09/07/2014

El grupo californiano actúa la semana que viene en Madrid y en el 101 Sun Festival de Málaga.

Durante algunos años, especialmente con sus dos primeros discos (B.R.M.C. y Take Them On, On Your Own) a principios de la década del 2000, los californianos Black Rebel Motorcycle Club parecían destinados a comerse el mundo a base de actitud y una acertada combinación entre rock bailable y terrenos más oscuros, que les hacían bascular sin estridencias entre el respeto de la escena y el beneplácito del gran público. Con el paso de los años y los discos, sin embargo, el trío formado actualmente por el guitarrista Peter Hayes, el bajista Robert Levon Been y la batería Leah Shapiro (que entró en la banda en el año 2008) se ha quedado en una segunda línea, manteniendo una actividad más o menos constante pero sin llegar a alcanzar las cotas de éxito de bandas similares como The Black Keys o The White Stripes (aunque también es cierto que por encima de otras como los malditos Brian Jonestown Massacre Club). Así fueron transitando, a razón de disco cada tres años, hasta que en 2010, después de un concierto en el festival belga Pukkelpop dentro de la gira de presentación del álbum Beat The Devil’s Tattoo, el padre de Robert –Michael Been, también músico y técnico de sonido de BRMC– falleció de un infarto. El mayor homenaje de la banda a Been llegó tres años después con Specter at the Feast, un inspirado séptimo álbum de Black Rebel Motorcycle Club en el que el grupo rinde tributo al que fue uno de sus mentores, con detalles como la versión de ‘Let The Day Begin‘ de The Call (grupo de Michael Been, que también se reunieron para homenajearlo), que de hecho fue el primer single. Y así, de una tragedia, surgió el que probablemente sea uno de los mejores discos de la carrera de la formación de San Francisco, que combina certeramente pelotazos como ‘Hate The Taste‘, ‘Let The Day Begin‘ o ‘Rival‘ con canciones enrevesadas como ‘Fire Walker‘ y deliciosas como ‘Lullaby‘, conformando un disco completísimo y altamente disfrutable.

Un disco que Black Rebel Motorcycle Club presentarán en el 101 Sun Festival 2014 de Málaga este próximo 12 de julio, y unos días después en la sala Riviera de Madrid, el 15 del mismo mes. Motivo por el cual hemos podido charlar con Peter Hayes, bajista y voz de la banda, que desde Los Ángeles y con amabilidad y parsimonia nos responde a cuestiones sobre su trayectoria, los claroscuros de la fama y el dolor como alimento para el arte.

Hace ya un año que publicasteis Specter At The Feast, vuestro último disco. ¿Cómo lo ves con un poco de perspectiva, cuál es tu relación con él?
PETER HAYES: “Creo que este disco especialmente, al menos para mí, tiene la energía de nuestro directo. Para cualquier banda es muy complicado capturar la esencia de su directo en un disco; las canciones cambian mucho cuando estás en el estudio. Así que no esperaba que lo consiguiéramos en este trabajo, y de hecho creo que es la clave por la cual disfrutamos tanto tocándolo en vivo, porque las canciones han crecido mucho para nosotros”.

El disco fue bastante elogiado por sonar fresco e inspirado, pese a tratarse del séptimo trabajo de vuestra carrera. ¿Fue algo difícil de conseguir dada vuestra trayectoria?
“Creo que ese es el objetivo de cualquier banda que hace un disco, y me alegro de que haya gente que lo haya percibido así. Creo que el secreto está en no tener miedo al cambio, y atreverse a experimentar con aspectos que queden fuera del género en el que te mueves. Es un disco en el que hay ideas muy diversas, y creo que no tuvimos miedo a la hora de meterlas. Quizá como conjunto no tiene todo el sentido musical que debería, pero para nosotros funciona (risas). Que haya subidas y bajadas, más profundidad… Es lo que nos gusta; que haya de todo, vaya”.

De hecho, en casi todos vuestros discos mezcláis canciones más oscuras y psicodélicas con hits muy accesibles de rock enérgico. ¿Crees que ambas son imprescindibles para un buen disco de Black Rebel Motorcycle Club?
“Bueno… ¡Ja!… Mmm, sí, supongo que sí, supongo que así es cómo queremos hacerlo. Pero no solo se trata de nosotros, creo que la mayoría de grupos hacen eso hoy en día. Al menos las bandas que escuchamos y nos gustan. A nosotros nos gusta hacer discos que se puedan escuchar de principio a fin, disfrutando del trayecto… aunque puede que cada vez menos gente esté dispuesta a hacerlo. Pero es un reto intentar conseguir que sea un disco interesante en ese sentido. Al final, cuando te enfrentas a un nuevo álbum, no hay un gran plan en el sentido de que no decidimos previamente cuántas canciones de un tipo u otro vamos a incluir. Simplemente es un proceso que vamos construyendo a medida que trabajamos en él, y en él se refleja lo que somos”.

El disco lo dedicasteis al padre de Robert, que murió en 2010 después de uno de vuestros conciertos. ¿Dirías que fue el disco más difícil de los que habéis hecho hasta ahora?
“Sí, sí que lo diría. Lo fue. Aunque en este caso, el hecho de que hagamos música no es tan importante. Me refiero a que cualquier persona pasa por momentos muy duros cuando se tiene que enfrentar a situaciones así, sean cocineros o escritores. Así que claro que nos afectó. El hecho de tener un grupo hizo que todo el proceso fuera un poco más público de lo normal, pero al mismo tiempo es bonito compartir tanto las buenas cosas como las malas. Fue difícil, sí, pero no tanto en el aspecto musical como lo fue en el personal”.

Muchos artistas dicen que el mejor arte surge del dolor. No sé si piensas igual…
“Bueno… Creo que eso es un peligro. Puede ser perjudicial si te entregas demasiado a ello, porque resulta muy fácil dejarse llevar por el dolor, y quedarse allí y no querer salir. Usarlo como inspiración está bien, pero depender de ello es peligroso, y puede acabar resultando demasiado egoísta. Es mucho más difícil escribir cuando estás en una situación feliz, que hacerlo desde la melancolía o el dolor”.

En unos días tocáis en Madrid y en Málaga, y es curioso porque en el primero tocáis en una sala (La Riviera), y en el segundo dentro de un festival muy veraniego (101 Sun Festival). ¿Dónde crees que funcionan mejor vuestros directos?
“Antes solía comparar el tipo de sitios en los que tocábamos, pero he dejado de hacerlo. Son dos cosas diferentes, y los dos tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Pero sí creo que a veces en los festivales los grupos nos sentimos como una ‘jukebox’: tenemos un número, y tocamos básicamente lo que la gente quiere escuchar. Y eso está muy bien, no me quejo, porque al fin y al cabo es el público el que decide y disfruta”.

¿Crees que el rock pasa por un buen momento a nivel masivo? Grupos como The Black Keys y artistas como Jack White han alcanzado un estatus enorme…
“Sí, creo que es genial, me gustan esas bandas, y creo que tiene mucho mérito que hayan llevado el género tan lejos hasta lograr que llegue al mainstream. Todo depende de los músicos, y de cómo traten ellos su música. A veces tiendes a perderle el respeto a la música por el dinero que estás consiguiendo, y eso es lo que puede destruir la música. Pero al mismo tiempo tiene su parte buena, y es que gracias a la tecnología, el contacto del músico con la realidad no es tan lejano. Cuando se te va de las manos y ya no estás tan conectado con el resto del mundo es cuando corres un cierto peligro como artista”.

¿Crees que tu grupo podría llegar a ese nivel algún día? ¿Querrías que pasara?
“Mmm… ¡no lo sé! Creo que tiene que ser difícil para cualquiera, no solo para un músico o un artista. Si te dan dinero, te dan fama… es difícil mantener los pies en el suelo. Creo que si me pasara ahora estaría un poco mejor preparado para gestionarlo, pero es imposible de saber: ¡quizá me convertiría en un capullo absoluto! (risas). Quiero pensar que haría lo correcto… pero me asustaría un poco. No me gustaría ser consumido por el éxito”.

Después de más de 15 años y siete discos, ¿qué os mantiene en marcha como grupo?
“Mmm… (risas). Creo que… ¡Es muy difícil! Quedan tantas cosas por hacer, en realidad. Es uno de los mejores aspectos del arte. Es lo que lo mantiene interesante. No me gusta quedarme en el mismo tipo de canción una y otra vez, y eso automáticamente convierte las posibilidades en infinitas. Nos queda tanto por hacer, y tanto por aprender, que es realmente el motivo que nos empuja a seguir”.

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