19/12/2012

30 discos de estilos, idiomas e idiosincracias diversas para resumir un variopinto año de música.

¿Quién será el disco que sucederá a Escapar con el anticiclón de Manos de Topo, que el año pasado se alzó con el galardón de mejor disco estatal? Una cosa tenemos clara: la lucha entre las tres primeras posiciones ha sido reñida, prácticamente podríamos estar hablando de un empate. E incluso han sonado otros nombres del Top 10 como posibles números uno en las interminables conversaciones mantenidas entre la redacción. Con esto queremos decir que todos y cada uno de los 30 discos que hemos seleccionado para resumir este año convulso merece una buena escucha, pero los que han logrado colarse entre las diez primeras posiciones son trabajos que seguramente pasaremos muchos meses más escuchando. Pop, punk, electrónica, noise… Uno de los Top 10 más diversos de todos los que hemos hecho en indiespot. Así que sin más dilación… dentro lista.

EDIT: Tooodos los años se nos cuela algo. Este año ha sido Zahara. Efectivamente, La pareja tóxica es de finales de 2011. El año pasado nos lo comimos y lo hemos escuchado sobre todo en 2012. Nuestras disculpas. Sacamos a una mujer y metemos a Mujeres, que estuvieron en las quinielas hasta el último momento. Y por petición popular, añadimos la lista de Spotify con los 30 discos del primero al último. Veinte horas de música.

31. Mujeres – Soft Gems (En Spotify)
30.
Modelo de Respuesta Polar – Así pasen cinco años (Limbo Starr) (En Spotify)
29. Grushenka – Técnicas subversivas (El Genio Equivocado) (En Spotify)
28. Paul Fuster – Repte (Chesapik) (En Spotify)
27. Prats – Pla B (BCore) (En Spotify)
26. Zahara – La pareja tóxica (Music Bus) (En Spotify)
25. Aliment – Holy Slap (La Castanya) (En Spotify)
24. Antònia Font – Vostè és aquí (Robot Innocent) (En Spotify)
23. Dulce Pájara de Juventud – Dulce Pájara de Juventud (BCore) (En Spotify)
22. Pau Vallvé – De bosc (Amniòtic Records) (En Spotify)
21. Extraperlo – Delirio específico (Canadá) (En Spotify)

20. Aries – La magia bruta

(BCore)

Era cuestión de tiempo que Isabel Fernández Reviriego volviera a las andadas. Tras su paso por Electrobikinis y (en pie) Charades, nuestra getxotarra favorita se rebautizaba como Aries y lanzaba esta primavera un soplo de aire fresco registrado en vinilo: La magia bruta. Veintitrés minutos de puro pop melódico, un juguete sonoro delicioso que mete en la coctelera coros de cuento, una instrumentación sabrosamente variada y luz, mucha luz. Con eso, y un par de encantamientos secretos, canciones como ‘Dilo mañana‘, ‘Los dos‘ o ‘El jardín armado‘ le alegran a uno el día. Siempre que pulsas play vuelve la primavera. Haz la prueba. (En Spotify)

19. Thee Brandy Hips – Raincoat

(Autoeditado)

No queríamos olvidarnos de ellos. No podíamos. Desde el DIY (autoedición, sin managers ni promoción ajena), Thee Brandy Hips han facturado uno de los discos más revitalizantes y adictivos del año. Suenan a todo lo que nuestro grupo querría sonar si la troupe de indiespot montáramos un grupo alguna vez: un poco de The Shins, otra pizca de The Strokes, la euforia juvenil de The Pains of Being Pure at Heart,… sin dejar de lado a los Beach Boys, a Guided By Voices o a Pavement. Y que deja pepinos del nivel de ‘Cynicism‘ (que por muy poco no entró en nuestras canciones del año) e ‘Indian Summer‘, bien acompañados en el disco por temas más reposados (‘In My Room‘, ‘Shoegazing‘) que acaban equilibrando la balanza para conseguir un trabajo completísimo. (En Spotify)

18. Love of Lesbian – La noche eterna. Los días no vividos

(Music Bus)

Con 1999, y las múltiples giras que lo siguieron, Love of Lesbian dieron el paso definitivo hacia un éxito masivo al alcance de muy pocos grupos que canten en castellano. Los de Barcelona encontraron una efectiva fórmula de pop emocional y la exprimieron hasta la saciedad. O mejor, hasta que las nuevas generaciones la descubrieron y la hicieron suya. Y ahora, instalados en su trono, han optado por entregar el disco más exigente de sus carrera: los casi ocho minutos de ‘La noche eterna‘, canción que abre el disco doble La noche eterna. Los días no vividos, son la mejor muestra de ello. Puede que como intento de legitimar su éxito, o simplemente como reacción innata (estilo The New Raemon), el nuevo disco de los lesbianos es atrevido, largo, narrativo. Sí, hay hits continuistas (‘Si tú me dices Ben, yo digo Affleck‘, ‘Pizzigatos‘, ‘Radio Himalaya‘), pero también hay inspiradas piezas de pop caleidoscópico como ‘Oniria e insomnia‘ (¡qué final!), jugueteos certeros con los sintetizadores como ‘El hambre invisible‘, o experimentos ambiciosos como la certera ‘La noche eterna‘. Y el disco, pese a su larguísima duración, aguanta sorprendentemente bien el tipo. (En Spotify)

17. I Am Dive – Ghostwoods

(Foehn Records)

El primer largo de los ya curtidos I Am DiveGhostwoods, es un disco que única y exclusivamente podría haber visto la luz en otoño. Cuando los días pasan en un suspiro, los tejados amanecen tiritando y las hojas de los árboles bañan las aceras. Ese, y solo ese, es el mejor escenario posible para comprenderlo como lo que realmente es: una obra de una belleza sobrecogedora. Y no exageramos. Tampoco lo hacemos si decimos que escucharlo a oscuras, con unos buenos cascos, es toda una experiencia o que hay pocas voces en el panorama estatal tan evocadoras como la de Esteban Ruiz. Un tipo que no canta, sino que remueve entrañas, que se pone al servicio de canciones un poco puñeteras. De las que te congelan de pies a cabeza en el primer segundo para más tarde librarte de la capa de hielo con sumo cuidado, poco a poco. De las que abren la ventana cuando la ola de frío arrecia y después te tienden su cálido manto protector. De las que se aprovechan de tus días más tontorrones para partirte el corazón y arrancarte alguna lagrimita, a sabiendas de que a pesar de todo volverás a ellas una y otra vez. Porque tú, pequeño e indefenso, te sientes reconfortado junto a algo tan enorme. Aunque a veces duela. (En Spotify)

16. La Bien Querida – Ceremonia

(Elefant)

Por alguna extraña razón, La Bien Querida no ha dejado a nadie indiferente desde que en 2009 publicara su debut, Romancero. En su caso, no valen medias tintas: o con ella o contra ella, por así decirlo. Hasta ahora, nosotros andábamos bastante más cerca de lo segundo que de lo primero, las cosas como son. Y digo hasta ahora porque Ana Fernández-Villaverde se ha echado los sintetizadores a la espalda, ha publicado el brumoso y retrofuturista Ceremonia y nos ha ganado para su ochentera causa. Continúa cantándole al (des)amor, pero se ha calzado un arriesgado nuevo disfraz que le sienta la mar de bien. Aplaudamos la valentía y, claro, las buenas canciones. (En Spotify)

15. The New Raemon – Tinieblas, por fin

(Marxophone)

Si Libre Asociación fue declarado, por total consenso, el trabajo más oscuro y tétrico de la prolífica carrera de The New Raemon, ¿qué demonios se supone que nos mostraría el barcelonés en un disco titulado Tinieblas, por fin? Pues bien, parece que a estas alturas todavía no tenemos asimilado aquello de que las apariencias muchas vecen engañan. Porque sí, en Tinieblas, por fin hay momentos lúgubres y sombríos, pero sobre todo hay intensidad, vigor y, por paradójico que parezca, mucha luz. Una luz que nos ayuda a distinguir a un artista en plena madurez artística, que va dando pasos hacia adelante con la misma seguridad que entona el resplandeciente estribillo de ‘Marathon Man‘. Los últimos le han llevado a firmar el que es, de largo, el álbum más redondo de The New Raemon hasta la fecha. (En Spotify)

14. Beach Beach – Tasteless Peace

(La Castanya)

Temo el año en que no haya un disco como este que llevarse a la boca. Media horita de guitarras afiladas, de frenetismo en píldoras de dos minutos, de temazos del calibre de ‘Tasteless‘ o ‘Plants‘. Beach Beach, una banda en que en fondo es un duo, tienen claros los referentes y saben qué quieren hacer. Como una suerte de Yucks patrios, acaso más mediterráneos y urgentes, no sólo saben apretar el acelerador. Piezas como ‘Monster‘ demuestran que sin renunciar a las armas que mejor manejan (esas dos voces imperfectas, solapadas, juveniles; las guitarras agudísimas, la frescura infinita) pueden firmar canciones más bonitas que bailables. Nosotros nos mojamos: el siguiente será mejor. (En Spotify)

13. Grupo de Expertos Solynieve – El eje de la tierra

(El Ejército Rojo)

El mundo cambia a una velocidad endiablada, cada vez parece menos claro hacia dónde nos dirigimos (si es que vamos a alguna parte), y Grupo de Expertos Solynieve, el grupo paralelo de J (Los Planetas) y Manu Ferrón, se coloca en el eje de la Tierra para intentar aportar un poco de sentido común a la esquizofrenia generalizada. Con letras reivindicativas y un sonido tan espontáneo como sólido, si el disco de Los Evangelistas es el remedio perfecto para los que echan de menos la densidad de un disco de Los Planetas, El eje de la tierra saciará a los que echen de menos la vertiente más pop de los granaínos. Porque más allá de sus proclamas, este disco es una delicia de pop con raíces americanas (‘Merienda de negro‘, ‘Blues chillando en un cubo‘) y desparpajo andaluz (‘Perros muertos‘), con auténticos hits que podrían haber firmado Los Planetas más inspirados como ‘¿Por qué no te largas de aquí?‘ o ‘Dime‘. Disco de los de disfrutar de principio a fin. (En Spotify)

12. Cuchillo – Encanto


(Limbo Starr)

Estás contemplando la inmensa bola anaranjada del sol, a punto de ser engullida por el eterno mar. ‘Desaparece así y nace el silencio’ De pronto, aquel ser querido que ya no está, pero que nunca se ha ido, sigue a tu lado. ‘No digo nada y tú estás sonriendo’. Esta hermosa metáfora sonora se llama ‘Sant Pol de Mar (en las rocas)’, y la ha compuesto Cuchillo. Mientras sigan sacando discos, habrá esperanza. Después de dejarnos completamente anonadados con Duat (2010), EP lleno de pasajes introspectivos, el trío barcelonés dio a luz en junio a su segundo largo, Encanto. Un disco que, de nuevo, tontea con lo mágico, lo sobrenatural y lo ausente, creando pasajes sonoros de conmovedora psicodelia, americana fronteriza y hasta música popular castellana. Si pasan cerca de tu ciudad, ni te lo pienses: es uno de los grupos estatales con mejor directo. Sus puñaladas te sacarán las tripas de pura emoción. (En Spotify)

11. The Free Fall Band – Elephants Never Forget

(LAV Records)

Afirmar que todos los momentos y situaciones no son igual de idóneos para disfrutar de un disco no es descubrir absolutamente nada. El debut de The Free Fall Band, por ejemplo, parece hecho por y para la escucha dominical. Hagan la prueba: madruguen el último día de la semana (ayudará si el Sol hace acto de presencia) y siéntanse en paz consigo mismos y con el cosmos por hacerlo, permitan que la luz del exterior inunde su habitación y dejen que el POP sencillo (que no simple) y amable de Elephants Never Forget haga el resto. Dejen que sus cristalinas y adorables composiciones les alegren la existencia, que pequeñas piezas perfectamente imperfectas como ‘Right Foot‘ o ‘Simple Man‘ les acompañen en sus quehaceres y tareas. Una gozada, ¿verdad? La mañana ha pasado en un abrir y cerrar de ojos y el deliciosamente atemporal Elephants Never Forget se ha ido dejando una sonrisa de oreja a oreja que permanecerá ahí durante varios minutos. Puede parecer fácil, pero no debe serlo cuando no todos lo consiguen. (En Spotify)

10. Joan Colomo – Producto Interior Bruto Vol. 2

(BCore)

Joan Colomo ya avisaba el año pasado, cuando publicó el primer volumen de Producto Interior Bruto, que la segunda parte del disco sería todavía más diversa estilísticamente. Y eso que veníamos de un trabajo que reunía folk, punk, rumba y hasta sonidos latinos. Pero cuando esperábamos una nueva colección surrealista de canciones extrañamente adictivas, el bueno de Colomo ha decidido regalarnos un álbum sorprendentemente coherente. Instalado ya con una comodidad sorprendente en esta suerte de folk mágico e íntimo que produce con tanta facilidad (‘El fon i el llangardeix‘, ‘El xiprer‘, ‘Producto Interior Bruto‘), estas 14 nuevas canciones nos deparan alguna que otra sorpresa (‘Ebrí‘, muy Kusturica), aunque la mayor novedad es que Joan Colomo parece haber encontrado una voz propia. Lo celebramos, aunque a saber cuánto dure. (En Spotify)

9. Los Evangelistas – Homenaje a Enrique Morente

(Sony)

A falta de nuevo disco de Los Planetas, el primer álbum de Los Evangelistas. Y por si acaso a Los Planetas se les ocurre enterrar su redescubierta vena flamenca (algo que en Una ópera egipcia ya empezó a suceder), el primer –y seguramente último– álbum de Los Evangelistas. Aunque, por supuesto, esto va mucho más allá. Esto es un homenaje de parte de J (de Los Planetas) y de Antonio Arias (de Lagartija Nick) a la figura de Enrique Morente, desaparecido a finales de 2010 y recordado a través de cada una de las doce canciones que componen este precioso Homenaje. Pero lo que convierte este trabajo en un acontecimiento único es que, directamente entroncado con el mítico Omega del propio Morente y Lagartija Nick, es un disco surgido del estómago, de las entrañas, un recuerdo imperecedero y maravilloso de la figura de Morente con colaboraciones estelares del mundo del flamenco y del entorno del cantaor. Y que a nivel musical, es simplemente arrollador: tomar doce canciones de Morente y reconstruirlas de esta manera, conservando su intensidad lírica y su pasión es algo que solo estaba a la altura de Los Planetas y de Lagartija Nick, puesto que ya han jugado en ligas similares. Expansivo, emocionante, sobrecogedor, arrollador, apasionado… Este es un disco para sentirlo, y una vez estás dentro de su universo es casi imposible salir de él. (En Spotify)

8. Pegasvs – Pegasvs

(Canada)

Ah, las hostias sonoras. ¿Qué sería de un ranking sin ellas? Afortunadamente, 2012 tiene más de una y de dos: pero lo de Pegasvs es una auténtica paliza, un avasallamiento, la demolición de un barrio entero. Un big-bang de media hora de duración que traspasa tu reproductor, congela el tiempo, derrite el espacio y devora tu alma. El sonido narcótico lo impregna todo, así como la voz sideral de Luciana Della Villa, la temática centrada en jóvenes, fiesta, noche y afiladores… todo encaja, como una ecuación diabólica. Incluso las rupturas rítmicas (y hay muchas) son aquí pura bendición. Al trallazo que es ‘El final de la noche‘ hay que añadir otros temas igual de sobresalientes como ‘Inmortal‘ o ‘Atlántico‘. Ritmos bailables y melodías perfectas se dan la mano, dando como resultado canciones tanto insolentes como frágiles, canciones que saben que el sonido de sus sintetizadores está llamado a ser canónico, a hacer influencia. Veremos si es verdad o no. Nosotros rezamos porque así sea. (En Spotify)

7. Sílvia Pérez Cruz – 11 de Noviembre

(Universal)

El disco de Sílvia Pérez Cruz es un oasis. 11 de Noviembre tiene muchas cualidades, pero quizás la mayor, la más definitiva, la que de hecho hace que sea un disco sobresaliente, es que es un retrato hiperrealista de su autora. Este disco sólo, única, exclusivamente, podría haberlo firmado Sílvia Pérez Cruz, nacida en Palafrugell, Girona, el 15 de febrero del 1983. Todo, desde la primera nota, cuenta, con sus palabras o las de otros, en este idioma o en aquel, con aires lisboetas, cubanos o neoyorkinos, un pedacito de su vida, de su historia. Todo es honestidad, todo es puro, todo es limpio. Aquí caben las lágrimas por la muerte de un padre, los recuerdos de viajes que calan y hasta confesión más nimia. Todo cantado desde desde las tripas, con una voz indescriptible. Al final queda un disco tan honesto como la portada. Una rareza en esta lista, tanto como una rareza en general. (En Spotify)

6. La Débil – Sángrala

(Everlasting Records)

Prácticamente no les habíamos escuchado cuando nos acercamos a verles hace ya unos años (dos, tres) a El Sol, en Madrid. De aquel concierto salimos flipando, literalmente. La Débil en directo son una apisonadora, un tractor. Hay algo terroso, agrícola, primario en sus temas; pero también una sombra industrial, un resquemor antipáticamente urbano. Su primer trabajo, Lucha Perro, trasladaba esto sólo parcialmente. Este primer largo de verdad, lo clava. Sángrala suena así, esdrújulo, intenso, líricamente duro (‘Uralita‘, tela). La canción que la da nombre es una fragua, esas percusiones, el coro grave en el estribillo, ¿qué se parece a esto? ¿De qué otro sitio podría haber salido un tema como ‘Rosario‘? No de Toronto, Nueva York, o Gottemburgo. Suena a asfalto, huele a estepa. Esta es también su gran baza, la credibilidad, la autenticidad. Han pasado casi 12 meses y ‘Camión‘ aún nos sigue levantando del asiento con su frenetismo, su disonancia, su letra, su violencia, su mala hostia. Aunque no sólo. Los dos últimos temas (más de 25 minutos en total) no son para nada un ejercicio estéril. “¿Qué quieren decir con que el mundo se sostiene?”. Olé vuestros cojones, hermanos. (En Spotify)

5. McEnroe – Las orillas

(Subterfuge)

Con McEnroe, es difícil escoger. La comparación de Las Orillas con su predecesor (Tu nunca morirás) se antoja harto complicada, y seguramente innecesaria, porque lo único que nos interesa ahora mismo es que el grupo vizcaíno conserva intacta su exquisitez. Ese slowcore melancólico y altamente evocador es de los que cuesta facturar con estilo, y McEnroe han conseguido dominarlo a la perfección. Tanto, que sus nuevas canciones se pueden permitir tener más cuerpo: las guitarras rugen más, los desarrollos son más intrincados, y los aderezos electrónicos llenan los rincones vacíos en su justa medida. Es este si acaso un disco que pide más al oyente, pero que también lo recompensa con más momentos inolvidables. El crescendo de ‘La palma‘, canción que inaugura el disco, ya es de banda sonora del fin del mundo, y solo son los primeros cuatro minutos y medio del disco. En una primera escucha, ‘La cara noroeste‘ y ‘Mundaka‘ son las que atrapan, pero Las orillas es un disco de recorridos, de vaivenes constantes, de un fluir pausado pero estable. Arriba, abajo, arriba, abajo. Todas las canciones tienen un cometido, y al poco uno es capturado por la nostalgia de ‘Agosto del 94‘, repite sin cesar la frase de ‘Las mareas‘ (“ya no temo a las mareas que vienen y van, ahora me tumbo en la arena a verlas pasar“…). Como ellas, McEnroe juegan constantemente a un sutil tira y afloja con el oyente: ahora te atrapan, ahora te sueltan. Pero cuando terminan las nueves canciones que componen esta pequeña joya sientes tal vacío que no puedes sino volver a adentrarte en él. (En Spotify)

4. Mishima – L’amor feliç

(Warner/The Rest Is Silence)

El ‘más difícil todavía’ de Mishima. Tras llegar a la cima de la concesión pop en Ordre i Aventura (y a la de nuestro top de discos estatales de 2010), con aquellas memorables diez canciones sencillas y directas, el grupo liderado por David Caraben ha dado con L’Amor Feliç el necesario paso adelante que su sexto disco requería. Un trabajo conceptual, como nos explicaba el propio Caraben a principios de año con su repaso canción por canción de los temas del disco, alrededor del amor, que en plano estrictamente musical ha significado el asentamiento de los nuevos Mishima. La incorporación de Xavi Caparrós al bajo y de Alfons Serra a la batería le han dado el empuje a nivel rítmico que la evolución de su sonido necesitaba, dando robustos resultados como la portentosa ‘Els crits‘, la divertidísima ‘El camí més llarg‘ o una eufórica ‘No obeir‘ que ya ha pasado a ser uno de sus himnos. El lirismo característico de las composiciones de Caraben queda patente en el trío inicial con la expansiva ‘La vella ferida‘, la evocadora ‘Els vespres verds‘ y una ‘Ull salvatge‘ que es un verdadero regalo al pop de orfebrería. Y el concepto del disco cobra sentido completo con ‘No existeix l’amor feliç‘, certera adaptación del clásico de George Brassens que desprende un aroma clásico y que ejerce de pieza central en un puzzle completado por ‘L’última ressaca‘ (el primer hit de Mishima, con coros pegadizos y lema inquebrantable). Por todo eso L’amor feliç es un disco más complicado de entender como unidad, pero un análisis pormenorizado de cada una de las partes que lo componen pone en evidencia que Mishima es una de las bandas más creativas, trabajadoras e inspiradas de la actualidad. (En Spotify)

3. John Talabot – ƒin

(Permanent Vacation)

Selvático,  melancólico, árido, reflexivo, evocador….Desde luego, son muchos los adjetivos que se le pueden poner al excelso trabajo de John Talabot. Pero quizá el mejor de todos sea perfecto. fIN es un disco sin fisuras, es uno de esos largos que dan un aviso al entorno pop para advertir que tras el cacharreo también se esconde talento y a los amantes de la cultura del beat les hace reflexionar sobre los encantos de lo melódico. Cuenta su autor en las numerosas entrevistas que ha tenido que ofrecer que no sabe de música. Bien está en este caso olvidar partituras, semicorcheas, claves de sol y ritmos acompasados si la sensibilidad es tan descomunal que con pulsar el play de un reproductor, o posar  la aguja de un tocadiscos –para no mosquear a los puristas– se puede comenzar un viaje sin necesidad de moverse de un sofá. Con permiso del señor Mas, se trata de un disco patrio del que se han hecho eco los principales medios internacionales, con lo complicado que resulta en nuestro país la exportación musical. Al igual que los discos de Pink Floyd, King Crimson o los más recientes Mogwai, fIN solo es comprensible como un todo. Comenzando por  la amazónica ‘Depak Inc’, Talabot camina firme por diferentes ambientes, desde el desolador ocaso de ‘El Oeste’, en el que con solo una modulación de sus bajos sintéticos da vida a la rojiza luz de un atardecer desierto,  al misterio que se esconde tras ‘Last Land’ o la lenta agonía de ‘Oro y Sangre’. Pese a tratarse de un disco que llama a la introversión, los respiros de la excelente ‘Destiny’, ‘When The Past Was Present’ o ‘So Will Be Now’ alejan el temor a una experiencia excesivamente decadente. Talabot ya había puesto algunas de sus cartas sobre la mesa con estupendos sencillos como ‘Sunshine’ o ‘Matilda’s Dream’. Con su primer largo se coloca al frente de la vanguardia electrónica más allá de nuestras fronteras. (En Spotify)

2. Hola a Todo el Mundo – Ultraviolet Catastrophe

(Mushroom Pillow)

Si por algo se ha caracterizado la breve carrera de Hola a Todo el Mundo hasta la fecha es por sus cambios de rumbo, pero el giro efectuado en Ultraviolet Catastrophe está en otro nivel. El regusto folk permanece, pero su habitual arsenal de instrumentos tradicionales se ha hecho a un lado para dejar paso a una electrónica cósmica cercana a la que practican sus ahora compañeros de sello Delorean o a las odiseas galácticas de M83. Ultraviolet Catastrophe es un álbum intenso que vuela muy alto, como si las capas sintéticas sobre las que se erige le sirvieran de cama elástica. Es un relato mágico, construido a base de canciones extensas y cinéticas que pierden gran parte de su sentido si son despojadas de la compañía de sus socias en el tracklist. Unas intentan pasar de puntillas, sin alzar la voz, otras optan por levantar estruendo y polvareda a su paso; unas parecen desarrollarse a miles de kilométros bajo el mar, otras casi pueden tocar el Sol con la punta de los dedos. Y todas cumplen perfectamente su papel dentro del segundo mejor disco estatal de 2012. (En Spotify)

1. Los Punsetes – Una montaña es una montaña

(Everlasting Records)

Una pared manchada de sesos. Una sierra de marquetería a punto de rebanar una lengua. Cadáveres colgados en el armario. Eyaculaciones burbujeantes. Y vulnerabilidad. Mucha vulnerabilidad. Escuchar a Los Punsetes siempre es una tarea indigesta a la par que adictiva, como las novelas de Chuck Palahniuk o Easton Ellis. Vía libre a la demencia, al derrumbe de la sociedad, a la psicopatía colectiva, a la falta de vínculos emocionales. Somos humanos de usar y tirar, de consumo efímero, de apatía definitiva. Los Punsetes saben de qué va esta época, y no pretenden mentir al personal con cuentos sobre chico-quiere-a-chica o juntos-seremos-más-fuertes. No. Para eso ya están Hola A Todo El Mundo. Con su música afilada, antipática y repulsiva transforman el vómito en acordes, la violencia en pulso, la angustia en poesía. Lanzaron dos aldabonazos, LP (2008) y LP2 (2010). Y a la tercera va la vencida: Una montaña es una montaña es su obra maestra. Tal cual.

Papel importante en este salto cualitativo tienen las manos de Pablo Díaz Reixa (El Guincho para los amigos), productor del disco. Antes los discos de Punsetes sonaban más a divertimento truculento que a otra cosa. Ahora, el sonido es cavernoso, profundo. Tiene una textura resbaladiza y pegajosa, como los ecos del final de ‘Alférez provisional‘, primer single de letra precisa, capas de guitarras depredadoras e impecable batería que recuerda inevitablemente a Eric Jiménez. Esta vez el juego va en serio. Incluso las letras coquetean con el existencialismo: “hasta el momento en que me muera me iré sin decir adiós”, cantan en ‘Paraíso‘.

Hay más. Los recursos musicales se multiplican y ganan peso: reverbs, e-bows, incluso el autotune de la voz de Ariadna suena más claro que nunca. Varias canciones (‘Flora y fauna‘, ‘Malas tierras‘, y sobre todo ‘John Cage‘) se recrean en codas más largas de lo usual, con los instrumentos navegando sobre olas melódicas, como barcos a la deriva por océanos desolados. Antes sólo había canciones urgentes. Ahora, la realidad es igual de urgente y sigue estando a punto de estallar: pero la música es una tregua. Una tregua cruel, una trinchera construida a base de cuerpos descompuestos, glaciares derritiéndose y tecnócratas que sonríen con suficiencia. Pero es lo único que tenemos. Una montaña es una montaña es, hoy por hoy, de las pocas cosas que describen el ánimo generalizado que nos rodea (con permiso de La Débil). Por eso es disco estatal de este puto año. Así que agarraos a él como si fuera la última esperanza. Da igual que queme, que produzca úlceras y arcadas. Tiempo habrá en el infierno para reír y ser felices. (En Spotify)

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