26/07/2013

Crónicas de Arctic Monkeys, Beach House, The Killers, Dizzee Rascal, AlunaGeorge, Woodkid, Chvrches...

Como no podía ser de otra forma, la 19ª edición del FIB se celebró. Y, sobre todo, se disfrutó. A pesar de esas incómodas dudas de última hora, a pesar de todos los pesares, llegó el jueves 18 de julio y Benicàssim amaneció tomada por una entusiasta marea fiber que la organización del festival acierta en cifrar en 35000 asistentes por día. Algunos menos se acercaron a una jornada inaugural, la del jueves, alzó el telón con tintes metafóricos: negrísimos e inquietantes nubarrones cubrían el cielo en las primeras horas de la tarde. Más dudas, esta vez de carácter climatológico. Glups. La amenaza duró poco y, finalmente, la Madre Naturaleza no consiguió lo que tampoco había conseguido la supuesta inestabilidad económica: que el FIB 2013 no echara a andar. Lo hizo, y vaya si lo hizo. Más concretamente, al paso que marcaron los debutantes Temples, cuyo concierto en el Pringles FibClub no podíamos perdernos por razones obvias. Los británicos se dejaron gran parte de su carga psicodélica en casa y probablemente sorprendieron a los que esperaban encontrarse a unos alumnos aventajados de Tame Impala. Sabia y valiente decisión. En lugar de enmarañar su sonido y esconder posibles carencias de principiante tras capas alucinógenas y distorsionadas, el cuarteto optó por desnudar sus canciones en la medida de lo posible hasta parecer mucho más fans de Suck it and See que de Lonerism. Y hablando de fans, ¿a estas alturas, cuatro años después de publicar su debut, le quedaría alguno a La Roux? Eso se preguntaba más de uno poco antes de que, a las 21:30, la pelirroja y su banda aparecieron en el Maravillas, ese escenario en el que es prácticamente imposible sonar mal. Incluso si en tu currículum ya acumulas numerosas veladas repletas de desafines y estribillos descafeinados. Nada de eso hubo en una actuación discotequera que arrancó con ‘In For the Kill‘ y se cerró con ‘Bulletproof‘. Entre hit y hit, varios temas nuevos de lo más continuistas e innumerables paseítos de una Elly Clarkson que no para quieta sobre las tablas.

beach

Cambio total de tercio. De los colores flúor y la agitación de La Roux… a las sombras y la quietud de Beach House. Nueva cita con los de Baltimore, esta vez en un territorio aparentemente hostil como puede ser el escenario principal del FIB. Porque no nos engañemos: no estamos precisamente ante uno de esos grupos que suele aparecer en las quinielas del festival castellonense, pero alguien tuvo la genial idea de incluir su nombre en el cartel de esta edición y regalarnos sesenta mágicos minutos que, tal y como ocurrió en el Primavera Sound 2012, giraron en torno a su excepcional Bloom. Con semejante eje, resulta prácticamente inevitable que las hermosas estampas y los momentos sobrecogedores se amontonen. Así sucedió el jueves en un Maravillas en penumbra que vio desfilar la colección de canciones más bonita de todo el fin de semana. Fueron doce las escogidas, empezando por una ‘Wild‘ ideal para entrar en materia. En adelante, entre cantos de sirena de Victoria Legrand y contoneos guitarra en mano de Alex Scally, todo fue encajando con la ayuda de un juego de luces sencillo pero la mar de adecuado. Sin que sirva de precedente para conciertos de este tipo, cerrar los ojos no era la mejor opción para disfrutar del espectáculo. Valía la pena mantenerlos bien abiertos y dejarse hipnotizar por esos focos giratorios que iluminaban la cabellera de Legrand o ese simulado cielo estrellado que en varias ocasiones apareció a la espalda del dúo y su batería. Ellos, ajenos a todo, bordaron la inocente ‘The Hours‘ y la celestial ‘Lazuli‘, rescataron cuatro joyas del disco que comenzó a situarles donde se encuentran ahora (‘Norway‘, absolutamente conmovedora, ‘Silver Soul‘, ‘Zebra‘ y ‘10 Mile Stereo‘), picaron espuelas en ‘New Year‘ y se desmelenaron cuando ‘Wishes‘ lo exigía. Para entonces, Stendhal estaba ya más que noqueado ante tal concentración de belleza, aunque aún quedó tiempo para que se despidieran con una versión reducida de ‘Irene‘. Maestros en lo suyo.

everything

Sin tiempo para digerir lo vivido con la calma necesaria, momento encrucijada. ¿Queens of the Stone Age, Rudimental o Everything Everything? Los primeros arrollaron como era de esperar (esa recta final con ‘Little Sister‘, ‘Go With the Flow‘ o ‘Song for the Dead‘ no dejó lugar a dudas) y los segundos congregaron a gran parte de la chavalada llegada desde las Islas Británicas, pero aquí vamos a hablar de lo que hicieron los terceros, Everything Everything. Un grupo que en Madrid o Barcelona tendría problemas para llenar una sala de aforo medio y que, sin embargo, en UK cuenta con una importante legión de fans con afición por las encuestas de The Guardian. Tienen un pulpo sentado a la batería, pueden presumir de vocalista inconfundible y no suelen caer en la tentación de escoger el camino más fácil, algo absolutamente necesario en estos tiempos de alarmante obviedad en el mundo del pop. Como necesario fue también su concierto, por sorprendente, divertido y rejuvenecedor. Ni siquiera necesitaron saltar al Escenario Pringles FibClub disfrazados de astronautas como en aquel SOS 4.8 2011: su propuesta, llena de giros inesperados, ritmos rotos y voces perfectamente empastadas, bastó para llamar la atención de todo el que pasaba por allí y mandarnos a la vera de John Talabot con una sonrisa de oreja a oreja. Aún con el estribillo de la final ‘Don’t Try‘ resonando en la cabeza, arrancó el ya consabido live del barcelonés y su inseparable Pional en el Escenario Trident Senses. El combo, más pistero que nunca, volvió a engrandecer el término ”directo de electrónica” con un exhaustivo repaso al mágico ƒIN que, curiosamente, finalizó con tres cortes de su edición deluxe. Otra elegante y trabajada masterclass a cuatro manos, otra demostración de que es posible poner a bailar al personal sin fiarlo todo al contador de BMPs. Un fenomenal sabor de boca que a punto estuvo de quedar empañado por la sonrojante, vacía y afectada actuación de Hurts, mutados para la ocasión en la peor versión de Muse. Mucho ruido, pocas nueces y fuerzas que no se gastan con la mente puesta en lo que aún queda por venir.

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