Disco de la semana

Buena forma de dar un puñetazo sobre la mesa. Tras haber grabado unas cuantas canciones en el ordenador de su casa y haber logrado buenos resultados en el interior de un estudio, el éxito parece haber abierto sus puertas a Dylan Baldi. Dos discos y unos cuantos singles era hasta ahora la producción de sus menos de tres años en activo. Nada mal. El primero de los LPs de Cloud Nothings era una colección de sencillos recubiertos de un rock ruidoso y domesticado. Más que el de los inicios de Vivian Girls, por ejemplo. Un trabajo inmediato y de producción desnuda que tuvo su sucesor en pocos meses: un disco homónimo y con raíces punk que dejo al descubierto las buenas maneras de un joven cuyas letras delataban que la fiesta de graduación todavía estaba por llegar. Algún guiño a los Strokes, otro para Soft Pack, buenas maneras y un interrogante sobre su continuidad.

El comienzo de 2012 cierra cualquier duda sobre la banda de Cleveland. El título de su último disco, Attack on memory, quizá sea una invitación a borrar su pasado. No hay motivos. Aunque su nuevo trabajo marque un punto de inflexión, eliminar los tiempos pretéritos puede ser el primer paso para acabar con un futuro prometedor. Una señal de este porvenir puede ser que el hiperactivo Steve Albini haya puesto su tiempo al servicio del cuarteto. Aunque ya saben cómo se despachó el bueno de Baldi con su productor: “se pasó la grabación jugando al scrabble en el Facebook, no creo que se acuerde ni de cómo suena el álbum”; “Trabajaría con cualquiera (…) simplemente dice: ‘OK, tú págame y yo lo hago”, aseguró el norteamericano, entre otras lindezas. Pero el LP aparece como testigo mucho más fiable de la realidad que las opiniones posteriores. Y resulta evidente que las manos de Albini estaban detrás de la maquinaria de Cloud Nothings. Es curioso comprobar sus efectos sobre las formaciones a las que produce. Su le supone capacidad suficiente para introducir a cualquier novel en el mainstream, pero su mayor virtud es la de modelar a las bandas, rescatando su esencia y haciéndola más sólida y palpable. En este trabajo es muy claro.

La madurez que muestran se hace evidente en su sonido y en sus letras. Las bisoñas estrofas de desamores juveniles que presidían temas como el ya lejano ‘Understand at all’, se trasforman en versos de mayor contundencia y se presentan, de hecho, con mucha mayor contundencia. El nihilismo desgarrado y fuera de control de ‘No future / No Past’, introducida por un piano y rematada casi a puñetazos, o los desesperados aullidos de ‘Wasted Days’ (“I know my life is not gonna change, and I´ll live through all these wasted days”) son los primeros ejemplos, aunque no los únicos.

‘Wasted Days’ es, además, la canción más larga de su carrera, de lejos. Violenta desde el principio, a partir del tercer minuto se sume en un crescendo instrumental de tintes psicodélicos que lleva la canción hasta casi los 9 minutos. Una duración inédita hasta ahora para esta banda, acostumbrada a moverse en disparos de 120 segundos. El tenebroso paseo finaliza con un estremecedor  griterío que difiere con el inicio casi naif de ‘Fall In’. Madurez, nihilismo y pop, parece rezar el frasco.

Y es que, Attack on Memory, valga el tópico, es un disco de contrastes, especialmente en lo melódico. Cloud Nothings utilizan nuevas formas, temas instrumentales como ‘Separation‘, que en sus momentos más desguarnecidos recuerda a los Shellac de Steve Albini. Se asoman al optimismo en esos otros momento de luz que son ‘Stay Useless’ (la única que baja de los tres minutos) y ‘Cut You’, y dejan correr melodías camorristas, afiladas y sombrías  de ‘No Sentiment’, que recupera ese lado oscuro y sangrante que tan bien las funciona.

Attack on Memory es la confirmación de una banda que parece mirar con ojos conformista a un futuro del que no esperan mucho. En ciertos momentos se diría que aborrecen el mundo, que lo detestan. Por eso aseguran “There is no time for another try, there is not time for another. No one knows our plans for us, it won´t be long”. Pero sobre todo es la realidad de unos críos que han dejado de serlo, que desde sus 20 años recién cumplidos parecen haber dado en alguna suerte de clavo generacional, oculto ente la apatía y la rabia. Que se han percatado, en suma, de que ningún rayo va a iluminar los tiempos venideros. Y la atracción por lo lúgubre siempre resulta ineludible.

Texto: Carlos Marlasca. 

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1 comentario

  1. caponataman el Miércoles, 7 de marzo de 2012 a las 16:03

    Discazo!!!!

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