
Una cola interminable a las puertas de la Sala Apolo de Bacelona ya avecinaba unas horas antes la magnitud del evento que tendría lugar el 14 de enero. Sí, Sam Beam, conocido por su condición de líder de la respetable banda Iron & Wine, volvía después de casi cuatro años a Barcelona para presentar su último álbum, The Shepherd’s Dog (Everlasting Records). La novedad: sus acompañantes, miembros de Calexico, Wilco, Undergound/Trio/Quartet, Califone, Red Red Meat y Lambchop, dispuestos a desgranar un recital que se preveía interesante desde buen comienzo.
El encargado de calentar motores…
El encargado de calentar motores fue Raül Moya, otrora integrante de grupos como élena, Sitcom y los geniales Refree, que presentaba su disco en solitario, apodado La nueva era glaciar. El valiente Moya defendió con su guitarra su sobrio repertorio ante un público sorprendentemente impaciente. Quizá Moya no enganchó por esa misma razón, pues su magnífica lírica no superó las expectativas generales y se despidió del escenario sin pena ni gloria, no sin antes haber encajado estoicamente algunos comentarios de alguien que ya ansiaba el servicio del plato fuerte de la noche.
Y, puntuales, los gigantes subieron al escenario y se tomaron su tiempo para empezar; mientras, el público sufría esos minutos de contención y silencio, de nerviosismo y de agitación general. Era el único concierto de los del hierro y el vino en España y se notó; la sala se llenó del todo. Y, entre divagaciones y predicciones, Beam se presentó con su genuino aspecto de leñador entrado en años y una curiosa cabellera a la Devendra Banhart.
Pocas palabras faltaron para dar paso a la primera canción, ‘Lovesong Of The Buzzard’, que llenó de una calidez embriagante el recinto, y demostró que Beam aún es capaz de mantener esa sencillez compleja de los tiempos de su debut. La atmósfera se mantuvo al sonido de ‘On our wings’, una pequeña joya perteneciente a su anterior álbum, Our Endless Numbered Days. Y, entre tanto, el público retornaba a su estado habitual, despojándose toda excitación inicial para dejar paso a la tranquilidad y la fluidez.
Varias canciones del nuevo álbum sonaron seguidamente, mezclando suaves sonidos pop con matices psicodélicos y toques gospelianos. A destacar entre ellas, la curiosa ‘Pagan Angel And A Borrowed Car’, cuya dimensión rítmica avivó una velada que ya empezaba a transcurrir demasiado pausadamente. Y es que la voz de Beam sonaba a nana, pero eso sí: una buena nana. La deliciosa melodía vocal de ‘Carousel’ sonaba de fondo, seguida de la veterana ‘Cinder and Smoke’ y la exótica ‘House By The Sea’, que señalaron el ecuador de la velada, acompañadas de una desafortunada atmósfera de tedio. Y es que era complicado mantener la concentración en un espectáculo tan técnico y desprovisto de espontaneidad e improvisación. Las canciones se entramaban sin pausa y con un sonido excelente, pero sin chispa. Y lejos del escenario se encontraba aquella melancolía (que no sencillez) desnuda de los inicios. Sam Beam estaba cruzando una nueva etapa, con más fuerza, con más ritmo y más efectiva, pero no tan convincente.
Siguieron ‘White Tooth Man’ y ‘Boy With a Coin’ a ‘The Devil Never Sleeps’. Pero ni estas tres joyas consiguieron salvar un recital que ya decaía por momentos. El auge llegó nostálgicamente después en forma de ‘Woman King’, a la que sucedió la ecléctica ‘Wolves’. La triste ‘Ressurrection Fern’ dio paso al bis y a la canción de clausura, que no fue otra que la acertadísima ‘Flightless Bird, American Mouth’. Y así, tal y como llegaron, los músicos se despidieron.
Si hay algo irrefutable en todo el sumario, es la constatación de que fue un buen final para un buen inicio; aunque ciertamente faltaron muchas de las grandes. Y es que Beam ignoró las plegarias del público, que pedía y suplicaba, con razón, pequeñas joyas como ‘Jezebel’ y ‘The Trapeze Swinger’, entre otras. Quizá con unas cuantas sillas, con un poco más de imaginación y menos seriedad las casi dos horas de concierto hubiesen transcurrido más amenamente. Quizá también con un repertorio más elucubrado y un poco de soltura la sensación de tedio también se hubiese disimulado un poco más.
De la velada pudimos extraer, asimismo, una buena recomendación: solteros, a la próxima, absténganse.
SETLIST:
- Lovesong of the Buzzard
- On our Wings
- Peace beneath The City
- Innocent Bones
- Pagan Angel and a Borrowed Car
- Upward Over The Mountain
- Carousel
- Cinder & Smoke
- House By The Sea
- Devil Never Sleeps
- White Tooth Man
- Boy With a Coin
- Sodom South Georgia
- Woman King
- Wolves (Song of the Shepherd’s Dog)
- Ressurrection Fern
- Flightless Bird, American Mouth (bis)









Jen
a las 10:34
Acompañantes de lujo, hubiera estado bien verlos. Con la crónica algo se saborea.
Por cierto. Parece que sobre el cartel que comentasteis del Coachella 08 finalmente han caído muchos… Ni Radiohead, ni My Bloody Valentine…etc.
Saludos
Dua
a las 16:41
molo una mica, no?
jaja. mumuà. merci.
via
a las 8:14
ja le llegit!
ara ja em dona la sensacio que vaig anar una mica al concert! jajaja gran descripcio.
un petonas!