01/10/2009

Resulta difícil describir con palabras lo acontecido la noche del pasado lunes 21 de septiembre en el Palau Sant Jordi, créanme. Y es que para aquellos […]

Resulta difícil describir con palabras lo acontecido la noche del pasado lunes 21 de septiembre en el Palau Sant Jordi, créanme. Y es que para aquellos a los que les gusta de verdad Leonard Cohen el de Barcelona fue mucho más que un concierto, fue una experiencia casi religiosa, una misa oficiada por uno de los mayores sacerdotes de la canción contemporánea, alguien que tras 16 años de ausencia volvía para ofrecernos y dejarnos saborear toda su plenitud como artista. Un sueño hecho realidad.

En paz consigo mismo, sinceramente agradecido y sin nada que demostrar pero queriendo enseñar que aún sigue aquí, el canadiense eterno nos deleitó con una velada intachable, perfecta y magnífica que ni el a priori inadecuado recinto pudo empañar lo más mínimo. Vale que debería ser delito ver a Cohen fuera de un exquisito teatro de aforo reducido y cómodas butacas, pero dada la masiva afluencia de público (se habla de entre 12.000 y 14.000 personas, un sold out en toda regla) y que este World Tour 2008-2009 fue pensado para recintos de gran capacidad (salvo contadas excepciones como el Olympia de Paris o los jardins de Cap Roig en la Costa Brava), hay que reconocer que se le supo sacar partido al Sant Jordi y que almenos desde las primeras filas la visión, el sonido y la sensación de intimidad eran perfectas. Todo apuntaba, pues, a que la noche sería memorable, ya que al hecho de que el genio de Montréal cumpliera 75 años ese mismo día se le añadía la épica de haberse recuperado en tan solo 72 horas de una indisposición que le obligó a suspender el concierto anterior en Valencia.

A las 21:35, cinco minutos más tarde de lo previsto, se apagaron las luces y una larga, larguísima ovación acompañó la salida de un Cohen aparentemente recuperado, sonriente y con esa genuina expresión afable, sombrero en mano, que le es tan característica. No había prisa pero tampoco tiempo que perder, de modo que la maquinaria se puso inmediatamente en marcha con ‘Dance Me To The End Of Love’, el inicio habitual de un guión perfecto del que nadie se saldría ni un milímetro. Una vez desapareció la nube de fotógrafos (acreditados y no acreditados) y todo el mundo tuvo tiempo a ponerse cómodo en sus asientos y a secarse la primera de las muchas lagrimillas que se derramarían, el Titanic que conforman Cohen y su exquisita banda puso velocidad de crucero con el apocalipsis que se narra en la infravalorada ‘The Future’ (“I’ve seen the future, brother, it is murder“) y ya nunca volvió la vista atrás.

desde platea

Para ese entonces la voz del poeta ya sonaba excepcional: grave como siempre pero más juguetona que nunca, alternando cambios de tono hace un año impensables en él y alargando u acortando las letras, consiguiendo así rejuvenecer (o incluso mejorar) sus ya veteranas canciones. El clásico repertorio de 11 temas ocupó la primera parte del show, con mención especial para los graves imposibles exhibidos en esa oscura joya que es ‘Waiting For The Miracle’ o la celebrada recuperación de ‘Lover, Lover, Lover’, por no hablar de las siempre sobresalientes ‘Everybody Knows’ y ‘Ain’t No Cure For Love’ (tras la que hubo un intento de ‘Happy Birthday’ por parte del público) o de la emotividad que desprenden ‘Hey That’s No Way To Say Goodbye’ y ‘Anthem’ (“There is a crack in everything, that’s how the light gets in“), que dio paso al descanso de unos 25 minutos previa presentación de la banda. Una banda, dicho sea de paso, precisa como un reloj suizo y de calidad contrastada como no podía ser de otra manera tratándose de Don Leonardo. Prueba de ello fueron la bandúrria y el laúd de 12 cuerdas del zaragozano Javier Mas, la infinidad de solos con instrumentos de viento del (quizás demasiado) histriónico Dino Soldo, los maravillosos y necesarios coros de las Webb Sisters y Sharon Robinson (¡qué voz!) o el discreto buen hacer de Neil Larsen con su fantástico órgano Hammond B3.

El inicio de la segunda parte pilló a la mayoría de asistentes aún de pie, bien charlando bien tomándose una cerveza. Sin avisar Cohen regresó al escenario y se arrancó con ‘Tower of Song’ (“My friends are gone and my hair is grey, I ache in the places where I used to play”), que interpretaría acompañado tan solo de Larsen, sus coristas y una base grabada que emergía de un teclado Casio en el que de vez en cuando tocaba algunas sencillas notas para deleite del respetable. A partir de ahí subieron las pulsaciones de forma exponencial y un torrente de emociones llevó el concierto en volandas, pues cayeron una tras otra la mayoría de las composiciones más históricas y reconocidas del cantautor judío. ‘Suzanne’, con Cohen solo a la guitarra y cientos de velas iluminadas convirtió el Palau en una catedral ubicada en otra dimensión y el silencio sepulcral humanizó el recinto como nunca se había visto. Para cuando sonaron ‘Sisters of Mercy’ o ‘The Partisan’ (uno de los momentos de la noche con una versión sencillamente espectacular) las ovaciones y las caras de felicidad se multiplicaban irremediablemente.

En la recta final brillaron con luz propia una ‘Hallelujah’ que pese a la infinidad de veces que la hemos oído versionada sigue sonando fresca y ese sentido homenaje a Lorca que es ‘Take This Waltz’, tras el que llegó el primer amago de despedida exigido por el guión. Unos deliciosamente interminables bises marcados por una civilizada invasión de pista apuntalaron el histórico evento, en el que aún hubo tiempo de escuchar himnos como ‘So Long, Marianne’, ‘First We Take Manhattan’ (una fiesta por todo lo alto por mucho que cueste de creer) o la triste y sobrecogedora belleza de ‘Famous Blue Raincoat’ (“It’s four in the morning, the end of December“… pelos como escarpias). Después de otro adiós fictício Charley y Hattie Webb tuvieron su momento y desplegaron todo su talento en una hermosa ‘If It Be Your Will’, tocando la guitarra y un arpa que le daba un toque muy folkie a la pieza.

LC

Finalmente, el simbolismo de ‘Closing Time’ y esa ‘I Tried To Leave You’ en la que tras lucirse la banda Cohen espetó: “Goodnight my darling, are you satisfied?”, palabras que hicieron si cabe más entrañable la maratoniana noche de más de 3 horas, que concluyó con todos cantando a capela ‘Wither Thou Goest’. Entonces Cohen, más bien parco en palabras hasta ese momento, se despidió de todos nosotros agradeciéndonos que hubiéramos mantenido vivas sus canciones durante todos estos años y deseándonos que nuestras vidas fueran “as sweet as apples dipped in honey” (tan dulces como manzanas bañadas en miel). Ojalá lo que queda de la suya también lo sea y ojalá esta no sea la última vez que podamos disfrutar de una experiencia que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida.

Porque si bien algunos le tacharán de aburrido, pesado y místico, el único pero que se le puede poner al recital es no haber dejado lugar a la improvisación, no haberse salido un ápice de ese guión minuciosamente escrito y que aunque consigue transmitir esa sensación de espectáculo personalizado y altamente emotivo al que lo ve por primera vez no logra emocionar de la misma manera al que repite y ya sabe de antemano lo que sucederá. Pero eso también es culpa de los seguidores acérrimos y lo cierto es que lo de ese lunes 21 de septiembre de 2009 fue la culminación de una de las carreras más ejemplares de la música moderna, toda una demostración de clase y señorío por parte de uno de los mejores artistas de la historia, alguien a quien la música ha hecho tan grande como él ha hecho grande a la música. Gracias señor Cohen, y por favor, no se muera nunca.

Setlist

Dance Me to the End of Love
The Future
Ain’t No Cure for Love
Bird on the Wire
Everybody Knows
In My Secret Life
Who By Fire
Hey That’s No Way to Say Goodbye
Lover Lover Lover
Waiting for the Miracle
Anthem (introducción con el poema “The Flood”)

Tower of Song
Suzanne
Sisters of Mercy
The Gypsy’s Wife
The Partisan
Boogie Street
Hallelujah
I’m Your Man
Take this Waltz

(Bises)

So Long Marianne
First We Take Manhattan

Famous Blue Raincoat
If It Be Your Will
Closing Time

I Tried to Leave You
Whither Thou Goest

Publicidad
Publicidad