18/07/2014

Crónica de la primera jornada del festival, encabezada por Tinie Tempah, James, Klaxons, Ellie Goulding...

Al pasearse por los alrededores del recinto del FIB 2014, sufriendo los embistes del calor del Levante y a los ingleses de entrañable color gamba, uno se da cuenta de que ha llegado el momento deseado por jóvenes de todo el globo: la hora del festival de verano, el “truly detestable summer festival” sobre el que cantaba Edwyn Collins. El FIB fue el primero de su especie en nuestro país. Fue el centro de apoteosis veraniega para aquella generación de Los Planetas, DJ Sideral y El País de las Tentaciones. Pero la identidad del festival fue cambiando con los años: lo que era la celebración del indie pasó a convertirse en uno más de los festivales británicos, el que aseguraba playa, paellas baratas y buen tiempo junto a una programación similar a la que uno puede toparse, en, por ejemplo, el T in the Park. Comentan los lugareños y habituales que el número de españoles es cada año más reducido, que el porcentaje de británicos crece y no para de crecer. El FIB se ha convertido en una especie de isla, como Magaluf. Si uno no tiene miedo a los excesos etílicos, colores sonrosados y curiosos estilismos que los británicos nos traen puede hacer una inmersión en su experiencia del festival, que es muy entusiasta: en una jornada tan a priori desangelada como la del jueves, el público mostró un gran entusiasmo.

James eran el gran reclamo de la jornada para los fibers más veteranos. Habían sido cabezas de cartel hace nada menos que trece años, con lo que podría decirse que forman parte de lo que la dirección del festival considera “un homenaje a sus 20 años de existencia“. Son un grupo realmente curioso, que ha convivido con muchas de las escenas que han triunfado en las Islas Británicas (madchester, brit pop…) pero siempre ha escapado de las etiquetas: sus éxitos (moderados y espaciados en el tiempo) se basan en un pop expansivo y alegre. En el FIB salieron con la confianza de los que llevan 30 años en esto y les sigue gustando su trabajo. Suenan profesionales pero, por suerte, no rutinarios. Tim Booth es un frontman peculiar. Su aspecto de profesor de yoga levemente alucinado contrasta con los uniformes festivaleros del público, al que consigue transmitir un entusiasmo convincente, gracias a sus bailes epilépticos y a sus bombachos. El show tiene algo de hedonismo light, de diversión contenida, sin excesos. El cierre lo certifica, se suceden un par de hits: ‘Laid’ es pop de manual, de do-fa-sol, levemente picantón, levemente transgresor, amable. Con ‘Sit Down’ se suceden los guiños populistas que, sin embargo, funcionan. Al fin y al cabo son las ocho de la tarde de la primera jornada del festival: la gente quiere los guiños y la simpatía y los “sois el mejor público del mundo” de turno.

Klaxons

Klaxons salen a degüello: no les queda otra. Salen como si se jugaran las lentejas, con miedo y arrebato. Se saben (casi) olvidados. Fueron estrellas un ratito allá por 2007, cuando aquel enésimo globo hinchado por la NME llamado ‘nu rave’ parecía nacido para quedarse. Ahora son un grupo más que no quiere perder su estatus, y se han tomado en serio el directo para así tener una posibilidad de seguir adelante. Uniformados, de blanco inmaculado, parecían una boy band ansiosa por gustar, y lo consiguieron. Sonaron bien, sorprendentemente convincentes, y, sobre todo, sorprendentemente no anacrónicos. El concierto se pasó volando, y se disfrutaban por igual los temas antiguos que las novedades. Las primeras filas del Maravillas estaban extasiadas y les daba absolutamente igual el escaso éxito de sus últimas referencias. Eso sí, la esencia levemente “arty” de la que presumían en sus principios (aquellas referencias a Marinetti y Ballard, ese intento de conjugar electrónica de baile con referencias de universitario rama letras) han desaparecido enterradas por capas y capas de pop de baile histérico. Y se agradeció.

Ellie Goulding

Lo de Ellie Goulding es casi una cuestión de fe y principios. Hay dos maneras de vivir el concierto: creyéndose la película o desde fuera. Parte del público español tenía en la boca de forma nada casual las palabras “choni” o “petarda” (palabras que dicen más sobre el que las pronuncia que sobre quien es calificado). Y no ayudó la vocación gimnástica de Ellie, que salió al escenario como una versión de Jane Fonda para la generación de la EDM, saltarina y espídica, yendo de lado a lado del escenario y mirando al infinito. Goulding es una voluntariosa estrella de pop en ciernes, de corte atlético y repertorio bastante defendible. El concierto tuvo sus altibajos: no se le dan demasiado bien los medios tiempos ni mucho menos las baladas acústicas a la guitarra, lo suyo es el pop de radiofórmula de guiños contemporáneos. Fue al final del concierto cuando se puso a enlazar hits y  se hizo más disfrutable, especialmente a la altura de ‘Anything Could Happen’ o ‘Burn’. El público, jovencísimo, parecía entusiasmado de antemano.

Con el consiguiente break para recargar litronas y engullir malamente hamburguesas pasamos al que a priori era el cabeza de cartel de la noche. De corte juvenil también, Tinie Tempah es una curiosa elección para el cabeza de cartel. Una estrella a medio hacer en su país natal, cuenta con un público, como en el caso de la Goulding, nutrido, fiel y jovencísimo. Y como en ese caso provoca una reacción diversa. Si uno busca en twitter “Tinie Tempah FIB” tan pronto podemos encontrarnos con quien lo califica de “Dios” (hay que ver la necesidad de referentes sacros que parece tener el melómano medio) como quien habla de “profanación del Maravillas” (otra vez más, la religión, si es que los españoles lo llevamos dentro). Lo que es tangible, y algunos parecen no querer reconocer, es que la música de guitarras ya no es el centro absoluto de los festivales de verano. Tempah, por desgracia, tiene un repertorio bastante endeble que trata de inflar con pirotecnia, verbal y literal. El conjunto era algo estomagante. Simultaneamente pinchaba en el FIB Club Rafa Cervera, que reproducía los hits indies obvios de turno para animar al personal.

Tinie Tempah

Cerraron el Maravillas Chase and Status, que convocaban también a un público que raramente superaba los 25. El Maravillas tronó con su drum and bass pasado de rosca, que se hizo arduo para el que escribe estas líneas. Con tres días por delante queda mucho FIB, con grupos de los de antes y los de ahora, con “profanaciones” y “dioses”. El festival sigue vivo, pese a que da la sensación de que hay menos gente que otros años. Veremos qué depara.

Fotos: Pau Bellido (FIB)

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