
Mucho se ha dicho sobre esta nueva especie de paradigma en el mundo de la música que es Myspace y todo lo que ello conlleva. Ahora los grupos no se dedican a girar tanto como puedan para formarse sino a grabar algo cuanto antes para poder colgarlo en Myspace y cruzar los dedos por si algún ‘ojeador virtual‘ de alguna discográfica despistada los descubre, se autoconvence de que son la next big thing y les ofrece su primer contrato. Pero hay más…
La primera consecuencia de ello es clara: puede que estemos en la época de la música en vivo y todo eso que acostumbra a decirse, pero es una obviedad decir que los grupos nuevos suelen ser bastante malos en directo. No es su culpa, lo decía Ben Gibbard de Death Cab For Cutie recientemente. Es totalmente comprensible: sacan un primer disco, tienen éxito y les exigen que hagan una gira de dos o tres meses cuando seguramente no han encadenado más de cinco o seis conciertos seguidos en su breve historia como grupo. No saben cómo cuidarse, acusan generalmente en cansancio y no llevan una cantidad suficiente de conciertos para poder defenderse con tablas antes cientos o miles de espectadores. No todos son así, claro (ahí están Vetusta Morla, nueve años para el primer disco, y ahí está su calidad, fuera de toda duda), pero una gran mayoría sí.
La segunda consecuencia es esta especie de transparencia que me pone los pelos de punta. Ejemplo: un paparazzi sigue a Lily Allen hasta una playa perdida y consigue unas fotos en topless de la cantante de ‘Smile’ (no pretendo justificar la despreciable labor del paparazzi, pero si Lily no quiere que la sigan que no venda exclusivas a periódicos y revistas y esas cosas). Bueno, a lo que íbamos: le saca unas fotos, las publica, y al instante Lily Allen escribe un post en su super-Myspace dando explicaciones, diciendo que tiene 23 años y que puede hacer lo que quiera y todas esas cosas. Que no me parece mal, ojo, tiene derecho a ellas, ¿pero es necesario? ¿Hace falta ver fotos de Lily llorando porque ha perdido a su perro? Si criticamos esa suerte de pseudo-periodismo que se basa en seguir a los artistas allá donde vayan, critiquemos también esa posibilidad de saber hasta qué desayunan y el tener que aguantar el rollo ese de ‘también somos humanos‘ cuando tienen cinco casas en Hawaii y coleccionan coches deportivos aunque no tengan ni carnet de conducir. Por favor.







