05/12/2011

El Primavera Club es un festival cada año más grande y con mayor repercusión. Al menos a nivel de público, queda lejos ya de esa idea […]

El Primavera Club es un festival cada año más grande y con mayor repercusión. Al menos a nivel de público, queda lejos ya de esa idea inicial con la que se creó, como hermano pequeño del Primavera Sound, y se acerca más a una edición urbana e invernal del evento principal. El sold out registrado tanto en Barcelona como en Madrid en la edición de este 2011 así lo certifica: la marca Primavera Sound está en pleno auge, y el público la respalda casi ciegamente. Aún y ese crecimiento registrado por el San Miguel Primavera Club 2011, nosotros, que somos un poco románticos (y muy tardones), nos quedamos con esa idea de festival de iniciación, de baúl de descubrimientos, de puesta a punto para grupos que veremos más adelante de aquí a unos meses en los grandes festivales de medio mundo. Y es por eso que en vez de hacer una crónica al uso, hemos jugado con esa idea y hemos valorado los conciertos que hemos visto tanto en Barcelona y en Madrid y los hemos dividido entre los que nos han convencido y los que no. Entre vencedores y vencidos. Y es por eso que han quedado fuera el polémico concierto de John Maus (a quien nos perdimos tanto en Barcelona y en Madrid, con lo que no contribuiremos todavía más a avivar el debate abierto); o el debut de Veronica Falls, que en Madrid nos convencieron pero en Barcelona nos parecieron todavía algo verdes, y a los que ya tendremos tiempo de ver en el San Miguel Primavera Sound 2012, festival para que el ya han sido confirmados. El resto, aquí debajo.

VENCEDORES

Braids

Íbamos con ganas a los canadienses Braids. Principalmente por un motivo muy tonto: habían sido teloneros de The Antlers en Londres y eso nos daba un no-sé-qué de confianza que la escucha de su primer disco, Native Speaker, solo había confirmado a medias. Su pop experimental con toques tropicales necesita ser vivido en vivo para cobrar todo su sentido. Porque es encima del escenario donde los cuatro jovencísimos miembros de Braids despliegan todo su talento, construyendo las canciones con el esmero y la dedicación que sus composiciones de seis y siete minutos requieren. Cada uno, individualmente, es un portento técnico: Austin Tufts a la batería, preciso como un reloj; Taylor Smith, al bajo y programaciones, en un segundo plano pero imprescindible; Katie Lee, intensa detrás de sus teclado; y la hipnótica Raphaelle Standell-Preston, a la guitarra y las voces. En ocasiones sonaron entre el cruce imposible entre Joanna Newsom y Animal Collective. Cálidos pero sobrios, elegantes pero capaces de transmitir, se ganaron a una audiencia a la que, sin embargo, exigen una rigurosa atención, y que si se despista puede perderse la gracia de sus conciertos. ‘Lemonade‘ y ‘Glass Deers‘ en directo sonaron a gloria, al mismo tiempo que su concierto le dio nueva vida a este debut, Native Speaker, que hará que sigamos a Braids muy pero que muy de cerca. Se nos ganaron, vaya. (Aleix; foto: Daniel Boluda)

Givers

“Joder, qué chute de energía Givers!!!”. Escribimos ese twitt saltando, antes de dejar acabar si quiera la primera canción. Hay bandas, pocas, que no necesitan más de 30 segundos para abrirte la boca y arrancarte un par de aullidos. Givers son de esos. Sobre el escenario de la Joy hicieron un auténtico derroche de ganas, fuerza y vitalidad pura. Sospechábamos que iban a dar un concierto descomunal, y casi nos quedamos cortos. Las canciones de In Light, que escuchadas en casa se enredan y a veces se pierden en cambios extraños, en directo se convierten en una orgía colorista de coros, percusiones cruzadas y giros insospechados. Una coreografía musical y física desplegada con una aparente facilidad que resulta pasmosa para unos debutentes. Temas como ‘Meantime‘ o ‘Ripe‘ son un verdadero alarde de técnica y diversión. Otras como ‘Celling of Pankton’, invitaciones al baile imposibles de rechazar. Y lo de Tiffany Lamson, percusionista, xilofonista, ukelelista, corista y cantante (uf), merece capítulo a parte. Como una suerte de Merrill Garbus encoca descocada, la rubia transmite tanta ilusión, tanta energía y tanto buen rollo, que es imposible no contagiarse. La forma en la que mira, sonríe y se entiende con Taylor Guarisco, guitarrista/vocalista y otro que tal baila, es tremenda. Y de verdad, no estamos hablando de canciones de estrofa-estribillo-estrofa-estribillo. Temas como ‘Noche Nada‘ o ‘Up Up Up‘, la que dejaron para un bis exigidísimo, están muy lejos de ser fácilmente ejecutables. Pues no fallaron una nota, no desajustaron un cierre, no desafinaron un coro. Milimetrado pero salvaje, académico pero desatado. Y cuando te dan tanto, uno sólo puede aplaudir mucho. La Joy lo hizo hasta sacarles esa sonrisa de incredulidad tan mágica que probablemente el tiempo les borre. Fue claramente uno de los mejores conciertos del festival y sin duda una de las revelaciones de este año. Viva Lousiana. (Texto y foto: Daniel Boluda)

Charles Bradley

Mr. Charles Bradley, (Florida, 1948). La mañana del martes le habíamos escuchado en el Hoy Empieza Todo de Radio 3, con el gran Ángel Carmona, al que algún día abordaremos en plan fans. Bradley, apodado con por razones obvias “The Sreaming Eagle of Soul”, tiene 62 años y acaba de publicar su primer álbum. Si, sí: 62 años, primer álbum. “Por fin las cosas empiezan a funcionar para mi”, dice este afroamericano que suma a su voz prodigiosa una flexibilidad inguinal que para si querrían muchos. Acompañado por una impecable banda de cinco músicos blancos (trompeta, saxo, teclado, bajo, batería) este ex-casi-de-todo (cocinero, imitador…) se marcó un concierto que tuvo momentos de caerse de culo. El tipo canta con un animal, grita como un monstruo y es capaz de parir clásicos instantáneos como ese ‘The World (Is Going Up In Flames)’. Los suyo no le pone matices a la etiqueta ‘soul’; le pone sudor, vestuario y quizás algo más de sexo del que lleva de serie. Si había algún ser virgen en la sala esto contó como medio polvo, amigos y amigas. Bradley se contornea, pone cara de limón, abre los brazos y vuela, grita, se toca el contrabajo, se derrumba sobre sus rodillas, hace el gorila con el pie de micro, bendice, sonríe y juega. A la hora de presentar al la banda, impera lo fálico. “Do you know what a SEXophone is?”; o “Do you know what THE ORGAN is?”; etc. Sobró el bis, pero poco más. Nunca agradeceremos suficiente que se programen estas cosas en el Primavera Club. (Texto y foto: Daniel Boluda)

EMA

Erika M Anderson era una de las incógnitas a despejar en este Primavera Club. Ya a mitad de año le dimos crédito a su debut por tenebroso, pero hacía faltar saber si la violencia y el malditismo eran fachada o había algo detrás. Y a fe que lo hay. Para empezar, EMA, o mejor, su técnico (creemos que lo llevaba), fueron los primeros en sobreponerse casi milagrosamente al retumbe inhumano del Círculo de Bellas Artes. Arropada por una banda paritaria formada por una guitarrista discreta y dos tipos con aspecto de nerds, uno a la batería otro al violín, teclados y artefactos varios, la rubia supo trasladar la violencia y la oscuridad de su debut a tan difícil plaza. ‘Grey Ship’, con esos bajos en su sitio, se demostró como uno de los temas del año y uno de los momentos del festival. Era la 1:00 y no apuntamos, pero juraría que abrió con ‘Marked‘, canción granate como una herida a medio cerrar; y cerró después de desgarrar ‘California‘, pieza tenebrosa y llena de una suerte de rabia melancólica, antipática y atractiva al mismo tiempo. Hacia la mitad, con sus composiciones menos buenas, la cosa se deslució mínimamente, aunque a ella no le faltó actitud ni un segundo. Ataviada con unas medias negras en proceso de destrucción y unos shorts a juego, la chica se acarició con diligencia l’origine du monde en más de una ocasión y hasta llegó a frotar por allí ese bienaventurado micro que después se metía en la boca para forzar acoples. Angelito. (Daniel Boluda; foto: Mariano Regidor)

Girls

Girls llegaban con la condición de casi cabezas de cartel, consolidados como están gracias a un colosal segundo disco como es Father, Son, Holy Ghost. Pero llegaban también con un reto importante, y era quitarnos el amargo sabor de boca que dejaron en su anterior visita, en la que demostraron ser un grup demasiado amateur, poco rodado y con poca capacidad de conectar con el público. En ese sentido, Girls han avanzado mucho, pero se les sigue notando un pelín forzados encima del escenario: musicalmente la banda está mucho más rodada y su sonido es más compacto, pero todavía les falta algo para conectar del todo. Quizá sea cosa de la timidez (o dejadez) de Christopher Owens, una suerte de Kurt Cobain moderno, capaz de salir al escenario con camisa de leñador y pantalones-falda casi de pijama. Y si durante la primera mitad del concierto, dedicada casi por completo a su segundo disco, les faltó algo de intensidad, fue empezar ‘Vomit‘, esa catarsis en forma de canción, y la cosa empezó a remontar, dando lugar a momentos de explosión brutal como en el caso de ‘Die‘ o la siempre reivindicada ‘Hellhole Ratrace‘. Para rubricar, su celebrado hit ‘Lust For Life‘, aunque ya no encaja demasiado con su sonido actual, porque Girls han derivado hacia un rock contundente y emocional que, cuando funciona, lo hace a lo grande. (Aleix; foto: Daniel Boluda)

fIRA fEM

Una de las críticas que más recibimos es debida a la poca atención a las bandas recién nacidas de por aquí. Estamos haciendo propósito de enmienda y la verdad es que el domingo los madrileños fIRA fEM nos dieron excusa más que suficiente para dedicarles unas líneas. En Madrid actuaron el domingo a las 18:00. Una putada, vamos. Después cinco días de festival, la lista de damnificados por la extenuación se unió a la de derrotados específicamente por la resaca post-Dj Coco y en la Joy, puntuales, estaban familiares, amigos, promotores y algún valiente. Una pena, porque lo que se vio fue un concierto bastante por encima de sus circunstancias. fIRA fEM hacen una suerte de electrónica mestiza y altamente rítmica que mezcla referencias desde El Guincho hasta Ratatat pasando por los sempiternos Animal Collective, Caribou o Delorean. Y la verdad es que, extenuados y todo, nos movió los pies. Como cuarteto tienen grandes momentos, pero es como sexteto, con la ayuda de otros dos componentes que están casi todo el tiempo como escondidos al fondo del escenario, cuando brillan de verdad. Su directo tiene margen para crecer en fuerza y precisión, pero ahí se vieron ideas muy interesantes y al menos un par de canciones buenas de verdad. Estaremos muy atentos a su debut que saldrá en Febrero de la mano de Aloud. Promete bastante. (Texto y foto: Daniel Boluda)

St. Vincent

Puede que tras leer esta mini crónica alguien nos acuse de falta de objetividad o de ser demasiado muy fans de ELLA. Nos da igual. La realidad es que si hasta la fecha ya teníamos a St.Vincent en un pedestal por su brillante discografía (catapultada definitivamente por esa maravilla que es Strange Mercy), su visita al Primavera Club 2011 ha servido para que la ascendamos a nuestro olimpo de diosas particular. Señoras y señores, lo de Annie Clark y su fabulosa banda (estaba ella y cuatro más, aunque nos quedó la duda de si la corista de las manos en los bolsillos hacía algo más que mirar al infinito) fue muy gordo. En serio. Ha pasado más de una semana y seguimos admirados por la metamorfosis que su pop barroco-psicodélico sufre en directo, donde pierde toda la inocencia que pueda tener en el estudio para ofrecer una cara robusta, potente (atronadora incluso) y tan o más mágica de lo habitual. De este modo, las canciones ganan cuerpo y vida, adoptando una nueva dimensión que resalta sobre todo la locura de esas codas de ruido que tanto nos gustan (las de ‘Marrow’, ‘Actor Out of Work’ o ‘Surgeon’, épicas, se llevaron la palma). Además, evidencian más si cabe la fascinante dualidad de la que hace gala Annie, cuya voz hermosa, delicada y frágil (y que brilló con todo su esplendor en una preciosa ‘The Party’), parece estar en las antípodas de unas melodías punzantes y unas letras que no siempre son lo que parecen. Entender este contraste resulta clave para amar a St.Vincent y por extensión a Clark, que a parte de ser mona domina la guitarra con maestría (sus huesudos dedos se deslizan por el mástil de la guitarra a una velocidad asombrosa) y hechiza cosa mala con el micrófono, ya sea cantando o contando angelicales anécdotas. Suyo, pues, fue el mejor concierto del festival en el Casino de l’Aliança del Poblenou, que incluyó una versión de ‘She Is Beyond Good and Evil’ de The Pop Group cargada de deliciosa mala leche. Lo dicho, muy jefa. (Arnau Roma; foto y vídeo: Daniel Boluda)

Superchunk

Superchunk dejó huella en el Primavera Sound 2010, y eso se notaba la noche del sábado del Primavera Club en la sala Apolo de Barcelona. Qué concierto, qué ganas de volverlos a ver tras comprobar el increíble estado de forma en el que se encuentra este grupo de culto de los noventa. Los de Chapel Hill no defraudaron -como aquel entonces- aunque esta vez dejaron entrever señales de que la edad empieza a pesar. Prueba de ello es que la voz de Mac Machaugan llegó muy justa al final del concierto (aunque también es cierto que no paró de dar brincos en todo el concierto, a un ritmo que ni siquiera nosotros podríamos aguantar… a nuestra edad). Sin embargo, eso no borra la energía con que exprimieron incluso demasiado su último trabajo, Majesty Shredding. Eso sí, también hubo tiempo para recordar éxitos como ‘Driveway to Driveway‘, ‘The First Part‘ o ‘Punch Me Harder‘. Valoración final: un buen concierto al que el recuerdo le pesó demasiado. (Gabriel Trindade; foto: Mariano Regidor)

Handsome Furs

Solapados con una de las bandas del momento (Girls), la de ir a ver a Handsome Furs en vez de a los californianos era una decisión tan complicada como dolorosa. Por eso, decir que fue un gran acierto es casi el mejor piropo que le podemos lanzar al matrimonio canadiense. Había motivos para confiar en una buena puesta en escena por su parte (el talento contrastado a la hora de componer del ex Wolf Parade Dan Boeckner y, sobre todo, Sound Kapital, el tremendo tercer álbum de rock electrónico que venían a presentar), pero no esperábamos salir de La [2] con semejantes dosis de entusiasmo, la verdad. Bastaron unos segundos de ‘When I Get Back’ (hit, hit y mil veces hit) para comprobar que Boeckner y Alexei Perry, ambos hasta las cejas de cocaína sumidos en un frenesí continuo, iban a entregar hasta su última gota de sudor a todo aquél que se acercara a escucharles. Agradecido, el cada vez más numeroso público les correspondió, y la comunión entre emisor y receptor a lo largo de los 40 escasos minutos de que dispuso el dúo fue total. Al cuarto tema Boeckner (todo intensidad y con su magnética voz por bandera) ya estaba dando saltos en la pista como un poseso. Perry, a su vez, se contorneaba sin parar mientras lanzaba como una ametralladora los samplers de ‘Bury Me Standing’, ‘Memories of the Future’, ‘Serve the People’ y demás pildorazos de su última obra, protagonista absoluta del concierto. Pena que, a consecuencia de lo breve del show, 1) obviaran sus dos primeros discos casi por completo (ni rastro del debut y de Face Control solo cayó ‘All We Want, Baby, is Everything’) y 2) se dejaran en la mochila dos temarrales como ‘No Feelings’ y ‘Radio Kaliningrad’, perfectos para haber concluido en pleno éxtasis. Ojo, sin embargo, a ‘Agony’, que ocupó tan privilegiado lugar y que no nos consta que haya sido editado. ¿Pur qué?, nos preguntamos. Sea como fuere, lección de Dan y Alexei, de Alexei y Dan, una pareja que es pasión en estado puro. Ojalá vuelvan pronto a pasear su amor. Un amor que, a diferencia del de Thurston Moore y Kim Deal, esperamos sea para siempre. (Arnau Roma; foto: Mariano Regidor)

Fleet Foxes

La interminable cola que rodeaba L’Auditori de Barcelona más de dos horas antes de que Fleet Foxes pisaran se subieran al escenario era clarificadora: seis meses después de su paso por el Primavera Sound 2011, las barbas y las camisas de cuadros de este sexteto de Seattle todavía no han pasado de moda. Ni su segunda visita en relativamente poco tiempo ni el suplemento económico que había que pagar para poder verles con el abono del festival (también había entradas a la venta) fueron impedimiento para que Robin Pecknold (¡esta vez sin gorro de lana!) y los suyos se apuntaran un llenazo de aúpa, de los que dan categoría. Demostrando unas tablas inusitadas para contar con apenas dos discos, la banda justificó con creces la expectación gracias a un generoso set (hora y media laaarga) cuidadosamente seleccionado y, lo más epatante, a una ejecución celestial del mismo. La acústica privilegiada del recinto reveló la enorme pericia de esta gente con los instrumentos, que no falló una nota (mención especial para J.Tillman en la sección rítmica y, cómo no, para los fabulosos coros a cuatro voces); pudimos oír hasta el último matiz de cada composición y maravillarnos con la belleza de un primer tramo de concierto sen-sa-cio-nal. Cojan aire: ‘Mykonos’, ‘English House’, ‘Battery Kinzie’, ‘Bedouin Dress’, ‘Sim Sala Bim’, ‘Your Protector’, ‘White Winter Hymnal’ y ‘Ragged Wood’. De haberlo dejado aquí nadie hubiera dicho ni mu, pero todavía nos regalaron algunos cortes más de Helplessness Blues (poco tiene que envidiarle al idolatrado debut), seguidos de un bis de los que sacian los oídos más exigentes. Pena que tuvieran el día tonto en lo que a interacción (verbal y física) con el público se refiere, pues con cuatro palabrejas bienintencionadas la noche hubiera sido más memorable si cabe y servidor no podría haber objetado ni media coma a un cierre de festival inmejorable. (Arnau Roma; foto: Mariano Regidor)

JEFF The Brotherhood

Cuando al término de tu primer concierto en una ciudad muy lejana a la tuya el público del festival en el que actúas (que en su inmensa mayoría no tiene ni repajolera idea de quién eres) devora tu pequeña parada de merchandising es que algo has hecho bien. JEFF The Brotherhood, apunten el nombre, lo hicieron tan bien que se salieron, y nosotros nos quedamos sin comprarles una camiseta por la rapidez con que volaron las de la talla M. El suyo fue un exitazo que nos rescató en un jueves en el que, aun y investigando un poco, íbamos más perdidos que un pulpo en un garaje. Fortuna o intuición, acabamos apostando por este dúo de Nashville, Tennessee (también de allí es R. Stevie Moore, personaje que un rato más tarde tomaría La [2] con su estrambótica performance), por lo escuchado en We Are The Champions: once temas de rock polvoriento con mucho sabor que recuerda a una mezcla de Ramones, No Age, The White Stripes y NOFX (en lo vocal). La música nos gustó mucho, pero lo que nos encandiló fue el carisma infinito de los hermanos Orrall. La salida de Jake (guitarra, voz y bigotazo) y Jamin (batería), setlist en mano, haciendo ver que segundos antes de coger los instrumentos todavía decidían qué iban a tocar y qué no, fue una buena muestra de ello. También lo fue que la guitarra transparente de Jake tuviera solo tres cuerdas (y que acabara con una o ninguna), así como que colocaran la batería de Jamin al frente del escenario para una mayor y mejor presencia. De esta manera, y con la ayuda de las magníficas ‘Heavy Days’, ‘U Got the Look’, ‘Hey Friend’, ‘Diamond Way’ (“uh, uh, uh, uh, uh!”) o ‘Ripper’, caldearon un Apolo que acabó ovacionando a sus dos nuevos ídolos. ¡JEFF the Brotherhood al Primavera Sound 2012! (Arnau Roma; foto: Dani Cantó)

Still Corners

Los ingleses Still Corners fueron los encargados de abrirle los tímpanos al jueves en la Joy (y el viernes en el Casino L’Aliança de Poblenou), y se salieron. Las hay con halo, y Tessa Murray lo tiene. Esa voz deliciosa y su apariencia angelical pero de facciones rotundas hacían casi imposible quitarle los ojos de encima. Menos cuando con las pupilas en el infinito le pone voz a joyitas como ‘Cuckoo‘ o ‘Endless Summer‘. Eso nos lo esperábamos, pero no todo fue deleite e hipnotismo. Hubo momentos para la disonancia y el volumen atronador. Pasajes instrumentales de una densidad casi táctil que los alejan de lo limpios e inofensivos que creíamos que serían y en los que se echó de menos la guitarra perdida en el viaje (eso explicaron) sólo lo justo. Ayudaron también las proyecciones oníricas y la quietud general de una banda que parece interpretar su música hasta con el rictus facial. Creíamos que encontraríamos más paz, más embeleso, más algodón de azúcar, pero no. También encontramos oscuridad y amargura, y un grupo que va mucho más allá de la comparación obvia con Beach House. Y nos gustó. (Texto y foto: Daniel Boluda)

Holy Other

La propuesta de meter los ritmos lentos de Holy Other a las 2 de la madrugada recordaba demasiado al pequeño fracaso de Mount Kimbie el año anterior –no por ellos, sino por un horario y un público que no les favorecía–, pero, sorpresa, funcionó perfectamente con su escasa luz, su capucha, y sus bajos hipnóticos. Quizás también fuera que el aforo no llegaba a mitad de la sala, o que la combinación de alcohol, cansancio y muchos días de conciertos propiciase la hipersensibilidad a esta propuesta, pero esa mezcla de todos los estilos electrónicos (samples vocales salidos directamente del garage, sintetizadores amenazantes, ritmos disco llevados con ecos) funcionó, y a qué manera. (Carlos Jürschik)

Tigercats

“Debería estar trabajando. Esta mañana he llamado a mi jefe para decirle que no iría porque estaba enfermo”. Verídica o no, la anécdota que contó el vocalista y guitarra Duncan Barrett al poco de empezar su concierto (que abría el Primavera Club 2011 en Barcelona) explica perfectamente la clase de grupo que son Tigercats: unos primerizos (apenas 9 temas publicados en tres singles de edición limitada de tres canciones cada uno) entrañables sin muchas más pretensiones que las de gustar y pasarlo bien. Sin pose ni aditivos, ni conservantes ni colorantes, practican un indie pop de manual fresquísimo, menos obvio de lo que parece y que gana enteros en directo merced a una banda compacta y solvente que consigue un sonido mucho más robusto y arrebatador que en las grabaciones que se pueden escuchar en su Bandcamp. ‘Nude with Dogs’, la primera del set, captó nuestra atención a base del “I’m so scared of myself”, verso que deja paso a un desarrollo garboso y un desenlace contundente que nos hizo sentir que estábamos ante un descubrimiento notable. Las estupendas y luminosas ‘Easter Island’, ‘Konny Huck’, ‘Whitechapel Boys’ o ‘Banned at the Troxy’, todas a medio camino entre el desenfreno de Los Campesinos! y el tino para la melodía de The Wave Pictures, confirmaron las buenas sensaciones y activaron nuestro nuestro instinto rastreador; no perderemos de vista a estos londinenses. Y es que son este tipo de propuestas las que hacen del Primavera Club un festival especial. Bravo por ello. (Arnau Roma; foto: Daniel Boluda)

VENCIDOS

Stephen Malkmus & The Jicks

Puestos a buscar cabezas de cartel en un festival que, Fleet Foxes al margen, casi renuncia a ellos, podríamos considerar a Stephen Malkmus y a sus Jicks uno de los grandes nombres de la presente edición. Al menos eso decían los horarios del viernes, con la banda liderada por el más célebre de los Pavement en el slot de máxima audiencia de una sala Apolo que (afortunadamente) no se llenó hasta la bandera, lo cual suele ser insoportable si sucede. Pues bien, Stephen Malkmus & The Jicks nos decepcionaron. O mejor dicho, nos aburrieron. Tal cual. Poco importó que su repertorio sea amplio y variado y que Mirror Traffic, un álbum muy notable, sea de lo mejorcito que han publicado en tiempo (‘Tigers’, ‘Senator’ o ‘Stick Figures in Love’ así lo atestiguan), el concierto careció de ritmo e inspiración y nunca dio la impresión de que iba a llegar a buen puerto. Empezando por el sonido, bronco y atropellado en muchos momentos, y siguiendo y acabando en un Malkmus al que, por decirlo de alguna manera, le costaba estarse quieto durante y especialmente entre temas. Que si ahora toco el pie de micro y casi se me cae, que si ahora desenredo el cable de la guitarra, que si ahora me agacho a toquetear el pedal de efectos, que si vuelvo a manosear el maldito pie… Un pequeño despropósito que llegó a su cénit cuando el amigo no calculó bien y al echarse hacia atrás acabó tirando un amplificador (“don’t worry, it’s a rental”, minimizó el batería). Al pobre técnico, que ya andaba loco, casi le da un patatús. Pese a todo, es de justicia comentar que Malkmus conserva su destartalada voz y su peculiar gracia intactas, dos cualidades estimables que, sin embargo, alejadas de esa máquina de hits llamada Pavement parecen insignificantes. Pinchazo. (Arnau Roma; foto: Mariano Regidor)

Gem Club

Me sabe mal decirlo, pero cada vez que recuerdo el paso de Gem Club por el Primavera Club me entran ganas de bostezar. Me sabe mal porque luego, escuchando su EP Acid and Everything y su LP de debut Breakers, reconsidero y soy capaz de entrever la belleza de su pop intimista y clásico a lo Perfume Genius. En directo fue imposible, qué quieren. Y eso que se dieron todos los condicionantes para que el proyecto de Christopher Barnes, natural del área de Boston y poseedor de un magnífico falsete, calara hondo en nuestros corazoncitos: programados a media hora de la tarde (la propuesta no hubiera tenido sentido en ningún otro momento), en un recinto idoneo con asientos y excelente acústica, con una audiencia descansada y atenta… Pues nada. La interpretación en formato trío (piano, violonchelo y corista-espantapájaros) fue tan correcta, impecable incluso, como gélida, sin vida. Gem Club se limitaron a tocar con elegancia y punto. Ni media concesión en forma de frase agradable (graciosa hubiera sido una utopía) hacia el respetable, hecho que habría aderezado muy mucho el asunto. Así, nos fue invadiendo un sopor profundo y la sosería infinita de la banda se comió las virtudes de ‘Animals’ o ‘252’, que languidecieron irremediablemente en el delicado cloroformo de sonidos etéreos que desprendían los altavoces. Se salvó ‘Flax’ que recuerde, quizás por eso de haber aparecido cuando la anestesia todavía no había hecho efecto. Después, todo esfuerzo por mantener el interés fue inútil… Zzzzzzzzzzzz… (Arnau Roma; foto: Josep Mª Martí)

Unknown Mortal Orchestra

Veníamos con ganas de ver a Unknown Mortal Orchestra. Con curiosidad, cuanto menos. Era uno de los nuevos nombres que más estaba sonando, tenían un interesante disco de debut que presentar, y obviamente nosotros también hemos caído rendidos a la sensualidad de ‘FFunny FFriends‘, la canción que abre el disco y el primer single que sacaron. Pero no sabemos dónde se quedó esa sinuosidad, esa contención instrumental, porque al menos en el rato que vimos de Unknown Mortal Orchestra en la sala Apolo de Barcelona, aquello fue una demostración constante de –intento de– virtuosisimo distorsionero con mucho amor por los año noventa y poco cuidado por los detalles de la canción. De hecho, era cosa más bien del guitarra y cantante Ruban Nielson, cerebro creativo de la banda, que disfrutaba con sus devaneos instrumentales ante la paciente mirada de sus dos compañeros de grupo, el bajista Jake Portrait y el batería Julian Ehrich. En fin, otra vez será. (Aleix; foto: Dani Cantó)

Mazes

A priori, el pop saltarín y revival de Mazes iba a ser el preludio perfecto para la apisonadora de Superchunk en directo. De hecho, fueron una de nuestras cinco ‘apuestas’, a raíz de ese hit inmenso que es ‘Go Betweens‘ y a un resto de debut (A Thousand Heys) algo más irregular pero disfrutable al fin y al cabo. Y no sabemos si fue porque dispararon ‘Go Betweens‘ como segunda canción de la noche, que al menos a nosotros nos pilló de imprevisto, o por la cierta apatía que mostraron a lo largo de su rato encima del escenario, pero no lograron transmitir ni por asomo la intensidad que sus canciones desprenden en disco. Quizá tuvieran un mal, o quizá lo tuviéramos nosotros, pero en esto del pop guitarrero melódico hay que vivirlo mucho (miren si no a Superchunk), y no supimos ver eso en Mazes. Pero bueno, otra vez será. (Aleix; foto: Daniel Boluda)

Spectrals

A veces la buena intención no es suficiente, y los jovenzuelos de Spectrals, a los que no conseguimos adivinarles mucho más que eso, debieron darse cuenta de ello durante y después su concierto: pasaron inadvertidos. El manido guiño del cantante Louis Jones (doble de Teo, el que se va al zoo -con cariño-), que apareció enfundado en la camiseta del Barça, no funcionó. Menos lo hizo, claro, que su hermano, el batería Will Jones, le copiara la idea y se decantara por la elástica de “la roja” (con el nombre de David Villa a la espalda, eso sí). Cero gracia, al menos en Barcelona. Y si el teórico plus que un buen directo le puede dar a unas canciones que, salvo contadas excepciones como ‘Get a Grip’, ‘Confetti’ o ‘You Can’t Live on Love Alone’, son ya bastante insulsas en disco se ve ahogado por los litros de horchata que parecen circular por las venas de sus intérpretes, entonces ya no hay nada que hacer. A su manera los británicos lo intentarion, pero aun y sonando limpios y bien estructurados, su pop dulzón de aires retro (una mezcla entre sesentera y ochentera, diría yo) resultó extremadamente plano, incluso anodino. No transmitieron sentimiento alguno y ni con alguna que otra “arenga” al público (“nada más acabemos vamos a comprar una botella de whisky y continuaremos la fiesta, por si alguien se quiere apuntar”) consiguieron que media hora y un poquito más de su música no se hiciera interminable. ¿De verdad alguien se atreve a compararles con los actuales Arctic Monkeys? Nosotros con un par de cervezas y no haber salido del trabajo a toda prisa nos habríamos sentido mejor, aunque asumimos que no siempre se puede acertar. En fin… (Arnau Roma; foto: Dani Cantó)

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