No sabemos vosotros, pero por aquí no recordamos un hype más exagerado que el de Lizzy Grant, aka Lana del Rey. Un fenómeno al que nosotros mismos contribuimos en su día azuzados por esa belleza lujuriosa que recorre ‘Video Games‘. Quizás las que vinieron después, ‘Blue Jeans‘ y ‘Born To Die‘, no alcanzaron ese nivel de magia, aunque eran, y son, lo suficientemente buenas como para que la esperanza de un disco sobresaliente se mantuviese casi intacta. ‘Blue Jeans‘ de hecho dejaba entrever cosas muy interesantes: la guitarra vaquera, la métrica cerradísima (“you fit me better than my favorite sweater”), arreglos medidos, coros perfectos, esa flauta tan acertadamente fuera de sitio… Calidad, vamos. Todas estas canciones, salvo ‘Video Games‘, caminaban no obstante en el filo de la navaja: a un lado, ese mundo de hi-fi colindante con el hip hop, con producciones ampulosas, glamour y sensualidad con mensaje; al otro, la vulgaridad, el todo a 100, el producto en su peor acepción posible. El peligro estaba ahí, aunque las mencionadas caían, y caen, totalmente en el primer lado. Juntas con ‘Video Games‘ forman un inicio de álbum que no por conocido deja de ser menos admirable. Lo que haría de Born To Die el LP que todos queríamos o disco que muchos temían, era el resto. Y el resultado es… sí, regular.
Lo es porque, en ese resto, encontrar algo equiparable a las mencionadas es complicado. Al disco se le empiezan a ver las costuras en la tercera escucha: estribillos que entran en masa en el minuto uno o alrededores, gritos sampleados, chicos malos, coches caros, vestidos cortos, yeahs y colchones orquestales presentes por contrato, sumen o resten, cuenten o no, como el ingrediente secreto de la fórmula. Las cuerdas, como todo, cuando se usan bien funcionan. Hay algunos ejemplos. ‘Blue Jeans‘ es uno, claro. ‘Million Dolar Man‘, en la que Lana se pone el traje de noche y afina los graves, sensual y llena, en uno de los pocos momentos de verdadera brillantez que presenta la segunda mitad del disco, es otro. Cabría rescatar también ese exceso total que es ‘National Anthem‘, que por alguna razón, por lo menos en las primeras escuchas, no repele a pesar de su brillantina. No pregunten. Eso sí, mejor no prestale demasiada atención lírica. Por supuesto: estribillo en el 1:00, grititos sampleados y sinfónica prêt a porter. Lana vuelve a ponerse solemne en ‘Radio‘, otra canción de diseño a la que es complicado no caer rendido de primeras, pero a la que tampoco es conveniente buscarle más capas de las que tiene. Verso, pre-estribillo, estribillo. Vuelta a lo mismo, pero doblado y con violines. Bueno, va, no sé. Lo mismo le pasa a ‘Dark Paradise‘, redondita, fácil, pegadiza, agradable… pero más bien llena de nada.

Llegando en la recta final del álbum, cuando el enésimo estribillo entra cuando se le espera, cuando la canción ni rompe ni entra en coma, cuando vuelve el vestuario, el amor eterno, la espera desconsolada, cuando todo vuelve a desarrollarse en esa suerte de intensidad media, ahiphopada y sugerente, en la que Lana ejerce de aspirante a novia Tipo Que Papá No Aprobaría -y aunque lo que se escuche no sea malo-, uno se cansa. Se aburre. Es la sensación de estar ante decenas de intentos de llegar al mismo sitio, la de ver cortos con títulos distintos pero que cuentan la misma historia con los mismos recursos, una y otra vez. Y uno se pregunta: ¿Qué hay aquí de nuevo? ¿Qué diferencia en lo esencial a la mayoría de estos temas de cualquier nueva pseudodiva vendida través de campañas de márketing menos eficaces que esta?
Cuesta creer como alguien que es capaz de dar tan en el clavo con una letra como la de esa balada postmoderna (amor y videojuegos, joder) que es ‘Video Games‘, puede caer en tantos tópicos como los que contiene ‘Summertime Sadness‘. Una canción en la que, a pesar de todo, se salva. Ella resulta creíble y vuelve a explotar ese lado oscuro tan magnético. Entre tanto exceso de producción, la voz de Grant aparece sin mácula a lo largo de todo el disco, saltando entres esos graves de fumadora divorciada y esos agudos felinos que no sabemos describir. Especialmente desnuda y sensual se muestra en este tema, que sería más grande si no estuviese tan vacío. Y es que estas dos canciones explican bien la decepción que nos recorre. Los caminos inexplorados terminan el ‘Video Games‘, eso es así. Esa es, de hecho, la clave.
El álbum, en suma, tiene momentos soberbios, la mayoría anticipados, y pasajes sorprendentemente anodinos. Momentos audaces, simples pero inteligentes, y momentos vulgares, en la música y en las letras, como una película de sobremesa sobre niños huérfanos. Canciones notables y sobresalientes, ya reseñadas, y artefactos como ‘Carmen‘, que no hay por donde coger (por no hablar de la ‘Lolita‘ de la versión extendida, un bochorno). Fácil de escuchar, fácil de distrutar a píldoras y probablemente fácil de olvidar en poco tiempo. Por descontado, no es un álbum a la altura del hype, aunque siendo este tan grande, esperarlo era ingenuo. Tan ingenuo como inevitable.
Al fin y al cabo, lo que ha trascendido y trascenderá a este Born To Die es el fenómeno que le ha sucedido y precedido: el auge y la caída de una estrella en menos de medio año. De la revelación de 2011 y gran esperanza para 2012 a sonora decepción y desencanto de la comunidad alternativa. Lo de Lana del Rey ha sido una versión acelerada de cómo se crea y se destruye una estrella: ella, sus managers, Internet o quien fuera supieron manejar bien el misterio del hype, desgranaron con precisión esas primeras canciones que capturaron a tantos e hicieron crecer el interés de muchísimos más. A partir de ahí, sin embargo, la cosa se fue de madre, y Lana del Rey estaba apareciendo en portadas de revistas y acaparando esperanzas cuando prácticamente no había demostrado nada. De ahí que, de tan alto que estaba el listón, cualquier movimiento fuera mirado con lupa, de ahí que una mala actuación en Saturday Night Live (un sitio al que, para empezar, no debería ni haber ido) fuera criticada como nunca, de ahí que haya cancelado sus actuaciones en el SXSW y retrasado su gira australiana. No sabemos si Lizzy acabará por cumplir su propio pronóstico de que quizá no haga más discos, pero es muy probable que haya sido víctima de su propio éxito. Y en solo seis meses.











Creo que ‘Videogames’ y las… ‘bonitas’ fotos de prensa de Lizzy nos dejaron ciegos ante semejante ‘hype’. Aprueba rozando el larguero y gracias a un par de pistas.
Aún no escucho el disco completo, pero debo admitir que estoy anamorado del EP. (De hecho, Blue Jeans es mi ringtone de esta semana)
Si estoy de acuerdo en que Lana decepcionó en el show en SNL, creo que hizo falta más ensayo y que no debería haber ido.
Habrá que ver si la chica aprende a encajar los golpes, coge algo de madurez y se la juega por mejorar, que es a lo que cualquier artista debe aspirar siempre.
No puedo estar mas de acuerdo.En su dia n me terminaba de convencer y sigo con la misma sensación.Una canción no es suficiente.
Genial ese “graves de fumadora divorciada”.
Me gusta Video Games y Born to die, pero el resto del disco deja mucho que desear…
He leído y visto alguna entrevista y la sensación que me transmite es que es la típica mamá(en su caso papá)-quiero-ser-artista. Tiene el plus de ser guapa, estar buena y tener un padre con pasta, combinación perfecta para darse a conocer y “triunfar” en los media. Creo que es un producto que se convirtió en estrella gracias a unos medios/críticos (posiblemente pagados por los productores o por su padre), nada más.
De “Nancy Sinatra gángster” NADA.
A ver, olía a hype desde el primer día. Y sí, al final, sí.
Ser anti-mainstream también es mainstream. Me refiero, todo el mundo está armando un revuelo increíble con Lana del Rey, cuando nadie la conocía, cuando era lo mas misterioso, lo mas indie, cuando molaba conocerla simplemente porque no era el típico MGMT del momento todos la adoraban. Ahora que todo el mundo la conoce, se reniega de ella. No entro a calificar la calidad del disco, es el primero y no tiene la obligación de ser perfecto, pero encuentro mucha hipocresía en todo el tema del rechazo tras un gran apoyo. No es mi artista favorita, simplemente me gusta escuchar un par de temas suyos, pero, por favor, vasta ya de tanta hipocresía, todos escuchamos y alabamos a cantantes con mucha menos calidad.
¡Gracias Félix! ¡Cuánta razón! Estamos perdiendo los verdaderos valores de la música. Me da igual que su disco sea una basura y que sólo tenga dos canciones buenas -a mí particularmente no me gusta nada de nada ninguna de ellas- pero lo que sí que es importante es que lo que debemos de anteponer es el gusto de cada uno con el máximo respeto y sobre todo que sí sólo te gustan dos canciones y es el grupo más popular del momento no esconderte y decir que les odias porque es comercial. Lo comercial es un arma de doble filo, pero nosotros somos los que ponemos las etiquetas y, por tanto, las trampas. Me quedo con Anika, que tiene más encanto.
Los indies sois expertos en dinamitar carreras después de hypearlas hasta el extremo.
Paul, corre y ve a decírselo a tus amigos.
Ya sé que no toca aquí pero… ¿no vais a decir nada de los conciertos de Vetusta Morla en el Palau de la Música? Ah sí, claro, es que ya no son “indies”…
Es que no fuimos, Oriol…
Pues a mi me parece genial que se la critique, ya es hora de que exista un poco de criterio. La pena es que no ocurra con más “artistas”. Da pena ver a bandas de mierda y cantantes de mierda que triunfan y son seguidos por masas de modernos sin gusto ni criterio musical. Para poner un ejemplo, uno que me jode mucho, por cierto, La Bien Querida, que canta como el ojete, pero ahí tiene a su séquito de fans incondicionales, sólo porque es ”indie”. También me jode bastante la moda de las cantautoras con cara bonita que cantan bajito y con voz de bebé, pero ese ya es otro capítulo. Concluyendo, que lo malo es malo y por lo tanto se merece su crítica. Creo que las malas críticas, en este caso, no son ninguna falta de respeto. En los estudios se hace magia, pero no son muchos los que demuestran ser unos grandes sobre el escenario y Lana del Rey se tiene muy merecida la fugacidad de su éxito.
Firmo debajo de este comment de M.
Amén. Muy de acuerdo con todo el reportaje. Al escuchar VideoGames y Born to die (de la que aún hoy me cuesta despegarme) esperaba un discazo con mayúsculas. Una artista con algo nuevo que decir.
Pues bien, al escuchar el disco entero. Mi decepción fue en aumento. Canciones que no dicen nada, totalmente vacías. Si le quitas todo lo que la rodea, promoción en todos lados, ese halo de misterio que ella misma se encarga de crear, etc… se queda en nada.
El disco no dice nada y ella tampoco.
Es como una cantante de canción de verano, hace el hit y hala! no hay más.
Yo lo que aún no entiendo es como en su día tuvo tanto bombo en los círculos “indies”, si desde el primer momento a mí me pareció estar escuchando a cualquiera del mismo nivel de Rihanna o Lady Gaga… Es decir, mucha parafernalia, mucha imagen, para en definitiva no aportar mucho, por no decir nada. Cuando escuché su primer disco bajo el nombre de Lizzy Grant me quedé a cuadros, por eso ahora, su debut como Lana no me ha sorprendido. Directo a la papelera, vamos.
A ver cuánto tarda en enseñar muslamen o en vender exclusivas como único recurso para mantenerse.
Que enseñe las peras verás como nos gusta a todos!!! jaja
Yo no soy crítico de la música, solo una persona común y corriente, y aunque las canciones no dicen mucho, me gustan varios temas. El hecho de que sea su debut NO significa que tenga que dar un material trascendente, o que tenga que ser algo NUNCA ANTES VISTO. Como cualquier artista debe ir evolucionando y si las canciones no han pegado es porque son hechas solo por ella, aun no usa musica comercial ESA SI PEGA PORQUE PEGA.