28/07/2014

Hablamos con el grupo madrileño acerca de 'La deriva', un resbaladizo disco lleno de claroscuros.

Plácidamente colocados en mitad de la vorágine, y siguiendo sus propias reglas del juego, Vetusta Morla podrían parecer aletargados, ensimismados o remilgados. Y la verdad es que no. Son una máquina perfectamente organizada, que planifica sin descanso, que establece rutinas, que articula un proyecto. Y que, en última y primera instancia, crea. La Deriva es el nombre de su último disco, publicado en abril y que, sonando indudablemente a ellos, deja ligeramente de lado los jugueteos melódicos y ambientales y abre paso a los ritmos pseudo-marciales (‘La Deriva’), las pulsiones (‘¡Alto!’) y las letras cristalinamente desencantadas (‘Golpe maestro’), en clara alineación con el Zeitgeist del indie nacional contemporáneo. Después de la tormenta promocional, y en medio del oleaje festivalero (esta misma semana estarán en el Santander Music 2014, junto a 2manydjs, Love of Lesbian e Iván Ferreiro, entre otros; y en septiembre llegarán al Dcode 2014), charlamos brevemente con Álvaro Baglietto, bajista, sobre las coordenadas exactas de su deriva particular.

Estáis en medio de una gira que está recorriendo España entera, y después Francia, Reino Unido, Latinoamérica… ¿Cómo lleváis la vorágine?
Álvaro Baglietto: “Somos muy afortunados. Hemos vendido la mayoría de las entradas antes de sacar el disco, y eso supone más ganas todavía de querer hacerlo bien. Nuestro objetivo es devolver el testigo a toda la gente que nos ha apoyado, y también disfrutar y transmitir energía y esperanza. El artista tiene que transmitir esto, y en este sentido el concierto es como un ritual mágico”.

Han pasado casi cuatro meses desde que se publicó La Deriva. Ahora que se han calmado los ánimos promocionales, ¿habéis tenido tiempo para reflexionar sobre el disco? ¿Era lo que queríais hacer?
“No hemos reflexionado al uso. Cuando acabó la grabación ya estábamos satisfechos, y esa sensación no hay quien te la quite por muchas críticas que recibas”.

Pero quizá a medida que tocáis las canciones en directo es más fácil contrastar cómo han quedado congeladas en el disco a cómo evolucionan después. De hecho, creo que, por lo general, vuestros discos no hacen justicia a los conciertos que hacéis.
“Bueno, pero los discos nunca fueron destinados a ser un directo”.

Evidentemente. Y está bien que seáis mejor en directo que en disco.
“Un disco es otra cosa, no es lo mismo. Es ponerte una canción que ha sido grabada en un estudio. Desde luego, siempre tendremos tiempo para hacerlo mucho mejor. Por su parte, el directo es un espectáculo de luces, un show. Una experiencia total. Hemos notado que las canciones de La Deriva encajan perfectamente con el resto de canciones del repertorio. Ya no nos centramos en un solo disco, sino que creamos un espectáculo con sentido propio”.

Entre grabar discos y girar, ¿cómo os repartís el tiempo?
Toda la preparación de La Deriva ha llevado nueve meses. Encajar la grabación, el arte, la iluminación que va acorde, las fotografías… Pero le dedicamos más tiempo a la gira, desde luego”.

Tardasteis en enfocar conceptualmente Mapas. ¿Ha sido más fácil hacerlo con La Deriva?
Sí, mucho más. Mapas nos puso en una situación nueva: de pronto, nos dedicábamos a hacer giras y canciones. Estuvimos un año divagando, decidiendo para dónde tirar. Terminamos treinta canciones mientras tanto, de las que se quedaron como definitivas una docena. Cada canción de Mapas tenía diferente ubicación. Por su parte, La Deriva tenía un concepto a priori. Compartíamos esa sensación de deriva social, política, sentimental, y queríamos contarlo. No es un disco conceptual, no lleva una narración, pero todas las canciones se apoyan en un mismo concepto”.

Echando la vista atrás, ¿subió demasiado rápido Un día en el mundo? ¿Fue un impacto muy súbito?
“Para nada. Me ha gustado cómo ha sucedido todo. En su momento, cuando llegamos ahí, estábamos preparados, llevábamos muchos años trabajando. De ahí hasta ahora, seguimos disfrutándolo”.

¿Habéis logrado estabilizar el vuelo? ¿A dónde está yendo Vetusta Morla?
“Llevo muy mal los conceptos de subir o bajar. El arte no se mueve en esos parámetros. Es sólo un cúmulo de sensaciones. En lo que a nosotros concierne, según crecemos vamos notando que hacemos diferentes cosas. Tenemos unas ganas, una necesidad vital de ir evolucionando. Cambiamos porque debemos cambiar, pero no puedo valorar si es a mejor o peor. Lo único que podemos hacer es ser honestos con nosotros mismos. Hasta ahí llega nuestro análisis”.

Lo digo porque hay un sector de vuestro público, algo melancólico, que ante cada lanzamiento vuestro se queja, diciendo que se ha perdido la frescura, que todas las canciones son la misma… ¿Tenéis en cuenta lo que se dice de vuestro trabajo?
“No, ni siquiera lo sabía. De lo único de lo que me he dado cuenta es de que hay mucha gente que lamenta canciones que no tocamos en los conciertos. No tenemos en cuenta lo que la gente quiere de nosotros. Y no es por falta de respeto hacia ellos, al contrario: es por respeto hacia nosotros mismos. Creo que no es positivo entrar en el juego de leer en prensa o en redes sociales para buscar lo que se espera de Vetusta Morla. No somos así”.

Os vi en el concierto que disteis en el auditorio Kursaal, en San Sebastián. Me llamó la atención que detrás de mí había un par de niños. ¿Os gusta que se aproximen a vuestra música?
“Para nosotros es algo fundamental, desde el principio. No encontramos la manera de encajarlo. Nos parece necesario. Yo recuerdo ir a conciertos desde los quince años. Ahora, las prohibiciones impiden el acceso a niños. Los auditorios son perfectos, porque no venden alcohol y son los únicos recintos que permiten la entrada a menores. Hemos planteado muchos conciertos para niños que no salen al final por impedimentos legales. Es una deuda pendiente que tenemos muy dentro. Queremos que los niños se acerquen a nosotros (risas). Tenemos un proyecto pendiente en esta línea. Nos parece que un país tiene que estar nutrido de cultura y educación. La aportación que nosotros podríamos hacer sería desde lo musical, y de ahí lograr que se enganchen al arte”.

¿Adónde os va a llevar La Deriva? ¿Cuál será el próximo puerto desde el que zarpar?
“En el contexto lírico, no se sabe cuál será el siguiente punto. Sobre la práctica real, vamos a estar girando todo este año, y buena parte del que viene, quizá hasta otoño. Nos va a llevar a un montón de experiencias y de recuerdos imborrables, igual que las dos giras anteriores. Lo que pase después de ahí, es algo que nos preguntamos siempre al terminar cada gira. Nos dejamos llevar mucho, no tenemos una mentalidad germana que controle todo nuestro trabajo. En ese sentido, este proyecto puede durar mil años o terminar en el momento en que lo consideremos oportuno. Tenemos una gira programada que sí se va a hacer, y no sabemos más allá de ahí”.

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Foto. Jerónimo Álvarez   Entrevistas
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