Que Christopher Owens no pase por un tipo precisamente normal es una de esas cosas que no sorprenden. Cuanto mas rectos son los caminos de Dios, más sinuosas son las sendas que los evitan. Así que deambular por medio mundo durante gran parte de su infancia con una suerte de secta denominada Children of God solo sirvió para que los demonios del joven Owens aflorasen y el hermético misticismo impuesto por sus progenitores quedara relegado a un mal recuerdo del pasado. Y la cuna hippie, San Francisco, trasformó cualquier vestigio espiritual en un salvaje hedonismo que puso en ebullición su talento creativo.
El primer disco de Girls se llamó Album, una combinación, la de autor y obra, que bien podría haber sido una oda a la lucha contra la piratería en Internet. Fue la banda que Owens creo junto al bajista y productor Chet “JR” White, tras haber sido miembro de otros grupos como Curls o Holy Shit!, en el que también colaboró Ariel Pink. Aquel disco fue bienvenido por crítica y público. Si en la amalgama del indie actual con reminiscencias hay formaciones que tienen su referencia en las bandas femeninas de música negra, como The Pippetes o los más recientes Cults, Girls optaron por las rock de sabor añejo otras figuras como Roy Orbison sin olvidar en ningún momento a la época a la que pertenecen.
Owens intentó en aquel momento expresar una patente inestabilidad en temas como ‘Lust for Life‘, con una voz que por momentos se aproximaba a la de Jarvis Cocker, pero que al alcanzar registros más graves resultaba más cómica que sugerente, muy distinto a lo que el líder de Pulp logra en temas como ‘I Spy‘. El reconocimiento internacional echó más madera a la maquinaria de Girls. De entre unas 30 canciones eligieron seis para su EP Broken Dreams Club, en el que continuaban su particular eclecticismo con una canción homónima en la que se acercaban al rock sureño de bandas como Phosphorescent.

No se sabe bien si por propia iniciativa o impelidos por True Panther Sounds, el pequeño de la familia de Matador, lo cierto es que la actividad no ha cesado para los de San Francisco. En tan solo 2 años, tres lanzamientos: el último, el de su Father, Son, Holy Ghost. Si en lo lírico parece que el cantante y guitarrista han emprendido una etapa más positiva y han olvidado aquello de “I’m sick and tired of the way that I feel” que contaba en la excelente ‘Hellhole Ratrace‘, lo cierto es que la producción ha ganado madurez y contundencia en este segundo largo.
La causa de esta evolución puede haber sido la incorporación de Darren Weiss a la batería, John Anderson a la guitarra y Dan Einsenbergh a las teclas. El nuevo largo deja paso a interludios que sirven de relajados contrapuntos como ocurre en la inicial ‘Honey Bunny‘. El noisy rock and roll de ‘Big Bad Mean Motherfucker‘ es el predecesor de una más radicalizada ‘Die’, en la que Owens vuelve a las raíces más pesimistas de su anterior trabajo con una inevitable deudora del ‘Highway Star‘ de Deep Purple. Pero en este Father, Son, Holy Ghost predomina cierto romanticismo, de una forma entusiasta, incrustado en el pop meloso de ‘Saying I Love You‘, o en su vertiente más desgarradora en ‘Vomit’. El frustrado idilio de ‘Laura‘ encuentra en ‘Alex’ a una sucesora de códigos similares. Pero el catálogo de influencias de Girls es amplio. El comienzo de ‘Love Like a River‘ rememora, con permiso de los puristas, a los buenos tiempos de Sam Cooke u Otis Redding. Phil Spector tampoco hubiera puesto excesivas pegas al ponerse tras la optimista ‘Magic’. La voz de Owens gana en intensidad al mismo tiempo que pierde su carácter pretencioso en ‘Forgiveness’ o ‘Jamie Marie’, acompañada únicamente por la guitarra de John Anderson.
Cuesta darse cuenta de que Girls no es otra banda más dentro del panorama del pop independiente actual. Crear un segundo disco brillante tras una sonora irrupción incluye también dejar parte del ego aparcado. Un precepto sin el cual los de San Francisco hubieran caído en un sentimentalismo vacuo en un disco repleto de buenas intenciones en cadencias suaves. Girls son uno de los principales reclamos del Primavera Club 2011: hoy tocan en Barcelona (Casino L’Aliança de Poblenou, a las 22h), y mañana y el domingo hacen lo propio en Madrid (sábado en la sala San Miguel a las 21:45h, domingo en la Joy Eslava a las 21:45h)
Escuchen Father, Son, Holy Ghost en Spotify.
Texto: Carlos Marlasca.
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Muy acertado.
Y mirad que fueron grandes en el concierto que dieron.