Conciertos

Au Revoir Simone hacen exactamente el tipo de música que te imaginas que harán cuando las ves. Ni trampa ni cartón: tres chicas monas de Brooklyn que no esconden nada, se presentan en el escenario con un par de teclados cada una, e hilvanan ensoñadoras melodías que parece que tengan que romperse en cualquier momento. Sonríen mientras cantan, seguramente impresionadas de que unas 200 personas se acercaran ayer a verlas, en un concierto que según ellas admitieron, les hacía ilusión desde hacía mucho tiempo. Barcelona está de moda, supongo, los grupos indie quieren venir, y todo sería muy bonito si no fuera porque una parte del público de la ciudad cree que ir a un concierto es como estar en un partido de fútbol o en un bar abarrotado donde ponen algo de música. Pero en fin, eso es otra historia.

Más indietrónicas que nunca en concierto (lógico, si sólo se nutren de teclados y sonidos pregrabados), Au Revoir Simone se deslizaron por los temas del bonito The Bird of Music, su segundo disco, además de dejar en el camino tres canciones nuevas, de su próximo disco (a grabar en octubre y publicar en febrero de 2009, según comentaron ellas mismas), que siguen exactamente las mismas directrices. Sin estridencias, sin nada fuera de lugar, como un susurro: un placer puramente auditivo a lo que ayudó la nula visibilidad de la sala Sidecar si no estás en las tres primeras filas (tuve que acercarme al escenario una vez terminado el concierto para comprobar qué instrumentos habían usado), y que gracias a canciones como ‘The Lucky One‘, ‘Fallen Snow‘, o -sobre todo- ‘A Violent Yet Flammable World‘ lograron convertir un sábado de resaca en una especie de reivindicación de que la indietronica no está muerta y de que todavía puede dar algo de sí, si se hace con gusto y criterio. En la lejanía resonaban The Postal Service o Lali Puna, y yo que me fui a casa la mar de contento pensando que si hay una música para cada momento y lugar, ayer acertamos.

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