19/12/2012

Boicot en directo del dúo de Los Ángeles al patrocinador de su propio concierto, Converse.

La música tenía que haber sido la protagonista de la segunda noche de Make Noise en La [2] de Apolo, el proyecto de Converse y This Is Underground del que ya hemos hablado algunas veces. La música, el ruido, la escena musical local y alternativa, y todo lo que Make Noise ha estado apoyando durante el último mes. Y así fue hasta aproximadamente las 23:20h de la noche del martes 18 de diciembre. Los primeros teloneros, Please Wait (ganadores del concurso de bandas emergentes de Make Noise), habían sorprendido por su vigoroso sonido pese a su juventud, entre el punk y el hardcore. L’Hereu Escampa, después, habían contentado a su fiel parroquia con un directo cada vez más engrasado y una entrega y tesón cada vez mayores. Y luego aparecieron No Age, referentes absolutos de este género e ídolos de muchos de los chavales jóvenes que deciden montar una banda al margen de los caminos establecidos. Algo desganados, daba la impresión. En formato dúo (cuando últimamente habían llevado siempre un tercer miembro a las programaciones), los de L.A. interpretaron con el piloto automático algunas canciones, entre ellas una inexpresiva ‘Glitter‘, hasta que unos veinte minutos después de haber saltado al escenario, el batería Dean Allen Spunt deja de tocar, y el guitarrista Randy Randall empieza a distorsionar sin sentido y sin pausa el sonido de su guitarra.

Y entonces en la pared del fondo del escenario se empieza a proyectar un vídeo. Un vídeo-denuncia en el que, con un castellano macarrónico (fruto de algún traductor automático), se denunciaba las condiciones laborales y humanas de las fábricas de Nike y Converse (la segunda pertenece a la primera desde 2003) en países como Indonesia. Se citaban testimonios y declaraciones de trabajadores, aparecían imágenes grabadas muy precariamente, y se transmitía un mensaje prácticamente idéntico al que explica esta noticia de La Voz, un periódico argentino.

Silencio en la sala, estupefacción generalizada, algunos aplausos de las primeras filas. Hay algún problema o amago de interrupción en el vídeo, y Dean se levanta de su sitio y –con un tono de voz enérgico– pide al técnico de vídeo que no lo quite. Que lo vuelva a poner. Y así lo hace. El ruido de la guitarra de Randy sigue. Todo dura alrededor de unos diez minutos, aunque el tiempo parece haberse detenido.

Después de los diez minutos de desconcierto, el concierto retoma forzadamente su curso, con los ojos de media sala como platos y un runrún imparable. Y No Age entregan, esta vez con mayor intensidad, clásicos como ‘Teen Creeps‘ o ‘Fever Dreaming‘. Pero muchos de los presentes ya no podíamos pensar en la música, sino en que si lo que decía el vídeo era cierto. En cómo de cuadrados debían tener los cojones No Age para venir expresamente desde Los Ángeles para este concierto y romperlo así, en los morros de la gente que había confiado en ellos y les había contratado y había trabajado excelentemente para que todo saliera bien. Sobre si el fin justifica los medios: ¿es lícito cobrar miles de euros por tocar en un evento con el que no estás de acuerdo solo con el objetivo de boicotearlo? ¿No sería más fácil rechazar la propuesta por el motivo que sea, y a otra cosa? Entonces pierdes tu canal de transmisión más potente, ¿pero qué harán No Age con ese dinero que han cobrado, dinero manchado según su propio discurso? ¿Se lo quedarán o lo donarán? De su reacción como banda depende que un acto así pase de una broma pesadísima e infantil a una acción moralmente cuestionable pero con una intención clara y meridiana.

Y Dean, después de todo (incluso de un bis), se despide del público con un “Thanks, Converse!“. Para frotarse los ojos una y otra vez.

Fotos: Ikram Bouloum (menos la del momento del vídeo, que es de Half Nelson).

 

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