundible. Sin embargo, para For The Recently Found Innocent, su quinto trabajo, Presley decidió salir de su guarida, coger sus bártulos y llevárselos al garaje de… Ty Segall. La pequeña mudanza, no obstante, muestra a los White Fence más académicos, arreglados y jerárquicos de su carrera. En For The Recently Found Innocent todo parece estar perfectamente ordenado y pensado como una montaña rusa. White Fence ataca con picotazos de fuzz y garaje trasnochado para luego lucir la bandera de un psych pop remendado por inspiración folkie y de los nuggets. Por encima de todo brilla ‘Like That‘, un hit atemporal que se acerca a los Kinks y luce impoluto entre un ritmo constante y una melodía poppie en la que Presley cambia de tono y acento. Pero más allá de eso, lo justo es decir que White Fence ha fabricado un disco de canciones que activan el botón de instant classic. Las hay de todos los colores: desde la rockeras ‘Wolf Gets Ret Faced‘ o ‘Arrow Man‘ (ese recurso del final cambiando el tempo es crema) pasando por las folkies ‘Sandra‘ o ‘Goodbye Law‘ hasta la muy Segall ‘The Light‘ y las estructuras de pop clasicista de ‘Hard Water‘ o ‘Like That‘. En todas ellas, Presley se destapa como un compositor en estado de gracia, brillantísimo en las melodías y hábil en los arreglos a las cuerdas de su guitarra. Y más importante: todo sucede con la sensación de que cada día podría elegir una nueva canción favorita de este disco. (Sónida Collective)

Publicidad
Publicidad