29/06/2013

Repasamos, con un poco de perspectiva, lo que dio de sí el vigésimo aniversario del festival electrónico por excelencia.

El nuevo Sónar de día gana la apuesta

sonar-2013

Fue anunciarse el cambio de emplazamiento de la jornada diurna del Sónar 2013 y recordar las aventuras y desventuras que cada uno ha protagonizado retozando por el césped artificial del CCCB, añorar la céntrica ubicación y urbanidad que le daba ese tono tan característico, y sobrevenir de golpe los temores a que el Sónar de Día perdiera su esencia. Y entonces pisamos el nuevo emplazamiento y nos vino a la mente la otra parte sutilmente olvidada: la sensación de lata de sardina en algunos conciertos, los angostos caminos entre escenarios o la perdida de algunos directos que teníamos marcados con una X desde que se había anunciado el cartel por un sonido deficiente o porque ya no se permitía el paso a más gente; en definitiva, tomar conciencia de todas las incomodidades que habíamos sufrido en un CCCB que ya hacía tiempo que no daba más de sí por mucho que se estrujara hasta las paredes maestras y se le cambiarán los muebles de sitio con el afán de un adicto al feng shui.

¿Y qué nos encontramos en el traslado? Un salto adelante que vence cualquier miedo y reticencia, comenzando por una plaza gigantesca donde el Village preside con más autoridad que nunca y aún así hay espacio para hacer otras cosas tan de festival como beber, comer (precios, también, de festival) y charlar sin tener que estar pendiente de esa mano que peligra ante tanto bailarín poseído por los ritmos que iba escupiendo un equipo de sonido con menos vatios de los deseados. Un cambio de sede donde todos los escenarios ganan espacio, entidad y comodidad, donde se ha puesto un especial mimo para convertir el frío cemento en un lugar acogedor (por supuesto no se han olvidado de vestir y extender de verde artificial la mayoría de la superficie) y donde tenemos que celebrar la exitosa recuperación de SónarMática, ahora reconvertido en Sónar + D (por cierto, que alguien me explique cuánta D tenía el show de Major Lazer más alla de la de Desfase).

El SónarComplex es un lujo por cartel (por ahí pasaron varias de las propuestas más celebradas por los presentes, como la de Francesco Tristano y Beardyman), por sonido (adiós reverberaciones) y por comodidad, aunque esta última ventaja haya traído de la mano un efecto semiesperado: junto al SónarCinema es la base oficial para echar la siesta si previamente los horarios de descanso no se han cumplido a rajatabla.

Y el nuevo SónarHall y sus lúgubres cortinas rojas ha tomado perfectamente el relevo del mítico bunker subterráneo. ¿Algún pero? Siempre lo hay, y en este caso está centrado en un SónarDome que ha perdido en carisma lo que ha ganado en aforo y cuyo acceso en ciertos momentos del día te hacía volver a esa época ya lejana donde se quería hacer un festival de música dentro de un museo tres tallas más pequeño.

El Sónar de noche se queda pequeño

Se aumentó el aforo y el espacio pero la sensación es que el primero se comió al segundo. La parte positiva, ver cómo el mínimo de asistencia digna (que yo sitúo en que el público alcance hasta la mesa de sonido) se cubría con creces en casi todas las actuaciones y como en algunos momentos había llenos hasta la bandera en los cuatro escenarios simultáneamente. La negativa: algunos problemas de acceso la primera noche (corregidos al día siguiente), que el SónarLab sólo se escuche bien de mitad hacia adelante (cuando puedes esquivar un poco el acople de sonido procedente del SónarClub y el SónarCar), y ciertas colas para pillar bebida a no ser que supieses adivinar el sentido de la marea y acudir a aquella barra del final, tras un largo paseo, que suele estar menos ocupada.

Toca una nueva redistribución de escenarios que este año se ha acometido tímidamente agrandando el SónarClub y cambiando de orientación el SónarPub. La suerte, que hay metros de sobra en la Fira de L’H. Tantos como para hacer tres Sónar de Noche, que no es lo mismo que meter el triple de gente.

20 ediciones a ritmo de baile

Si dejamos al margen a Kraftwerk y Pet Shop Boys (la cuota de tributo a la que siempre se rinde los mayores honores), este año no hemos tenido a un Squarepusher o un Amon Tobim a la hora punta del SónarClub que presenten propuestas rompedoras dignas de conectar con ese mote algo en desuso actualmente como es el braindance (lo más parecido fueron los directos de Diamond Version –oscuros, mécanicos y subyugantes- y Jackson & His Computer Machine –con un sonido más próximo a Ed Banger que a Warp pero la mar de solvente– en el SónarHall). Más bien al contrario: éste Sónar ha sido, sin duda, una celebración de la verbena y la pachanga. Yo compro, hay años que tampoco pasa nada si el leitmotiv se centra en el baile más despreocupado, sobre todo si el panorama musical ha decidido tomar en uno de sus veleidosos giros ese camino.

Ver a Herbert apuntándose al house trotón y al ghetto de Dj Funk colapsó a más de uno, al igual que con un Jamie Lidell que ocultó su faceta más soul bajo un entramado de bombos. Los alemanes Modeselektor, en cambio, sabían perfectamente el papel que les tocaba interpretar, servir de rampa de despegue para lo que se avecinaba en la primera noche, y por eso se presentaron con un show donde cayeron la mayor parte de sus célebres hits e invitaron para caldear el ambiente a su colega Siriusmo que lo tiene muy fácil cuando se saca de la chistera perlas del nivel de ‘High Together‘ y ese ‘Nights Off‘ que parece una reinterpretación ingeniosa del ‘The Model kraftwerkiano. No se disfrutaron todo lo que a uno le gustaría por la falta de decibelios (algo que se subsanó en parte al día siguiente) y una intro que se convirtió en agonía con el paso de los minutos. Pero en el momento que dieron rienda suelta a ‘Kill Bill Vol. 4‘ y ‘Evil Twin‘ la fiesta (y el champán) recorrió todo el Village. Y eso aún con un sol amenazante que los más débiles y coherentes esquivaban buscando algo de sombra.

2manydjs

La noche también vivió una reivindicación hedonista de la pista de baile (¿alguien lo dudaba?) al ritmo de unos 2manydjs de los que poco se esperaba (eran una solución de última hora ante la baja de ellos mismos como Soulwax) pero que dieron una lección a los desconfiados: nunca, nunca dudes de los hermanos Dewaele. Decubrimos gratamente que en paralelo a la ardua y laboriosa creación de su nuevo álbum (cuya presentación han pospuesto hasta final de año) están planeando una renovación total a su célebre radio live de las portadas de disco cuando algunos creíamos que tirarían a lo fácil con una sesión de clásicos requetesabidos. Pero prefirieron apostar por mostrar el nuevo material que tenían entre manos cubriendo así tres cuartas partes de la hora que estuvieron poniendo del revés el SónarClub, destacando un soberbio homenaje a tres bandas con ‘Giorgio by Moroder‘ de Daft Punk, ‘Supernature’ de Cerrone y ‘The Chase‘ de Moroder cuadrando el círculo, y un cachondo remix de ese temazo incontestable que es ‘White Noise‘ de Disclosure con punteo de sitar. Y cuando se agotó la gasolina decidieron rematar la noche con la efectiva pero innecesaria –ya nos tenían ganados desde hacía un buen rato- ‘Kids‘ y el guiño a Chimo Bayo. Moraleja: si un tema tuyo aparece en una sesión de los 2many es que molas de verdad, de eso no hay duda.

Algo parecido, aunque un peldaño por debajo, intentaron Justice (que estaban listados dentro del showcase de Ed Banger que capitaneaba Busy P y donde tenía su espacio un Breakbot que arriesgó con una puesta en escena curiosa a medio camino entre el concierto de banda y la sesión puramente electrónica). El dúo francés equilibró la producción propia (ese Audio, Video, Disco que gana horrores si se orienta al baile), con menciones a Aphex Twin, Portishead y algo de pachangueo para altas horas de madrugada clamando a Boney M y Junior Senior. Tan divertidos como impersonales. De Melé nos quedamos la sucesión imparable de discos y su afición a beber a morro el whisky, y desechamos al cansino MC de turno que taladra todos los temas. Y de Paul Kalkbrenner su capacidad para empatizar con un público que se identifica hasta la lágrima con temas que ya se pueden calificar de generacionales como ‘Sky and Sand‘ y ‘Berlin Calling que rubricaron uno de los mejores directos de la noche del sábado. Luciano le tomó el testigo decidiéndose por la vertiente más europea, elegante y menos petarda en una sesión mayúscula, pero a esas horas la mayoría estaba intentando mendigar un metro libre en el SónarPub donde el Laurent Garnier más verbenero en años, pero igual de inspirado que siempre, supo al instante captar el espíritu de lo que ahí se celebraba con una colección de temas clásicos antológica, y una traca final con ‘Age of Love‘, ‘Knights of the Jaguar‘ y ‘Out of Space‘ (señores del Sónar, ¿cuándo caerán The Prodigy?) casi de seguido que sentenció a un Sónar vendido a la perdición del baile.

Ahora, si hablamos de verbena el premio gordo se lo llevó Major Lazer, Diplo y amigos, atentando con el Suavemente de Elvis Crespo, ejemplo perfecto de un directo desenfrenado que ya poco tiene que ver con Jamaica y sí con el desparrame público.

 

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