06/06/2012

Arrancamos nuestra crónica del San Miguel Primavera Sound 2012 con la jornada inaugural oficial, la del jueves en el Parc del Fòrum (y una pequeña […]

Arrancamos nuestra crónica del San Miguel Primavera Sound 2012 con la jornada inaugural oficial, la del jueves en el Parc del Fòrum (y una pequeña concesión que nos marcamos para hablar de The Walkmen). Todavía con la resaca (musical y extramusical) de las decenas de conciertos que entre todos hemos visto durante los tres (o cinco) intensos días de festival, todavía con la sensación de que –un año más– pocas han sido las decepciones notorias, y todavía con la cierta alegría por haber recuperado la comodidad para un festival que el año pasado pareció crecer en exceso. Como siempre, hay polémicas que salpican lo que realmente importa, aspectos por los que felicitarse y otros que lamentar. Pero ya hablaremos de eso luego. Ahora toca hablar de la música, única y exclusivamente, del motor que mueve este festival y que lleva a miles de personas a correr de un escenario a otro, a comer de pie en tres minutos para no perderse aquel concierto imprescindible, a abandonar a amigos y conocidos para ver cómo aquel grupo sale al escenario. Eso es el Primavera Sound. Y eso es lo que hemos vivido y vamos a tratar de contarles, con el habitual despliegue de colaboradores que contribuyen a la crónica a múltiples manos: Daniel Boluda, Carlos Marlasca, Andreu Llos, David JiménezArnau Roma, y Aleix Ibars. Entre todos, tratamos de contar lo máximo que podemos. Franz Ferdinand, The xx, Wilco, The WalkmenThe Afghan Whigs, John Talabot, Refused, JapandroidsDeath Cab For Cutie… La lista es de las que quita el aliento, y así hasta llegar a 17 grupos. Bienvenidos.

 

The Walkmen

Si algo bueno conllevó el mazazo de la cancelación de Björk, eso fue sin duda la inclusión a última hora y a modo compensatorio de The Walkmen en el cartel de Barcelona. Incluso en el difícil marco de un concierto gratuito (que dejó al descubierto los inevitables inconvenientes de este tipo de propuestas: masificación, escasa atención y un sinfín de distracciones) los neoyorquinos demostraron un aplomo y una madurez como banda (acaban de cumplir una década) que nos hace pensar que, esta vez sí, les ha llegado la hora de ver su impecable trayectoria reconocida como es debido y saltar a primera división. De suceder eso, estamos seguros que gran parte de culpa la tendrá el novísimo Heaven, un trabajo de rock equilibrado y elegante que pese al todavía poco rodaje ya apesta a discazo. Quizá por ello los de Hamilton Leithauser (pedazo de voz y pedazo de frontman) le dieron tanta cancha a los temas más recientes (abrieron con ‘Heaven’ y ‘Heartbreak’ y deslumbraron ‘The Love You Love’ o ‘Love Is Luck’), siempre bien secundados por algún que otro rescate de sus años mozos y, sobre todo, propulsados por esos dos hits inapelables que son ‘Angela Surf City’ y la imperecedera ‘The Rat’. Victoria en condiciones adversas que debería reportarles un buen puñado de fans. Chapeau. (Arnau; foto: Dani Cantó)

 

Pegasvs

La cuestión era saber si a la hora en la que el sol barcelonés se presenta más impío, la del comienzo del Primavera Sound en el Parc del Fórum, Pegasvs eran capaces de caldear, aún más, el tórrido ambiente. Con la claridad del día azotando los ojos de un público que buscaba cualquier rincón de sombra alrededor del escenario Pitchfork, la reducida formación solo podía valerse de la atmósfera que desprendiesen las canciones de su álbum homónimo, que hubiera encontrado mejor refugio en unas catacumbas con luces celestes intermitentes. A pesar de las dificultades, el catálogo del asturiano Sergio Pérez García y la argentina Luciana Della Villa se mostró suficiente para corroborar la buena acogida de su trabajo. Más alejados del mainstream, incluso, que algunas de las formaciones en las que han participado, como Thelemáticos, y con guiños a bandas como Neu! o los Pylon de Gyrate, el post punk digital de temas como ‘Atlántico’ o ‘Sobre las olas’ resultó ser un exquisito aperitivo. Mención aparte merece ‘El final de la noche’, una canción de las que el tiempo va desenterrando y que acaba convertida en hit cuando el año toca a su fin. (Carlos)

 

Unicornibot

La presentación del segundo disco de Unicornibot, Dalle!, hacía parada y fonda en el Primavera Sound. Orgullosos de su condición de representantes del math rock nacional, los cuatro miembros de la banda aparecieron con sus características máscaras sobre el escenario y con ganas de no defraudar en una fecha que se antojaba fundamental para su futuro. En un festival especialmente duro, con bandas como Napalm Death, la locura rítmica de los gallegos evocaba el éxito obtenido por los catalanes Za! el pasado año y con canciones como ‘Lendakari’ exudaban una contagiosa fuerza. Mucho más agresivos de lo que puedan parecer en el estudio y con una agradecible simpatía en su trato con su público en los espacios entre sus breves canciones, el directo de Unicornibot fue contundente y les afianzó como la primera sorpresa de la cita barcelonesa. (Carlos)

 

Baxter Dury

Baxter Dury, cantante pop con influencias new wave e hijo del icono del punk británico de los 70 Ian Dury, aparecía en casi todas las previas del festival. Era uno de los artistas a descubrir para gran parte de la prensa especializada y un favorito de la organización, que aprovechaba la más mínima ocasión para recomendarlo. Tanto es así que hasta uno de sus temas (el desenfadadamente adictivo ‘Claire’) fue protagonista de uno de los anuncios de televisión oficiales del evento. Sin embargo, a la temprana hora de la verdad nada de eso sirvió para desperezar el San Miguel, que en muchas fases del concierto se resistió a sonar bien y se negó a reproducir los múltiples detalles que hacen de Happy Soup un álbum la mar de disfrutable. Por si no fuera poco, el calor apretaba con una mala leche propia de agosto y el sol que se colaba desde detrás del escenario invitaba a cobijarse en la sombra. Mal asunto para un Dury ataviado de traje y corbata, en plan crooner moderno, que intentó avivar (sin demasiada gracia ni fortuna) los ánimos de un público numeroso pero algo indiferente incluso ante los deliciosos coros de Madelaine Hart, que ya es decir. Lástima, porque temas como ‘Isabel’, ‘Leak at the Disco’ (ni colocados delante y detrás de la mentada ‘Claire’ encendieron la mecha), ‘Trellic’ o ‘Cocaine Man’ merecen otra suerte. A lo mejor en sala… (Arnau)

 

Peter Wolf Crier

Concierto de inauguración del Primavera Sound para una parte de indiespot y una muy buena forma de empezar. Sabido es que los dúos guitarrista-baterista nos pierden, y este venía recomendado y con la garantía de JagJaguwar, así que al Vice que fuimos. Cuando llegamos, Peter Pisano ya había terminado la segunda canción y roto una de las cuerdas de su eléctrica. El tipo lo suplió con maña y tocó como cantó: muy bien. Mención de honor para el baterista, Brian Moen, que puso los cimientos de un directo intenso, desgarrado a ratos y en general muy convincente a pesar de la austeridad. ‘Beach‘ es un temazo, eso es así. (Daniel; foto: Andreu Biset).

 

Archers of Loaf

Lo que para muchos treinta y cuarentañeros ha sido una celebrada reunión, para los que a mediados de la década de 1990 no levantábamos metro y medio del suelo la vuelta a los escenarios de Archers of Loaf ha supuesto, además de eso, un fantástico descubrimiento. Nacidos, crecidos y desaparecidos a la sombra de grupos como Pavement, Superchunk (¿quién puede evitar pensar en ellos cuando suenan las gloriosas ‘Web In Front‘, ‘Wrong‘ o ‘Greatest Of All Time‘?) y, por qué no, Sonic Youth, estos maestros del mejor indie rock estadounidense se inventaron en sus inicios dos joyas llamadas Icky Mettle (1993) y Vee Vee (1995) que ahora, con la excusa de una reedición deluxe, revisitan con el ánimo y la fiereza de los que no sienten el paso del tiempo. Quedó patente en un Ray-Ban considerablemente lleno de nostálgicos y curiosos, que recibieron con jolgorio adolescente (“Stuck a pin in your backbone!“) la inmensa mayoría de los riffs que emanaron de la guitarra del imponente Eric Bachmann y las líneas de bajo de un radiante Matt Gentling, más contento que unas castañuelas y que hasta se atrevió con el catalán. Fue, con todo, un tardío y merecido reconocimiento a una obra poco reivindicada en su momento y que ningún amante del indie gamberro y destartalado debería pasar por alto. Archers, que vuestro regreso no se quede en una mera tanda de conciertos. Por favor. (Arnau; foto: Damià Bosch)

 

The Afghan Whigs

Hay algo denominado rock que, cuando está bien ejecutado, tiene la facultad de estremecer a los que contemplan el sagrado ritual. En la pasada edición del Primavera Sound los encargados de demostrarlo fueron los Grinderman de Nick Cave. El testigo pasó este año a manos de The Afghan Whigs. Lejos de apelar a la nostalgia o mostrar su resentimiento con el lugar que la fortuna, tan arbitraria a veces, les ha dejado ocupar, los de Greg Dulli ofrecieron un directo visceral, sólido y emocional en el que entre la efectividad de su música y el aplauso fácil optaron por lo primero. Una exhibición  que comenzaba con ‘Crime Scene Part One’ y que dejaba para la mitad del recital los temas que hicieron de Gentlemen una obra cumbre. Sublimes tanto en puntos de inflexión como ‘When We Two Parted’ como en los momentos más desgarrados de ‘My Enemy’, la banda de Cincinatti supuso, más que una reminiscencia de tiempos pasados, una súplica para su vigencia en el futuro. (Carlos; foto: Dani Cantó)

 

Grimes

En Twitter: “Grimes a las 20:30 = Fabes para desayunar. Sí pero no.

Grimes llegaba como una de las apuestas más novedosas y atractivas de esta edición. Escenario Pitchfork, buena hora, un cierto hype propiciado por la propia página que da nombre al escenario… y el inevitable desastre. Para empezar, el concierto ni siquiera pudo comenzar a tiempo debido a problemas técnicos. Y, cuando lo consiguió, el desbarajuste sonoro fue tremendo, y eso que la buena de Claire Boucher iba únicamente acompañada de un set de máquinas (en ocasiones, parecía que se estuviera haciendo ‘un John Maus‘). A ella se la vio entregada y con ganas de gustar y de hacérnoslo pasar bien, pero que en su hit ‘Oblivion‘ no se escuchara apenas su voz (intuimos que cantó bien, pero es que casi ni la escuchamos), y que salieran a escena una serie de bailarines/as que desdibujaron un poco la seriedad de la propuesta… pues hizo que nada terminara de cuajar. Una pena. (Aleix)

 

Death Cab For Cutie

En Twitter: “Gibbard a la batería. Bolazo.

Parece mentira, pero hacía seis años que Death Cab For Cutie no pisaban Barcelona, desde aquel lejano y memorable concierto en la sala Bikini de la ciudad para presentar Plans. Bien es cierto que hubo un inciso entre medio con su aparición en el FIB 2008 (y su lamentada solapación con Leonard Cohen), pero los de Ben Gibbard no han estado muy por la labor de dejarse caer por aquí desde que Plans les colocara en la primera división del indie norteamericano. Sea como sea, aquí estaban Death Cab For Cutie con disco nuevo a presentar –el irregular Codes And Keys–… pero con pocas ganas de hacerlo. Porque lo que vimos en su concierto fue un auténtico greatest hits, un arsenal de canciones que a muchos nos hacen emocionarnos como pocos grupos consiguen. Empezar con los ocho minutos de la musculosa ‘I Will Possess Your Heart‘ ya fue una auténtica declaración de intenciones, y es que pese a unos graves problemas de sonido –el volumen era bajísimo, y hasta se fue el sonido al completo durante unos segundos–, lo que encontramos encima del escenario Mini fue una banda engrasadísima, en plena forma, capaz de mutar desde la sutileza de maravillas como ‘Grapevine Fires‘ (¡qué delicia!), ‘Soul Meets Body‘, ‘Your New Twin Size Bed‘ o ‘A Movie Script Ending‘ a la explosión de ‘Long Division‘, ‘You Are A Tourist‘ o la exhibición de ‘We Looked Like Giants‘, con una prolongación catártica que vio al propio Gibbard tomar las riendas de la batería durante unos minutos. La final ‘The Sound of Settling‘ fue el mejor colofón posible para un concierto que queremos ver fuera de un festival cuanto antes. (Aleix; foto: Eric Pàmies)

 

Beirut

Yo no estuve, pero cuentan que el bueno de Zach Condon apareció bastante ‘contento’ en su anterior concierto, allá por el Primavera Sound 07. El chico es joven, se le nota vividor (le gusta viajar, conocer mundo, absorber sus influencias… se aprecia en sus discos), y estas cosas pueden pasar. A esta edición del Primavera Sound llegó como un artista ya consolidado, con algunos vaivenes en cuanto a la calidad de sus últimos discos –desde aquel casi perfecto The Flying Club Cup– pero con una propuesta madura y asentada. Sus hits (‘Santa Fe‘, ‘Postcards From Italy‘, ‘The Penalty‘) sonaron a gloria, pero el conjunto de su concierto se resintió de esa inexactitud estilística que ha asomado en los últimos lanzamientos de Condon, con la influencia mexicana reciente, la balcánica anterior, la francesa precedente… Así-así. (Aleix)

 

Wilco

En Twitter: “Tocando como tocan y teniendo el repertorio que tienen es imposible que Wilco den un bolo malo. Suena ‘Whole Love’. :)“.

Va, uno de los discos que más infravaloramos el año pasado y una de nuestras deudas pendientes en el Privamera Sound (la última vez les sacrificamos por Japandroids). Jeff Tweedy y los suyos no son una banda seria, suenan a banda seria, y además tienen un repertorio que da para hacer 60 minutos de concierto sin concesiones. Qué bestia es Nels Cline, qué baterista es Glen Ktoche… Cuando llegamos empezaba a sonar ‘Art of Almost‘ y en seguida cayó ‘I Might‘, dos pelotazos que abren su último trabajo y que en poco más de diez minutos demuestran cómo pasar del caos al pop sin dejarse pelos en la gatera. Dicen quienes pueden comparar que no tuvieron su mejor día, pero este que escribe, impenitente debutante, alcanzó el éxtasis con la tormenta eléctrica de ‘Impossible Germany‘, tuvo una sonrisa enorme durante los cuatro minutos que dura la deliciosa ‘Born Alone‘ y recordó muy bien por qué Yankee Hotel Foxtrot (‘Jesus, etc’, ‘I’m the man who loves you‘…) es uno de esos discos de cabecera. Todo esto aderezado con doramiento de píldora nivel “sois el mejor público del mundo, en serio“. Aquí hay banda para rato. (Daniel; foto: Dani Cantó)

 

Dominant Legs

Los habíamos puesto en nuestra lista de joyas y no nos equivocamos. Los de San Francisco transmiten un buen rollo que te pasa de arriba a abajo. La competencia era dura y en el Vice estábamos en familia. Lo que no impidió que en familia bailásemos felices y sin cargos de conciencia por estar plantando a Refused y, sólo temporalmente, a The xx. En directo el sonido de Dominant Legs roza la perfección, el juego de voces, con ese gotita de delay, emana California playera, el funk infeccioso que irradia la guitarra limpísima del ex Girls Ryan Lynch te mueve los pies aunque no quieras. Y oigan, seamos serios, ‘Take a Bow’ y ‘Hoop of Love’, efectivamente, justifican casi por sí solas le existencia de una carrera musical. (Daniel; foto: foto: @donteatheyellow).

 

Refused

En Twitter: “Refused are (not) fucking dead.

Refused. Habrá quien ni siquiera los conozca, pero en un Primavera Sound donde los sonidos extremos tuvieron su hueco (Napalm Death y compañía), contar con la presencia de estos ídolos del hardcore de los 90 en su gira de reunión era un auténtico lujo. Los suecos, liderados por el carismático Dennis Lynxén (tras la disolución del grupo en 1998, se embarcó en The (International) Noise Conspiracy), salieron completamente rejuvenecidos a uno de los escenarios principales del festival. A por todas. A matar. Con la referencia ineludible del seminal The Shape Of Punk To Come –un disco en el que, de hecho, anticiparon un subgénero a medio camino entre el hardcore, el metal y el punk–, Refused basaron su repertorio en ese disco, con toda la intensidad que sus canciones desprenden, e incluso explicando que ahora más que nunca, esas canciones que nacieron del cabreo más absoluto contra el mundo, siguen totalmente vigentes. Rabia, tensión, bilis. Sensación de estar viviendo algo histórico (muchos no los habíamos podido ver en directo, cuando venían a tocar a Garatge para 400 personas, como el propio Lynxén se encargó de recordar para explicar lo mucho que significaba para ellos estar ante miles de personas en ese momento) y éxtasis absoluto con bombas como ‘Liberation Frequency‘, ‘Refused Are Fucking Dead‘ o ‘Rather Be Dead‘. Descomunal. (Aleix; foto: Damià Bosch)

 

The xx

En Twitter: “The xx convertidos en un grupo de masas. Ver para creer.

La papeleta de The xx era dura: se enfrentaban a un escenario inmenso, a una hora en la que el cuerpo pide marcha (la 1 de la noche), y con el handicap añadido de no contar con ningún disco nuevo que presentar. Pese a ello –y a la falta de interés de buena parte del público congregado, paradójicamente, en el escenario Mini para verles–, el trío de Londres salvó los muebles con una nueva exhibición de intensidad, calma y ambientación. Desgranaron algunas canciones de su esperado segundo disco (que ya habíamos podido escuchar hace solo algunos días tras sus conciertos en Londres, y que saldrá el 10 de septiembre), encandilaron a las masas con ‘VCR‘, ‘Islands‘ o ‘Shelter‘, y nos rompieron del todo con una versión instrumental de la colosal ‘I’ll Take Care Of U‘, del disco conjunto entre Jamie xx y el desaparecido Gil-Scott Heron. Una nueva exhibición de porte y elegancia que tuvo que luchar contra los elementos, y cuya propuesta pide a gritos ser ubicada o bien más pronto o bien en un entorno cerrado donde los silencios, las pausas y la mística de The xx puedan obtener toda la atención que merecen. (Aleix; foto: Eric Pàmies)

 

Franz Ferdinand

Que sí, que tras esa pose refinada se esconden unos verbeneros de cuidado. Pero qué más da cuando el cuarteto de Glasgow es capaz de sustentar más de una hora de concierto en una ristra de hits fiesteros con carcasa vintage. Un setlist que se presume inabarcable para cualquiera que quiera alcanzar su estatus dentro del indie actual (ese que los endiosa al minuto para luego vivir en el recelo). ‘Michael’, ‘The Dark of Matinée’, ‘Ulysses’, ‘Take Me Out’ y algunos adelantos de su inminente cuarto álbum (buenas vibraciones: no desentonaron en absoluto) para llevar a la euforia a grito pelado a una multitud que inconscientemente servía así de ayuda a un Alex Kapranos al que se le fue apagando la voz a lo largo de la noche. Y para cuando crees que ya han agotado todos los cartuchos desenfundan en los bises con ‘This Boy’, ‘Outsiders’ y ‘This Fire’.  Puede que de renovación vayan justitos, pero a efectivos no les gana nadie. (David; foto: Dani Cantó)

 

Japandroids

Oh, los Japandroids. Dos discos, media docena de himnos, varias toneladas de guitarreo impío. Colocarles a altas horas de la madrugada en un escenario atronador y recogido como el Vice fue un acierto impagable. El dúo de Vancouver cerraba así, a las 3 de la mañana, una gira que les trajo afónicos a Barcelona. Con las voces rotas pero la energía intacta, dispuestos a montar el pogo de los indies en el escenario de los Napalm Death y compañía. Ellos mismos se han puesto la etiqueta en su último trabajo: Celebration Rock. Rock de celebración, de euforia colectiva, de rabia, de ohh ohh ohhs y ouh yeah!!, all rights!!. Todo aderezado con frases para levantarse de la cama de la vida y comerse el mundo (“if they try to slow you down, tell’em all to go to hell!”). Con la guitarra pasada por cuatro amplis, uno de ellos la mítica nevera de Ampeg, Japandroids construyeron una bola de sonido por la que rotó todo: ‘Wet Hair’, ‘Fire’s Highway’, ‘The Nights of Wine and Roses’ y, sobre todo, ‘Young Heart Sparks Fire’ y ‘The House That Heaven Built’. Dos temas que están entre lo mejor, no sólo de su discografía, sino de su género y que el núcleo duro de esta modesta redacción vivió en una comunión de sudor y alegría incontenible de las que se recuerdan durante años. ¿No fue el desparrame loco de aquella primera vez? Quizás, pero no cabe ni medio reproche. Les queremos en sala YA. (Daniel)

 

John Talabot

Es el niño mimado de la electrónica nacional. Y John Talabot se mostraba nervioso en las redes sociales en los prolegómenos del que iba a ser su primer directo. Tanto como para que finalmente se presentara con el madrileño Pional sobre las tablas. Lo cierto es que si el Fin del barcelonés tan solo confirmaba una realidad ya comprobada en sencillos como ‘Mathilda’s Dream‘ o ‘Families‘, su actuación resultó ser la más completa de todos los encargados de manejar el cacharreo. Sin menospreciar el buen hacer en la sesión de Scuba o Erol Alkan o la eclosión de Justice, Talabot presentó un directo hipnótico, en el que el baile tan solo exteriorizaba una parte de la miríada de sensaciones que provocaban temas como ‘Depak Ine’ o ‘So Will Be Now’. Abstracto, orgánico, tribal y reflexivo, Talabot cerró su imprescindible actuación con un ‘Destiny’ elevado a la categoría de clásico. Un directo para ahuyentar los clásicos trucos sencillos y para desmentir que una aceleración de los bpm suponga un triunfo garantizado. En definitiva, una absoluta delicia para paladares exquisitos. (Carlos; foto: Eric Pàmies)

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