10/08/2014

Algunas consideraciones sobre el auge del formato clásico a raíz del ex-The White Stripes.

Además de componer una música de raíces, al bueno de Jack White también le va eso del clasicismo en los formatos. Solo así se explica que su último álbum Lazaretto se haya convertido con 60.000 copias en el vinilo más vendido en un mismo año de los últimos 20 (según Billboard), superando al Vitalogy de Pearl Jam de 1994. El ex-The White Stripes también superó un reto en abril, el de grabar y poner a la venta un acetato en un tiempo récord. Tardó 3 horas 55 minutos y 21 segundos desde que entró en su estudio a grabar la canción que da nombre a su reciente trabajo hasta que un siete pulgadas estaba a la venta.

Se podría decir que White se ha convertido en impulsor del formato clásico pero también que está aprovechando el tirón que este está teniendo en los últimos años. Las ventas alcanzaron el pasado año en Estados Unidos un récord de 6,1 millones de copias, lo que representa un 33% más respecto al año anterior, una tendencia que se viene observando desde 2008. Se pueden buscar explicaciones varias, aunque el fetichismo quizá sea la principal. Por supuesto, lo que queda claro revisando las portadas de los años 60 y 70, como la de In The Court Of The Crimson King de King Crimson o la del Aqualung de Jethro Tull es que el cambio al CD o la era digital no ha hecho más que depreciar este arte.

Lo que sí parece claro, atendiendo a las cifras, es que el género por antonomasia que los melómanos reclaman en vinilo sigue siendo el rock. Arctic Monkeys, Beck y The Black Keys siguen a White en la lista de los más vendidos de este año, en la que también se cuelan clásicos como Bob Marley o The Beatles.

Jack White Lazaretto

Lo que puede parecer una ventaja para los coleccionistas o fetichistas se puede también transformar en inconveniente para los pequeños distribuidores. Estados Unidos tiene el problema de que las fábricas actuales en el país quizá no puedan atender toda la demanda si esta sigue creciendo. Este inconveniente se traslada a nuestro continente. En Europa la principal fábrica está en la República Checa, donde muchos sellos independientes españoles hacen sus peticiones. Pero solo hacen falta unos pocos centenares de copias para que la empresa se colapse.

El periodista Diego Manrique ha mantenido alguna vez que el cambio al CD fue un timo de la industria: un formato mucho más barato de fabricar se vendía a un precio mucho más caro. Es otro de los problemas o ventajas, según se mire, que tiene el vinilo. Mientras que el digital solo necesita una mera copia para duplicarse, el proceso de elaboración del acetato es mucho más complejo y la reproducción no siempre es exacta.

En España, según Promusicae, las ventas de música han crecido un 6,2% en el primer semestre de 2014. En CD y otros soportes tangibles se ha producido un incremento del 6,5% con respecto al año anterior, con un total de 32,1 millones de copias. La perspectiva deja de ser optimista si se tiene en cuenta que el volumen de negocio ha caído un 80% en los últimos años. Pero dejando guarismos aparte, es innegable que en la era digital, los formatos más clásicos pueden reclamar su vigencia. Por un lado, escuchar a Elvis Presley, Hank Williams o Buddy Holly sin el ruido de la aguja resulta casi un sacrilegio. Por el otro, la pantalla de un ordenador y el trasvase de bits no supera la magia de desenvolver un vinilo, posarlo en el tocadiscos y disfrutar mientras se escucha la música de esas pequeñas obras de arte que pueden llegar a ser las portadas.

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