30/09/2013

Triángulo de Amor Bizarro y Yuck tocaron en dos lugares insólitos de la ciudad el pasado 28 de septiembre.

¿Qué, os pensabais que era más alta, no?”. Pues sí. Isa, empuñando su bajo, escondiendo los ojos tras el flequillo, gritándole al micrófono desde la tarima de cualquier sala, o las tablas de cualquier festival, parece algo más alta. Allí, delante de ti, zapato plano, a un palmo de tu cara, sudando, es una chica menuda, pero igualmente poderosa. Estábamos con ella al final de la cueva de The Passenger, un garito sito en el 16 de la calle Pez de Madrid, elegantemente acabado en madera y cuero y que pretende simular un lujoso vagón de tren. Unos cuantos proyectores rebotan paisajes lejanos en unas pantallas tamaño ventana, y supongo que con tres gintos de más, uno puede acabar con la ilusión de estar en movimiento. Su sótano es un pasillo ancho mucho más austero. Acabado en ladrillo rojo, abovedado y sin ventilación. Allí, Triángulo de Amor Bizarro y unas cuarenta personas entrábamos con lubricada dificultad. Es la idea loca Get Loud, iniciativa cultu-comercial impulsada por Converse que ya triunfó en Barcelona hace sólo un par de semanas, y que en Madrid ha pasado con igual gloria. A diferencia de otros eventos de este tipo, la marca supo camuflarse: imposible dar la sensación de ‘underground’ si la publicidad prima sobre todo lo demás. Incluso en los carteles que promocionaban el evento, el nombre del fabricante era casi lo de menos, un lugar al que remitían para más información. Elegante e inteligente.

Como ocurrió en Barcelona, la localización de los eventos fue secreta hasta casi última hora. Era labor, en parte, de los muchos redactores invitados hacer correr el tuit en esa hora y poco que la organización daba para ponerse las pilas. Cuando llegamos al Passenger, bajo una de las primeras y agradecidas lloviznas del otoño, ya había una cola decente. Dentro, apretados, los gallegos nos pasaron por encima, como era de suponer. Isa, literalmente, no veía a sus compañeros, repartidos en la parte central del antro. El calor fue tropical desde el primer momento. Un aire espeso y cada vez más cargado se adueñó del lugar en minutos. A uno ya le caía el sudor a chorros cuando acabó de sobar ‘Robo tu tiempo’, esa motosierra sonora que abre el correoso Victoria Mística.

Sinceramente, el experimento podría haber sido un fracaso: podría haber sonado horrible, podríamos no haber soportado el calor, podría habernos superado el agobio. Pero no: sonó de arrollador, el calor nos hermanó de una forma casi primaria, y la impresión de sentir tanta energía desde tan cerca superó cualquier atisbo de claustrofobia. Isa tomó el mando desde el principio. Cercana, eléctrica y contundente, nos hizo sentir como en su local de ensayo. Fue media hora sin tregua en la que cataratas como ‘La Malicia de las Especies Protegidas’ nos daban no sólo en la cara, sino en todas partes al mismo tiempo. Era un concierto privado y tridimensional en el que uno tenía que elegir si flipar con las hostias de Rafael Mallo en la batería, los vaivenes de Zippo a los teclados, o enfocar los escorzos de Rodrigo en sus amagos de solo. La experiencia fue, efectivamente, inolvidable, extrañamente natural y tremendamente intensa. Son una banda en plena forma que sabe exactamente a lo que quiere sonar. Y lo hacen de escándalo.

Viene el titular al caso porque la noche del sábado fue en Madrid noche de derbi. El concierto de Yuck fue, finalmente, compatible con la pasión futbolera y ahora, vistos los bolos y el partido, uno no puede dejar de pensar que existe ahí un paralelismo extraño. Por una parte, TAB y el Atlético de Madrid, fieros, saben de qué va lo suyo, saben exactamente a qué juegan, y lo hacen cada día mejor. Al otro, Yuck y el Real Madrid, algo timoratos, están en un momento de tránsito, de cierta indefinición, lidiando todavía con su pasado más inmediato y sin saber muy bien si el nuevo líder llevará la cosa o no por el buen camino (hablamos de ello con él hace escasos días). El bolo Yuck fue acogido por el karaoke al que se accede desde el parking de la plaza de los Monstenses. Para los foráneos: al ladito de Gran Vía, entre Callao y Plaza de España. Allí no cabíamos muchos más, pero el ambiente estuvo aseado: la banda sobre un escenario, cierto grado de ventilación, y todo más normal. Los ingleses, que publican su primer álbum tras la marcha de Daniel Blumberg, entendieron bien la idiosincrasia del evento y dejaron para mejor ocasión la presentación de su pasteloso bonito Glow & Behold.

yuckikram1

Abrieron, sí, con la intensa Middle Sea y hacia la mitad colaron ‘Rebirth, pero el setlist fue dominado claramente por los temas de ese álbum debut que no nos cansaremos de reivindicar. Esto es una opinión altamente personal, pero diría que sin Blumberg la banda ha perdido gran parte de su magia: son más previsibles y un poco menos fieros. Max Bloom amaga con el desafine más de lo debido, y nos pongamos como nos pongamos, ‘The Wall’ no suena igual en la voz de Mariko, la bajista. Con todo, la citada ‘The Wall‘, ‘Operation‘ 0 ‘Get Away‘ son tan infalibles, y teníamos tantas ganas de volver a escucharlas, que nos lo creímos todo. Y nos lo pasamos genial. En directo, apartado vocal al margen, siguen sonando bastante bien (gracias en parte a la incorporación del nuevo guitarrista, Ed Hayes, de Fanzine) y algunos de sus temas demuestran que pueden seguir siendo brillantes cuando dan en la tecla. Ahí están ‘Out of Time’ o ‘Somewhere’, de su último álbum. Pero el cambio de sonido les hace más indistinguibles y corren en el serio riesgo de perderse en la prole infinita de Teenage Fanclub.

yuckikram2

YUCK2

TAB3 TAB2 TAB1

Fotos: Ikram Bouloum (menos la de portada de TAB, que es de Daniel Boluda).

Publicidad
Publicidad