17/12/2012

Las canciones más destacadas del año a nivel internacional y estatal, con lista de Spotify incluida.

Ya ha llegado la semana. La semana de las listas. La semana en la que tratamos de resumir 12 meses en 5 días. En apenas 5 posts, para ser más exactos. Obviamente, la tarea es prácticamente imposible, titánica, inabarcable, pero aquí estamos con las 75 mejores canciones de 2012, en la humilde opinión de la redacción de indiespot. Hemos intentado que, como siempre, haya un poco de todo (dentro de nuestra coordenadas habituales, claro), que haya sorpresas inesperadas y apuestas personales (o colectivas). Y por primera vez nos lanzamos a unir en la lista las canciones internacionales y las estatales, porque al fin y al cabo mejor tenerlas agrupadas en una misma recopilación (con los discos es otra cosa, hay tantos que de momento seguimos separándolos). Y, también como siempre, llegamos con una playlist de Spotify recién salida del horno con las 75 canciones escogidas, del número 1 a la 75, en riguroso orden para escuchar durante las 5 horas que la aplicación amiga dice que duran una detrás de otra. De electrónica minimalista a punk salvaje, de folk puro a pop facilón. 75 canciones que resumen un año y media vida. Adelante.

75. AlunaGeorge – ‘Your Drums, Your Love’
74. The Free Fall Band – ‘Contemporary Love’
73. xxyyxx – ‘About You’
72. Crystal Castles – ‘Affection’
71. Benjamin Gibbard – ‘Teardrop Windows’
70. Jane Joyd – ‘Heartless Horse (The Disappearing Act)’

69. Port St. Willow – ‘Amawalk’
68. The Mountain Goats – ‘Harlem Roulette’
67. David Byrne & St. Vincent – ‘Who’
66. Matthew Dear – ‘Her Fantasy’
65. Modelo de Respuesta Polar – ‘La guerra y las faltas’
64. Mount Eerie – ‘Through The Trees pt. 2’
63. M. Ward – ‘Primitive Girl’
62. Exlovers – ‘Moth-Eaten Memories’
61. Dinosaur Jr. – ‘Watch The Corners’
60. Extraperlo – ‘Ardiente figura’

59. Hot Chip – ‘Look At Where We Are’
58. The Men – ‘Open Your Heart’
57. Two Gallants – ‘My Love Won’t Wait’
56. Divine Fits – ‘What Gets You Alone’
55. Bob Mould – ‘The Descent’
54. Father John Misty – ‘Hollywood Forever Cemetery Sings’
53. Hola a Todo el Mundo – ‘They Won’t Let Me Grow’
52. The Raveonettes – ‘She Owns The Streets’
51. The Tallest Man On Earth – ‘1904’
50. First Aid Kid – ‘Emmylou’

49. Cat Power – ‘Ruin’
48. Lotus Plaza – ‘Monoliths’
47. Pond – ‘Moth Wings’
46. Django Django – ‘Default’
45. Grimes – ‘Oblivion’
44. Calexico – ‘Splitter’
43. Animal Collective – ‘Today’s Supernatural’
42. TOY – ‘Motoring’
41. La Débil – ‘Sángrala’
40. The Maccabees – ‘Ayla’

39. Bobby Womack – ‘Please Forgive My Heart’
38. Spiritualized – ‘Hey Jane’
37. Arctic Monkeys – ‘R U Mine?’
36. Best Coast – ‘The Only Place’
35. McEnroe – ‘La cara noroeste’
34. Frank Ocean – ‘Thinkin Bout You’
33. Regina Spektor – ‘All The Rowboats’
32. Kindness – ‘Cyan’
31. DIIV – ‘Doused’

30. Swans – ‘The Seer’

http://www.youtube.com/watch?v=tyX7vc0k5_k

Con apenas cuatro palabras inteligibles a lo largo de más de ¡32 minutos! (“I see it all”, amenazadoras desde las fauces de Michael Gira), llamar canción a ‘The Seer’, núcleo duro del último álbum de Swans, sería un sinsentido, una grave descontextualización. Hasta sería faltarle al respeto a esta epopeya, experiencia sensorial o, simplemente, trance de la hostia. Porque en realidad estamos ante un maratoniano tour de force por los intestinos de 30 años de carrera que, de algún modo, pretende explicar a qué se dedica esta gente hoy en día y cómo ha llegado hasta aquí. Y lo entiendan o no los interesados, la gracia consiste en tratar de disfrutar del apasionante viaje, un espeluznante descenso al averno en el que lo más probable es que pierdan la noción del tiempo y en el que, cuidado, no es descartable que aflore el primitivismo que todos llevamos dentro. Avisados quedan.

29. Pegasvs – ‘El final de la noche’

Hace justo un año, el Pegaso formado por los ex-Thelemáticos Sergio Pérez y Luciana Della Villa desplegaba sus alas para echar a volar. Y está lejos de tocar tierra. Dando un giro de tuerca al synth pop, acercándolo de paso a las bases del krautrock, la letra de este pepinazo llamado ‘El final de la noche‘ subvierte el hedonismo del siglo XXI, explorando el otro lado del placer-por-placer. “Es el final de la noche”, se repite automáticamente. Como un mantra que clausure el ritual de cada fin de semana, donde los cuerpos y las miradas se buscan, se tantean, se soban y entrelazan. El final de la noche: y la pista de baile se vuelve humo. El final de la noche: y los sintes se dislocan, se estiran como un chicle, se vuelven pura matemática rabiosa. Si en 2011Toro‘ alababa la oscura apoteosis de la noche, ‘El final de la noche‘ en 2012 describe su espasmódico final: cuando todos volvemos colocados de juventud. Pálida la piel, profundas las ojeras. Y no podemos parar de bailar.

28. Alt-J – ‘Breezeblocks’

De la infinidad de palos que tocan Alt-J en su espectacular debut, en ‘Breezeblocks‘ tenemos unos cuantos: cadencia hip hop, manejo de los silencios al más puro estilo The xx, percusiones con esencia tribal a lo Wild Beasts, o esos juegos de voces que han demostrado dominar a la perfección (aunque solo un miembro del grupo ha estado en un coro). Todo para acabar forjando este sonido familiar y fresco al mismo tiempo, con ese punto único que les convierte en un grupo tan especial. El constante fluir de le melodía y la euforia contenida de los pegadizos estribillos finales –con ese ya memorable “please don’t go, I love you so“– hacen de ‘Breezeblocks‘ la mejor carta de presentación para los caleidoscópicos y ya triunfadores-del-2012 Alt-J.

27. Jack White – ‘Sixteen Saltines’

Por mucho que intente disimular en sus números proyectos, Jack White siempre es Jack White. Es una de las condiciones que le han convertido en una de las figuras imprescindibles del nuevo siglo y el final del pasado. ‘Sixteen Saltines’ resume perfectamente la idiosincrasia de su creador. Un desgarrador riff de su afilada y distorsionada guitarra abre el que se convirtió en el primer single de su esperado Blunderbuss. El resto, una historia de chico desesperado por chica que intenta sobreponerse a su pesada carga en la juguetona voz de un inspirado Jack White. Pese a que confiese que es un chico de blues, las dieciséis galletas saladas en las que busca consuela son puro rock, del de reventar estadios. Tan seguro está el bueno de Jack de eso que, lejos de dejarla para momentos de éxtasis en sus directos, ha preferido colocarla siempre en la parte más tempranera de su setlist. Dos minutos y medio de puro placer, sin concesiones, sin pausas ni interrupciones. Para dejar bien claro que Jack White obtiene con merecimientos el título de sumo pontífice de la liturgia rock.

26. Sharon Van Etten – ‘Serpents’

Poco importa que ‘Serpents’ (el que fuera primer adelanto del maravilloso Tramp) lleve sonando desde finales de 2011, o que, según la propia Sharon Van Etten, se trate de una de las primeras composiciones que hizo para guitarra eléctrica (ya me gustaría a mi que mis primeras veces fueran así…). El caso es que el tema nació con estrella y, más de doces meses después, a fe que la conserva, ya lo vimos claro el primer día. Compruébenlo dándole al play, dejen que la suave melodía de guitarra se una al martilleo de la hipnótica batería (¿seguro que no eres tú, Bryan Devendorf?) y aguarden a que Sharon, la dulce voz de la señorita Van Etten, les empiece a contar eso de que “It was a close call…”. El resto es historia, de esas que de tan jodidas y bien trenzadas nunca nos cansaríamos de escuchar.

25. The Antlers – ‘Drift Dive’

Cuando muchos asumíamos que The Antlers habían dejado atrás la desesperación para adoptar el sonido más expansivo y sensual, Peter Silberman y su troupe nos sorprendieron con un viaje a las profundidades en forma de EP. Pero esta vez no era a las del ser humano, sino a las del mar, con auténticos remansos de paz como esta ‘Drift Dive‘, absoluta delicatessen submarina con sección de vientos, un sentido Silberman, y una frase para resumirlas a todas: “Slow it down, wait it out“. Una de aquellas canciones pensadas para escuchar con auriculares y ojos cerrados y dejarse llevar.

24. How To Dress Well – ‘& It Was U’

¿No habíamos quedado en que la austeridad debía regir nuestras vidas? Pues eso. Pocas veces se ha dicho tanto con tan pocos ingredientes: chasquido de dedos, la aflautada voz de Tom Krell, un galope electrónico con cierto sobrepeso y unos coros casi gospel para conformar una pieza elegante a más no poder, inmaculada y bien vestida (já). Ni un elemento innecesario que nos distraiga del mensaje, ni un adorno gratuito que pueda restarle credibilidad a una de las confesiones más bonitas que se le puede hacer a alguien: que, a pesar de todo, siempre estaré ahí cuando me necesites. Ella, la canción, se va como vino, haciendo sonar pulgar e índice, pero tú ya no eres el mismo que eras hace 186 segundos.

23. Mishima – ‘L’última ressaca’

Tan descomunalmente pletóricos andan los Mishima de un tiempo para aquí que cuando uno piensa que ya han facturado su canción más redonda (‘Sant Pere’, ‘Tot Torna a Començar’… y paro porque si no me comería todos los caracteres de que dispongo) y que en el horizonte sólo espera la condena de la cuesta abajo, ¡zas!, le dan con un canto en los dientes. Resulta clave, una vez más, la lírica mundana de un David Carabén inmenso, al que se lo compramos todo. Hasta los divertimentos en forma de volátiles e ilusas promesas de un hombre resacoso que se maldice por haber empinado demasiado el codo la noche anterior. “No penso tornar a beure mai més…”. Falacias, pensaríamos, si no fuera por esos coros perfectos que, acompañados por el palpitar del piano y la incisiva guitarra nos derriten. Entonces nos lo bebemos todo, así que sigamos abriendo botellas y brindemos por otro himno de los catalanes. El enésimo.

22. Cloud Nothings – ‘Wasted Days’

Son ocho palabras que resumen casi nueve minutos de furia: “I thought / I would / Be more / Than this”. Dylan Baldi las repite como un salmo diabólico durante casi la totalidad del último minuto. Sacando cada letra de la carne, berreando como poseído. Pero no de una forma efectista, no como un hardcoreta al uso, por defecto. Baldi chilla porque lo que dice es para chillar. Porque la vida se le ha plantado en la cara y le ha dicho, “chaval, eres una pedazo de mierda, ¿te enteras?, una gran mierda y tu música igual“. Y Baldi de pronto mira a su repertorio, a su bonita pero inofensiva ‘Should Have‘ en la que canta como una niña de 13 años y dice, “joder doy asco, esto da asco, soy un puto mierda y esta canción es una basura“. Y se reúne con la banda y explota. Y pasa de facturar caramelitos indies del montón a esto: un jodido entrecot que sangra punk y verdad verdadera. Potente hasta morir.

21. Grizzly Bear – ‘Yet Again’

Silencio en la sala: Grizzly Bear suenan. Respeto. Favoritos de la redacción desde siempre, sabíamos en indiespot que Shields iba a ser un discazo. Para esta lista nos decantamos finalmente por ‘Yet again’, aunque podría haber sido cualquier otra. Cosas de grabar discazos. Quizá no sea su canción más sorprendente, pero siempre reconforta saber que el sonido Veckatimest no fue una ilusión auditiva. Ahí están, las mismas rupturas rítmicas, los mismos ecos en las guitarras, los mismos coros. La misma psicodelia que, viejuna ella, sigue sonando a futuro, a folk de ciencia ficción. Contradicciones de la música. ¿Qué me dicen de ese final, con copyright Grizzly de toda la vida, pero que suena TAN BIEN? Es en plan “Te gusta cómo va la canción, ¿eh?. Pues si no te importa, la vamos a machacar.” Y la destrozan. Con mucho arte. Añicos por todas partes. El hijo es suyo, pueden sacrificarlo si quieren. No es una ilusión, insisto. Saben hacerlo, saben exprimir su zumo. Y Dios, cómo refresca.

20. The Walkmen – ‘Heaven’

Tiene mérito colocar un medio tiempo en una lista de temas del año, tan propensas ellas a los extremos y la inmediatez. Y que The Walkmen se hayan especializado últimamente en este difícil registro no debería desmerecer la hazaña de los neoyorquinos, capaces de ensalzar el rock más clásico en una ‘Heaven’ que, aún sin la mordiente de piezas ya míticas como ‘The Rat’ o ‘Angela Surf City’, seduce al instante. Aquí basta con esa constante línea de guitarra marca de la casa y la exquisitez vocal de Hamilton Leithauser para olvidarse del acelerador y disfrutar de la madurez, la pausa, la elegancia. ¿Música de veinticinco alfileres? Debe ser algo así.

19. Fiona Apple – ‘Regret’

Tendremos oportunidad de hablar un poco más a fondo de este álbum. Un disco en el que todas y cada una de sus diez canciones tienen argumentos para estar en esta lista. Es más, hasta última hora era ‘Hot Knife’ nuestra favorita: más vistosa, más original, más suya. ¿De dónde el cambio? De la maceración, de la escucha número 632, cuando de pronto el grito como de muerte que Fiona mete en el 2:25 le acojona a uno de verdad. Un alarido que, por cierto, precede a una de las estrofas del año, sin discusión posible, con una métrica perfecta, con cada tónica donde debe. “Remember when I was so sick and you didn’t believe me? / Then you got sick too and guess who took care of you. / You hated that, didn’t you? Didn’t you? / Now when you look at me, you are condemned to see the monster your mother made you to be.” Uf, nena.

18. Burial – ‘Loner’

Con Burial, es imposible fallar. Por una sencilla razón: todo lo que toca el tío es oro. Y sí, hay mucho mito a su alrededor, una veneración a ciegas de cualquier paso que da… pero es que el tal William Bevan no da ni un paso en falso. No es que cumpla con las inmensas expectativas que hay puestas sobre él, sino que siempre está uno dos pasos por delante de ellas. Y siempre con su propio calendario, completamente a su ritmo: sin ir más lejos, hoy mismo publica, casi por sorpresa, un nuevo EP con dos nuevas canciones llamado Truant, como si quisiera joder a todas las listas de canciones de este año. La nuestra la primera, porque antes de escuchar ‘Truant‘ y ‘Rough Sleeper‘ ya estábamos absolutamente prendados de ‘Loner‘, esa segunda pista del EP Kindred que cabalga a un ritmo endiablado y se da el lujo hasta de conceder dos pausas al oyente, para después volver a atacar sin piedad con una pieza mucho más alucinógena y espacial de lo que nos tenía acostumbrados. Pero, como siempre, sobresaliente.

17. Peace – ‘Bloodshake’

He aquí la canción que compensa el pastón que les pagamos a Sonida Collective por cada post que se escriben para este santo rincón del universo. Entre ustedes y yo, ni Passion Pit ni hostias: este es el temazo comercialoide del año. Con la cantidad justa de épica, de showoff, de animación al baile, de “uhh-uhhh-uhhhh-uhhhh-uhhhhhhh”, de hedonismo juvenil. El tema es muy bueno hasta poco antes del minuto tres, con unas guitarras interesantísimas y un uso delicioso de las congas. Pero después se hace incluso mejor. Cualquier sabelotodo de la industria les hubiera cortado las alas ahí. Esa explosión guitarrera es antimulti. Larga vida.

16. Dirty Projectors – ‘Gun Has No Trigger’

El primer single del fabuloso nuevo disco de Dirty Projectors tenía –y sigue teniendo– todo lo que nos encandiló en Bitte Orca: las voces femeninas a modo de coro, la electrizante voz de David Longstreth, y esos ligeros toques R&B pasados por un filtro de minimalismo instrumental que lo convierten prácticamente en un género nuevo. Cuál es ese género es algo que no nos atrevemos a decidir, pero lo que resulta evidente es que Dirty Projectors mantienen intacta la eficacia de su varita mágica, jugando como siempre entre los extremos opuestos, entre el susurro y el grito, entre la sutileza y el desgarro, entre la nada y el todo. Y no solo salen airosos de la contienda, sino que se alzan victoriosos. Una vez más.

15. M.I.A. – ‘Bad Girls’

“Vive rápido, muere joven, las chicas malas lo hacen bien”, dispara M.I.A. sin descanso, como transformada en un AK-47. Y uno se cae de culo mientras celebra el regreso de la M.I.A. más callejera y, a su vez, más pop. La M.I.A. que se deja de feístas experimentos electrónicos para remangarse, bajar al barro y noquear a todo el que ose interponerse en su camino. La M.I.A. que nos pone, en definitiva. No importa que se haya reído un poco de nosotros y que su prometido cuarto disco no haya aparecido en 2012, da igual que sea más rara que un perro verde: un single de semejantes proporciones redime todos los pecados y renueva todos los votos.

14. Right Away Great Captian – ‘Blame’

Al final, en la vorágine de novedades del año, se nos ha pasado el disco que cierra la trilogía de Right Away Great Captain. Lo cierto es que apenas le hemos dado unas escuchas. Una razón es la mencionada vorágine. Otra es que se abre con esta canción y uno quiere quedarse a vivir en ella, hacerse una casa de madera, encender la chimenea y respirar el húmedo frío que la recorre. Andy Hull, una guitarra, un piano y probablemete la canción puramente folk más bonita del año. De esas que a uno están a punto de sacarle las lágrimas. Sirva de excusa para recomendar una vez más tanto ese como sus dos trabajos anteriores. Encontrarán más maravillas de esta talla.

13. John Talabot (feat. Pional) – ‘Destiny’

En un disco tribal, dominado por la búsqueda de paisajes, el catalán John Talabot cumple con el requisito de  ofrecer un hit a la altura de su inmenso trabajo. Acompañado por su inseparable Pional, con el que habitualmente comparte escenario, ‘Destiny’ es un tema contenido, in crescendo, sin alcanzar nunca una previsible explosión. Talabot juega con voces, bajos, sintetizadores y ritmos en su discreta licencia a las grandes masas, y, aunque la electrónica pueda llamar en muchas ocasiones al hedonismo más irreverente, en este caso,  el arquitecto ha preferido descubrir su innegable elegancia antes que destrozar una pista de baile. Si en general ƒin es un trabajo que llama a la reflexión y en ocasiones roza lo depresivo, ‘Destiny’ es una de las poca piezas que funciona como un balón de oxígeno, es algo que, como dice en su canción, convierte a Talabot en un tipo realmente especial.

12. Major Lazer (feat. Amber Coffman) – ‘Get Free’

Será porque está infinitamente más cercana a Dirty Projectors que a Major Lazer, porque su caminar despreocupado nos remite inconscientemente a ese clásico de nuestros días llamado ‘Paper Planes‘ o porque transpira sensualidad y sutil química sexual por los cuatro costados y servidores no somos de piedra. O quizás sea por las tres razones a la vez, vaya usted a saber. El caso es que ‘Get Free‘ nos cogió de la pechera en nuestro primer encontronazo y de momento no tiene intención alguna de soltarnos. Y que conste que nosotros tampoco estamos por la labor de zafarnos, al menos mientras la voz de Amber Coffman siga meciéndonos con suma delicadeza, ese amago de subidón del minuto 1:50 siga sin explotar y todos sus deliciosos elementos sigan interactuando en total armonía. Sí, aquí nos quedamos.

11. Damien Jurado – ‘Museum Of Flight’

Museum Of Flight‘ es la invitada silenciosa al top de este año. La que ha pasado la mayor parte de los últimos meses escondida en el fondo, sin decir demasiado, atenta a todo lo que iba sucediendo a su alrededor pero manteniéndose en su impuesto segundo plano. Hasta que un día, por alguna coincidencia majestuosa, empieza a sonar el rasgado de la guitarra acústica y Damien Jurado se lanza a susurrar que quería ser encontrado y que necesita que te quedes un rato más. Que está tontamente enamorado. Y entonces llega la batería, la guitarra eléctrica, y el bajo, y ‘Museum Of Flight‘ empieza literalmente a volar, con Jurado todavía susurrando y pidiéndote que no te vayas, con un estribillo en falseto que sería seda si se pudiera tocar, más ligero que el viento. Y llega el solo, que es de piano, y allí sigue la canción con un último intento: “I turned around, my life was changing / What did I learn? Its not that easy when you get burned, and go on burning light”. Y entonces, de repente, se va. Pero esta vez sí ha calado.

10. Beach House – ‘Myth’

Chst, chst, clang, chst, chst, chst, clang… dos toques de campana, y se desparrama ante nuestros oídos una cascada de guitarras y teclados. La progresión es perfecta, celestial. El sonido suena a través de nosotros, es eterno y atemporal. Da sentido a todo. Como los mitos. Empieza la canción, y la letra, telúrica, conmueve hasta el más recóndito de nuestros átomos. Suena liviana y diáfana, pero su significado es críptico: “Oh, deja que las cenizas vuelen, ayúdame a hacerlo”. Suena a despecho y a esperanza, a ahogo y libertad. El mensaje es tan personal que todos nos reconocemos en él. Beach House no inventan la rueda con ‘Myth‘, pero sí profundizan en la receta que hace dos años les hizo ganar el Olimpo indie. Habrá a quien le canse, pero oigan, a nosotros nos sigue pareciendo sublime. Su fórmula va camino de volverse universal: esta canción tan pronto sirve para hacer dormir a un bebé, como para romper en mil pedazos de llanto a un adulto. Fórmula universal, digo: como los mitos.

9. Electric Guest – ‘This Head I Hold’

Mondo, el debut de los angelinos Electric Guest, es un disco que en sus mejores momentos resulta entretenido, sin más. En el resto, mayormente intrascendente e inofensivo. Sólo hay algo que le salva de la quema inmediata y el olvido eterno. Y no se trata de la presencia en tareas de producción del (casi) siempre infalible Danger Mouse, sino de ese artefacto pegajoso e infeccioso llamado ‘This Head I Hold‘. Es descaradamente facilón y su estribillo es tonto a más no poder, eso nadie lo duda, pero no hay lugar para la razón cuando los pies hace rato que dictaron sentencia. Un temazo construido a mala fe para colarse en toda cabeza pensante que le brinde media escucha. Media escucha, no se necesita nada más para buscar el botón del play una y otra vez.

8. Tame Impala – ‘Elephant’

No descubrimos nada con este tema. Es de lejos lo más accesible de Lonerism. Una canción divertidísima, que efectivamente es un jodido paquidermo musical. Con ese paso marcial, pesadísimo. Pum, pa, pum, pa. Y a pesar de ser la más fácil, no cansa. Kevin Parker esconde recursos por todas partes. Hay compases que empiezan con golpes de caja y cambian toda la dinámica del tema. Luego, al rato, todo vuelve al orden sin que nadie haya tenido porqué darse cuenta. Ja. El intermedio musical, la quintaesencia de la propuesta psicodélica de Parker, el mar de sintetizadores, guitarras, bajos y demás recursos en su versión más digerible, es impecable. Un tema que es un ejercicio de estilo, el ‘Solitude Is a Bliss’ de Lonerism. Grande.

7. Chromatics – ‘These Streets Will Never Look The Same’

La piedra angular de un disco inmenso. La puerta interna que separa el primer bloque de canciones de el viaje sideral que es el corazón de Kill For Love. Una pieza hiponótica. No ha habido vez que no se me haya erizado el todo en el 3:00 cuando entra esa guitarra, casi un matiz al fondo. No ha habido escucha en la que no me haya dado un vuelco el corazón cuando en el 4:11 cuando vuelve el bombo y de pronto la canción se asienta en un enredo de elementos que se cruzan sin estorbarse. No hay vez que no me haya entrado en trance con ese escalada, de guitarras enredadas esperando el bombo que empieza pasado el 5:15. Hace unos días, tuve una comunión mágica con este tema. Había llovido, eran pasadas las cinco de la madrugada y yo volvía a casa caminando, cruzándome parejas camino de la cama, borrachos camino del after. Y de pronto me vi diciendo: “I get so lonely all the time / I try to find my way back home / These streets will never look the same / My broken heart erased your name”. Muy emo.

6. Los Punsetes – ‘Tráfico de órganos de iglesia’

Viólame, pero abrázame después. Párteme la cara, pero no te olvides de darme el Betadine. Mata a mi madre, pero mándame un ramo de rosas grande para su funeral. Así son Los Punsetes. ‘Tráfico de órganos de iglesia‘ es la enésima prueba de que los madrileños, en realidad, no son más que un puñado de Mimosines. ¿Qué se puede esperar de alguien que compone una línea como “He visto que ya no me necesitas, no me dejes, te prometo que ya no lo vuelvo a hacer”? En Una montaña es una montaña encontramos momentos de tregua, y éste es uno de ellos. A su manera, porque la mala baba sigue ahí (no sean ilusos). Parodia sobre el famoseo musical, el fraude fiscal y  las actividades económicas ilícitas, llamada de auxilio, prueba de madurez musical cortesía de El Guincho. Esta canción es eso y más. Los Punsetes son maestros en mezclar violencia y ansias de (breve) reconciliación. No se engañen, esto funciona así. Píldoras de tres minutos sobre la vida. Luego dirán que son superficiales y simplones. Allá ellos.

5. Twin Shadow – ‘Five Seconds’

Ese aire misterioso y envolvente que proporciona la voz de George Lewis, esa melodía oscura y afilada a medio camino entre la new-wave y los mejores TV On The Radio, ese ritmo trepidante y casi persecutorio… Según esta honorable lista, ‘Five Seconds‘ no es la mejor canción de 2012, pero nadie ha dicho que no estemos ante El Hit de 2012. Si no lo es, poco le falta. Porque es capaz de convertir un buen disco como Confess en un disco brillante, porque va a toda leche desde el primer segundo, porque en su interior encierra más adrenalina que la final olímpica de los 100 metros lisos y porque, tras varios cientos de escuchas, uno es incapaz de contenerse las ganas de gritar a los cuatro vientos aquello de “that’s no way to get it on”. Una barbaridad a la que te subes en marcha o te pasa por encima, no hay tiempo para barajar otras opciones. Lewis, amigo, lo has petado.

4. The xx – ‘Chained’

Si nos apuntaran con una pistola en la cabeza y nos obligaran a escoger una canción que definiera a los The xx de hoy en día, escogeríamos sin dudarlo ‘Chained‘. Una de las canciones que más nos ha engorilado este año, que más locos nos vuelve pese a su absoluta castidad y contención. ‘Chained‘ es, por decirlo de una manera sencilla, todo lo que imaginábamos cuando nos dijeron que el segundo disco del trío británico mostraría una implicación mayor del gran Jamie xx. Y eso es lo que es: una evolución perfecta del sonido intenso y oscuro del debut, un nuevo duelo a dos voces entre Romy y Oliver, solo que esta vez flotando en un mar de beats que elevan la canción a otro nivel, con un aire irremediable a las composiciones de Burial que no hace sino situar esta canción de desamor entre una pareja (“we used to get closer than this / is it something you missed?“) en la categoría de himno absoluto. Y todo, en menos de tres minutos. Insuperable.

3. Passion Pit – ‘Take A Walk’

Ay, benditas y caprichosas contradicciones. Un Michael Angelakos fuertemente atormentado, herido en el corazón, aquejado de un severo trastorno bipolar y tentado en varias ocasiones por la idea del suicidio nos regala el tema más colorido, veraniego, saltarín y eufórico del año. Así es al menos en su forma, porque en su fondo esconde un mensaje que tiene mucho de huida hacia adelante, de desesperante sensación alienante y de desencuentros conyugales. Y es que al pobre Angelakos nada parece sonreírle, pero saca fuerzas de flaqueza para revestir su amargo discurso con fuegos artificiales y algodón de azúcar y abrir el imprescindible Gossamer de la mejor manera posible. Terapia de choque en forma de bombazo electro-pop. Bravo.

2. Bat For Lashes – ‘Laura’

Puede que para sentir al completo la emotividad que desborda la ‘Laura‘ de Natasha Khan sea necesario, casi imprescindible, verla encima de un escenario sintiendo cada palabra que sale de sus labios mientras habla de una estrella caída en desgracia por haberse quedado atrás. (Por si no han podido hacerlo, aquí pueden remediarlo parcialmente.) Es entonces cuando toda la sencillez de la canción, algo hasta el momento inaudito en Bat For Lashes, se traduce en la mayor de las emociones, con una artista a punto de romperse al cantar sobre otra artista a la que todos han olvidado ya. Aunque el tema sea recurrente (magistralmente plasmado a base de frases muy visuales), ‘Laura‘ es una de aquellas canciones que dicen un poco más a cada escucha, que te erizan un vello más cada nueva vez que le das al play y que te dejan boquiabierto cuando por fin la escuchas en directo. Una suerte de versión alternativa del ‘Someone Like You‘ de Adele que estalla en vivo y que nos deja con un recuerdo imborrable de purpurina por el suelo, trenes que estrellan corazones y tatuajes con el nombre de una de las canciones más perfectas y emocionantes del año.

1. Japandroids – ‘The House That Heaven Built’

Pocas veces (puede que nunca) ha habido tanto consenso en nuestra humilde redacción virtual a la hora de decidir un número uno. Apenas se han intercambiado e-mails con objeciones a la coronación de Japandroids, sin duda uno de los grandes triunfadores del año. Pleitesía absoluta, pues, a ‘The House That Heaven Built’, EL hit de un álbum de hits, arrebatador desde el primer chispazo de guitarra, vibrante a la que la baqueta impacta en la caja de la batería y demoledor ya en la ristra inicial de coros y “oh,ohs”, imposibles de no gritar para tus adentros. Una canción que te posee, te lleva a los veranos de adolescencia, urgentes, idílicos e interminables y te hace sentir invencible, mejor que nada y que nadie. Y en ese sentimiento de felicidad está la verdadera gracia de estos casi cinco minutos de rock, de punk, de puños en alto, de energía positiva que te hace olvidar toda la mierda de un 2012 nefasto en mil y un sentidos y te empuja a comerte el jodido mundo. Como ellos dirían nada más empezar uno de sus incendiarios conciertos: Hola, mi nombre es Brian y él es David. Somos Japandroids, de Vancouver, British Columbia, Canadá, y hemos compuesto el temazo del año. “Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh!”.

Publicidad
Publicidad