07/08/2013

Crónica de la última edición del Low Cost, con conciertos de Portishead, Belle & Sebastian, Veronica Falls, Toy...

A la altura de Petrer, ya se iba notando en el ambiente. El clima medio desértico salpimentado por palmeras, Carrefours y complejos hoteleros levantados gracias a alguna (des)afortunada comisión empezó a ser la norma, y un rato después, el skyline de Benidorm apareció quebrando el horizonte, mordiendo el cielo, llevando esa misma fórmula hacia las alturas. Benidorm. Paraíso del chiringuito, las quemaduras al sol, la arena en todas partes y la cartelería turística cañí. Y lugar donde se celebra el Low Cost Festival desde 2010. En esta edición, la quinta, han asistido más de 75.000 personas (repartidas, claro está, entre los tres días de festival), todo un hito que garantizará con seguridad futuras ediciones. De Portishead a Fangoria. De Belle & Sebastian a Toy. Ecléctico y algo irregular por momentos, pero un festival cómodo como pocos, con unas reducidísimas esperas en las colas (barra, puestos de comida, baños) y a diez minutos andando (si llegaban) del centro de la ciudad. Con la playa realmente cerca y la oferta de fiesta que un lugar como Benidorm ofrece, ¿quién podría resistirse? Compartimos con vosotros alguna de las actuaciones que se vieron durante los pasados 26, 27 y 28 de julio.

VIERNES 26

Lo de Delorentos es de manual. Pose y actitud mil veces vista, alguna melodía pegadiza entre la morralla, bailes reducidos a hacer tap-tap con los pies siguiendo el acento de la canción, flequillos hipster y pantalones chinos. O sea, perfectos para un festival. Tuvieron el detalle de acordarse de las víctimas del accidente de Santiago y de los patrocinadores en momentos diferentes de la actuación. Pese al cambio de horario (en un principio estaban programados Veronica Falls), lograron llenar el escenario Energy Sistem a niveles aceptables. ‘S.E.C.R.E.T.’ y ‘Care For’ fueron de las más coreadas y bailadas, subiendo momentáneamente de nivel hasta el de grupo-karaoke.


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Londinenses y tímidos, Veronica Falls podrían estar más alto de donde están. Y deberían conseguirlo algún día, teniendo en cuenta su juventud. Al menos parten de coordenadas favorables y apuestan por una fórmula de las que cautivan corazones: melodías jangle-pop de la vieja escuela, coros en cascada, lecciones bien aprendidas de las radios musicales universitarias, y actitud de no querer estar tocando en un escenario. Lo dicho, podrían ser mejores, si quisieran. ‘Waiting For Something To Happen’, ‘Found Love in a Graveyard’ y el inicio instrumental de ‘Come On Over’ fueron los momentos cumbre de un concierto bastante resultón (de hecho, terminaría siendo de los mejores de la irregular jornada inaugural), con algún problema de sonido (los platos de la batería sonaron fortísimos, y un parche se terminó rompiendo) y una interacción casi nula con el público. Al terminar el concierto, tuvimos tiempo de llegar corriendo al escenario Budweiser para cantar a grito pelado ‘Señora’ de Serrat versionada por Los Enemigos: “ya sé que no soy un buen yerno, soy casi un beso del infierno, pero un beso al fin, señora”. Clásico atemporal.

A la hora del mastodóntico concierto de Two Door Cinema Club, el Low Cost estaba a reventar. Afortunadamente, la Ciudad Deportiva Guillermo Amor tiene una superficie que supera con mucho las mejores expectativas de asistencia, por lo que nunca, en los tres días, hubo tapones ni agobios excesivos. Ni siquiera en este concierto que, dicho sea de paso, fue salvado por los juegos de luces (no sé qué les verán a TDCC más allá de ‘Handshake’, la verdad) y por el hecho de que estar rodeado de gente bailando y volviéndose loca siempre es motivo de risa. El caso es que al rato empezaban Svper (aka Pegasvs) en el escenario Energy Sistem, de modo que allá fuimos y… decepción. Comenzar con ‘No volverá’ no fue una buena idea. Optar por poner unos bajos tan altos (llegaron a ser una segunda piel para los asistentes, sepultando las curiosas melodías del grupo) no fue una buena idea. No dejar lugar a la improvisación y volcarse demasiado en el botón y el pedal no fue una buena idea. Acelerar hasta velocidades espídicas ‘El final de la noche’ no fue una buena idea. Lástima.

Y con esas nos fuimos a ver al escenario principal a Lori Meyers, quienes confirmaron por enésima vez que son caballo ganador, carne de festival, cabeza de cartel comodín. Yendo en el coche a Benidorm, tuvimos ocasión de rememorar Viaje de estudios y Hostal Pimodan y… joder, qué tiempos. Qué jóvenes, qué frescos, qué prometedores. Qué colorista era su música. A día de hoy, hasta podríamos decir que tienen dos etapas: la primera, esa en la que ‘Mujer esponja’ era EL himno, y la segunda, más masiva, donde canciones como ‘Alta fidelidad’ cierran conciertos. No se les puede negar profesionalidad (sudada gira tras gira) y carisma, y sus conciertos nunca aburren, pero tampoco sorprenden. Y eso que en esta ocasión lo intentaron sacando a Anni B Sweet en ‘El tiempo pasará’, pero a la hermosa malagueña le sigue faltando garra. Aun así, lo pasamos pipa y pudimos cantar ‘Sus nuevos zapatos’ (también en honor de las víctimas del accidente de Santiago).

SÁBADO 27

Teníamos en el punto de mira este día desde que Portishead anunciaron que vendrían al Low Cost. De lejos, la jornada central fue precisamente eso: la principal, la importante, la que levantó el vuelo. Se iba notando una mayor afluencia de público, sobre todo de gente en la treintena (no en vano los dos conciertos ineludibles eran de referencias innegables de los noventa). Empezamos la tarde-noche con Delafé y las flores azules y su “rap” de cara amable, con mariposas, siestas, estrellas y paellas. ‘Volvemos a empezar de cero’, ‘De ti sin mí’o ‘La primavera’ fueron los puntos clave de un concierto chupiguay que disfrutamos a medias porque –lo admitimos– estábamos mirando de reojo hacia el escenario Budweiser…

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…donde iba a tener lugar, por fin, un concierto. Babero en ristre, echamos a correr listos para paladear la exquisita delicatessen de Belle & Sebastian. Más una orquesta que un grupo de pop-rock (superaron la decena sobre el escenario, metales y cuerdas incluidos), estuvieron perfectamente ecualizados desde el principio, como demostraron en la instrumental ‘Judy Is a Dick Slap’ y en la inmediatamente posterior ‘I’m A Cuckoo’. El concierto estaba petado, todos movíamos el culo y sonreíamos, y no era para menos: el suyo fue un recital del que te ibas enamorando al instante, donde incluso las canciones desconocidas encajaban a la primera en los oídos y el corazón. ‘I Want The World To Stop’ fue la primera canción realmente celebrada, y ya para ese momento, a mitad de concierto, se sabía que estaban dándole mil vueltas al resto de grupos. Podrían haberse quedado tocando toda una vida, haciendo sonar en bucle ‘Seeing Other People’, ‘The Boy With The Arab Strap’ (en la que subieron a un puñado de fans, que bailaron entre la timidez más aplastante y la euforia más absoluta) y ‘Judy And The Dream Of Horses’. Por su parte, Stuart Murdoch se presentó ante el público de Benidorm como un estupendo frontman, saltando al foso, dando gracias, deseando que disfrutáramos con Portishead. ¿Saldrá alguna vez en nuestro país un grupo como ellos?

El siguiente plato fuerte eran los propios Portishead. Acompañados por el corte de voz original que usaron The Beatles para sacar su (irritante) loop de ‘Revolution No. 9’, salieron al escenario mientras a sus espaldas se formaba una enorme P a base de interferencias. La primera en sonar fue ‘Silence’, de Third (que ya es del 2008, atiendan), perfecta para ir subiendo pulsaciones y creando suspense. Y entonces… “Tempted in our minds, tormented in silence”. Crack. La voz de Beth Gibbons, entre la fragilidad y la hecatombe, sonaba jodida y falta de recorrido, pero bendecida por el blues. Y aguantó. Aguantó en ‘Nylon Smile’, ‘Mysterons’ (con un final increíble a base de scratch rabioso) y ‘The Rip’. Aguantó bajo el inmaculado cielo estrellado, aguantó a través de las hordas impresentables que no dejaban de hablar a diestro, siniestro, barlovento y sotavento. Aguantó incluso en ‘Wandering Star’, tocada con los instrumentos al mínimo. No faltó ningún gran hit: ‘Roads’, ‘Machine Gun’, ‘Magic Doors’… todas cayeron. Para bien y para mal, todo parecía estar calculado al milímetro: los feedbacks de guitarra, la sensación de que Beth Gibbons iba a estallar en cualquier momento, los redobles de batería, las alucinantes proyecciones en directo… Ya al final del concierto, el hieratismo de Gibbons dejó paso a alguna que otra sonrisa sincera e incluso al habitual baño de multitudes en ‘We Carry On’. Allí se quedó, agarrada por decenas de manos, arropada por la masa (dicen que éramos 25.000), mientras la música, esa electrónica suave con mimbres de rock fronterizo estallaba, furiosa, a diestro y siniestro, a barlovento y sotavento, arrasando con todo, cuchicheos impertinentes incluidos.

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A partir de ahí, una cosa era segura: todo iba a ir para abajo. Aun así, pudimos tararear alguna de Dorian (‘Verte amanecer’, ‘A cualquier otra parte’ y ‘La mañana herida’ siguen funcionando), cerciorarnos por enésima vez de que Alice Glass morirá sobre un escenario (y será cantando ‘Baptism’, ¿se imaginan?) y admirar con ternura el despiste de referencias de Monarchy, que versionaron ‘Video Games’ de Lana del Rey, llevaban aires de Bono y estaban maquillados como Michael Stipe.

DOMINGO 28

Ah, los domingos. Ni relax, ni trabajo. Ni mainstream, ni alternativo. Día irregular donde los haya, de resaca y siesta, alegría y depresión. Algo así fue la programación del último día del Low Cost 2013. Iniciamos la tarde viendo a la pizpireta Zahara, a la que pillamos con el concierto medio empezado. Llegamos para disfrutar su lado más sufrido y gutural (‘Camino a LA’) y también el más popular y festivo (‘Me lo merezco’). Congració a todos los asistentes gracias a un ceñidísimo vestido naranja, o más bien deberíamos decir una segunda piel naranja (gracias al señor Lobo por el matiz). Todos pensábamos que terminaría haciendo un cameo en Love of Lesbian para cantar ‘Lucha de gigantes’, pero no.

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Poner vídeos de grupos oldies de chicas mientras te regocijas en unos tics de crooner de los cincuenta puede hacer gracia a alguien, pero a nosotros nos pareció forzado. A los chicos de Glasvegas, en cambio, les debe de encantar, porque dicho tic vocal se extendió durante tooodo el concierto, tanto en aquellas canciones con algo de chispa (‘Geraldine’ o ‘Daddy’s Gone’) como en las que sonaban repetitivas hasta decir basta. Eso sí, sus canciones fueron bastante aplaudidas, así que quizá seamos unos raros en Indiespot. Quizá.

Que levante la mano quien no haya estado todavía en un concierto de Love of Lesbian. No hace falta prodigarse demasiado en detalles, ¿verdad? Ya se imaginarán: camisetas de John Boy contadas por millones, carteles que dejaban muy claro que el Low Cost sería el único festival al que acudirían Santi Balmes y compañía… Concierto multitudinario, coreado por miles de gargantas, una prueba más de que sus canciones se han acomodado, de que no sirven más que a sí mismas. Verles en 2010 y hacerlo en 2013 es lo mismo, pese a la novedad del tracklist: momentos sonrojantes (¿es necesario que el bajista tenga que pasear su barriga al aire por el escenario?), aspavientos, monólogos interminables… y música, también. Nada nuevo. De destacar alguna canción, nos quedamos con ‘Me amo’, por decir alguna y porque se pega a la cabeza, la jodida. No sabemos si alguna vez LOL prometieron algo, de lo que sí estamos seguros es de que su respuesta siempre es la misma.

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Horas antes del concierto de Toy, servidor de ustedes estaba tomando en un restaurante en primera línea de playa una fritura sevillana (aunque no tenía cazón en adobo, maldición), cuando les vio. Cinco muchachos desgarbados, flaquísimos, vestidos de negro a 35º y con greñas. El mundo siguió girando al margen de aquellos personajes. Ya de noche, esos mismos cinco tipos degarbados y flaquísimos intentaron que el mundo girara a su alrededor a base de un intenso cóctel de krautrock, psicodelia, minimalismo y drones que sonaban como el martillo de un dios sanguinario. No quedaron lejos de conseguirlo. Parapetados tras una nube de feedbacks y sus sudorosas melenas, no dijeron apenas nada al respetable, que sin ser excesivamente numeroso (no olvidemos que veníamos de ver a Love Of Lesbian), sí bailó con frenesí ante una propuesta atractiva que estuvo a punto de desinflarse en varios momentos, pero no lo hizo gracias a la tremenda ‘Dead And Gone’ y al futuro himno (aguarden si no) ‘My Heart Skips a Beat’. Nos quedamos con la intriga de saber cómo habría sonado el teclado porque, a pesar de que la española Alejandra Díez no paró de tocarlo, los que estábamos abajo ni lo olimos. Nos quedaremos con el sonido del disco, pues.

Manténgannos el secreto: nunca digan por ahí que han leído una crónica de Fangoria en Indiespot. Pero qué quieren que les diga: cuando toca petardeo, toca petardeo. Pese al playback, pese a la innecesaria aparición de Mario Vaquerizo versionando a Icona Pop (glups), pese a algunas intervenciones de Alaska (“estamos encantados de estar en Benidorm, con Glasvegas y con… todos”, glups doble) el show de Fangoria funcionó bien: un puñado de hits que han cincelado la cultura popular española de las últimas tres décadas, unas tablas que superaban con creces a las del resto de bandas que acudieron a Benidorm y, en fin, mucha fiesta. Después de ver a Toy tampoco era algo difícil, ciertamente. La tríada ‘Perlas ensangrentadas’, ‘Bailando’ y ‘Ni tú ni nadie’ hizo el resto. Todos éramos amigos, todos éramos hermanos, y el concierto se pasó volando. Eso sí, un error de cálculo de quien escribe hizo que llegara al concierto de Standstill justo cuando estaba terminando, y no podemos reseñar nada de lo que ocurrió. Todo secreto tiene su lado oscuro.

Fotos: Amado Lindo, Guillermo Galisteo

Texto: Álvaro Ramírez (@alvarorcalvo)

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