10/02/2012

“La música indie es una cruzada romántica”. Quien suscribe estas palabras es el caballero Israel Medina, espadachín de guitarra. En su particular escaramuza no está […]

“La música indie es una cruzada romántica”. Quien suscribe estas palabras es el caballero Israel Medina, espadachín de guitarra. En su particular escaramuza no está solo: le acompañan los también caballeros Alberto Gurbindo (bajo), Íñigo Maya (batería) Iván Guzmán (guitarra y teclados), y la doncella Maite Rodríguez, que además empuña la viola. Todos ellos heraldos del Reyno de Navarra, todos ellos miembros de Reina Republicana y autores del caramelo sonoro de mismo nombre. ¿Les conocen vuesas mercedes? Si es que sí, ¡que aproveche! Si es que no, ¿a qué esperan? ¿Acaso no es suficiente aval la posición 21 que les reservamos en nuestra lista de discos estatales, lanzadera indiscutible hacia las mieles del éxito? (ja). Venga, venga, dense prisa: les tienen accesibles en bandcamp y Spotify, acceso virtual a su particular universo de ciudades en llamas, bossanovas oníricas y oldies envenenados. Con suerte, podrán aprenderse las canciones y asistir a alguno de sus inminentes recitales: hoy viernes en la madrileña Siroco, 17 en Subsuelo (Pamplona) y 18 en CCCB (Barcelona).

De paso, para ambientarse, pueden leer esta entrevista, realizada tras la prueba de sonido del concierto que tuvieron el pasado 5 de enero en San Adrián (Navarra). Comenzamos la conversación de forma superficial, o sea, hablando de a qué suenan. Una etiqueta gigantesca (que casi viene a no significar nada) se va perfilando: dream pop.

Para los oídos perezosos, parecéis un grupo de dream pop más. Sin embargo, el vuestro es un sonido muy abierto: de hecho, en vuestras influencias destacáis a Phil Spector o The Ronettes.

Israel: El dream pop es una parte más, pero también está la música de los sesenta, el post-rock… es una especie de coctelera donde metemos distintos ingredientes.

Como parece que el dream pop cada vez corre más riesgo de convertirse en un lugar común, en algo fácil y obvio, aparece otra cuestión: ¿Eligen esas distorsiones, delays y capas para tapar posibles carencias? La respuesta, colectiva, es tajante: “Sonar de una forma determinada no quiere decir que tengas que tapar carencias. La música no la pensamos así. Haces lo que sientes. La mayoría de nosotros hemos cambiado de rol, venimos de otro tipo de grupos, nos liamos con los pedales o los sintes. Poner voz dulce cuando las guitarras estallan de fondo es complicado, tienes que mantenerte en tu atmósfera. Pero en nuestro caso era lo que buscábamos: un ruido amable.

También incluís cuerdas en varias canciones (‘Que cunda el pánico’). ¿Cómo surgió la idea de usarlos?

Israel: Metemos cuerdas en canciones más “épicas”, como ‘Que cunda el pánico’, o para darle un toque a lo muro de sonido de Phil Spector.
Iván: Podríamos haber metido las cuerdas pulsando una tecla, pero si tienes la suerte de contar con gente que toca la viola…
Maite: Sí, yo toco la viola y una amiga colaboró tocando el violín. Los arreglos son una mezcla entre cosecha propia y las indicaciones que me daba el resto del grupo.

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‘Mar diamante’ está muy marcada por la bossanova. Rozando la nana.

Israel: Es una canción muy atmosférica, muy etérea. Los acordes del principio son muy bossanova, pero luego añadimos capas de teclados y delays… salió una especie de bossanova shoegazer.

Vuestras letras entran a veces en lo truculento.

Israel: A mí me gustaría hacer letras de buen rollo, pero sólo me salen oscuras. Quisiera meter más ironía, pero salen así. Parece que soy un amargado.
Alberto: No es algo preconcebido, sale sobre la marcha. Con el sonido pasa igual, no cogimos un día y dijimos “vamos a hacer una bossanova”. Es evidente que todos tenemos una influencia generacional, es algo natural. No hacemos sólo noise. Podemos escuchar a Jimi Hendrix, el primer disco de los Bee Gees, The Crystals, The Ronettes, Sigur Rós

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¿Conocíais al principio hasta dónde podía llegar vuestra versatilidad?

Israel: Al principio hacíamos canciones muy naif, de tres acordes. Luego entraron Iván, Maite, Alberto, y se fueron añadiendo más cosas. El sonido ha ido creciendo en matices, y se ha hecho más divertido. Queremos hacer un sonido que sorprenda. Si escuchas un disco de Ramones, sabes qué sonido te espera. Nosotros queríamos que el que pusiera nuestro disco pensara: “coño, a ver cómo suena la siguiente”.

Volviendo a las letras oscuras, ¿forma parte del juego envolverlas en un sonido amable?

Israel: Salvando las distancias, es como lo que hacía Billy Corgan en Smashing Pumpkins. Él ponía una voz muy dulce, y debajo capas y capas de guitarras. Nosotros hacemos una música con arreglos bonitos y letras oscuras. Las canciones son caramelos envenenados.

Maite, ¿cómo consigues cantar con todo ese andamiaje de guitarras detrás?

Nunca antes había cantado en un grupo. No me ha resultado muy difícil porque he ido al conservatorio desde los siete años, sabía afinar. Hay que controlar mucho la voz, el aire, ese tipo de cosas. Cuesta mantenerse en la misma textura.

Un proyecto que va creciendo poco a poco, con la mirada alta y, sobre todo, abierta. A ellos les da igual las modas, las escenas, las corrientes. Ni de dónde viene el resurgimiento de determinados sonidos indies: “Siempre los ha habido. Siempre ha estado El Inquilino Comunista, Los Planetas… A lo mejor es que un grupo arrastra a otro, o que la prensa pone más el foco en esas bandas … Lo que no hay es una mesa redonda de veinte tíos decidiendo lo que va a estar de moda ahora, ni Rajoy diciendo que este año toca escuchar noise pop”

Pero las modas son traicioneras. ¿Os da miedo que en un futuro pongáis este disco y digáis “Dios mío, qué horror, qué mal ha envejecido esto”?

Iván: Uno tiene que aceptar lo que es en cada momento de su vida. Si nos avergonzáramos de lo que hacíamos hace dos años estaríamos jodidos. Hay que pensar que lo que hiciste fue con todas las de la ley.

¿‘Los días ya no iluminan’ no recuerda demasiado a ‘Just like honey’, de The Jesus & Mary Chain?

Israel: No te lo vamos a negar porque sí, es así (risas). Pero era lo que queríamos, usar esas reverbs. Es un homenaje.

Homenaje, claro…

Israel: ¡Es cierto! (risas) Es un homenaje, no me hagas reír.

Hablando de The Jesus & Mary Chain y de homenajes, en verano ibais a hacer una versión para dedicársela a Julio Ruiz. ¿Qué opinión tenéis de él?

Israel: Es quien primero nos pinchó en la radio, le estamos muy agradecidos. Es un honor tener un padrino como él.

En primavera salió un reportaje en Rolling Stone en el que él y J hablaban sobre la situación del indie en España. J decía que ser indie es mantener una actitud crítica con la cultura dominante. ¿Pensáis lo mismo que él?

Israel: Sí. Lo que diga San J va a misa (risas).

¿Pero eso implica tener un tipo de militancia?

Israel: Es un arma de doble filo. Hay gente que hace indie porque no puede ser comercial. Militancia en el sentido de “hazlo tú mismo, y buscarte las castañas”. Nosotros no somos talibanes de esto. Hacemos música porque nos gusta, no lo hacemos para vender. Es un fin, no un medio. No tenemos nada en contra de la gente que vende.

Alberto: También hay muchos grupos que se hacen llamar indies y desean sonar en los 40 Principales…
Israel: Lo que sí hemos hablado J y yo es que los indies no deberían ser absorbidos, sino ser un grano en el culo.

¿No pensáis que el indie se queda a veces en la parte estética, en la pose?

Israel: No, es más un problema de actitud. Hay grupos que son indies porque no pueden ser otra cosa, aunque les gustaría tocar entre Chenoa y Bustamante.
Alberto: Al final, todo grupo desea vender lo máximo posible. Me hace gracia cuando la gente dice con desprecio: “Tal artista se ha pasado al mainstream”. El último fin de las multinacionales es ese, hacer dinero. Después de todo, cuanto más llegas a la gente, mejor. A lo mejor un día Bisbal no funciona, pues se buscará otro tipo de música para que la gente consuma. El indie no es criticar nada, es hacer las cosas a tu modo.

¿Os imagináis un mundo en el que el mainstream sea la música que hacéis vosotros y el underground David Bisbal?

Alberto: Podría suceder. Si una multinacional ve que lo que a la gente le atrae es otro tipo de música, la fichará y se centrará en ese otro tipo de música.
Israel: Pasaba en el 92. De crío escuchabas la radio y sonaba Mariah Carey, luego Nirvana y luego Alice in Chains. En los 40 principales. Ahora no. Estaría bien que la música dominante fuese la honesta, y no la prefabricada. Aunque también perdería parte de la gracia. La cosa está bien como está. Es una especie de cruzada romántica.

El disco está dedicado a Pedro San Martín. ¿Cómo os afectó su muerte?

Israel: Pedro era un gran colega. Iba a escribir algunos arreglos de cuerda para nosotros. Le conocía desde hace un montón de años. Si tocabas en Murcia, de repente él estaba ahí, si ibas a Donosti a ver a The Divine Comedy a la playa, te lo encontrabas, podías quedarte un Primavera con él hasta las mil… Era un tío muy alegre y vital. Se dejaba querer.

En el disco han participado gente como Banin de Planetas, o Guille Mostaza. En un primer momento os llamaron supergrupo del indie…

Israel: Tiene su lado bueno y su lado malo. El bueno es que de no ser por su ayuda, igual no hubiéramos tenido el impacto inicial. El malo, que quizá se nos exige mucho ahora. Son dos personas que nos ayudaron mucho, pero el grupo somos nosotros cinco. Estamos muy agradecidos, pero el trabajo por delante es nuestro.

En alguna otra ocasión habéis destacado que cada vez se mueven más grupos en Navarra. El Columpio Asesino es un ejemplo de grupo más o menos consolidado, pero también estáis vosotros o Joe La Reina, que sacan disco este año con Subterfuge.

Israel: Está de puta madre. Antes la música navarra eran Barricada y Tahúres Zurdos, y ahora hay cierta apertura. Hay creatividad, pero no apoyo institucional, ni circuitos de salas. Eso es lo malo que hay frente a Madrid y Barcelona. Pero en estas ciudades es difícil aislarse de las mierdas del negocio musical, cosa que en Navarra sí es fácil. Creo que eran Triángulo de Amor Bizarro quienes decían que los grupos de provincias son más interesantes que los de grandes ciudades.

Escuchándoles, todo parece un juego. Quizás esa sea la clave. Jugar pasando del hard rock de Half Foot Outside a la mecedora melódica de Reina Republicana. Jugar metiéndole mano a un pedal sin tener mucha idea. Jugar formando parte de la gran familia indie. Encontrándote en la playa de Zurriola a Pedro San Martín y recordándole después con cariño. Tomando cañas con El Columpio Asesino por Pamplona, ciudad a la que adoran. Jugar imaginando que la misma Pamplona pueda arder, y observarlo todo desde el monte Ezkaba: “Hay canciones con un trasfondo apocalíptico, como ‘Que cunda el pánico’. Es un reflejo de la situación actual. Parece que todo se va a la mierda. Si además se acaba el mundo, éste será el primer y póstumo disco de Reina Republicana.” Y les ha quedado muy bonito. ¡Salve!

Texto: Álvaro Ramírez (alvarorcalvo)
Fotos: Jon Rodríguez

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