18/09/2012

The Killers son unas estrellas del rock, de las de ‘se hace como yo digo’. Contaba el domingo Fernando Neira en El País que Brandon […]

The Killers son unas estrellas del rock, de las de ‘se hace como yo digo’. Contaba el domingo Fernando Neira en El País que Brandon Flowers y los suyos pasaron un sábado de Mercedes, fútbol y cena de lujo antes de pasar por el festival que presumía de traerles a España en exclusiva. El DCode tuvo la buena idea (queremos pensar) de concentrar en un mismo día las tres propuestas más masivas y a priori dirigidas a un público similar: Supersubmarina, The Kooks, y los propios Killers. El precio de la broma eran 60 euros, pero probablemente muchos los diesen por bien invertidos. Para nosotros, que como todo el mundo sabe somos unos snobs, esta era una jornada con, a priori, menos alicientes que la anterior pero en la que acabamos encontrando más de una sorpresa agradable.

En un tuit: Empezamos con Fira Fem. Mucho mejor en directo que en el disco… 

Arrancamos al sol y cerveza en mano con los madrileños Fira Fem, a quienes vimos por primera vez al año pasado en el Primavera Club con gran gusto. Lo cierto es que Aedificatoria, su debut en lago, nos ha dejado un poco frios. Las canciones están ahí (prueben ‘Cine Azteca‘), pero el sonido maquetero no ayuda y el trabajo no transmite ni de lejos la vitalidad de este repertorio tropicalista que en directo volvió a conquistarnos. A ver si les agarra un Díaz-Reixa y nos divertimos igual en casa.

En un tuitAl directo de Django Django le faltan voces y le sobra bateria, pero joder cómo molan sus temas :) 

Los que nos traían más que conquistados de casa eran Django Django, cuyo debut no entró por los pelos en nuestra selección de la primera mitad del año, algo que a cada escucha nos parece más una cagada. Sus canciones tienen básicamente dos elementos: armonía y ritmo (ya, como todas, pero me entienden), los dos a chorro, sin escatimar. En directo, a la antipática hora de las 19:30, todavía con gafas de sol, el ritmo se comió por las patas a la armonía. Allí sobraba batería y faltaban los coros beachboyanos que dan marchamo a sus composiciones. ¿Cuántas voces tiene ‘Hail Bop‘ en el disco? Muchas. ¿Cuántas en directo? Una o dos. Esto, indudablemente, era un problema y hacía que los temas languideciesen. Necesitan mejorarlo urgentemente. Lo milagroso fue que con esta rémora el concierto no sólo no naufragase sino que terminase por ser lo que esperábamos: un ejercicio de bailoteo psicopopero lleno de palmas y un buen rollo infinito. Y es que claro, temas como ‘Default‘, ‘Firewater‘, ‘Love’s Dart’ o ‘WOR‘ son irresistibles. Nos lo pasamos muy bien, así que les perdonamos lo de los coros, pero ahí tienen deberes.

En un tuitEl directo de Lüger ya se parece muchísimo más a la apisonadora que prometen sus discos. Buena cera. 

Otros a los que teníamos muchas ganas de volver a ver era a Lüger. Hace un año, en el Día de la Musica, nos fuimos con la sensación de que les había faltado fuerza y confianza. Pues bien, problema resuelto. Los madrileños demostraron estar muy lejos de aquel concierto solvente pero dubitativo del Matadero. Sobre las tablas del escenario Heineken, que sonó de lujo en todos los conciertos que vimos en él, dieron un directo arrollador, trasladando al escenario la rabia ruidosa, la violencia industrial de canciones como ‘Dracula’s Chaufeur Wants More‘ o las dos partes de ‘Shirokovsky Pallasite‘. Daniel Fernández va camino de frontman serio, transmitiendo con la voz y con el bajo. Incluso el problema técnico que tuvieron con su ampli lo solventaron con diligencia, sin dejar el escenario en silencio y retomando después del trago con la fuerza y la actitud intactas. Un poco más de mala hostia en la batería sería otro pasito adelante, pero muy bien. Hay muchas ganas de nuevo material.

En un tuitLas canciones de The Right Ons a lo mejor no tienen mucho que rascar, pero en directo son una banda de rock impecable. 

Tras aquellos nos cenamos Supersumbarina (no tenemos mucho que añadir, simplemente no nos lo tragamos) y volvimos a bajar al Heineken para ver el bolo de The Right Ons, otra ración de guitarreo local, pero esta desprovista de kraut, psicodelia y casi cualquier colorante. Esto es rock de los de rodilla en tierra ante The Black Crowes y compañía. Para ser de Madrid, cantar en inglés y jugar en esa liga hay que ser bueno o corre uno el riesgo de quedar en ridículo. Pues bien, prueba superada. En directo demostraron ser una banda divertidísima que maneja el escenario tan bien como sus instrumentos. Sonido impecable para unos tipos que saben que las esencias con las que juega, bien mezcladas, llevan décadas siendo fórmula de eficacia demostrada. El interés que nos despiertan o no en ámbito estrictamente musical es otra cosa, pero no reconocerles que mérito de sonar como sonaron y divertir como lo hicieron sería mezquino. Así que ole por ellos. Ah, y por la organización, que alineó a muchas bandas de la capital, apostando por la cantera de la escena en la que se radica. Muy a favor.

A priori, podría parecer un tanto osado situar a The Kooks como cabezas de cartel a la altura de The Killers, Sigur Rós y Justice. Sin embargo, todos los escépticos terminamos por darle la razón a la organización, al menos en términos cuantitativos. Y es que los de Brighton lograron congregar a mucha, mucha gente en la noche del sábado. Nosotros nos plantamos allí, entre el gentío, con el cuchillo afilado y con su soporífera actuación en el Optimus Alive portugués aún en el recuerdo. Para entendernos: teníamos ganas de atizarles, es así. Finalmente, la tragedia no fue tal y nos toca asumir que incluso hubo algunos momentos de disfrute, casi siempre ligados a ese debut (Inside In/Inside Out, 2006) al que todavía guardamos cierto cariño. Otros dos aspectos que ayudaron a que el show discurriera por caminos ajenos al bostezo fueron el escaso peso de su flojo tercer álbum en el repertorio y la sorprendente aparición del líder de Foster The People para colaborar en una atinada versión de ‘Pumped Up Kicks‘. Quizás fue que terminamos contagiados por la ingente cantidad de hormonas adolescentes que salían disparadas en todas direcciones, pero el caso es que sucumbimos ante estribillos que ya creíamos olvidados. Por cierto, Luke Pritchard, ¿qué les das?

En un tuitQueridos programadores del mundo, si Capital Cities no estaban en vuestro cartel, la cagasteis.

Capital Cities fueron a la jornada del sábado lo que The Shoes habían sido a la del viernes. Es decir, los mayores agitadores del día. Dos vocalistas (gafas de sol, camisa hawaiiana, americana y toneladas de buen rollo), un trompetista de carisma arrollador y un correcto bajista, cuatro sujetos llegados desde California sin más pretensión que la de hacernos bailar y montar la juerga. Y vaya si lo consiguieron. Sí, se presentaron con prácticamente todo el acompañamiento musical grabado y algunos fiesteros consumados como Chromeo o Holy Ghost! les llevan ventaja, pero se colaron en nuestro corazoncito a la primera. En el nuestro y en el de los muchos que reclamaron un bis tras las finales ‘Safe and Sound‘ (te-ma-zo) y ‘Holiday‘ (espectacular cover del clásico de Madonna). Eran probablemente el nombre internacional más desconocido del cartel y ellos mismos reconocieron que jamás habían tocado ante un público tan numeroso, pero la muchedumbre, lejos de achantarles, les hizo crecerse y dar un concierto memorable y divertidísimo. Una de las sorpresas del día sin duda. Su fórmula, mezcla de un muy académico trabajo vocal (los dos cantan a la vez siempre, casi sin despegarse), destellos de trompeta llenos de clase y unas líneas de bajo de lo más funky, funciona a la perfección. Y más si se factura con ese nivel de desparpajo. En serio, el trompetista lo dio todísimo. No tienen ni disco, así que andan cortos de repertorio, pero si lo que viene está al nivel de cosas como ‘Kangoroo Court‘ (la captaron así nuestros colegas de Bandalismo), no nos extrañaría estar ante los Foster The People de esta edición. Pura ambrosía ochentera, un perfecto epílogo para el sofocante verano de la capital.

Tras aquel desparrame volvimos a hacer la penúltima caminata hacia el escenario principal para ver a los épicos angelinos. A estas alturas de la noche, con el recinto a reventar, tuvimos que atravesar la interminable fila de féminas que hacían cola para pasar al baño. Esto de la cola para el baño de chicas es inevitable, son cosas de la morfología humana, pero aquí se nos antojó excesivo. Quizás más baños para ellas que para ellos (que meamos en un pis pas y de cuatro en cuatro mirando al infinito) sería una opción a considerar. Y aprovechando que hablamos de pis, vayamos a su origen, las barras: esta vez suficientes y más o menos bien distribuidas. Los precios, en la media (2,5€ la caña, el agua y el redbull (¿?), 7,5€ el mini (cerveza o calimocho) y las copas). El sistema de pagos, con unas fichitas de plástico con los nombres de las bandas en cartel, ingenioso. La comida, gran problema de la pasada edición, estuvo también a la altura con el dream team de la grasa: perritos, hamburguesas, kebab y pizza, asistidos por una oferta gourmet rollo verduras thai con sémola (que no había quien se tragase, pero que ahí estaban). Todo a pagar con los tokens de turno. De notable alto.

Y por fin, entre la marabunta que los medios han dado en cifrar en 20.000 personas, The Killers. Ya les digo que de aquí en adelante todo es previsible. Lo previsible es que nosotros no nos entusiasmemos mucho y lo previsible es que ellos sean previsibles. Todos cumplimos: ellos con su previsibilidad y nosotros con la nuestra. Musicalmente el concierto fue exactamente lo que todo el mundo, también nosotros, esperábamos: una ristra de canciones pseudoépicas trufada de hits incontestables. Todo ejecutado con exquisita diligencia ante un público entregado que dio por hecho que habría bis. Empezaron con su nueva hija predilecta, ‘Runaways‘, bandera de su recién nacido (hoy) Battle Born, que lo que sí tiene ya es logo: una suerte de rayo que hace las veces de E y que probablemente acabe convertido en nuevo símbolo de la banda, estampado de miles de camisetas. Tras el nuevo single, sin respirar y con un par, sonaron ‘Somebody Told Me‘ y ‘Smile Like You Mean It‘, pepinazos que hicieron saltar de lo lindo a propios y extraños. Constatamos rápido dos cosas: que Brandon canta perfecto en directo y que su banda no es nada del otro mundo. El concierto lo ilustramos con esta foto tomada con el móvil porque, a pesar de tener acreditación para acceder al foso, The Killers imponen sus propias normas. Una de ellas es que nada de fotógrafos. Por la imagen también se intuye nuestra posición, a la izquierda del escenario, algo lejos del meollo y del mejor sonido, quizás razón por la cual no vibramos. Lo cierto es que, como buenos indies de manual, sólo volvimos a entregarnos ya hacia los bises con el nuevo arreón de Hot Fuss (el primero siempre es el mejor, etc). El grueso central del concierto, en el que se alternaron temas de Day & Age, Sawdust y Sam’s Town fue mayormente un tostón. Por allí cayó ‘Human‘, claro, a la que sonar hasta en el Mencabrona le ha hecho algo de daño. Are we human or are we dancer? Yo qué sé, nene.

En un tuitPequemos de indies: The Killers muy previsibles. Ohh-ohh, clap clap, etc. Tostón. Ahora, Brandom canta perfecto y la gente disfruta, oye.

Por lo demás, este pasaje se antojó una suerte de medio tiempo constante y canciones casi indistinguibles las unas de las otras, interpretadas bien sin más y con una pose infinita. Todos allí con sus chupas de cuero, sus guitarras heavys y ese batería con un gong a lo John Bonham que juraríamos que ni rozó… En fin, más teatrillo que otra cosa. Ya en la recta final, tras la horterada simpaticona de marcarse un ‘Forever Young‘ y bis mediante (no muy exigido, por cierto), cayó la mejor canción del repertorio, ‘Mr. Brightside‘, con esa subida hacia el estribillo llena de tensión y ese estribillo propiamente dicho que explotó como los cañones de confetti dejándonos un momento de verdadero disfrute. ‘Jenny Was a Friend of Mine‘, esta sí distinguible por su ritmo cortado y ese slap que probablemente no volvamos a ver en su discografía, nos mantuvo expectantes, pero a esas alturas ya sólo nos quedaba unos uhhh uhhh uhhh y unas palmitas más, merced a ‘When You Were Young‘ (tienen algo con la juventud estos chicos), y a la cama. Sin grandes (ni pequeñas) sorpresas pero tampoco sin tremendas decepciones. The Killers son un grupo de masas y en su papel estuvieron perfectos.

Texto: Victor y Daniel

Fotos: Daniel

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