12/05/2014

Hablamos sobre su nuevo disco, la industria musical, los anuncios de TV, el paraíso...

Nunca he compuesto una canción, pero imagino que lo que empuja al creador a repetir el proceso una y otra vez es esa persecución de la perfección, esa apuesta constante por superarse cada vez en busca del ideal que promete la canción perfecta… o el temazo definitivo, como explica David Carabén, incombustible líder de los catalanes Mishima, que hace poco más de un mes publicaban L’ànsia que cura (The Rest Is Silence/Warner), un séptimo disco de estudio en el que han recuperado un enfoque más íntimo y sencillo para unas canciones que suenan más certeras e inspiradas que nunca. Siete discos son ya los que Carabén lleva ya firmados con su banda (Marc Lloret, teclista, es el único que le acompaña desde el principio, aunque la formación se ha asentado en los últimos años con Dani Vega (guitarra), Xavi Caparrós (bajo) y Alfons Serra (batería)), y uno no aprecia ningún síntoma de agotamiento ni de cansancio en su discurso. Hay dos motivos para ello: el primero es ese anhelo por encontrar “el temazo definitivo” en forma de canción, y el segundo una imposición a la que le obliga su faceta de músico profesional, dedicado íntegramente a una gran pasión, que desde hace cuatro años se ha convertido en su trabajo.

Con él hablamos sobre qué supone vivir de la música en 2014 en Catalunya, sobre cuáles son los números reales que mueve un grupo con un éxito notable como Mishima, sobre los motivos que le llevaron a hacer un anuncio para el Banc Sabadell por el que fue muy criticado… y de música, claro, especialmente de música. De un L’ànsia que cura que inaugura una nueva etapa para el grupo, una vez cerrada la trilogía de Set tota la vida (2007), Ordre i aventura (2010) i L’amor feliç (2012), todos producidos por Paco Loco: esta vez han apostado por un nuevo estudio (Black Box Studios, en Francia), un nuevo productor (Peter Deimel, aunque al principio no iba a serlo), y un nuevo enfoque para sus canciones, con menos adornos y un sonido mucho más nítido. Donde no han cambiado los de Carabén es en el aspecto lírico, con esas letras en las que se juegan la vida “en cada verso“, como él mismo explica, y que en esta ocasión giran alrededor de las distintas ideas de paraíso que el ser humano puede concebir. Al habla Carabén.

¿Qué sensaciones tienes tú del nuevo disco, ahora que todavía los tienes reciente?
DAVID CARABÉN: “La verdad es que me siento un poco abrumado de lo rápido que ha ido todo. Nosotros mismos nos hemos puesto en esta situación extrema: queríamos cambiar la metodología de trabajo para hacer este disco. En los últimos tres discos habíamos consolidado una manera de trabajar, con Paco Loco y partiendo la grabación en dos o tres sesiones, y eso nos había dado seguridad y comodidad a la hora de hacer discos. Necesitábamos recuperar un poco de riesgo y urgencia, y nos decidimos a provocarlo, cambiando de estudio, de productor, y dejando los arreglos de las canciones con el grupo hasta el último momento. Así que todo da la sensación de ser más fresco, los arreglos son en muchos casos las primeras versiones, Dani Vega creo que ha hecho sus mejores guitarras con Mishima… Y también estoy orgulloso de haber conseguido otra cosa que nos impusimos: que todas las canciones pudieran ser tocadas en directo, cosa que quita capas de sonido a los temas, pero hace el sonido más inteligible”.

O sea que os complicasteis la vida vosotros mismos. ¿Sentisteis la presión durante la grabación?
“Totalmente. “No tenemos tiempo”, “no llegamos”, “nos cagamos en todo”, “¿por qué hemos apurado tanto?”… Piensa que además coincidió con la época navideña, por lo que tuvimos ensayos y demás entre las fiestas… Fue un estrés, y un esfuerzo considerable a nivel psicológico. Además de ir a un estudio nuevo, teníamos el elemento añadido del idioma, que en temas técnicos es muy importante. He aprendido inglés aplicado a la producción como nunca, eso sí (risas)”.

¿Cómo terminasteis grabando en los Black Box Studios de Francia? ¿Fuisteis buscando al productor Peter Deimel?
“Buscábamos algo muy claro: reproducir el sonido de un directo. Por dos motivos: porque tradicionalmente habíamos jugado a lo contrario, con la producción de Paco Loco siempre habíamos tendido a sumar capas de sonido, y además nosotros a nivel compositivo tenemos muchas ideas de arreglos para las canciones, y a Paco siempre le gustaba incluirlas todas. Y al final hacíamos discos muy densos, muy cargados de información, con un sonido que tendía hacia la rugosidad. Pero con el paso de los años nos hemos dado cuenta de que ya hemos cerrado una etapa, hemos hecho tres discos así, y creo que mis letras además tienden a poner toda la carne en el asador, en cada verso nos jugamos la vida, y eso unido a las capas de información sonora puede ser un poco difícil de tragar. Esta fue la crítica que nos hicimos, y lo que quisimos solucionar. Sabiendo esto, fuimos a buscar ejemplos de gente que lo hubiera hecho así: que fueran fáciles de leer pero sin perder el impacto de la instrumentación. Y buscando, encontramos buenos referentes en la renovación de la chanson francesa. El último disco de Dominique A nos encantó, fuimos a verlo cuando tocó en la sala Apolo de Barcelona y también nos impresionó el sonido en directo, así que cuando al cabo de pocos días volvió al Heliogàbal, le ataqué: hablamos con él, y le pregunté quién podría producirnos en Francia. Y nos recomendó su técnico de sonido en los directos, que le ha hecho muchas veces de productor, Dominique Brusson. Le escribí y me contestó al cabo de unos meses entusiasmado, diciendo que le gustaría mucho producirnos el disco. Me ofreció tres estudios, y finalmente acabamos optando por Black Box, un estudio parecido al de Paco Loco en cuanto a funcionamiento donde se han grabado discos fantásticos, como los de Anna Calvi o The Last Shadow Puppets. Así que reservamos las fechas, seguimos adelanto con todo… y 15 días antes de la grabación, me escribe Dominic diciendo que ha tenido un problema personal y que no podrá ser productor del disco. Él mismo me recomendó a Peter Deimel, el fundador del estudio, como productor y como ingeniero de sonido. Él dijo que estaba libre, pero tenía una tarifa como productor que no estaba a nuestro alcance, así que solo se podía implicar como ingeniero de sonido. En ese momento todavía no habíamos terminado con los arreglos de las canciones, y de repente todo se hizo muy cuesta arriba”.

Pero al final su nombre aparece como productor…
“Sí, aunque los primeros días de grabación fueron duros, con horarios raros y el factor de la novedad, nos entendimos muy bien con Peter, y lo acabamos seduciendo bastante, hasta el punto de que al final del proceso me dijo que estaba muy satisfecho con el resultado, que al final nos había ayudado más de lo que le hubiera tocado, y que le haría ilusión firmar el disco como productor. Así que genial”.

En cuanto al sonido, aún viendo la evolución con respecto al disco anterior, encuentro elementos que conectan más con el tercer álbum, Trucar a casa, recollir les fotos, pagar la multa, quizá porque habéis recuperado un punto de intimidad, de cercanía… ¿Tienes esta sensación?
“Puede ser… Sobre todo en el tercer disco había muchos temas lentos, medio tiempos… Pero sí, aquí hay temas más desnudos, más cercanos, y era porque buscábamos esta sencillez. Y la puedes encontrar si tienes un estudio como el de Peter pensado para que si suena solo una guitarra, o una batería, ocupe todas las frecuencias”.

Hablas mucho del sonido, de todo lo que ha envuelto la grabación del disco… Pero la realidad es que cada vez la música se escucha en peor calidad y con menor atención. ¿Es algo que te preocupa?
“Pero la gente que la escuchaba en buena calidad antes, sigue haciéndolo ahora. Creo que sigue teniendo sentido volcarse en esto, porque los discos que a mí me han gustado, y me siguen gustando, tienen una atención especial por el sonido. Es en esta liga en la que tenemos que jugar nosotros, aparte de, claro, hacer mejores canciones y vestirlas mejor”.

Mishima

Volviendo al disco en sí, creo que vuestros últimos trabajos están muy bien compensados, casi como si fuera una fórmula: algunas canciones más contundentes, fases más relajadas, el punto gamberro de uno o dos temas… ¿Es un equilibrio natural o algo que buscáis a conciencia?
“Está totalmente buscado, pero también forma parte de un aprendizaje. Al principio haces las canciones que puedes, y cuando puedes; y a medida que le vas dedicado tiempo, vas ampliando la paleta. Si solo escribes a las ocho de la tarde, cuando vuelves del trabajo y estás cansado, solo te saldrán canciones que reflejen la fatiga, la nostalgia,… Cuando te puedes permitir hacerlo por la mañana, lo haces con más energía y vitalidad. Y, por la diversidad de sitios en los que tocas, también te das cuenta de que es mejor ser versátil. Y al final jode tener reputación o prestigio por hacer un solo tipo de canción: durante muchos años, he sonado muy solemne, y la gente se pensaba que yo era una persona depresiva, que se comía mucho la olla, cuando la realidad no es para nada esa. Y si tu apuesta es que tu música tenga que ver con tu vida, buscas que un disco muestre todas las caras de un grupo, y de un compositor”.

Aunque me parece un disco más compacto que el anterior, no hay en L’ànsia que cura ninguna canción tan inmediata como ‘L’última ressaca’, el primer single del álbum anterior. ¿Una canción así se busca o aparece?
“Las dos cosas: se busca, quizá crees que la has encontrado, y luego va pasando por fases en las que todo cambia. Una canción es un animal vivo. Cuando termino de componer una canción, siempre tengo la fantasía de que es el temazo definitivo… y al cabo de 48 horas vuelvo a la realidad (risas)”.

El concepto del disco gira entorno a la idea de paraíso. ¿En qué momento supiste que iba a ser el tema central?
“Me di cuenta cuando escribí la canción ‘El paradís’. Durante la gira de L’amor feliç leí un libro de Jaume Vallcorba, que recogía algunas de sus conferencias, en el que relacionaba el origen del amor romántico con imágenes del paraíso que empiezan a aparecer en el Renacimiento. Esto me hizo relacionar ambos conceptos, y me hizo empezar a leer libros sobre el paraíso, que iba relacionando con mi vida cotidiana… Paralelamente, el padre del tío que me enseñó a tocar la guitarra escribió un temazo hace muchos años, llamado ‘Le paradis’, y me gustaba mucho ese tema, así que me hizo gracia empezar a escribir un tema sobre cuál es mi idea de paraíso. En ese momento me di cuenta, y empecé a sistematizar las lecturas, a escuchar discos con eso en mente, y todo lo que suelo hacer en estos casos”.

Me llama la atención que, teniendo vuestros discos tanta historia y conceptos muy claros detrás, no hagáis más bandera de ello públicamente (en las redes sociales, los conciertos, etc). ¿Crees que los medios de comunicación todavía son una buena manera de llegar a vuestros fans para explicar ciertas cosas?
“¡Claro! Yo fui durante muchos años periodista cultural, y me acostumbré a intentar familiarizarme con procesos creativos de diferentes artistas, y me lo pasaba muy bien escuchándolos. Pero nuestro periodismo musical no se aproxima a la música como un acontecimiento cultural, sino como un acontecimiento social. Yo nunca he ocultado que mi proceso creativo es este, y cuando me preguntan el porqué de una canción lo explico, aún a riesgo de sonar pedante o altivo. Tú le preguntas a un cineasta por qué ha hecho una película sobre un tema u otro, y siempre hay un sustrato detrás, un proceso de documentación… Y creo que es lógico. Si tienes que dedicarte a esto, ¿por qué no tiene que ser público este proceso? Otra cosa es hacer bandera en exceso de ello, o no aceptar que todas las lecturas del mundo son posibles”.

Una de las canciones del disco es ‘El corredor’, en la que hablas en primera persona sobre la vida de un músico, con reflexiones bastante personales y que no es habitual escuchar. ¿Tuviste dudas acerca de qué decir o incluso de incluirla en el disco?
“No, ya hacía tiempo que tenía ganas de escribir sobre ello, porque me siento inmerso en la novedad de vivir de la música. Por tanto, ahora ocupa todas mis horas y pensamientos. Quería hacer una canción sobre estar de gira, para agradecerle a los músicos que me rodean los momentos que hemos pasado, para agradecerle al público su fidelidad, y para agradecerle al mundo que me permita ser músico y que la cosa haya colado (risas)”.

¿Cuesta encontrar elementos de motivación para afrontar un séptimo disco?
“No, en realidad no. Esta pregunta sería buena si el grupo hubiera tenido un éxito brutal y yo tuviera pasta para vivir durante los próximos dos años, pero como no llego a final de mes, ¡pues mi motivación es llegar a final de mes! No me puedo permitir el lujo de tener crisis de ideas (risas). Eso se lo puedes preguntar a Love of Lesbian, o a Manel, pero no a Mishima; no me puedo relajar todavía…”.

De hecho, el disco ha salido justamente dos años después del anterior, e incluso enlazasteis el final de la gira con la grabación del disco, y ya con el inicio de la nueva… ¿Ha sido por necesidad o porque no queríais descansar?
“Por las dos cosas. No queríamos descansar porque hay tiempo para todo, y de hecho el segundo año de gira ya es mucho más relajado, y deja espacio para componer e ir pensando en nuevas canciones… Y ahora que me dedico profesionalmente a esto, y mi ambición es que todos los miembros del grupo puedan hacerlo también, por fuerza tenemos que seguir este calendario de un disco cada dos años. Idealmente sacaríamos un disco al año, pero ahí ya no llego”.

¿Qué pasa para que el líder de uno de los grupos más populares del pop catalán actualmente no llegue a fin de mes?
“Pues… calcúlalo. Antes que nada: vivimos en un país que es el segundo más pirata del mundo (después de Taiwán), y tenemos un gobierno que no persigue en absoluto la piratería, y que pone un 21% de IVA para los espectáculos. ¿Impedimentos? ¡Todos! Además, somos un país atrasado culturalmente, con respecto a Francia o Inglaterra, y nos dedicamos a una disciplina que funciona en las grandes capitales del mundo. Por el otro lado, puede explicarse de forma muy gráfica y terrenal con los dos conciertos con los que terminamos la gira anterior, en la sala Apolo de Barcelona en noviembre: agotamos las entradas para ambos, con 1.000 personas cada día; a 15€ la entrada, son 30.000€ de ingresos en dos días. De esos bolos, quien más gana es el Estado, porque se lleva más de 6.000€ en concepto de IVA; después, entre gastos, alquiler de sala, técnicos y demás, el grupo nos repartimos un porcentaje muy inferior hasta el punto de que a mí me tocaban, creo recordar, 2.700€. Pero claro, teníamos que pagar la grabación del disco, por lo que yo me quedé con unos 1.200€ por los dos bolos. Tengo 42 años y dos hijos, ¿cuánto tiempo crees que puedo vivir yo con 1.200€? Cuando, tenlo en cuenta, probablemente esos dos conciertos fueron el punto álgido de la gira. Así que cuando estamos de gira y tocamos puedo vivir; cuando no, me como los ahorros. La piratería no afecta a Alejandro Sanz o Julio Iglesias, sino que afecta a grupos como el nuestro, con un mercado más pequeño y local”.

¿Crees que puede llegar a desaparecer la figura del músico profesional?
“Espero que no, yo creo en el progreso de la Humanidad. Creo que el hombre cada vez va a mejor, y lucha para mejorar. Es un éxito del siglo XX, por ejemplo, el reconocimiento de los derechos de autor, que los músicos dejen de ser bufones de la Corte o de los mecenas. Pero claro, cuando llegan tiempos jodidos, pues tengo que volver a ser un bufón del capital y hacer un anuncio del Banc Sabadell”.

Justo te lo iba a preguntar. ¿Cómo te ha afectado esa polémica?
“No me ha afectado a la hora de hacer el disco. Hace cuatro años que me dedico profesionalmente a la música, y en esas que llega la crisis, el 21% de IVA, sigue la decadencia de la compra de discos… Y me encuentro con que falta un año para hacer el siguiente disco. ¿Qué hago? Yo me he pasado muchos años diciendo que no a anuncios, y el Banc Sabadell llega y me propone decir lo que me salga de los cojones –lo que llevo diciendo gratis durante diez años–, y por ello me pagarán una pasta con la que podré vivir un año. La gente me dirá: ‘Pues búscate un trabajo’. Pero no, yo ya tengo mi trabajo, soy músico”.

Entonces me puedes asegurar que ‘Els vells hippies’ no va dirigida en parte a los que te criticaron?
(Risas) “¡Qué va, para nada! De hecho, esa canción ya la tenía escrita de antes. Los que me criticaron no son viejos hippies, un hippie está tan fuera del mundo que no tiene Twitter… La incluimos en el disco porque incluía un debate sobre la idea del paraíso, entre el amor libre y su negación”.

Ahora que has hecho discos sobre el amor, el paraíso o la espiritualidad… ¿Qué temas te quedan por tratar?
“No lo sé, iremos viendo… Yo creo que lo interesante de hacer discos de esta forma es que permites que sea bastante espontáneo, así que quién sabe, ya veremos”.

¿Te sorprende que, con el clima social y mediático que hay en Catalunya ahora mismo, no haya más grupos que hablen o canten sobre el referéndum, el proceso y demás?
“Bueno, Mishima siempre hemos tenido una intención de desmarcarnos de la actualidad que sale en los periódicos: no porque no los leamos, no porque no nos interese, no porque no tengamos nuestras ideas políticas; simplemente porque veníamos de una época en la que había habido una contaminación peligrosa, una lectura tendenciosa de la música que se estaba haciendo aquí (que si el rock català era subvencionado, y todo eso). En el mundo occidental, el artista tiene la libertad de escoger el tema del que habla y de desarrollar su carrera. Es en esta liga en la que hemos querido jugar siempre. Yo por ejemplo siempre me he sentido independentista, nunca lo he escondido… pero tampoco he querido hacer bandera de ello, y creo que está bien, para no confundir las cosas. Probablemente en muchos aspectos de mi carrera se percibe esto: en apostar por el catalán, en no renunciar a nada e intentar desarrollar una carrera artística con la misma ambición artística del que ha nacido en Estados Unidos o Inglaterra. Son cosas que están allí para quien quiera averiguarlo, pero lo que no es normal que necesites saber si soy de los tuyos para escucharme. Lo que no es normal es enfrentarte a la obra cultural sin tener la mente abierta. Eso no significa, claro, que no me gusten los artistas reivindicativos: me encantan The Clash, Mano Negra, y tantos otros… Pero mi camino ha sido otro”.

Mishima tocan este próximo viernes 16 de mayo en Razzmatazz, junto a Mazoni dentro del 8º aniversario del Tr3sc. Después seguirán una gira que tendrá puntos álgidos en el Primavera Sound, el Vida o el Arenal Sound.

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