Resuelto el tema de las jugosas novedades, vamos a por los veteranos del lugar. El San Miguel Primavera Club 2010 también contaba con ellos, y estaban capitaneados por dos conceptos de nostalgia: la de Edwyn Collins, altamente emocional y con regusto underground (Orange Juice fueron seminales pero nunca llegaron al gran público); y la de Teenage Fanclub, vigente (han editado un buen disco recientemente, Shadows) pero al mismo tiempo destinada a sus fans de antaño (gracias a un setlist de grandes éxitos). A su lado, propuestas muchos más jóvenes como la de Triángulo de Amor Bizarro, Holy Fuck o Wavves pueden parecer algo fuera de lugar, pero no por ello menos atractivas y, en fin, había que agruparlos de alguna manera. Así que aquí tienen el segundo (y último) repaso del pasado San Miguel Primavera Sound 2010. Ahora a contar los días hasta que llegue el Sound 2011… (Fotos: Daniel Boluda y Dani Cantó)
EDWYN COLLINS

Salió al escenario del Casino de l’Aliança, digno con su bastón, andando por su propio pie . Llegó, se sentó encima de un ampli, y saludó. A los pocos segundos, empezó a sonar ‘Losing Sleep‘, la canción que abre el disco del mismo título, primero en años y especialmente el primero desde sus dos derrames cerebrales. No hubo grandes ovaciones de entrada, de aquellas fáciles y que pese a todo te erizan el vello. Quizá porque ya nos visitara hace un par de años, en el Summercase 08 (cuando su condición debía de ser todavía más delicada), o porque los fans más emotivos estuvieron el día antes en la sala Bikini. O porque la ovación se guardaba para el final. El caso es que Edwyn Collins tuvo un recibimiento respetuoso pero de tú a y tú, de público a músico, sin condescendencias ni tratos de favor. Quizá es porque sabíamos que podía soportar dicho tratamiento, y porque era el que él quería que le diéramos. Y lo rebasó con creces. Acompañado por una banda extraordinaria, que le secundaba en todo momento, el bueno de Collins dirigió, sentado en su ampli y siempre acompañado de su botellita de agua y sus letras, el concierto entero (incluso se interesó por el estado del saxo de uno de los músicos, después de que no lo tocara en la segunda canción). Desgranó los temas de su nuevo disco, recuperó a Orange Juice con la mítica ‘Falling and Laughing‘, cantó acompañado de su hijo (cuyos bailes despertaron bastante admiración), dio discursos cortos y hasta se incorporó para cantar la canción final. Después, ahora sí, dos ovaciones de las de todos en pie: por haber sido capaz de superar dos derrames cerebrales, por el tesón de seguir actuando en directo (cuando los médicos en un principio dijeron que con suerte volvería a andar) e incluso hasta componer un disco, y, qué demonios, porque había dado un concierto maravilloso dejando de lado enfermedades, recuperaciones y demás. Prácticamente increíble. (Aleix)
DâM-FUNK

Recomendados insistentemente por fuentes de las que nos fiamos, en Madrid fuimos casi a ciegas a ver a estos angelinos, adalides del, no se lo pierdan, ‘boogie-funk’. Como sea, los tipos dieron un directazo de funk con batería, teclados, sintetizadores y voz que ejerció perfectamente de desengrasante indie. Fue probablemente un off topic, pero bien escogido y bien programado. Lástima que hubiese poquita gente viéndoles. Mereció mucho la pena. Todos ahí con barbas y gafas de pasta levantando las manos como si acabasen de sacarnos de los suburbios de West Baltimore. Enorme. A un servidor no le importarían más guiños como este en futuros carteles. Yeah. (Daniel)
CUCHILLO

Si te toca abrir el festival un miércoles a media tarde (léase 19.30) y tu música no se caracteriza por mover y romper esqueletos, lo normal es que la sala esté más vacía que llena. No fue el caso con el dúo barcelonés Cuchillo, y de ahí que Israel Marco agradeciera hasta en dos ocasiones el esfuerzo del público presente. Tampoco era necesario, puesto que los más madrugadores fuimos sobradamente recompensados con una estupenda colección de sugerentes e hipnóticas melodías que abrazan desde el folk experimental al rock más oscuro e intimista. Costaba no quedarse embobado ante las majestuosas y contundentes interpretaciones (gran trabajo con los pedales de loops y la batería, sí señor) que hicieron de las joyas su debut, como ‘Come With Me’, ‘Summertime in Sweden’ o ‘Black & White Numbers’, purificadora, bella y catártica. Algo más perdidos anduvimos en el tramo final con los temas de su reciente EP Duat y con las nuevas y larguísimas canciones que presentaron, aunque el cierre con la maravillosa ‘Breathing Again’ hizo que llegar tarde a Wild (bostezo) Nothing no nos importara en absoluto. (Arnau)
TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO

Tras facturar un pelotazo del calibre de Año Santo (raro será si no acaba en nuestro top 2 de discos nacionales de 2010), las ganas y la exigencia con Triángulo de Amor Bizarro eran máximas. Quizás por esto salimos algo contrariados del concierto de los gallegos, que pese a avasallar con un sonido de avión supersónico ofrecieron un directo excesivamente irregular en el que nunca alcanzaron la excelencia que muestran en sus discos. ‘De la Monarquía a la Criptocracia’ y ‘Amigos del Género Humano’ son más grandes que la vida, no les quepa ninguna duda, pero en directo quedaron desdibujadas, faltas de ritmo, perdidas entre capas y capas de ruido. Ni la precisión quirúrgica de la tremenda y distorsionadísima guitarra de Rodrigo Caamaño ni la pose (¿excesiva?) de la banda consiguió llevarles a las cotas esperadas, en lo que deseamos fuera un mal día. No nos malinterpreten, TAB cumplieron con creces, aunque estoy convencido de que pueden dar mucho más. Es lo que tiene querer jugar la Champions, que no puedes permitirte partidos de Intertoto. Pequeño bajón. (Arnau)
TEENAGE FANCLUB
Siempre hay una primera vez, y mi primera vez en el Primavera Club fue con Teenage Fanclub. Esto no se olvida. Corría el año 2006, el festival daba sus primeros pasos en el gigantesco Centre de Convencions Internacional y en el Auditori del Fòrum, y yo (lo admito), no compré la entrada para ver el Don’t Look Back que los escoceses dieron de Bandwagonesque, sino para entregarme a la incipiente maestría de unos canadienses llamados The New Pornographers y al magnetismo de The Wrens (¡volved ya, malditos!). Sin embargo, su show, que contemplé desde la lejanía y no me enamoró, quedó grabado en mi hipotálamo, y no pude evitar sonreír al verme la noche del viernes 26 en el Apolo, esperando a que precisamente Teenage Fanclub saltaran al escenario otra vez. El suyo fue un concierto técnicamente impecable, sonaron bien, estuvieron encantadores y repartieron hits a cascoporro para deleite de una nutrida legión de fans (memorable el final con ‘Everything Flows’). Lástima que para los menos avezados en el grupo su power pop amable y dulzón resultara demasiado lineal, llegando a convertirse en aburrido con la aparición de los temas del último álbum, que por suerte fueron pocos. Las viejas canciones, eso sí, siguen siendo grandes, y aunque no logren entusiasmarme la sensación de cerrar un círculo y abrir otro fue de lo más bonita. (Arnau)
WAVVES

Quién te ha visto y quién te ve, Nathan Williams. De hundirte en tu propia miseria con una bochornosa actuación en el Primavera Sound 2009 a conseguir la redención del público (entregado en las primeras filas) apenas un año y medio más tarde. Dos razones explican el fenómeno de Wavves: primero, un notabilísimo álbum de punk playero (King Of The Beach, más nítido que su predecesor sin dejar de ser lo-fi y breve y certero como pocos) y segundo, la sabia decisión de rodearse de gente competente como son dos de los miembros de la última banda del malogrado Jay Reatard. Cuanto a los conciertos, calcados en lo que respecta al setlist y opuestos en lo musical. Mientras el del viernes fue limpio y trepidante (estupendas ‘King Of The Beach’, ‘Idiot’, ‘So Bored’ o ‘Post Acid’, pese al abuso del reverb en la voz y de unos coros que sonaban todos iguales), el del sábado decepcionó y por momentos rozó el despropósito con acordes ininteligibles y sonido deficiente. En ambos hubo fiesta grande en forma de pogos, crowd surfing constante e invasión de escenario al final, pero la diferencia entre uno y otro fue abismal. Jekyll el viernes, Mr. Hyde el sábado, y la lección de que por mucho que seas un enfant terrible con talento (y actitud de niñato), si la música no acompaña no hay nada que hacer. (Arnau)
LOU BARLOW

Lou Barlow canta muy bien. Lou Barlow toca muy bien. Dos condiciones a priori esenciales para subirse a un escenario con una guitarra, una botella de agua y un puñado de canciones apuntadas en una moleskine negra. Lou Barlow, además, tiene canciones como ‘Home’ y obras de arte como ‘Legendary’. Otro punto a su favor. Como el acierto de traerse al folk más preciosista temas como ‘Too Pure’, de Sebadoh, esa banda tan primaveril o de Dinosaur Jr., de la que es miembro fundador. Con todos esos ingredientes a Barlow, simpatiquísimo (hilarantes los momentos de la tortilla y la tortuga en Barcelona) le salió un concierto que alternó emoción y aburrimiento casi a partes iguales. “¿Qué preferís ahora? ¿Una canción triste, o una canción más triste todavía?”, preguntó al público antes de las últimas. Bien programado, a buena hora, en la Neu! y en el Casino de l’Aliança del Poblenou (del que dijo que era un sitio “demasiado bonito para él”) aprobó con nota. (Daniel y Arnau)
MOUNT KIMBIE
Las etiquetas son perversas, equívocas, aburridas y encasillan injustamente. Lo sabemos, lo repetimos y sin embargo todos caemos en la tentación de utilizarlas y de dejamos guiar por ellas. Mount Kimbie (déjenme comentar antes que nada que su nombre me encanta), por ejemplo, no paran de recibir buenas críticas, pero es imposible leer una que no les atribuya la invención de un género tan abstracto como el post-dubstep. A nuestro entender, sería mejor (aunque menos cool y, por tanto, menos atractivo para el público) si dijeran que los británicos se dedican a explorar terrenos ambientales a partir de la electrónica minimalista y el dubstep más accesible. Porque aún y siendo poco entendidos en el tema eso es lo que nos pareció que hacen Dominic Maker y Kai Campos de manera muy notable. Sobrios y bastante seriotes, fueron ganándonos lentamente a base de crear atmosferas de todos los colores: densas, oscuras, relajadas, contundentes… Resistieron con firmeza el previsible éxodo de público a la media hora de set (Wavves repetían en La [2] y tienen, además de tirón, un gran segundo disco) y dejaron para el recuerdo las interesantísimas ‘Before I Move Off’, ‘Carbonated’, ‘Field’ y ‘Mayor’. Si se los perdieron les recomiendo que no dejen de escuchar dichas canciones en casa. Eso sí, después de haber guardado los prejuicios en el armario. (Arnau)
THE JIM JONES REVUE
‘Hey, Hey, Hey, Hey’ nada más empezar y ya la teníamos montada. Saltos, riffs imposibles, teclados esquizofrénicos, tupés engominadísimos, chupas de cuero y pose infinita. El Apolo patas arriba en un abrir y cerrar de ojos. Tampoco nos extrañó demasiado, ya que así son y así se comportan los ingleses (que no estadounidenses) The Jim Jones Revue. Show, puro show, aunque del bueno. Sólo hace falta escuchar con una mínima atención canciones como la de los “heys”, como ‘Shoot First’, ‘Princess & The Frog’, ‘Good Golly Miss Molly’ o ‘Rock’n’Roll Psychosis’ para darse cuenta de que estamos ante un gran colectivo de músicos y (dejando a un lado clichés y excesos) ante un fenomenal frontman. Jim Jones tiene un vozarrón, el pianista lo borda y el guitarra chulazo podría aparecer en una peli de Tarantino. Además, saben caer en gracia y transmiten el espíritu de Jerry Lee Lewis como nadie. Imposible quedarse quieto frente a semejante avalancha de rock and roll primigenio, puro ensalzamiento del rockabilly y de una época musicalmente maravillosa. Vueltas, faldas en suspensión y conciertazo de un pedazo de grupo, el mejor en su estilo. (Arnau)
HOLY FUCK
Quinto día de festival, el del cierre, son casi las once de la noche, no has cenado y los pies te duelen cosa mala. Acabas de quemar las enésimas calorías con el potente rockabilly de The Jim Jones Revue, apestas a tabaco y te planteas: ¿pizza y cama o un último concierto a cargo de Holy Fuck? La electrónica analógica de sus discos no te llega y la boca de metro está tan cerca del Apolo… De repente, cuando ya enfilas las escaleras de salida, ves un banquito libre, y ayudado por tu mala consciencia y un sexto sentido musical decides quedarte a comprobar tranquilamente sentado qué tal suenan las canciones de esta gente. Sabia elección. Bastan cinco minutos para que las creativas melodías kraut del cuarteto canadiense te hayan levantado de tu asiento y arrastrado hasta el centro de la pista. Las maquinitas seducen lo suyo, sí, aunque son los momentos en que el bajo y la guitarra cogen protagonismo los que te llevan al éxtasis. La energía en vivo de ‘Silva & Grimes’, ‘Red Lights’, ‘Milkshake’ y, evidentemente, ‘Latin America’ (el hit), le dan otra dimensión al repertorio de Holy Fuck. Te han convencido, sobre todo porque te fijas en lo juntos que tocan, en las ganas que le echan y en lo bien que se lo pasan. Tu no te quedas corto. ¡Ay si los hubieran programado a las tantas del sábado! Bailas, bailas, bailas y no te acuerdas ni de la cama, ni de la pizza, ni del metro. (Arnau)
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Por aleix
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Tags barcelona / edwyn collins / lou barlow / madrid / mount kimbie / primavera club 2010 / teenage fanclub / Wavves
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Al cantante de wavves le ejecutaria en la horca un domingo culquiera en la plaza mayor.
Y que me perdonen sus fans…
¡Pues vaya! Yo solo vi Wavves el sábado y me perdí Holy Fuck. Sabia elección… (ejem) :(
mount kimbie fue el consierto mas haburrido qe visto en mi vida, por favor,