15/05/2013

En el segundo aniversario del 15-M, hablamos con Nacho Vegas y Roberto Herreros.

Chicos, hemos terminado ya, muchas gracias. Tenía aquí un porrón de preguntas, pero más o menos habéis contestado todo. Me encanta cuando pasa eso.

N.V: Es que somos así de elocuentes, es que no… (sacude la cabeza con una mueca exagerada)

Explosión de risas.

G.F: Venga, corta y empezamos a beber.

A.R.: Hace fresco, ¿eh?

G.F: Yo tengo un…

Click.

A partir de ese momento, empezábamos a tomar unos vinos con, entre otros, Nacho Vegas y Roberto Herreros. Voy a regalarles un tópico, y prometo que sólo será uno: el vino que tomamos era de Rioja, el mejor del mundo. Que estando en Logroño, es como decir que también respiramos aire. Sólo un tópico, he dicho. Porque por lo que respecta a Nacho, olvídense de lo que han oído por ahí, lo del compositor taciturno y torturado: el asturiano es capaz de brindar “por la risa” y de estar minutos contemplando fascinado la hilarante fealdad de Mr. Bolas, la mascota que previene contra el cáncer de testículos. Incluso terminó llorando de la risa al escuchar Chorra, tú eres Calahorra, himno de himnos, de boca de Roberto, miembro de Garzón y Grande-Marlaska, periodista musical (estuvo detrás de Mapa sonoro, programa de culto en La 2), activista cultural y también anfitrión.

Lo que nos había juntado esa fría tarde de viernes era una entrevista con ellos, dos hombres normales con un proyecto anormal entre manos: Fundación Robo. Aquella extraña anomalía que irrumpió en la escena independiente en 2011, el año en que todo pareció a punto de estallar. Gota a gota, han ido publicitando canciones nuevas (y versiones) desde entonces. De Triángulo de Amor Bizarro a Silvia Pérez Cruz, de Aries a Miren Iza. De los Bufones a la Albufera. Robo trajo conceptos viejos para tiempos nuevos: autoría colectiva, canción popular, arte como representación política. Dos años después, publica un estupendo y ecléctico disco doble, da conciertos con cierta regularidad y prepara el abordaje a otras facetas artísticas, como la literaria. También aprovecha la mínima oportunidad para recordarnos que no existen las creaciones sin ideología ni las miradas sin intención. En un arranque de originalidad, hoy ofrecemos esta conversación, justo cuando se cumple el segundo aniversario de la explosión ciudadana que fue sigue siendo el 15-M. Sólo un tópico, coño: seguro que nadie más escribe sobre esto en un día como hoy.

Rebobinemos la cinta cuarenta minutos.

Dos años de Fundación Robo. ¿En qué punto os encontráis?

Nacho Vegas: Haciendo balance, porque el disco que sacamos ahora recoge muy bien todo lo que ha pasado este tiempo: aglutinar a gente con una perspectiva musical más crítica. Nos encontramos en un punto de inflexión. Cuando empezó Robo lo que queríamos ver era cómo iba a funcionar, si había una respuesta, si músicos de diferentes escenas se podrían articular en torno a su concepto.

Roberto Herreros: No necesariamente queríamos hacer canciones de rock, pop o indie. Pero tampoco tenía mucho sentido forzar las cosas, salir a buscar a gente que tocase cumbia o reggaeton, aunque nos encantaría recibir aportaciones de estos estilos. A fin de cuentas venimos de donde venimos, y la gente a la que recurrimos es a la que tenemos más cerca.

Nacho Vegas: En un principio la idea de Robo era huir del indie visto como élite del buen gusto. Entendemos la música como algo opuesto a eso. Y que se haya juntado gente tan distinta como Óscar Mulero, Diploide o Albert Pla, está muy bien.

¿Creéis que el indie se considera élite del buen gusto?

R.H: Desde luego. Creo que se basa en una superioridad cultural e incluso moral.

N.V: En España, lo que fue el indie en los noventa se quedó en sonar al estilo de todos los grupos que empezaron en la escena independiente en Inglaterra y EEUU, pero sin la carga ideológica. No sólo los grupos, también los sellos. La escena en general. Cuando empezó Robo fue un momento especial porque la gente estaba tomando conciencia de cosas.

Os denomináis «grupo populista de canción protesta». ¿Qué significado le dais a ese «populista»?

R.H: Es por subvertir algunas palabras, por resignificarlas. De alguna manera queríamos contribuir a la redefinición de la canción popular. Por un lado, publicamos canciones escritas en estos momentos de urgencia. Por otro, recuperamos algunas canciones populares, tanto de Paco Ibáñez o Chicho Sánchez Ferlosio, como de Eskorbuto o La Polla Records. No se trata de una definición ortodoxa de la canción popular.

¿Y lo de “canción protesta”? A mí me suena a toda esa generación de cantautores del tardofranquismo…

R.H: Sí, también se ha dicho que revitalizamos la canción protesta, y Robo hace otra cosa. La canción protesta manejaba otros códigos y surgió en otro contexto. No tengo muy claro que estemos aquí refrescando el concepto.

N.V: A mí me parece un término muy bonito, lo que pasa es que está muy desgastado. Hablando de resignificar, también se podría hacer con el indie. Estoy por restituir su honor algún día. Es un concepto muy potente, y las palabras no son sólo lo que denotan, también lo que connotan.

R.H: Creo que ahora mismo la hegemonía cultural es el indie. Los grandes festivales son de música indie, por ejemplo. Y es curioso, porque cuando Nacho y yo nos conocimos fue en una época en la que yo iba mucho a Asturias y el indie estaba mucho más mezclado con los movimientos sociales. Por ejemplo, Penélope Trip tocaba en conciertos para insumisos, Eliminator Jr y Manta Ray hacían cosas parecidas… había una extraña mezcolanza de indies y punkis. Se veía de una manera diferente. Hablando una vez con Triángulo de Amor Bizarro, nos contaron que en Galicia pasaban cosas parecidas. No es lo mismo el indie de algunas provincias que el que surgió en Madrid y Barcelona, y creo que es el que merece una crítica cultural más intensa.

¿Qué tienen esas ciudades para que merezcan esa crítica?

N.V: Recuerdo que cuando empecé pasaba largas temporadas en Madrid, y fue un shock. Era un mundillo donde había que molar, ser guay, estar a la última. Aquello sonaba muy marciano en Gijón, donde se mezclaba todo con la escena garage y hardcore que había allí. Recuerdo que cuando empecé a sacar discos en solitario mucha gente en Madrid empezaba a saludarme, porque entonces era yo el guay. En ese momento me alegré de haber crecido en otro sitio.

R.H: En muchas ocasiones, el indie en Madrid y Barcelona parecía un mal capítulo de Sexo en Nueva York.

N.V: Entre 2002 y 2004, ya se había puesto en marcha el colectivo Ladinamo, que hacía una crítica cultural muy importante a ese indie, quería revertirlo. Ése fue el germen de Robo.

R.H: Cuando empezamos con Ladinamo, mucha gente del indie con la que coincidí se quedó desconcertada, decían: “Tenéis unos contenidos muy hippies, ¿no?”. Ahí tomé conciencia definitiva de que esa gente que se jactaba de escuchar otro tipo de música, de ver otro tipo de películas y de leer otro tipo de libros, cuando se trataba de plantearles realidades alternativas, se quedaban descolocados. No quiero idealizar nada, pero recuerdo los comienzos del indie en Inglaterra, cuando la postura alternativa se inyectaba a todos los niveles. No sólo iba de consumir otra cultura y ser el más guay del mundo, sino de ser gente crítica. Muchos grupos de la C86 formaban parte de campañas anti-Thatcher. Ese movimiento se vehiculó a través de grupos de pop. Es un espíritu que aquí no se vivió nunca.

Volvamos al asunto del lenguaje. ¿Cómo participa la música en esta batalla por la resignificación?

R.H: Lo único que pretendemos es aportar nuestro granito de arena desde el lugar en que estamos. No creo que la música tenga mucha capacidad para cambiar nada. Es más un reflejo de lo que pasa. Nuestros resultados, en el mejor de los casos, van a ser modestos. Creo que el poder de la música no está tanto en las letras sino en lo que haces con esa música. ‘Música comprometida’ es un término que me resulta antipático, por tanto he desarrollado cierta antipatía contra artistas oficialmente políticos. No puedo entender que haya artistas comprometidos con letras políticas que editen bajo un copyright restrictivo. Eso para mí es una persona contando sus opiniones a un público pasivo. No tengo problemas con el derecho de autor, sino con el copyright que restringe lo que quieras hacer con tus canciones y no permite compartirlas.. Por supuesto, también hay casos de grupos que son críticos y que editan con licencias libres, como Pony Bravo, Lisabö o Tarántula.

Me gustaría preguntaros por la autoría colectiva. ¿Creéis que es la clave?

N.V: Robo es sobre todo una plataforma de colaboración. Creemos que para que se diluyan los nombres propios, la autoría colectiva es importante.

R.H: En el estudio, a cada músico se le acredita su trabajo, pero a título individual. No decimos que tal canción la ha hecho Cohete, sino que sólo damos los nombres propios de quién toca qué instrumento. Y la canción viene firmada como Robo.

N.V: Robo es algo común, y el culto a la personalidad del pop es algo totalmente alejado de eso. Tenemos pocas actuaciones en directo, pero siempre evitamos anunciar las formaciones de cada concierto.

Surgisteis de forma más o menos paralela al 15-M. De hecho, he leído en alguna parte que sois la banda sonora del mismo. ¿Os ha ayudado esto?

R.H: No, en todo caso somos una voz más. Parte de la banda sonora, no la banda sonora.

Lo preguntaba porque antes habéis dicho que Robo aparece cuando están pasando una serie de cosas a nivel político…

R.H: Sí, el 15-M fue una explosión en muchos sentidos. La gente empezó a implicarse en muchas iniciativas y a aportar lo mejor que podía hacer. Meses antes de aquello, Nacho y yo hablamos de una idea muy difusa, algo que no teníamos muy claro cómo concretar. Después del 15-M, las piezas del puzzle encajaron, fue un nuevo brío. Un impulso, sí. Hubo quien nos tachó de oportunistas. Me hizo gracia, porque si tuviéramos que prescindir de todas las obras creadas en momentos de urgencia, nos quitaríamos de encima gran parte del mejor arte del siglo XX. ¡Claro que en momentos de crisis van a aparecer nuevas iniciativas artísticas! Es imposible que no suceda. De ahí a ser la banda sonora del 15-M… ni remotamente.

¿Cuál es el futuro de Robo?

R.H: No lo sé, creo que seguir avanzando paso a paso. Que Robo funcione solo, que no seamos siempre los mismos.

N.V: Es un momento extraño, ahora que sacamos el disco. Es un punto y aparte. Es como, ¿ahora qué? Me gustaría que surgieran aportaciones más colaborativas, que la propia plataforma propiciara que hubiera encuentros. Un espacio en el que cada uno pudiera sumarse.

R.H: Está guay toda esta heterogeneidad, y siempre nos gustaría que hubiera más gente. Que haya nuevas grabaciones, que se junten grupos, que se mezclen entre ellos. Va despacio, pero poco a poco…

N.V: Las primeras canciones que iba colgando Roberto eran para ser presentadas a través del bandcamp. Lo que me gustaría es que hubiera cada vez más canciones expresamente hechas para este espacio común. Tendría que avanzar por ahí.

R.H: Hay tímidos apuntes. Cuando Mar (de Pauline en la Playa) grabó “La revolución no será televisada” llamó a Nacho para que fuera a su casa, yo fui a un estudio cutre de Logroño a grabar voces con una amiga y un amigo, y se las mandamos por mail. No deja de ser una colaboración de gente que ya se conoce.Pero hace poco, un chico de Sevilla, Felipe Remix, miembro de Zemos98, propuso realizar un vídeo sobre los escraches basado en el scratch. Él se encargaba del montaje, y hablamos con Diploide de Valladolid y con Arma X de Asturias para hacer la base y la letra del tema. Eso sería una colaboración más infrecuente, de personas que no se conocen y que vienen de ámbitos muy distintos. Tengo curiosidad por ver el resultado.

Chicos, hemos terminado ya, muchas gracias. Tenía aquí un porrón de preguntas, pero más o menos habéis contestado todo. Me encanta cuando pasa eso.

N.V: Es que somos así de elocuentes, es que no… (sacude la cabeza con una mueca exagerada)

Explosión de risas.

G.F: Venga, corta y empezamos a beber.

A.R.: Hace fresco, ¿eh?

G.F: Yo tengo un…

Click.

Texto: Álvaro Ramírez (@alvarorcalvo)

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