14 Noviembre 2009

El capricho de Nashville

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Cuando uno se planta ante el nuevo trabajo de Quique González ha de tener muy claro ante el disco de quién está. Se trata del disco de un cantautor, un hombre nostálgico de tiempos pasados que reconoce en The Band su grupo favorito y en Los Secretos sus ídolos. Teniendo esto presente, convendremos en que, en la eterna ecuación “música/letra”, González tiene mucho más que aportar en lo segundo que en lo primero. Por eso a servidor le importa lo justo si el disco lo ha grabado en Nashville o en Cienpozuelos, o si detrás del mismo hay una multinacional, o se trata de una autoproducción, o si el productor el Brad Jones (Josh Rouse…) o el propio González. Precisamente estos dos detalles (lugar y productor) son de los que más se habla al mentar Daiquiri Blues, y yo creo que es un error. El capricho de Nashville parece más fruto de un salto hacia delante, el acto de alguien que necesita aires nuevos para sentir que, puede que algo verdaderamente necesario para sacar a delante un trabajo de calidad. Esto opino. ¿Y qué hay de lo importante? ¿Qué hay de lo que cuenta Quique?

Pues en esto, en lo esencial, Daiquiri Blues es un álbum irregular. La canción que lo abre y lo bautiza es una maravilla. Guitarras y voz, limpieza y pulcritud, una gran letra y una mejor interpretación. Una promesa de gloria desatendida. Este tema es verdaderamente un buen ejemplo de lo que le funciona a Quique González: la sinceridad, la claridad. Le alegra a uno, además, descubrir en este primer tema un uso mucho más moderado del hammond (Tyson Rogers) y la total incomparecencia del pedal steel, cuyo abuso llegó a ser casi patológico en tiempos de La noche americana.

De ahí en adelante, empiezan los caminos tortuosos. Un arma precisa vuelve a una formula que también le funciona: la historia. Bien contada, bien escrita, con fragmentos notables como aquel de “el notario reaprtía / DNIs como un croupier / tú me hablabas de energía / y yo quería desaparecer”.

El recurso de la historia puede también volverse contra uno si por las costuras empieza a aparecer el efectismo. Y esto ocurre más veces de las que sería deseable. Lo que en Avería y redención (canción de su anterior trabajo cantada a medias con Leyva y que no estaba mal) sonaba a verdad, en Hasta que todo encaje a servirdor le suena rro, a truco. La luna debajo del brazo es eso también, truco. Una imagen bonita no justifica una canción y a la quinta o sexta escucha el single se me vacía sin dejar poso.

En lo musical, poco que reseñar a pesar de Nashville. Cierto es que hay arreglos soberbios y detalles delicados que ayudan, pero no bastan. Cabe destacar la descarada incursión en el jazz que es Riesgo y altura, en la que Quique González, a pesar de no ser un superdotado vocalmente, da la talla y acaba dejando una canción notable.

Restos de stock es la única colina de un disco mesetario. Y se agradece por la intensidad y por esa vuelta al sonido de barrio en el que de pronto Quique es más creible. En perspectica, este disco abandona por completo el camino iniciado en Avería y redención, lleno de riffs formidables y algunos solos con clase. Este no es un disco de rock and roll.

El trabajo empieza tan bonito como acaba, con una pieza a piano y voz titulada Algo me aleja de ti (escrita por José Ignacio Lapido). Una canción como una escena de película, una letra colorida, una interpretación sobresaliente y una armónica que pone el bello de punta. Verdad, al fin y al cabo, para cerrar un disco que circula entre dos aguas y que tiene, diría aquel, más relleno que pavo. Un disco que es otro giro en una carreta musical extraña y llena de cambios quizás demasiado bruscos. Daiquiri Blues es un disco bonito, pero pinta más a crepúsculo que a amanecer.

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Un comentario

  • primero creo que es la primera crítica del disco que se fija en el contenido y no en el continente made in nashville,
    segundo estoy de acuerdo contigo en que es un disco que deja escuchar muy bien, sin apenas darte cuenta, que lo escuchas y no te llama la antención en mometos muy puntuales , que guapa esta harmónica , me gusta este pedal steel, me tengo que guardar esta frase , pero la mayoría del disco se escucha como la lluvia se ve , sabes que esta ahi y solo de vez en cuando levantas la vista y dice joder como llueve y sigues a lo tuyo.

    Gran página.

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