31/08/2013

Crónicas de Jagwar Ma, The Vaccines, The Horrors, Ducktails, Belle & Sebastian...

España sigue siendo una Meca en lo que a festivales de verano se refiere, y de más de uno puede presumir con razón. Pero entre el IVA desorbitado, que pone el precio de muchos abonos por las nubes, y el poco riesgo que asumen algunos a la hora de elaborar sus carteles, no está de más mirar fuera de nuestras fronteras en busca de otros menús musicales. Portugal sigue siendo una vía perfecta de escape y una alternativa muy a tener en cuenta para el estío. Ya hemos hablado otras veces de las bondades de nuestro país vecino en materia de festivales, ofreciendo carteles para todos los públicos, a precios más que económicos y que nos permiten, de paso, hacer algo de turismo. Entre ellos, el Paredes de Coura es un festival especial, diferente. Nació pequeñito y humilde, avalado por una localización natural de ensueño y su gran comodidad (ese anfiteatro natural da la vida): olvídense de largas caminatas sobre caluroso asfalto para llegar a tiempo a los conciertos o de ponerse de puntillas para ver algo entre miles de cabezas; olvídense de solapes imposibles y elecciones dolorosas. Con los ingredientes dispuestos para servir, la vigésimoprimera edición –que se dice pronto– reunía además un cartel de lo más variado e interesante:  gran presencia emergente (Jagwar Ma, Peace, Toy…), grupos ya consolidados (The Horrors, Veronica Falls), viejos mitos (Echo & The Bunnymen, Belle & Sebastian) y algún reclamo comercial (Justice). Todo eso en tres días, a un módico precio tanto en abonos como dentro del recinto y con una fiesta de presentación, que nos perdimos, que contaba con nombres como Unknown Mortal Orchestra o Alabama Shakes. En definitiva, un festival de lo más disfrutable, cómodo y atractivo que, poco a poco, va haciéndose más grande. Ahí estuvimos nosotros para testificarlo.

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JUEVES 15

Al igual que sus magníficas bondades, programar un festival en medio de la naturaleza rural portuguesa también tiene sus defectos. El más acusado, sus infraestructuras viales. Conducir por Portugal puede convertirse una pesadilla de laberintos sin salida, lleno de caminos mal asfaltados y peor indicados. Nosotros, claro, pagamos la novatada y llegamos tarde al recinto después de estar dos horas dando vueltas sin sentido. Lo suficiente como para perdernos a Widowspeak y Everything Everything y llegar a comprobar que ‘Teenage‘ de Veronica Falls pierde parte de su magia en directo.

Una odisea que acabó con Jagwar Ma. Con un sólo disco en el mercado, los aussies ya pueden presumir de tener los suficientes hits como para permitirse abrir con ‘What Love?’, probablemente su canción más conocida, y que nadie salga huyendo de allí. Quizá porque salen al escenario y se huele que tienen aura. Gabriel Winterfield, el tipo que pone las voces a ese mejunje psicodance, es uno de esos frontman carismáticos. Pequeño pero matón, ataviado con un gorro hasta las cejas, unas gafas de sol grandes y una camiseta oversized de Metallica, se mueve por el escenario como si fuese la sombra de Ian Brown, con una actitud chulesca pero que, en su sonrisa de pillo, se vuelve adorable. Sin embargo, el que parte ahí la pana es Jono Ma, lanzando bases, cacharreando con sintes, tocando la guitarra. Es él el que se encarga de pasar de ‘Man I Need’ a ‘Exercise‘ sin despeinarse, de lanzar la clubber ‘Four‘ y montar la fiesta padre hasta cerrar con ‘The Throw‘ mientras caían los últimos rayos de sol. Nos quedamos con ganas de verles en sala a altas horas de la madrugada y con batería, pero su paso por Portugal confirmó las expectativas de ‘Howlin’.

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Aunque ya hemos dicho que el festival no destacaba precisamente por sus solapes, el del final de Jagwar Ma con el inicio de Toy era uno de los más tediosos. Llegamos a los británicos cuando desenfudaban ‘Dead & Gone‘ y comprobamos que la carpa expulsaba una masa de sonido plana en cuanto los cinco tocaban a la vez. Una lástima, porque ellos –pelazos mediante– ponen toda la carne en el asador, clavan todas las transiciones y no fallan una nota. Aprovecharon para tocar una canción nueva, del todo continuista pero sin bajar el nivel, para acabar con ‘Motoring‘ y ‘Kopter‘, donde sí sonaron con la contundencia y pulcritud que se echaba de menos.

Hay grupos a los que el progreso les sienta bien. Y, aunque nunca pensé que diría esto, The Vaccines son uno de ellos. Con ‘Melody Calling‘, su recién estrenado EP, los británicos se han olvidado del rock acelerado y facilón de sus dos primeros discos para entregarse a un pop más melódico que les sienta como anillo al dedo. Un trabajo maduro que repercute en el escenario. Aunque el pasado (lleno de claroscuros) sigue ahí, los de Justin Young salen en directo a defender una propuesta mucho más redonda, añadiendo suciedad a los temas viejos y edulcorando lo nuevo. En su concierto hubo momentos para todo, tanto bueno como malo, pero la impresión es que The Vaccines no quieren seguir siendo un grupo más. Habrá que darles tiempo, pero las sensaciones son positivas.

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Hot Chip llevan tantos años sobre el escenario que su perfección les acaba jugando una mala pasada. Es decir: es imposible decir algo malo del concierto de Alexis Taylor, Joe Goddard y compañía. Sacaron a la palestra diez hits, repasando ‘In Our Heads’ y ‘One Life Stand’ exclusivamente, los interpretaron a las mil maravillas…y ya. Un show tan trabajado y mascado que la línea entre el estudio y el directo se torna difusa y se pierde entre la pulcritud. Lo intentaron hasta el final con ‘Ready For The Floor’ y ‘I Feel Better’ pero ya era demasiado tarde: lo habíamos pasado bien, pero la suela de las zapatillas seguía intacta.

Los que sí ensuciaron zapatillas a diestro y siniestro fueron The Knife, pero de qué forma. Ya sabíamos que lo suyo era una performance diferente y especial, pero lo visto en el Paredes de Coura rozó el ridículo. Cabezas de cartel, sin ningún grupo que les hiciese frente, a los suecos no se les ocurrió otra cosa que sacar a un tipo a calentar al personal. Los veinte primeros minutos transcurrieron en lo que sería una estupenda clase de aerobic si estuviésemos en el gimnasio y no en un festival de música: “A la derecha, a la izquierda, levantamos los brazos, decimos sí, decimos no, aplaudimos…”. Todo para que The Knife llegasen, plantasen sus trastos y tocasen… ¡tres canciones! A partir de ahí, su ‘Shaking The Habitual’ sonó por los altavoces y sus miembros se tiraron una hora bailando sus propias canciones. Pretencioso, soso y desmitificador. Eso sí, olé sus huevos: hacen lo que les da la absoluta gana y encima cobran por ello.

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VIERNES 16

El viernes abría su jornada con Peace, que no salieron muy bien parados en esta casa de su paso por el Primavera Sound. Ya hemos comentado que su disco debut, In Love, combina momentos brillantes con naufragios de obviedad y autoimitación. Su directo, más allá de las canciones, invita a pensar lo contrario. Los cabecillas de la hornada Birmingham sonaron contundentes en el escenario grande, olvidándose de la pose pelín forzada que arrastraban por Barcelona, a pesar de que flaquean en cuanto caen en lo meloso (‘California Daze’, ‘Float Forever’). Sin embargo, mejoran a raudales cuando se vuelven épicos (‘Higher Than The Sun’, ‘Follow Baby’) o cuando deciden salirse del guión y se van a los 9 minutos con la experimental ‘1998’. Se arrancaron con ‘White Noise’ de Disclosure ft. AlunaGeorge y les salió de maravilla para acabar con ‘Lovesick‘. Los mimbres los tienen y sólo falta pulirlos un poco más.

Con The Horrors siempre ha existido la duda de si los directos están a la altura de sus discos, y parece que la respuesta va encaminándose al sí rotundo. Y eso que arrancaron con dudas en ‘Mirror’s Image’ y ‘Scarlet Fields’, con un sonido desastroso que amplificaba demasiado la batería y tapaba las guitarras. A partir de ahí, Faris Badwan y los suyos fueron una apisonadora. Activos y feroces al mismo tiempo, con un Joshua Hayward sobresaliente a la guitarra, primero subieron los decibelios con ‘Who Can Say‘ y ‘I Can See Through To You’ para después embobarnos con ‘Endless Blue’ y su cambio de ritmo y la coreadísima ‘Still Life‘, que sonó como un tiro. Ya con los ánimos por todo lo alto, los ingleses estrenaron ‘Elixir Spring’ de su próximo álbum (que nos dio tiempo a grabar y que es un temazo) hasta acabar con la apoteósica ‘Moving Further Away’. Ganadores por goleada.

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Aunque la masa que estuvo en The Horrors era importante, el concierto más masificado de la jornada (y puede que del festival, Justice mediante) fue el de Echo & The Bunnymen, que subieron visiblemente la edad media del recinto. Allí, los de Liverpool dieron un set de una hora academicista en el que no se andaron con chiquitas ni con discos tardíos: repasaron lo más destacado de su discografía en una especie de Best Of y salvaron los muebles sin demasiado aspaviento. Concierto para fans, que no era el caso, y la eterna discusión de la legimitidad de los conciertos de las viejas glorias. Más entusiasmo le ponen a lo suyo Simian Mobile Disco, que se aprovecharon de la gran cantidad de gente y ordenaron un set la mar de bailable a pesar de que redundaba, muchas veces, en lo más obvio del house.

SÁBADO 17

El sábado era, a priori, la jornada menos suculenta del festival portugués y, sin duda, la más variopinta estilísticamente, capaz de unir a treintañeros fans de Belle & Sebastian con adolescentes que estaban allí por y para Justice. De todos modos, la primera parada obligatoria y marcada en negrita era la de Ducktails, autores de uno de los discos más bonitos del año. Íbamos con expectativas moderadas, sin terminar de ver su propuesta, delicada y elegante, como caballo ganador en un festival. Pero Matt Mondanile y los suyos se salieron por la tangente. Para empezar, porque hicieron poco caso a ‘The Flower Lane’ (sólo cayeron ‘Ivy Covered House’, ‘Under Cover’ y ‘Planet Phrom’) y se dedicaron a estrenar canciones nuevas y rescatar viejo material (‘Killing The Vibe’ sonó magistral). Y, después, porque los americanos consiguen dotar a sus canciones de un cuerpo y una contundencia de la que adolecen en estudio. Sólos alargados, guitarras que se entrecruzan y explotan en instrumentales y un pop que pasa de ensoñador y refinado a cotas más psicodélicas. No hicieron lo que esperábamos pero la jugada les salió redonda.

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Con Ducktails acabados antes de hora (les cortaron la última canción), sacamos las ganas suficientes para acercarnos a Palma Violets, que defendían uno de los (¡dígamoslo!) peores discos de este año. Y, efectivamente, su actuación fue un vodevil. Absolutamente sobrepasados por el hype que les han proporcionado desde NME, los imberbes salen al escenario a dar berridos, hacer el gamberro, tirarse al público y ser toqueteados por las grupis (“Chilli, you’re my one divine” rezaba una pancarta). Poca música, peores canciones y actitud demasiado chulesca. Así no, Palma Violets.

Más les habría valido pasarse por el concierto de Bass Drum Of Death, mordientes y explosivos como pocos. Los americanos son de los que necesitan poca cosa para montarla gorda: dos guitarras, batería y a campeonar con su garaje nocturno, psicodélico y pasado de revoluciones. Con esos ingredientes repasaron su último disco mientras el público se entregaba a los pogos y el crowdsurfing. Eso sí, sus melodías tienen tanta clase que compraríamos si algún día se hacen un go pop.

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Giros imposibles de esta vida, pasamos de la tormenta sonora de BDOD al folk pop de mantica de Belle & Sebastian. Al contrario que Echo & The Bunnymen, que van con el piloto automático puesto, los de Glasgow hacen todo lo posible por ofrecer un buen concierto, con un Stuart Murdoch hiperactivo al frente y una banda, casi orquesta, secundándole. Sin rastro de material nuevo en los últimos tres años, Belle & Sebastian se dedicaron a rescatar sus grandes éxitos (‘I’m A Cuckoo’, ‘Another Sunny Day’, ‘The Boy With Arab Strap’) en una hora larga que acabó con varios fans subidos en el escenario y el único bis de todo el festival. Sus seguidores, encantados.

Lo de Justice es un fenómeno que nos sobrepasa. Capaces de mover oleadas de gente por un DJ set, haciendo de su puesta en escena su gran valor, despilfarrando en luces y fuegos de artificio y reuniendo en su música todos los clichés horteras franceses. Nos perdonarán, pero algunos en esta casa no alcanzamos a comprenderlo. Al segundo ataque de caspa techno pretencioso desistimos y enfilamos la salida.

Hasta la siguiente, Paredes de Coura, ha sido un placer conocerte.

Fotos: Hugo Lima | www.facebook.com/hugolimaphotography | www.hugolima.com

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