17/12/2013

Primera parte de la lista de mejores discos del año.

El debut de Vampire Weekend, Hospice de The Antlers, The Suburbs de Arcade Fire, Strange Mercy de St. Vincent, y Kill For Love de Chromatics. Esos han sido nuestros discos del año en el tiempo que llevamos de vida con indiespot (si tienen curiosidad, pueden curiosear todos los tops que hemos hecho en el apartado Recopilaciones; tiene su gracia). Y llega la hora de escoger el sexto. Pero ya saben que nos gusta extendernos en esto, y ya que nos ponemos a discutir vía mail y a cerrar pactos ocultos entre la disparidad de opiniones que recoge la redacción virtual de indiespot, merece la pena hacer un top largo y consensuado, bien elaborado y con reseñas para todos los que han logrado incluir su disco en este Top 60. Este año, siguiendo la estela de referentes como JNSP, nos sumamos al reto de unificar las listas con los discos internacionales y estatales, de forma que solo hay una posible: los mejores discos del año 2013. Punto. Bueno, una lista pero dividida en dos entregas, claro, que no damos para tanto. De momento, aquí viene la primera, con las posiciones que abarcan del 60 al 31, por las que asoman, ojo, algunos de los grandes lanzamientos de este año. Las posiciones de arriba, en un par de días. De momento, tienen aquí una selección de discos imprescindibles para recordar estos últimos doce meses.

 

60. Poliça – Shulamith

Polica

(Mom + Pop)

Curiosa y, sobre todo, potente la evolución de Poliça desde su debut largo, publicado cuando el 2012 aún se desperezaba, hasta este Shulamith. Retrocedamos hasta el lanzamiento del primero: entonces, parecía imposible hablar de Channy Leaneagh y los suyos sin hacer referencia a Justin Vernon. El alma máter de Bon Iver tuvo a bien declararse fan de los de Minneapolis hipérbole mediante (”son la mejor banda que jamás he escuchado”, vino a decir) y sobre su barbuda figura giraba todo comentario relativo al entretenido pero algo monótono Give You the Ghost. En adelante, Leaneagh y Vernon siguieron estrechando lazos (hay cierto truco en todo esto, ya se conocían del súpergrupo Gayngs) hasta el punto de que él puso su voz al servicio de ‘Tiff’, el enorme single de presentación de Shulamith. Y, sin embargo, esta vez Vernon no le roba ni un poco de protagonismo a Poliça. Básicamente porque esta segunda entrega contiene argumentos tan sólidos como para no necesitar el aval de nadie. Ni siquiera está claro que ’Tiff’ sea la mejor canción del lote, ya que la competencia es tan cruda como muchas de las letras del álbum. Candidatas hay de sobra (la trepidante ‘Chain My Name’, la tensa ‘Very Cruel’ o esa ‘Vegas’ de mil y una texturas). Piropos para Shulamith, en cambio, bastantes menos de los que debería haber. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

59. Parquet Courts – Light Up Gold

Parquet Courts

(What’s Your Rupture?)

Reconoceremos que el año pasado la cagamos con este disco. Y digo el año pasado porque los enterados sabrán que nosotros, como otros tantos, estamos haciendo una trampita con este álbum. Light Up Gold se publicó originalmente en agosto del 2012 en una discográfica minúscula, aunque llegó a nuestros oídos a finales de año a pesar de todo. A tiempo para aquellas otras listas, pero no entró. En parte porque aquello sonaba más a divertimento que otra cosa. A disco punkarra rockerillo tocado y escrito por una panda de neoyorkinos solventes con el pelo sucio. Y no. Afortunadamente el tiempo pone a cada uno en su sitio y a Parquet Courts les ha puesto en una discográfica con más tentáculos que decidió reeditar como merece este álbum gamberro e irreverente que en la primera canción acaba metiéndole una toba al mismísimo Sócrates. ‘Borrowed Time’, con un riff fresco como una lechuga, confirma el letrismo gráfico, generacional y puntiagudo (clave) y la desquiciada ‘Donuts Only’ termina de pintar Andrew Savage como un vocalista acojonante. Y no sólo porque su voz mole, que mola, sino porque cuando aquí te grita, te grita en la puta cara, que es donde se tiene que tener a un tío que te grita. No busquen aquí grandes contrastes y elaborados conceptos, este es un disco de rodeo que te tiene la media hora larga que dura encima del toro. Un disco guitarrero en el más puro, venerable y bendito sentido del término. Eléctricas centrifugadas (‘Yonder Is Closer To The Heart’, ‘Disney PT’) y riffs iluminados (‘Stoned and Starving’) por los que rezuma descaro, juventud y mala hostia. En su edición de 2013, Light Up Gold se publica junto con Tally all The Thinks That You Broke, un EP, este sí totalmente 2013, que transita por las mismas claves punkarras y pogueras (‘The More It Works’ tiene pólvora) y al que sólo sobra la última, que es tremenda mierda. Lo demás, al buche. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

58. El Petit de Cal Eril – La figura del buit

El Petit de Cal Eril

(Bankrobber)

Diecisiete son las canciones que Joan Pons, conocido como El Petit de Cal Eril, ha incluido en La figura del buit, su tercer disco. Y es, en efecto, un disco de liberación. Atrás queda la densidad de Vol i dol, un trabajo compacto, casi conceptual y con un punto místico, que salió a finales de 2010 y que poco a poco se ha ido coronando como uno de los mejores discos catalanes de los últimos años. Intentar emular el resultado de aquel disco, compuesto durante solo dos meses y fruto de un momento y de un tema muy concreto, no era una tarea fácil, y de hecho fue algo que Pons arrastró durante muchos meses a la hora de plantear su nuevo proyecto. Hasta que un día decidió que no tenía por qué seguir por ese camino, y se desquitó de la autoexigencia impuesta. Este hecho, y la participación ineludible de Mau Boada (Esperit!) en labores de producción, han hecho de La figura del buit un álbum de miras amplias, que respira por todos lados y recuerda en algunas piezas al primer disco de El Petit de Cal Eril, con piezas de folk de juguete con aroma rural. En otras, sin embargo, da un paso de gigante incorporando elementos del jazz, el pop clásico a lo Beach Boys, una sección de vientos e incluso retazos de improvisación. Al final, todos los factores dan forma un disco riquísimo en detalles, con 17 canciones que cautivan desde un primer instante pero que esconden muchos, muchísimos secretos. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

57. Toro y Moi – Anything In Return

Toro i Moi

(Carpark)

Y 2013 se llevó definitivamente el chillwave. Lo intentarán negar. Alegarán que noséqué artista del subunderground neoyorquino sigue ejerciendo y ha sacado el disco del año. Llorarán que Pitchfork le ponga los cuernos con el r&b. Que ya no corran ríos de tinta. Se compadecerán de Hipster Runoff. En definitiva, perderán el tiempo dándole vueltas a un hecho innegable: 2013 ha acabado con el chillwave porque, básicamente, ninguno de sus fundadores ha querido continuarlo. Ni Porcelain Raft, ni Baths, ni Washed Out (el gran olvidado del año; jefe, esto no se perdona tan fácilmente), ni Toro y Moi han querido. Cada uno a su manera, todos los cabecillas del movimiento han abandonado el género para darse al pop. Han cambiado el Mac por el estudio, la unipersonalidad por una banda en condiciones, el plugin por el instrumento real. En el caso que nos ocupa, el hiperactivo Chaz Bundick se ha encargado de que la jugada salga bien. Anything In Return, su tercer disco como Toro y Moi, es todo un compendio de canciones redondas de pop electrónico, expansivo y colorista, lleno de matices en los que sumergirse y melodías que recitar pero de forma más ambiciosa que nunca. En casi hora una hora, Toro y Moi pule su sonido, abandona sus miedos y se planta con un trabajo que derrocha elegancia y hedonismo, ya sea en su cara más sinuosa (‘Touch‘) como en la más explosiva y festiva (‘Never Matter‘, ‘Cake‘). Y si a eso le añades dos hits a la altura de ‘Say That‘ o ‘So Many Details‘, tenemos la joya más brillante de la joven pero extensa discografía de Bundick. (Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

56. Boreals – Antípodas

Boreals

(Irregular)

A veces hay que hacer apuestas. Y si vemos un grupo de Barcelona con un futuro brillante en lo suyo, ese es sin duda Boreals. El trío formado por Miquel Serra y los hermanos Xavier y Victor Paradis ya dejaron claras sus intenciones al publicar Grecia EP el año pasado, un tratado en el que se conjugaba la electrónica paisajística con el post-rock. Pero ha sido con Antípodas, su debut en largo, con el que han activado todos los radares: más comedidos y evocadores que nunca, resulta difícil encontrar una canción que no desprenda una belleza inusual, caso del trío inicial (‘Antípodas I‘, ‘Antípodas II‘ y la espectacular ‘Invierno Fractal‘) o ‘Atlas‘, puede que su mejor tema. Pero también se salen con la suya cuando suben la intensidad y los BPMs, como en ‘No te metas las manos en los bolsillos‘ o esa ‘Kodama‘ junto a sus amigos Lasers (otros a tener muy en cuenta). Al final, ese equilibrio convierte Antípodas en un debut de lujo para una banda que puede dar mucho de sí. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

55. Phoenix – Bankrupt!

Phoenix

(Glassnote/Atlantic)

La presión ha podido con Phoenix. En todos los sentidos. A ellos les ha podido el hecho de tener que hacer un nuevo disco después de la consagración definitiva que supuso Wolfgang Amadeus Phoenix. Todos hablan de la consagración de los grupos, pero nadie explica qué viene después. Y quizá por eso tardaron cuatro años en publicar la continuación, ese Bankrupt! que, intuyo, hubieran tardado incluso más en sacar de no ser por la dinámica de la industria. Porque si algo se percibe en el quinto disco de los franceses es que le falta trabajo, o inspiración, o magia. Llámenlo como quieran. Quizá la mejor definición de lo que sucede sea ‘Bankrupt!’, tema central del disco, de casi siete minutos, en el que coquetean con el ambient, la electrónica y el pop acústico a la vez, pero con resultado disperso. Un quiero y no puedo que, todo sea dicho, se ve rescatado por cortes que sí dan la talla en el álbum, caso del megahit ‘Entertainment’, de ese triplete que le sigue (‘The Real Thing’, ‘SOS In Bel Air’ y ‘Trying To Be Cool’; elegancia pop bien entendida) o por un final de altura con la deliciosa ‘Bourgeois’ y ‘Oblique City’, el hit oculto de Bankrupt!. No es un disco excelente, no es el álbum que hubiéramos deseado, pero es mucho mejor de lo que aparenta a primera vista. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

54. Bonobo – The North Borders

Bonobo

(Ninja Tune)

Es probable que si un disco comienza con una canción como ‘First Fires’, quien lo esté disfrutando sienta la imperiosa necesidad de no levantarse del sofá hasta que toque a su fin. Es lo que ocurre con el último trabajo del británico Simon Green. En su dilatada carrera, Bonobo, como prefiere darse a conocer, ya ha dado muestras suficientes de que está aquí para quedarse. The North Borders son los límites que pone a su imaginación, con un trabajo menos terrenal que su loado Black Sands pero mucho más mágico. Una imposible aurora boreal en el trópico de Cáncer y el Capricornio con colaboraciones como la de Erykah Badu suplicando el perdón en ‘Heaven for the Sinner’. El lugar quimérico en el que todo luce a través de ‘Cirrus’, ‘Shappire’ o ‘Transits’. En resumidas cuentas, el ingenio rítmico al servicio de la llamada a la evocación. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

53. Majical Cloudz – Impersonator

Majical Cloudz

(Matador)

Quién iba a adivinar que el proyecto de Majical Cloudz, abocado a coexistir entre unos pocos desde sus primeras referencias en 2010, iba a explotar en 2013. Y lo más curioso: quién iba a adivinar que iba a ser de esta forma. Porque el canadiense Devon Welsh se ha reconstruído a sí mismo desde el mayor de los minimalismos, sacudiéndose todos sus lastres y primando la mayor de sus bondades: su voz. Y de ahí al cielo. Es su voz –oscura y profunda, vigorosa y grave– la que recorre y viaja por todos los recovecos de Impersonator, sólo acompañada por un sinte y unas percusiones puntuales. Es su voz la que eriza el vello en un disco que, reproducido hasta la calca por otro, no tendría gracia. Y lo que canta, claro. Devon Welsh ha escrito un disco jodido, que parte de una existencia atormentada, confusa (abre el disco cantando “see how I’m faking my side of it; i’m a liar, i sing, I make music”) y solitaria, que se ha dado de bruces con la realidad adulta (“childhood’s end; goodbye, my holy friend…”) y que nunca encuentra el hilo sobre el que sostenerse, al que canta desde la llamada desesperada (“you would laugh, but I’m on stage for you; I do sing for you”) hasta la frustración final (“the cheesiest songs all end with a smile; this won’t end with a smile, my love“). (Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

52. Wild Honey – Big Flash

Wild Honey

(Lovemonk)

Lo reconozco: nunca conseguí engancharme a Epic Handshakes and a Bear Hug, primer disco de Guillermo Farré como Wild Honey. Allí había ideas y retazos de un pop indudablemente interesante pero que no terminaba de cuajar entre lo insulso de los ukeleles y las acústicas. Dos años después, el madrileño ha afrontado su segundo trabajo con la ambición que su mente privilegiada requería. Como Youth Lagoon, Farré hizo la mudanza desde su cabañita intimista a un palacio de colores cálidos e imponentes (aka el estudio de Tim Gane de Stereolab). Big Flash es todo eso. Un disco redondo de melodías inspiradísimas y arreglos que derrochan clase y saber hacer. Un disco precioso, un canto a la vida que recorre tanto la nostalgia (‘Gothic Fiction‘, ‘Rogerio Duprat Looks Out The Window‘) como el frenesí más preciosista del pop (‘An Army Of Fat Synths‘). Y todo sazonado impecablemente al punto: los coros son gloriosos, los instrumentos desprenden magia y las canciones son absorbentes, con la vida suficiente como para transportarnos a un idílico estado de bienestar, tranquilidad y alegría. Qué bueno eres, Wild Honey(Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

51. Nick Cave & The Bad Seeds – Push The Sky Away

Nick Cave

(Bad Seed Ltd)

Si vas a entrar en el particular territorio de Nick Cave & The Bad Seeds, puedes dejar las palabras y las reseñas en la puerta. Poseedores de un alma creativa en suave metamorfosis, uno de los colectivos escénicos más humanos y bestiales de todos los tiempos no podía permitirse repetir tics románticos y violentos. Aun así, han vuelto a dar la enésima lección de nostalgia y melancolía. Push The Sky Away es un disco que arropa, mece y acuna al oyente. Canciones noir. Blanco, negro, gris. Como ejemplo particular está la clásica y preciosa ‘Jubilee Street’, crónica barriobajera de personajes desolados por la culpa y la renovación. Como aliento intangible, un sinfín de elegantes arreglos, comedidos e intensos, sólidos y livianos, que planean por todo el álbum como una afilada pluma. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

50. Foals – Holy Fire

Foals

(Warner)

Pese a sus reticencias, no cabe duda de que Foals están en un momento dulce, muy dulce. Han traspasado los objetivos mínimos que tenían planificados… y no están perdiendo ni velocidad ni altura. Enfrascados en ese limbo especial entre seguridad y aire fresco, son una de las voces más interesantes y personales que podemos encontrar en la música alternativa actual. Entrelazando bases tímidamente electrónicas con guitarras juguetonas, bajos funk mimbreados y voces de alta precisión, han pergeñado un álbum dinámico, entretenido y vibrante, buen compañero, tanto de coche como de cama. ‘My Number’, ‘Late Night’ e ‘Inhaler’ son himnos propios de una banda que empieza a escribir sus particulares reglas del juego. Una vez finalice este 2013 lleno de intensa promoción (Madrid y Barcelona incluidos), esperamos que su inercia les mantenga un poco más en ese delicioso limbo que han hecho suyo. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

49. Unknown Mortal Orchestra – II

UMO

(Jagjagwar)

Unknown Mortal Orchestra, UMO para los amigos, nos llevaron a todos a la cama en 2012 con un debut de pop personal y ácido, pasado por el filtro de la psicodelia coreable y bailonga. Pero parece que todo lo luminoso de su primer disco se quedó en una gira en la que Ruban Nielson las pasó putas. Fue en esas fechas donde escribió II, un segundo (ehm) disco en el que saca a la palestra su lado más lánguido y perezoso. No en vano, su primera frase recita “isolation can put a gun in your hand” y parece que de eso va la cosa desde el principio. Aún así, parece que el camino quiere ir hacia la luz. II nace decadente y lleno de humo, guiado por melodías preciosas (‘Swim And Sleep‘, ‘So Good At Being In Trouble‘) para adentrarse, a partir de ahí, en el sonido mucho más experimental y expresionista, casi coqueteando con el rock progresivo, de ‘One At A Time‘ o ‘Faded In The Morning‘ (quizá la más acertada de esa tanda). Lástima que todo aparezca bajo un prisma demasiado lo-fi que despista en ocasiones (‘The Opposite Of Afternoon‘ sería un hit brutal con una producción en condiciones) y que desluce un pelo las brillantes canciones, porque lo son, de la nueva entrega de UMO(Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

48. Eleanor Friedberger – Personal Record

Eleanor Friedberger

(Merge)

Si en 2012 no nos tembló el pulso a la hora de reivindicar los trabajos de Hospitality o Tennis, doce meses después teníamos que hacer lo propio con el que Eleanor Friedberger publicó el pasado verano. Tiene toda la lógica del mundo y más: tanto aquellos como este son discos hechos por y para la escucha dominical. Reparadores, cariñosos, cercanos. Salga gris o soleado, no hay mejor día de la semana que el que la cierra para quedarse un ratito a la vera de Personal Record y sus homenajes poco disimulados al pop atemporal más delicioso. Tras este título, que conste, no se esconde un ataque de ego de esos que ponen a prueba nuestra capacidad empática. Aquí no hay relatos personales y casi intransferibles como los que poblaban Last Summer, el primer álbum post-The Fiery Furnaces de Eleonor. Aquí uno nunca se siente como el religioso que atiende tras la celosía del confesionario, ya que lo que escucha son también sus historias. Historias de ella y de nosotros, de 1967 y de 2013. Y, esperemos, de cualquier año que esté por venir. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

47. Fuck Buttons – Slow Focus

Fuck Buttons

(ATP Recordings)

Final de las licencias hedonistas. Tras la corta etapa de Andrew Weatherall tras los mandos de Fuck Buttons, en Tarot Sport los dos miembros de la banda han descendido a la gélida sala de máquinas que descubrieron en su primer trabajo, Street Horrrsing, y que ahora funciona a la perfección. Una versión posmoderna de la Metrópolis de Fritz Lang. Andrew Hung y Benjamin John Power colocan las piezas de su personal mecano juntando lo mejor de sus dos anteriores discos. El martillo de ‘Brainfreeze’ es la carta de presentación de un Slow Focus que se mueve a pocas pero certeras revoluciones, que deja respirar en ‘The Red Wing’, que enloquece con ‘Year of The Dog’ y que incluso llega  a conmover en ‘Hidden XS’. No se puede decir aquello de que a la tercera va la vencida, porque Fuck Buttons lleva tiempo desenmarañando las virtudes del ruido. Pero pocas veces un témpano de hielo ha tenido el mismo poder de atracción. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

46. Maria Coma – Celesta

Maria Coma

(Amniòtic Records)

El pasado invierno Maria Coma decidió ir a encontrarse a si misma a una gélida habitación de Berlín. No cuesta nada escuchando las primeras notas de ‘Orió’ imaginarla así, jersey de lana y moño de componer, acariciando su piano de pared con las manos frías mientras afuera el hielo se forma poco a poco en las aristas de las ventanas. Sería fácil decir que este es un disco delicado, de canciones que parecen de cristal, pero sería inexacto. ‘Orió‘, que empieza en caricia, se nubla de pronto y los pulsos de las teclas acaban en manotazos. En ‘L’Ultim Cercle Polar‘, quizás la más redonda, la épica se vuelve más elaborada aún, con sus voces (siempre perfectas) enredadas en un torbellino de baterías y graves de piano que evocan tempestad. El disco gira, entonces sí, a su parte liviana. ‘Berlin‘, la única cantada en castellano, suena a pluma mecida por la brisa, y ‘El Silcenci Érem Nosaltres‘ a cajita de música. ‘Abismes‘ vuelve a la contundencia y hasta introduce drama. Maria suena más rota que mágica, más vulnerable que bella. El tema, que parece al inicio de la familia de los dos primeros, gira sin aviso al piano, dejando un momento de recital que sobrecoge. ‘Schöne Stille’ profundiza ese camino y abre con cinco minutos instrumentales parece salirle a Maria de las tripas. Y así, contrastando fantasía, frío, fragilidad, belleza y drama, se dibuja a pocos un disco que es un mundo. Un lugar reconocible, un paisaje de sonidos propios que a mí, les digo, ha terminado por embaucarme. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

45. Boards of Canada – Tomorrow’s Harvest

Boards of Canada

(Warp)

La vuelta de Boards of Canada era una de las grandes de noticias de este año. Habían hecho méritos suficientes en un sello como Warp para no caer en el olvido. Con un título tan premonitorio como Tomorrow’s Harvest, el dúo formado por Michael Sandison y Marcus Eoin han marcado un punto de inflexión de épocas pretéritas, al contrario que algunos de sus coetáneos como Autechre. Nada de paroxismo y mucho de medida contención en un trabajo diseñado al milímetro, misterioso e intenso, con menos percusiones que en anteriores ocasiones pero delicado hasta el extremo. La propuesta de un viaje de ida y vuelta confortable y sin altibajos. La intensa calma ha llegado con la madurez de una banda que ha justificado la larga espera. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

44. Cass McCombs – Big Wheel And Others

Cass McCombs

(Domino)

Habrá quién esté ya hasta la bola de Cass McCombs, y probablemente no le falte razón. Su transita definitivamente los terrenos de una americana anestésica, perezosa, cálida y libre, muy libre. No se metan en este álbum si no les interesa el género, probablemente se aburran. Ahora bien, si están por la labor, tengan paciencia. Y no porque las composiciones que encontrarán aquí sean exigentes, para nada (‘Big Wheel’‘There Can Be Only One’ o ‘Name Written in Water’, te can casi todo a la primera) sino porque este está lejos de ser un álbum de los que entran por los ojos sin más. Es un disco crudo, con las canciones como a medio hacer, como a medio producir. Las baterías suenan inexpertas, la mezcla (escuchen ‘Honesty is no Excuse’) huele a polvo. Y ocurren cosas raras. De pronto ‘Big Wheel’ se extingue abruptamente, ‘The Burning Of The Temple, 2012’  se convierte en un club de jazz, ‘Satan is My Toy’ podría, con otro sonido, pasar por unos Eels… Y con todo, el disco es obviamente concreto y certero. ‘Home On The Range’ (I’m going West where I belong / I waited all summer long / Don’t it sound funny? Don’t it sound strange? I’m going to make my home out on the range) es pura gloria, ‘Aeon of Aquarius Blues’, un ejercicio de clasicismo que sabe a vino de etiqueta. Y al final, uno no sabe cómo, los 85 minutos han pasado como en un viaje de esos en los que uno no duerme por mirar por la ventana. Este es todo lo contrario a un disco de temporada, es un disco de estantería; todo lo contrario a un disco pasteurizado, esto es raw milk, con toda su grasa, grumitos y bacterias. A contracorriente. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

43. Blood Orange – Cupid Deluxe

Blood Orange

(Domino)

El incansable Dev Hynes, amigos, ha dejado de ser un chaquetero. El tío lo fue, y mucho, cuando entre 2005 y 2011 pasó del dance punk que practicaba con los fugaces Test Icicles al folk estridente de Lightspeed Champion y de ahí a reformularse a sí mismo como Blood Orange, pero parece que ese carrusel de disfraces ya quedó atrás. Así, desde hace dos o tres años viene puliendo y perfeccionando lo que ya apuntó en el debut de Blood OrangeCoastal Grooves. No trabajando para él, sino produciendo con tino a Solange, Sky Ferreira o Laura Welsh y remezclando a todo el que se le pusiera a tiro. Bancos de pruebas que le han servido para convertirse en una especie de Rey Midas del pop actual y, de paso, para hacerse con algo parecido a un sello propio y bastante reconocible que ahora explota, por fin, en su segundo álbum, Cupid Deluxe. Un trabajo sexy, nostálgico, hortera en su justa medida y pulido hasta el detalle que, a decir verdad, no dista demasiado de esa labor de secundario de lujo en la que Hynes se ha sentido tan cómodo últimamente. En Cupid Deluxe, su voz aparece con cuentagotas, dejando que las de otros (pero no otros cualquiera: Dave Longstreth, Caroline Polachek, Despot, Kindness o Samantha Urbani, su novia) le coman terreno. Él bastante tiene con intentar que una colección de canciones que podría ser tachada de pastiche (aquí hay hip-hop noventero, groove funkoide, guitarras AOR, percusiones tropicales, saxofones a cascoporro, algún piano disco, referencias orientales) fluya en la misma dirección, sin grumos ni aristas. Y a fe que lo consigue. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

42. Local Natives – Hummingbird

Local Natives

(Infectious/PIAS)

Es difícil no caer en la redes del pop preciosista de Local Natives. Seguramente porque saben mantenerlo en los márgenes de lo que podría resultar excesivamente edulcorado.  Su excelente Gorilla Manor de 2009 podría haber quedado como el momento de inspiración puntual de un grupo de imberbes, pero el quinteto estadounidense sigue empeñado en componer las buenas canciones que forman su segundo Hummingbird. Ahora han ganado en profundidad y su intrínseco romanticismo goza de la misma vigencia. Unos juegos corales impolutos, que no tienen nada que envidiar a bandas de tintes folk como Fleet Foxes, un directo impecable  y temas tan imprescindibles como ‘Heavy Feet’, ‘Breakers’ o ‘Black Ballons’ siguen marcando la tendencia al alza de una banda que parece no haber tocado techo. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

41. Daft Punk – Random Access Memories

Daft Punk

(Columbia)

Si Daft Punk han llegado al estatus de estrellas al que han llegado es, entre muchas otras cosas, porque son dos tíos muy listos. Por eso a la hora de afrontar su cuarto disco, conscientes de que iban a volver después de ocho años y de que el álbum sería uno de los más esperados de los últimos tiempos, han optado por una decisión muy inteligente: rodearse de los mejores. Para evitar sorpresas. De esta forma, Random Access Memories es un disco casi coral en el que cabe el homenaje con la emocionante ‘Giorgio by Moroder’ y la colaboración de su protagonista, donde Nile Rodgers insufla vida a ‘Give Life Back To Music’ (una auténtica declaración de intenciones para el disco) y ‘Lose Yourself To Dance’, en la que precisamente se encuentra con el otro gran protagonista del disco, ese Pharrell Williams convertido en el chico más guay de la clase, que también pone voz, alma y carisma a uno de los hits del año, ‘Get Lucky’. Julian Casablancas y Noah Lennox (Panda Bear), otros dos nombres nada menores, dejan su toque en dos de los temas más distinguibles del álbum, cada uno sonando casi más a ellos mismos que a Daft Punk. Pero al final, eso es Random Access Memories: un disco de todos los que han participado en él, que por tanto se erige como una celebración de la música, orgánica y real, orquestada por un dúo que ha sabido perfectamente cómo enfocar su Everest particular: “Let the music of your life (give life back to music)”. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

40. Jagwar Ma – Howlin’

Jagwar Ma

(Marathon Artists Ltd)

Manda narices que hayan tenido que ser dos australianos y debutantes los que hayan vuelto a poner a Madchester en órbita veintipico años después. Pero es cierto: Jono Ma, a las máquinas, y Gabriel Winterfield, a las voces, han firmado un disco que ha conseguido levantar hasta el aplauso de Noel Gallagher. Y, ojo, es merecido. Porque, aunque no aporte nada nuevo, Howlin’ es un trabajo divertidísimo de principio a fin, rebosante de frescura y calidad y que viste un eclecticismo la mar de jugoso: aquí hay pop llegado de la California sesentera (‘Come Save Me‘), beats bañados en ácido (‘What Love‘, ‘Four‘), homenajes poco velados a Madchester (‘The Throw‘, ‘Man I Need‘), polvoriento rock psicodélico (‘Let Her Go‘)… Todo unificado por un espíritu escapista, liberador y hedonista que actúa de batidora y consigue que la ingesta del heterogéneo mejunje resulte excitante y revitalizadora. (Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

39. Baths – Obsidian

Baths

(Anticon)

Que ”el más allá” tiene un encanto algo morboso para los que estamos acá no es ningún secreto. Todo lo desconocido resulta atrayente, y la vida después de la muerte no es una excepción. Por razones obvias, pocos pueden hablar sobre ello con propiedad. Entre ellos, el hombre que se esconde tras Baths, un Will Wiesenfeld que se tiró gran parte del 2012 peleando contra el E.coli. Y no es un decir: la bacteria a punto estuvo de dejar al angelino en el sitio. Del encontronazo salió reforzado, recubierto por una coraza tan maciza como la roca que da nombre al disco que poco después le servía casi de exorcismo. Un trabajo que está marcado de principio a fin por esos largos meses en los que sobre Wiesenfeld se cernían unos negrísimos nubarrones. Como los de la portada de Obsidian, pelín engañosa. No porque en el segundo álbum de Baths no haya oscuridad, que hay de sobra. Toneladas y toneladas de amargos lamentos (”oh, frailty, what worse fates could you possibly show me?”), explícitas referencias a la muerte (”the thought of mortality dormant in me”, confiesa en ‘Phaedra’) y miedos de todo tipo (ahí está la apocalíptica ‘Earth Death’) recubiertos por una electrónica pura y terriblemente evocadora. Sino porque, en el fondo, suena a etapa ya pasada, a prueba superada. Optimista y decidido, pese a todo. O por todo. Lección vital. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

38.  Furguson – The Leap Year

Furguson

(La Castanya)

¡Pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum! El avance de una batería ominosa e inmisericorde en la brutal ‘Marks On Our Faces’ (que, sin ir más lejos de nuestras fronteras, podrían haber firmado La Débil) acojona. Los sentidos alerta, las pupilas dilatadas. Mal rollo. ¿Qué diablos pasa ahí? Compuesto con apenas un acorde y aderezado con un buen puñado de berridos, el industrial inicio de The Leap Year es un hostión en toda la cara, un “eh, más de tres años después, estamos de vuelta”. Es una señora reivindicación de los catalanes Furguson y, también, un aviso de lo que se avecina en su reválida. Cesan los truenos y entra ‘Heat’, quizás el hit (je) más rotundo que estos chicos hayan facturado nunca. En los 111 segundos de vida que tiene uno se envalentona hasta acabar vibrando como cada vez que suena la siempre infalible ‘Three Centuries’. El acabose en pleno inicio, vamos. Pero esto es un LP (de escaso minutaje, maldita sea), así que hay más. Concretamente otros siete cortes de ese espídico e irresistible post-punk que tan bien se les da, revestido esta vez de oscuridad y crudeza para mayores y mejores resultados (‘Time Is Wise But Not People’‘Some God’ o la implacable ‘My Body / Story / Jewish & Sun’). Del toque new-wave de antaño apenas queda rastro (la Deloreanesca ‘Sattva’) en este mar embravecido de guitarras, samplers y bajos distorsionados que llega a la orilla en‘Cap de Creus’, cuatro minutos instrumentales para no olvidar el origen de semejante discazo hecho en casa. Un orgullo. (Arnau) Escúchalo en Deezer.

37. Janelle Monáe – The Electric Lady

Janele Monae

(Bad Boy/Universal)

En la coctelera de Janelle Monáe cabe de todo. Este es un disco con dos singles para caerse de culo, probablemente uno de los solos de guitarra con más gusto de 2013 y una de las mejores baladas del año (en la misma canción), amén de otro buen puñado de temas memorables. Apadrinado por Prince, que le toca la guitarra en el primer tema tras la intro, este es también uno de los álbumes mejor ejecutados del año. Trabajo de profesionales, nada de chavalitos con cuatro clases y muchas ganas (benditos). Y a pesar del rollo glossy de la portada, aquí hay canciones con más mensaje que el 90% de los discos de 2013, rasquen. La Monáe no es un muñequito, lo dice a la primera: “sharper than a razor / (…) blame it on my youth”; y lo confirma en la segunda, donde acaba reventando en una cola rapeada (ojo al flow que tiene la tipa) en la que suelta lo que sigue: “You can take my wings but I’m still goin’ fly / And even when you edit me the booty don’t lie / Yeah, keep singing and I’mma keep writing songs / I’m tired of Marvin asking me, “What’s Going On?” / March to the streets ‘cause I’m willing and I’m able / Categorize me, I defy every label”. Y a fe que lo hace, porque aquí cabe desde ese funk bailable, hasta el baladón r&b que comparte con Miguel en ‘Primetime’, pasando por el hit pop de ‘Dance Apocalyptic’ o el amago reggae de ‘Victory’ (esos redobles). Con todo, estas nuevas entregas de la historia de Cindi Mayweather quedan algo descompensadas: una primera mitad arrolladora y una segunda mitad más coja, con temas como ‘It’s Code’ (Jackson 5 wannabe?) en la que la de Kansas City se queda a veces corta como vocalista, siempre afinada, pero falta de personalidad en estas codas clásicas. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

36. Yo La Tengo – Fade

Yo La Tengo

(Matador/Popstock)

Con treinta años a la chepa, Yo La Tengo siguen sorprendiendo y sacando discos notables, frescos por fuera, intensos por dentro. Fade, como sugiere su título, es una transición entre estaciones: desde las capas de electricidad de ‘Ohm’ hasta la exhuberancia estival de ‘Before We Run’, pasando por la protección cálida de canciones otoñales como ‘I’ll Be Around’ ‘Stupid Things’ que funcionan a la perfección como hermanas siamesas en el centro simétrico del disco. Escuchar Fade es como pegarle un bocado a un jugoso melocotón: una explosión de sabores. Es verdad, a veces hay cierto regusto amargo en alguna canción con la que no terminamos de empatizar, pero al final la única postura posible ante un disco suyo es la de fragilidad e insignificancia: su música siempre será tan enorme como el árbol que adorna la portada. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

35. Disclosure – Settle

Disclosure

(Universal)

Si en un hipotético futuro nuestros hijos nos preguntan qué canciones sonaban en nuestras discotecas y chiringuitos en el verano del 2013, nos tocará acercarnos con las orejas gachas hasta la gasolinera más cercana en busca de uno de esos recopilatorios de garrafón abandonado al fondo de una cubeta. Triste, sí, pero cierto. En cambio, en territorio UK se lo han montado mejor: si las futuras generaciones de inglesitos se levantan una mañana queriendo saber qué ponía del revés las pistas de baile de su país en 2013, sólo tendrán que pegarle una escucha al debut de los precoces Disclosure. Y es que Settle es una suerte de guía ilustrativa de lo que ha sido la electrónica más desparramada y hedonista durante este año, aunque eso también signifique que sirve para rendir tributo a los 90′s. En esto último reside precisamente lo más curioso de tan incendiario álbum: ¿cómo es posible que estos dos mocosos hayan podido reventar el 2013 fijando la mirada en una década que ni siquiera vivieron entera? Un misterio, pero lo han logrado. Con la ayuda, eso sí, de una nómina de vocalistas que se lo ha puesto todo más fácil: Aluna Francis, Sam Smith, Jessie Ware, Eliza Doolittle… Todos arriman el hombro para dar forma a la que es, probablemente, la colección de hits más burra de la temporada. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

34. Lorde – Pure Heroine

Lorde

(Universal)

La historia de Lorde ha sido un atracón. ‘Royals‘ entró a la primera como el temazo incontestable que es: un antihimno insoportablemente maduro para una cría de 16 (ahora 17) años que ha tirado abajo los tempos de la industria. El primer golpe lo dio con ese pelotazo, ya gigante cuando salió el álbum, y todo apuntaba a que se iba a estrellar contra el muro de su propio hype, pero no. Pure Heroine mantiene con esfuerzo el nivel de su primer single e introduce otro ramillete de sabrosas novedades. Primero en las letras, que dejan más de una imagen poderosa (“baby be the class clown / I’ll be the beauty queen in tears”), y luego en las melodías y recursos, donde el inevitable infantilismo es más un condimento interesante que un estorbo. ‘Tennis Court’ tiene un punto descarado (“yeeeah”), pero vuelve a dar en el clavo, ‘Ribs‘, destapa los tonos más graves de una de las voces más grandes el año y otros detalles como el estribillo de ‘Team’, que para sí la querrían la mitad de bandas que han sacado disco este año, terminan por confirmar que aquí hay más que un hit afortunado. Pocos números uno brillan tanto. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

33. David Bowie – The Next Day

David Bowie

(Columbia)

¿Cómo dar la espalda al eterno camaleón? David Bowie es uno de esos músicos que se ha ganado el derecho a levantar un dedo y que el mundo se pare. Y no, el mérito de The Next Day no reside en los ecos del pasado, aunque haga referencia a todas sus épocas. El comienzo de título homónimo tiene reminiscencias a Diamond Dogs o Scary Monster. La salida del primer single, ‘Where Are We Now?’, hacía prever un álbum relajado, pero los vaticinios caen en el olvido con canciones como ‘(You Will) Set The World on Fire‘, que representa la mejor época de Rebel Rebel’. Para acabar con cualquier duda, el último trabajo del Duque Blanco da para hacer de la remezcla de James Murphy de ‘Love Is Lost uno de los temas del año. Hay muchos Bowie pero todos están en su nueva obra. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

32. My Bloody Valentine – m b v

My Bloody Valentine

(Autoeditado)

Aquella invernal mañana de domingo, despertamos y vimos que 2013 volvía a ser 1991. Todo estaba donde lo habíamos dejado por última vez. Las voces espectrales que suspiraban en nombre del amor. Los bajos desoladores. Las cascadas de distorsión. Los desquiciantes galimatías instrumentales. La aritmética musical. Aquella invernal mañana de domingo, era de nuevo el día de Reyes. El tesoro prometido hasta el paroxismo se había hecho realidad, y no podemos decir que fuese precisamente decepcionante. ‘Only Tomorrow’, ‘In Another Way’ o ‘Is This And Yes’ son muy dignas continuaciones de los himnos de Loveless. El conjunto suena coherente con la línea previamente marcada por los irlandeses, pero uno termina preguntándose si las miles de fotocopias que surgieron en cuanto My Bloody Valentine se echó a dormir no habrán terminado por desactivar el elemento sorpresa que guardaba, como un as en la manga, la marca original. En cualquier caso, veintidós años después, el invierno sigue intacto. Y nos alegramos de ello. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

31. Foxygen – We Are The 21st Century Ambassadors of Peace & Magic

Foxygen

(Jagjagwar)

Con el segundo trabajo de Foxygen tenemos dos opciones. La primera, oh existencia, pasa por amargarse viendo tributos y plagios (a los Kinks, a Elvis, a los Stones) por todos los lados y desacreditarlo sólo por el hecho de que no aporta nada nuevo. La segunda es disfrutarlo. Y creednos: es la más sana de todas. A la mierda los clichés, el hype, la vida del pleistoceno y las pintas de niñatos de Jonathan Rado y Sam FranceWe Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic es un disco divertidísimo, repleto de canciones brillantes y momentos desenfadadísimos. Foxygen es un grupo prolífico, que vive un momento dulce (a pesar de sus movidas internas) y que se ha coronado este año, más allá de que lo suyo sea un jukebox psicodélico y rockero del que picotean por aquí y por allá. Porque eso da igual si firman una primera mitad de disco tan redonda (‘In The Darkness‘, ‘No Destruction‘, ‘San Francisco‘, ‘On Blue Montain‘) y regalan un buen puñado de hits. Para eso habíais venido, ¿no? (Marco/Sónida) Escúchalo en Deezer.

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